Los Esclavos del Colegio
Mi vida marchaba bien, dentro de los parámetros socialmente aceptables. Era un
chico normal de veinticuatro años, docente en un colegio local, de cuerpo “normalito”,
sin vicios, de pocas virtudes, alguien más del inmenso monto. Vivía solo en un
apartamento que me compraron mis padres cuando yo tenía dieciocho años. Follaba
de cuando en vez, deseos de hacerlo todos los días no me faltaban, lo que me
faltaba era un buen “machachito” que me cogiera como era debido, pero todas los
hombres que me tocaban eran algo… como decirlo “flojos”, lo que me llevaba a
masturbarme todos los días, bueno, debo corregir, si tenia vicios. Pero carajo
¿A quien no le gusta follar?
Un lunes cualquiera, a horas tempranas de la mañana en el colegio, llegó un
muchachito nuevo. Estaba ahí pues sus padres habían entregado la custodia del
chico a su tio millonario, eso era algo normal en el colegio, a menudo llegaban
casos de estos. Era un chico de piel dorada y rubio, de buena estatura, se
notaba que tenia buena contextura física de rostro bello, es decir era un
galanazo, atractivo, exótico. Labios carnosos, ojos claros, en verdad tenía
mirada de villano. Su cabeza estaba raspada y llevaba unos jeans apretados y
pequeñas camisetas , es decir al ras de la piel.
Pasaron las semanas, Sebastián, así se llamaba se desenvolvía muy bien en mi
clase, en verdad lo hacia a la perfección. Pero él nunca hablaba más de lo
necesario, era muy callado. En el comedor se sentaba solo. Muchas de las chicas
se le lanzaban de todas las formas habidas y por haber, pero a él no parecía
interesarle mucho, de ahí partió el rumor de que Sebastián era gay.
Como era de esperarse, Sebastián se fijaba muchos en los chicos más pequeños que
él. Fue asignado a mi área para ayudar a los cursos de adolescentes con los
cuales se manejaba como pez en el agua, poseía una habilidad mental increíble,
era excelente en su trato con estos chicos y podía prever la reacción de ellos,
pro y contra de cada decisión, en fin, era un genio. Pero nuestro genio
continuaba con la fama de gay.
Casi tres meses después de su entrada a el programa a mi cargo, a mí se me
asigno un proyecto y debía elegir a un compañero de equipo, ni tonto ni perezoso
elegí a Sebastián. No había segunda intención en mi decisión, lo elegí por su
innegable talento. Hacíamos una pareja perfecta, nos acoplamos a la perfección.
Varias veces nos quedábamos hasta tarde trabajando, con los chicos, él y yo
solos , pero nada de nada. Vale decir a su favor que yo nunca me le insinué,
aunque me parecía muy atractivo, además nunca había estado con un chico tan
bello.
Una de esas noches en la que trabajábamos hasta tarde, eran más o menos las once
o doce de la noche empezó mi mayor periplo sexual, algo inimaginable para mi
inocente cabeza. Cuando salimos del internado mi coche no encendía, no se por
qué, yo de mecánica se lo mismo que de física nuclear, ni mierda. Sebastián se
ofreció a llevarme a mi casa, el problema estaba en que el conducía una Ducatti.
En mi vida me había montado en una cosa de esas, a primeras me negué, pero el me
convenció, con mucha facilidad debo agregar. Su voz y su mirada me hipnotizaron
y antes de darme cuenta estaba agarrada a su cintura y con el culo apuntando al
cielo, a doscientos kilómetros por hora.
Algo comenzó en ese momento, algo muy sensual, erótico. Mis manos rodeaban su
cintura al nivel del ombligo. Sentía su espalda fuerte y sólida contra mis
pechos. Sentía las vibraciones de la moto en mi pene erecto, era como un
vibrador de doscientos caballos de fuerza. Comencé a excitarme. Sentía como mi
pene se humedecía. Me sentía un poco asfixiado por el casco, pero eso no aminoró
mi excitación. Poco a poco fui bajando mis manos hasta llegar a su pene, el no
reaccionó, yo busque su miembro lo palpé sobre el pantalón, no estaba duro y aun
así tenia un tamaño muy considerable.
Él aceleró la moto, las vibraciones estallaron en mi pene hasta estremecerme, yo
solo atiné a apretar más su polla. Frotaba mi cuerpo contra su espalda. Íbamos
en la autopista a qué sé yo cuantos kilómetros por horas y yo estaba mas
caliente que un perro en celos. La excitación no disminuía, fue imposible
contener el orgasmo, solo me aferre a su cuerpo como un pulpo a una roca en
medio de una marejada, mordí mis labios y el casco y la brisa diluyeron mis
gemidos.
Llegamos hasta la puerta de mí el edificio en que vivo. Me desmonté de la moto,
él no lo hizo, sólo se quitó el casco al tiempo que yo lo hacia. Yo no sabia qué
decir, qué hacer, cómo actuar, estaba infernalmente caliente. Pero el muy hijo
de puta estaba tan calmado como si nada hubiese pasado, y es seguro que sabía lo
que pasó. Yo quería que me follara ahí mismo, en cera como los perros. Pero el
reverendo cabrón solo sonrió, pero no era una sonrisa de chiste, era como esa
sonrisa de aquel que se ríe por una maldad hecha, una sonrisa malévola y
perversa. Solo me dijo antes de marcharse — Pasa buenas noches Profe. — y así
como si tal cosa se marcho.
En ese momento en mi mente le dije desde maricón hasta hijo de su maldita madre,
pasando por gilipollas, cabrón y mil cosas más. Entré al edificio, subí el
ascensor, no pude evitarlo, metí mi mano en el pantalón y comencé a tocarme.
Coño estaba duro y húmedo, frotaba mi pene con la mano con mayor con intensidad,
pero no era suficiente. Salí del ascensor y en dos pasos ya estaba frente a la
puerta de mi apartamento.
Ni siquiera encendí las luces, solo me quité toda la ropa y me tiré sobre el
sofá desnudo. Metí mis dedos en la boca mientas frotaba, apretaba y pellizcaba
mis tetillas, ensalive mis dedos y los metí en mi culo, comencé a masturbarme.
Tenía un calor volcánico, solo pensaba en el hijo de puta de Sebastián, maldito
marica le decía, pero entre más lo maldecía más me excitaba.
Me puse de pie, estaba ansioso, así como un drogadicto sin cocaína. Fui a la
cocina y abrí la nevera, la escaneé con la vista hasta encontrar el suplente
perfecto de la polla que deseaba: un pepino. Si, como lo leen, un pepino, era lo
más bajo que había caído, pero lo necesitaba. Destape un tarro de margarina y se
lo unte a mi vegetal salvación, también me unté un poco en el culo, pero creo
que se derritió como si hubiese caído en una sartén al rojo vivo.
Me eché ahí mismo en el suelo de la cocina, abrí mis piernas hasta más no poder
y lo comencé a meter en mi culo. Poco a poco, sentía como se deslizaba a mi
interior abriendo mi culo y llenándome de satisfacción. El pepino no era tan
grande, en verdad podría ser un pene cualquiera de los que me han tocado, pero
de inmediato comencé a pensar en la polla de Sebastián y de algunos de mis
alumnos del colegio.
Metía y sacaba el pepino de mi culo mientras frotaba mi pene , nunca en mi vida
había estado tan puto y caliente, el vesuvio era una chispa comparado conmigo.
Movía mi cuerpo sobre el suelo, el “mete y saca” era rápido, de no haberle
untado margarina al pepino y al culo de seguro me hubiese irritado. Jadeaba,
gemía, gritaba, maldecía a Sebastián, lo deseaba.
Frotaba mi culo con intensidad, metía el pepino en el con fuerza, en verdad me
lo estaba gozando como nunca, esa era la mejor paja que me había hecho en mi
vida. Me corrí, pero fue algo increíble, moje mis piernas y el suelo, casi me
deshidrato, estaba tan excitado que metí en pepino en mi boca y comencé a
chuparlo como si fuera una polla .
Llegué casi a rastras a la cama y me quedé rendido.
Por primera vez en tres años llegue tarde al trabajo, la paja de la noche
anterior me había dejado exhausto. Estaba un poco apurado, aunque sabia que
nadie me diría nada al respecto, es que odio la impuntualidad. Al llegar lo
primero que hice fue hablar con el encargado de mantenimiento para saber si
podía echarle un ojo al coche, me dijo que si, que lo vería de inmediato. Subí a
el salón de clases nadie se había percatado de mi retraso, estaban los chicos
muy ocupados hablando con Sebastian , o tal vez es que no importo a ninguno de
estos chicos.
Estaba un poco frustrado por lo ocurrido la noche anterior, mi atracción por
algunos de ellos era casi incontrolable estaba hecho mierda, me auto consolaba
diciéndome que conquistaría a cuatro o cinco de esos muchachos si Sebastian que
tenía una marcada atracción por ellos me ayudaba, por eso no se le puso la polla
dura cuando lo toque, ni quiso cogerme a sabiendas de que yo estaba deseándolo.
Pero otra parte de mi se decía que tal vez no era muy atractivo para él. Es que
debo reconocerlo, mi cuerpo no es feo, pero no es de esos que levanta pasiones a
la vista. No soy muy alto que digamos, tampoco es que soy un pitufo. No tengo
muchas nalgas y mi pene no es grande, mi cabello es corto, mis ojos negros,
labios finos.
Ahí estaba él, sentado en su escritorio. Yo no sabia que hacer, estaba
avergonzado. Sentía como si él supiera lo que hice en la noche cuando me dejo
caliente . No quería hablarle ni verle a la cara. También me sentía enojado,
quería estrangularlo y lanzarlo por la ventana y ver como su bello cuerpo se
hacia puré contra el pavimento.
— Hola Profe ¿Cómo estás?
— Bien. — por Dios que me lo quería coger ahí mismo, y luego estrangularlo y
lanzarlo por la ventana.
— Llegaste algo tarde, tuviste problemas con el transito.
— No — murmuré entre dientes— con un pepino.
— ¿Qué?
— Nada Sebastián, nada.
— Me preguntan algunos de los chicos si podemos salir de paseo juntos en las
próximas semanas
— Si — Les presto mi casa en la playa.
— ¿Qué?
— Puenden ir a mi casa en la playa.
— Profe ¿Dónde estás?
— A cuatro kilometros de la playa nudista de ruy. — por mi me los quería coger
ahí
— Somos ochos te importa estar con nosotros esos dias.
— No — murmuré entre dientes— los espero.
El día pasó relativamente bien. El encargado de de mantenimiento fue a mi
oficina y me dijo que ya había reparado mi carro, que era un cable de que se yo
donde que estaba flojo. A media tarde me di cuenta de que era posible que me
quede otra vez hasta tarde solo con Sebastián y sus nuevos amigos. Ni loco
pensé, hice las mil y una maromas para evitarlo y lo logré.
Así me la pasé una semana, evitando quedare con él y ellos a solas, hasta que se
acabaron las clases. Esa semana no use a mi amor vegetal, léase mi pepino. Pero
me sentí tentadas varias veces, no lo negaré.
El resultado de grupo de los ochos fue un éxito rotundo. Todos los superiores a
cargo nos felicitaron y elogiaron nuestro trabajo y uno que otro sugirió
formáramos pagarme un dinero para que disfrutaran unas vacaciones en mi
compañía, eso era lo que me faltaba. El éxito fue tal que hasta una fiesta se
hizo, claro, aprovecharon que era verano y que hacia un tiempo que no se hacia
una fiesta para los chicos. Se acordó el que seria el fin de semana en la casa
del rector y que se podía llevar acompañante. Se me ocurrió llevar a mi pepino,
pero pensé que los tomates que pondrían celosos y los que menos quería era una
revuelta en mi nevera.
Llegó el día de la fiesta. Como en la casa del jefe había piscina, y solo había
hombres, se dijo que quien se quisiera bañar lo podía hacer y todos se
alegraron, es que con el jodido calor que hacia en eso días no caería mal una
bañadita en la piscina. Yo estaba en mi apartamento, desnudo y pensando que
carajo me iba a poner. Me quería bañar, pero como aun estaba bajo el trauma
menospreciativo motociclismo, me sentía más feo e insípido que de costumbre. Al
final dije ¡que diablos! Nadie se fijara en mi, todos los ojos estarán en la
chicos. Así que me puse un traje de baños negro .
Abrí la nevera para tomar un poco de agua y lo vi hay, mi pepino me decía
agritos no me dejes, te amo, ¿Por qué me tratas así después de esa noche que
tuvimos? es que no te importo. Me dio lastima dejarlo hay en ese frió, pero
luego vi los tomates.
Llegue a la casa del jefe, era muy grande como era de esperarse, con un jardín
del tamaño del Santiago Bernabeu y una piscina olímpica. Dirán: pero que
exagerada es la pepinuda esta, pero de verdad que era así. Allí estaban los
hombres invitados, alguno llevaban acompañantes.
Yo me quite la ropa y con mucho orgullo exhibí mi insípido cuerpo, pero como
pensé todos miraban a la despampanante algunos chicos con sus tangas blancas y
transparentes . Me eché sobre un sillón a tomar el sol al lado de la piscina y a
disfrutar de una calida y bella mañana. Si mi pepino estuviera aquí le
encantaría fue lo único que pensé.
Había pasado algo más de una hora cuando escuché el rugir de la moto orgásmica
de Sebastián. Mi corazón dio dos saltos y mi pene vibró. Observe la hacia el
aparcadero y lo vi. Ahí, tan bello y exótico, tan cabrón y gay, tan deseable. Se
quito una chaqueta de cuero y hebillas y se quedó con una ajustada camiseta
blanca y un pantalón vaquero que dejaba ver sus fuertes piernas y sus atributos
masculinos. Pero estaba acompañado por una chico. Un chinito muy linda, como de
mi estatura pero con un cuerpo de muñeco. Me sentía celoso de esa chico, de
seguro es su novio pensé, con razón no me hizo caso.
Sebastián se unió a la fiesta, saludo a todos a su paso, el jefe lo recibió muy
cordialmente, él le presento a la chico. Pasaron unos diez minutos hasta que él
pudo llegar a mí. Se paró a mi lado junto a la chico. —Hola bebe. — era la
primera vez que me llamaba así, aunque todos lo hacían menos él.
— Hola Sebastián. —me puse de pie para saludarle.
— El es mi sobrino Gabriel. — ¿¡sobrino!? Pero si el es oriental y él rubio,
como coño que sobrino, me dije, de seguro me esta vacilando.
— Mucho gusto, mi nombre es Miguel.
— Si, lo se ya me han hablado de ti.- pero que le habrá dicho este marica de mi.
Ambos se sentaron a mi lado. Yo no resistí la curiosidad y pregunte como era eso
de que eran tio y sobrino. Me explicaron que no eran hermanos de sangre, el era
la hijo adoptado y que se habían criado juntos. El chinito era muy amable y
agradable. Pasamos casi media hora hablando, Sebastián como de costumbre opinaba
poco.
Sebastián se puso de pie y quitó la camiseta, hasta ahí todo iba bien. Dejó al
descubierto ese torso de dios griego, con una musculatura exquisitamente
definida. Luego se sacó el pantalón, yo me quería morir, tenia un traje de baño
indiscreto, de color rojo, pero no era suficiente para disimular tanta hombría.
Ni mi pepino podría superar eso. Se dio la vuelta para tirarse a la piscina y en
su espalda vi algo que nunca pensé ver el él: tatuajes. Tenía extraños signos
orientales y tribales. Se lanzo a la piscina mientras yo lo observaba, pero no
era la única encandilada con Sebastián, casi todas las chicos le tenían los ojos
clavados.
El chico se puso de pie y también se despojó de su ropa dejando ver un cuerpo
muy bello y escultural, algo que rayaba en la perfección, también el tenia un
tatuaje en una nalga, era una manzana. Ahora no eran los chicos del colegio el
centro de atención. Me sentía como una larva entre dioses. — ¿No te bañaras ? —
— no, más tarde.
— anda, ven bañarte con nosotros.- el tono de su voz era idéntico al que tuvo
Sebastián cuando me convenció de subirme a su moto.
Yo cedí ante el, en verdad esa chico comenzó a provocar algo raro en mí. Entre
junto a el a la piscina, bajo la mirada de casi todos los presentes, en cierta
manera me gustaba participar aunque se como segunda en la acción. Había casi
cincuenta personas en la piscina, pero yo sentía que estaba sola con aquellos
dos seres, que más que humanos parecían demonios incitadores a los más lascivos
placeres.
Estaba junto a el chico en la orilla de la piscina, el agua me llegaba hasta los
hombros. El estaba muy cerca de mí. — ¿Sabes nadar? — me preguntó.
— Si.
— Que bien, por que yo no se mucho. Así que cualquier cosa me sujeto de ti, de
acuerdo.
— De acuerdo, solo no pierdas la calma por que ahí nos ahogamos las dos.
Ambos sonreímos. Sebastián no se había acercado aun, unos chicos le habían
montado conversación. Lo cual me dejó a “solas” con su bello sobrino. Era el
momento de saber más sobre Sebastián. Llevaba casi cuatro meses con él y no
sabía nada de su vida, sobre todo si era gay.
— No sabía que Sebastián tenía tatuajes.
— Eso no es raro. Solo los chicos que se acuestan con él lo saben, bueno y
cuando va a la playa o la piscina. — .
— ¿Y como cuantas chicos saben que el tiene tatuajes? — que sutil ¿cierto?
— Eso no es algo fácil de calcular, son muchos. — El chico se quedó callado y me
vio a los ojos, se acercó a mí. Y me susurró al oído— tú le gustas, y ya se por
qué.
— ¿Por qué? — el corazón se me quería salir del pecho.
— Eres una posible esclavo . Un esclavo muy vicioso. — su voz fue muy suave,
seductora, tal vez por eso en vez de exaltarme y enojarme, lo que hice fue que
me excité.
De repente sentí la mano de chico en mi pene, gire mi cabeza hacia los lados,
buscando saber si alguien nos miraba, eso fue lo que me preocupo, el ser
descubierto siendo tocada por un muchachito. No hice nada para apartar su mano
que se metía por mi traje de baño y tocaba mi recién depilado pene. —detente
¿Qué haces? — mi voz era débil, sumisa, tímida pero muy excitada. — No quieres
que me detenga esclavo vicioso. Cállate y no hagas nada ¿entendiste perro? —
solo atine a decir que si con la cabeza. Puto viciosa, perro, esa palabras me
habían puesto a mil, nunca me habían dicho de esa manera.
Su mano masajeaba mi pene. Yo solo miraba a los lados, tenia miedo de ser
descubierta, pero me excitaba lo que me estaba haciendo el chico. Mire al otro
extremo de la piscina y vi a Sebastián, nos estaba observando y parecía ser
único que se daba cuenta de lo que ocurría. Gesticuló con sus labios una palabra
“esclavo”, mi abdomen se contrajo, mordí mis labios. Ya no me importaba que me
vieran o que saliera grabada por CNN, yo me la estaba gozando. Esa chinito sabia
donde y como tocarme. Ni yo me hubiese tocado así. — ¿te quieres correr perro? —
dije que si con la cabeza, el dijo — No — aun no te lo pereces . — iba a retirar
su mano, pero yo la sujete desesperado — Por favor no te detengas, no me hagas
eso, por favor— nunca en mi vida pensé que le rogaría a una chico para que me
masturbara.
El me miró a los ojos y me dijo con una voz ártica —suelta mi mano— la solté a
la orden con todo mi pesar. —debes ganártelo — el chico salió de la piscina. Se
agacho en el borde y me dijo — No te atrevas a masturbarte sin mi permiso, solo
yo puedo terminar lo que empecé— su voz me dominaba, era como un títere en sus
manos. El había pasado de ser una chico agradable a ser mi dueño y eso me
encantaba.
En ese momento, cuando lo vi alejarse y dejarme así desee tener a mi querido
pepino en las manos, el no me haría eso. Al aparecer eso de alborotar las abejas
y luego marcharse era algo de familia. Busqué a Sebastián con la vista, ya no
estaba en la piscina. Duré unos diez minutos metido en el agua a vez si se me
bajaba el calor, pero fue inútil, el deseo seguía ahí y no tenia el valor de
masturbarme, la orden del muchachito se hizo ley en mi cabeza.
Al final salí de la piscina, todos estaba comiendo o sirviéndose del bufete que
habían preparado. Yo lo que menos quería era comer. No veía a chico o a
Sebastián por ningún lugar, incluso fui al aparcadero a confirmar si su moto
seguía ahí. Y ahí estaba, roja como el fuego que me quemaba por dentro. Me
acerqué a ella, acaricie el asiento, me relamí los labios. Acaricié el tanque,
sentí el metal en mi piel. Unos brazos fuertes me abrazaron por la espalda. Era
Sebastián. Lo supe de inmediato, sin verlo, solo lo sentí, sus brazos fuertes y
me rodearon se adueñaron de mi ser. Eche mi mano derecha hacia atrás hasta
alcázar su cabeza.
Sus manos apretaron uno de mis pechos y mi pene. Su forma de tocarme era similar
a la del chico, pero menos sutil, era más fuerte, más dominante. Apoyé una de
mis rodillas en la moto, él metió sus dedos en mi culo. El placer lo era todo,
yo buscaba sus labios pero el los alejaba de mi, llevándome a la desesperación
total.
Echó mi cuerpo hacia delante, dejando mi culo a su disposición, en verdad no me
importaba si me cogía ahí mismo. Sacó su polla, intente verla pero sujeto mi
cabeza por el cabello y solo dijo —Quieto esclavo— y obedecí, me quede hay como
un juguete sexual. Sentí su polla rozar una y otra vez por mi culo, se sentía
grande. Metió la punta, solo la punta, era mas ancha que el pepino, la entró y
la sacó varias veces, yo esperaba con ansias la arremetida total, pero no
llegaba, sacó la punta de su polla y me golpeo con ellas varias veces en las
nalgas.
Deje de sentir su mano sujetando mi cabeza, al voltear ya no estaba ahí. Por
dios, quería llorar de la rabia y de la impotencia, el deseo ya me quemaba por
dentro, no aguantaba más, solo pensaba que esos dos al paridos me querían volver
loco. Me arregle el traje de baño, fui a la piscina por mis cosas para largarme
de ahí y tener una larga sección de sexo vegetariano. Pero el estaba ahí,
sentado junto a mi ropa. — ¿Qué ibas hacer? —
— vete a la mierda, tú y tu tio.
— Siéntate.
— No me jodas.
— Dije que te sientes ¿verdad? Otra vez esa voz ártica doblegó mi voluntad. Me
senté.
— ¿por qué me hacen esto?
— Todo tiene su recompensa y te aseguro que valdrá la pena, todo depende de ti.
Si te vas ahora te juro que todo termina, pero no sabrás nunca a lo que
renunciaste y te lamentaras. Pero si te quedas, si obedeces te prometo que
tendrás placeres que jamás soñaste. Es tu decisión.
En ese momento quede pensativo. Solo fue un minuto, pero para mi fue toda una
vida. Bajé la cabeza y me dije —qué más da— en el fondo sentía que me gustaba
esa tortura y me lamentaría el no saber de que me perdí. Mire a chico a los
ojos, sonreí y encogí los hombros —que sea como ustedes quieran — ese fue el
momento en que vendí mi alma y voluntad a cambio de placer y no me he lamentado
ni un solo día de ello.
….
Estaba envuelta en la fantasía que nunca soñé. Es imposible describir la
sensación de excitación que corría por mi cuerpo. Una energía se revolvía en mi
estomago y vientre. Un frió caliente que erizaba mi pene. Era la excitación de
la sumisión a lo desconocido. El chico me veía con sus ojos rasgados, su mirada
volvió a ser agradable y calidad. Su voz ya no era gélida pero seguía
infundiendo un fuerte sentido de dominio sobre mí. — ¿Qué es lo que más deseas
ahora profe? — lo mire a los ojos, y respondí como quien pedía clemencia ante un
juez severo — Que Sebastián me haga el amor— El chico sonrió — solo recuerda
algo, puedes detenerlo todo cuando quieras— solo asentí con la cabeza.
El se puso de pie. Yo estaba sentada aun, el me veía desde arriba, me sentía
minúsculo, esclavo, poseído. Acaricio mi mejilla con sus manos tiernas y suaves
y lentamente me fue guiando para que me pusiera de pie. Luego comenzó a caminar,
yo seguía sus pasos. Había una zona en el jardín totalmente cubierta por los
árboles, era fácil no ser encontrado ahí. Me tomó por los hombros y me recostó
de un árbol.
Su boca se acercó a la mía con lentitud. Yo estaba nervioso, era la primera vez
en mi vida que estaba con un muchachito. Sus labios estaban ya a escasos
centímetros de los míos, podía sentir su respiración sobre mi boca. Yo entre
abrí los labios esperando un beso que no parecía llegar nunca. Su lengua rozó
mis labios, pero se alejó antes de que yo pudiese reaccionar. Me miraba con
malicia seductora. Yo hay recostada contra un manzano, siendo seducida como la
más inocente de los muchachos.
Por fin, sus labios me besaron. Era un beso diferente a todos los que había
recibido. Era suave, tierno, seductor, dominante. Sus manos recorrían mi cuerpo
sin límites, yo intente hacer lo mismo, pero el sin dejar de besarme me detuvo.
Sujetó mis manos y las puso sobre mi cabeza haciendo una cruz con mis muñecas,
que eran sostenidas por su mano izquierda. Su otra mano me tocaba el pecho, se
deslizaba por mi cintura hasta el pene, apretaba mi culo, sus uñas hacían
presión sobre mi piel.
Su boca recorrió mi cuello, su mano sacó el pene, acto seguido comenzó a lamer .
La punta de su lengua lamía mi pene. Sus dientes lo mordisqueaba, lo halaba
hasta el punto de un leve y placentero dolor.
Me quito el bañador echándolo a un lado. Alegría y excitación llenaron mi
cuerpo. El muchachito empezó a lamer mi culo, yo abrí mis piernas lo más que
pude para darle mayor facilidad. Sus dedos me penetraban a la vez que su lengua
disfrutaba de mi culo. Sentía las puntas de sus dedos tocar mi interior, frotaba
puntos en mi culo que me llevaban de cero a mil en un segundo. Yo contenía las
ganas de gritar para no ser descubierta. Mordía mis labios e intentaba ahogar
mis gemidos.
Los movimientos de su manos en mi pene se hacían cada vez más rápidos y lo
alternaba con las continuas penetraciones de sus dedos en mi culo. El orgasmo no
se hizo esperar, mi cuerpo no pudo contener más placer, salio por pene. Un suave
gemido de alivio y satisfacción fue el último vestigio de aquella experiencia.
El chico se puso de pie y me besó con fuerza, impregnando mis labios con el
sabor de su boca y su saliva. Se apartó de mí dejándome jadeandeante, sofocada,
satisfecha pero con deseos de más.
Cerré los ojos tratando de centrarme en mí, buscaba un poco de conciencia y
dominio. Al abrir los ojos ella ya no estaba ahí. Me acomodé con un pequeño
bikini naranja transparente que según las ordenes del chico debia vestir y
suspiré profundo. Al volver a la fiesta mis ojos no eran los mismos, veía las
cosas diferentes, no sé en que aspecto, pero ya nada me parecía igual. Hablaba
con los muchachitos a la vez que pensaba lo que había hecho, me sentía obligado
a esclavisar a algunos de ellos. Como aquel quien logra cometer un delito
perfecto y no es descubierto.
Vi a Sebastián hablando con el hijo menor del jefe, su nombre era Pablo. Al
parecer ya se conocían. Luego recordé un comentario que alguien hizo hace un
tiempo de que Sebastián había sido recomendado por el hijo del jefe. El era un
muchacho muy bonito y elegante debo agregar.
Mis manos estaban algo inquietas, al igual que mi vista. Estaba ligeramente
ansiosa. La gente comenzó a marcharse, ya eran algo más de las seis de tarde.
Con disimulo busqué a Sebastián y a su bello sobrino, pero no los encontraba.
Escuché el sonido de su moto y corrí al aparcadero, pero ya era tarde, se habían
ido. Me sentía algo triste, pero satisfecho, sabia que había comenzado algo, no
se qué, pero era algo.
Fui a mi coche. Para mi sorpresa encontré una nota en el para brisa. “Siempre
depilado, nunca con ropa interior, pantalones cortos de cuero y camisa sin
mangas ajustada al cuerpo Tu amo. Sebastián” una sonrisa se escapó de mis
labios, para mí esas pocas palabras fueron como una poesía de Neruda, aunque
sabia que era una orden. Me subí al coche y me puse en marcha hacia mi casa. En
mi mente había una idea, un deseo suplente de otros deseos: Pepino y margarina.
Ya era lunes otra vez. No he parado de pensar en Sebastián y su sobrino. Entre
sábado y domingo me masturbé como diez veces, llame a algunos de mis alumnos
para invitarlos a mi casa de la playa.
Tenía el cuerpo depilado y no llevaba ropa interior. Es la primera vez que
apreciaba mi pene se veía muy firme . Al estar así me sentía un poco expuesto,
pero a la vez me calentaba. El roce del pantalón con mi pene me era agradable se
endurecían al tacto con la tela.
Llegué la Escuela. Mientras aparcaba el carro vi la Ducatti de Sebastián. Un
escalofrió corrió por mi piel. Llegué a la oficina, todo iba como de costumbre:
monótonamente normal. Entré a mi oficina, antes de sentarme en mi escritorio ya
Sebastián había entrado y cerrado la puerta detrás de él. — Bájate el pantalón—
sus palabras fueron imperativas, me puse muy nervioso y lo miré sin hacer nada
-¿No escuchaste lo que te dije? — asentí con la cabeza mientras torpemente me
desabrochaba el pantalón y me lo bajaba hasta las rodillas.
Se acercó a mí. Observaba mi pene , acercó sus dedos y lo acarició levemente. Yo
estaba ahí, inmóvil. Mordí mis labios, apreté los puños mientras sentía esos
dedos explorar la superficie de mi sexo. . —Apoya tus manos del escritorio — Lo
hice de inmediato, quedando con el culo disponible.
Sin esperarlo recibí una nalgada. Por reflejo enderecé mi cuerpo y le vi a la
cara, él se limitó a señalar el escritorio. Volví a poner mis manos sobre el
escritorio, ya sabia que me esperaba otra nalgada. —Cuando te diga que hagas
algo, lo haces a la primera — me propinó otra nalgada aun mas fuerte que la
primera, mi culo se puso rojo, yo mordí mis labios para no gritar. Yo quería
llorar, golpearlo, mandarlo al diablo, pero no podía, cada nalgada me gustaba
más. La impotencia, el dolor y la excitación se mezclaron.
Recibí unas nalgadas. Sebastián me echó patas arriba sobre el escritorio. Me
quitó el pantalón y abrió mis piernas. Sin mediaciones comenzó a chupar mi pene,
su lengua lamía todo , se metía en el culo, lo mordisqueaba. Yo contenía los
gemidos, estaba disfrutando al máximo aunque aun me dolía el culo.
Sacó su polla. En ese momento vi el paraíso, pensé erróneamente que me la
metería toda, así que abrí las piernas y el culo lo más que pude, pero estaba
equivocado.
Comenzó a frotar su glande contra mi culo, separaba las nalgas. Me golpeaba con
ella, la paseaba por mi hoyito deseoso y caliente. Yo ya no aguantaba más —Por
favor métemela — Sebastián me observó, frunció en seño y Guardó su verga. Yo
sentí que me moría de la desesperación y frustración. — ¿Te di permiso para
hablar? — moví la cabeza en forma negativa. Sin decir más se dio la vuelta y se
marchó, te espero afuera en la furgoneta roja
Efectivamente allí estaba la furgoneta roja con matricula M-PS con los cristales
tapados. Estuve un rato mirándola y dudando que hacer, nervioso perdido. Al
final decidí echarle huevos, abrí la puerta de atrás y me metí y cerrando tras
de mi.
Había un sobre donde estaba escrito "INSTRUCCIONES", y una bolsa de plástico con
varias cosas. Abrí el sobre y leí: "Desnúdate por completo, deja tu ropa en la
bolsa, colócate la capucha de cuero, y juntando tus manos detrás de la espalda
te pones las esposas. Yo llegare enseguida" .
Mi excitación y, debo reconocer, mi miedo, crecía por momentos. Pero algo me
decía que debía seguir adelante. Me quite la camisa, luego los vaqueros, y los
zapatos. Saque la capucha de cuero, que era como esas que venden en sexshops,
con agujeros para respirar, pero que no te deja ver, y se a justa con correas, y
me la puse.
Até las cintas, saque las esposas y metí la ropa en la bolsa. Dude unos momentos
en ponerme las esposas, por lo que significaba ya de indefensión total, pero
finalmente y lentamente como controlando lo que hacia junte las manos detrás de
la espalda, e hice "click".
Entonces me invadió una sensación rara, casi de terror.
Allí estaba yo, en pelotas sobre la manta extendida en el suelo d e la
furgoneta, ciego y esposado. La furgoneta estaba caliente, con lo que frío no
tenia, pero si la carne de gallina, en anticipación de lo que pudiera pasar.
Mi verga extrañamente estaba erecta...
Pasaron como unos 10-15 minutos y note que alguien entraba por la puerta del
conductor y se ponía al volante.
Me dijo: "Muy bien, esclavo, prometes. Ahora vamos a hacer un pequeño viaje".
El viaje duro como unos 15 o 20 minutos, debimos ir a alguna urbanización de los
alrededores, al final note un camino de tierra y que la furgoneta se metía en un
garaje de un chalet o algo a si.
Me ordenaron salir del coche, y así lo hice, me guiaron a una habitación, donde
me quitaron las esposas, pero me encadenaron con los brazos en cruz a unas
argollas en la pared. Me colocaron también unas esposas en los pies, que a su
vez estaban enganchadas a la pared, pues no podía moverme. Nadie hablaba nada.
Note que me quede solo unos minutos. Al rato me quitaron la capucha y por fin
pude ver a mi amo, que no era Sevastian sino su primito y cuatro alumnos del
colegio, a los que habia obligado a repetir el año. Estaba en una habitación de
unos 9 metros cuadrados, pintada de negro, con luz tenue y aire acondicionado.
La puerta era metálica y el suelo era de goma negra. Había una mesita, un montón
de juguetes de sadomasoquismo colgados por las paredes, de la que pendían varias
argollas, un potro como los que se usan en gimnasia para saltar, una especie de
cama de cuero. Se oía música clásica a bajo volumen por unos alta voces. En un
rincón había una bañera, con ducha teléfono y algunas toallas.
Ahora era mis amos, iba vestido con pantalón de cuero, el bello chico con un
arnés y botas negras. Debían medir como 1,80 , 1.60 y 170 sin vello.
Yo seguía en pelotas, con los brazos atados a la pared. Entonces, uno de los
chicos del colegio me dijo:
"Desde este momento solo podrás hablar cuando te pregunte. Vas a sufrir una
sesión de entrenamiento, para que yo vea si eres digno de ser nuestro esclavo.
Si algo de lo que te hagamos te resulta insoportable deberás decir "STOP" y
pondremos fin a la sesión. Tienes terminantemente prohibido correrte sin mi
permiso. Estarás aquí todas las noches. Esta claro?"
Conteste, "Si, señor", lo que pareció complacerle.
Se detuvo delante de mi mientras me interrogaba sobre cuando me había corrido
por ultima vez, con quien, frecuencia de mis pajas, edad, peso, altura, medidas
de mi verga (no me las sabia!) Llevaba puesto un guante con púas, y me rozaba,
me tocaba la verga y los huevos. Reaccione instantáneamente. Me soltó la mano
derecha y me dijo que empezara a meneármela, quería verla empalmada. Entonces me
la midió y anoto las medidas en un papel (estaba haciendo mi ficha!).
Luego me soltó la otra mano y también los pies, me volvió a esposar y me coloco
un collar de cuero con argollas diciéndome que es el símbolo de cualquier
esclavo. Me introdujo en la bañera y me hizo arrodillar dentro, tocando el suelo
con la cabeza. Me sobo el culo y me metió un dedo. Yo pegue un respingo,
mientras el me metía los dedos con vaselina.
Me dijo que me iba a poner un enema y así lo hizo con una pera de agua caliente.
Yo apenas podía aguantar el volumen de liquido en mi culo, estaba ya limpio de
casa por lo que no ensucie casi nada el baño. Luego me lavaron totalmente y me
ataron las manos a una argolla sobre la bañera. El chico me dijo "Ahora te voy a
afeitar. Los esclavos no deben llevar pelos en los huevos "Así que me unto de
espuma de afeitar por toda la verga y los huevos, y con una Gillette , me empezó
a afeitar. Yo tenia pánico de que me cortara, pero acabo la faena de maravilla.
Mi verga seguía empalmada de excitación.
A continuación empezó lo duro.
Sin avisar, me mojo toda la piel recién afeitada con after-shave! El escozor era
insoportable, me retorcía, se me puso todo rojo y caliente, y creía que no iba a
aguantar...
Él me dijo: "Esta es la primera prueba de tu hombría, y de que vales la pena,
esclavo"
Me desato las manos, me saco de la bañera, me tumbo sobre su regazo y empezó a
masajear el culo con su mano y a meterme un dilo por el mismo. Al principio me
gustaba, pero poco a poco se iba haciendo mas insoportable.. Cada penetrada era
como una descarga eléctrica que convulsionaba mi cuerpo....
Finalmente, me volvieron a colgar de la pared y ahora me vendaron los ojos. El
grupo cogieron sus látigos y empezaron a azotarme en el pecho y los muslos y los
brazos subiendo gradualmente en intensidad. Me ato un a cuerda a la punta de la
verga y estiro, a la vez que me daba con un látigo pequeño en toda la verga.
Dolía, pero estaba excitado. Todo mi cuerpo hervía en excitación. Una extraña
mezcla de dolor y placer.
Note como me colocaban un anillo en la base de la verga y los huevos y me
colocaron una tanga. ", pero mi verga se ponía cada vez mas tiesa.
El chico me desato y me llevo al potro que estaba ajustado para que apoyando mi
tripa y atándome las manos y pies a las patas, quedara mi culo en posición de
ser cogido. Note como cogía un consolador y untándome mi culo con algún
lubricante, me lo introducía. Lo metía y sacaba rítmicamente mientras me daba
buenas palmadas en el trasero. Luego sentí como me metía otro muy fino, pero al
rato comenzó a hincharse, y yo notaba como algo se hinchaba dentro de mi.
Parecía que me cojia un elefante....
Él amo me dijo: "quieres mi verga, esclavo?
Yo se la pedí por favor, y entonces el se coloco delante de mi y me forzó ha
abrirle la bragueta con los dientes, y a buscársela dentro del pantalón de
cuero. Me la metió en la boca, era pequeña, y yo la chupaba con locura, me sabia
a gloria. El me golpeaba la cara con ella y me la metía hasta el fondo, tanto,
que me atragantaba.
Después de estar un buen rato chupando, me hizo colocarle un condón con la boca!
Tuve que desenrollárselo con la boca y ajustarlo a su verga. Nunca lo había
hecho! Entonces se coloca otra vez detrás de mi y sacándome el consolador
hinchable , me metió su verga de un golpe. Mi ano estaba ya dilatado pero su
verga me pareció enorme. El me agarraba de las caderas y me cabalgaba salvaje.
Le oía gemir de placer, me daba cachetes en el culo, haciendo todo una mezcla
divina de dolor y placer que nublaba mi mente. Curiosamente yo había perdido la
erección, pero me suele suceder siempre que me cojan.
Al cabo de un rato note que todos se corría sobre mi. Les oí respirar hondo, me
desataron del potro, y los chicos que yo habia calificado mal en el colegio mi
dijerion ahora serás de nosotros y me tumbaron en la cama de cuero, atándome
manos y pies con cadenas a las esquinas. Entonces, empecé a notar en distintos
puntos de mi cuerpo como un calor intenso, estaban echándome cera!!!
Primero lo note por el pecho, luego por las piernas, luego por el ombligo y poco
a poco, acercándose a la verga y los huevos afeitados, que debieron quedar
totalmente cubiertos por cera!.
La sensación era intensísima, sobre todo al caerme la cera en el capullo. Cada
gota que caía, me hacia dar un suspiro profundo. Cuando acabo, me paso un
cepillo de cerdas duras para quitarme la cera. Estuve a punto de tirar la toalla
y soltar la palabra clave. Pero me aguante. Quería seguir...
Yo seguía con los ojos vendados y bastante escocido por todas partes. Entonces
el me dijo "Hasta luego" y se fue.
Yo estaba agotado y aunque frustrado por no haberme corrido, me quede dormido.
No tenia noción de tiempo, pero debía ser medianoche por lo menos.
Entre sueños, note como unos manos me acariciaban el pecho, la tripa y los
genitales, note que me empalmaba y me desperté. Era ellos, habían vuelto. Quería
verles pero no podía...
Entonces note que me untaba por mis en genitales sin pelo una especie de
lubricante, también por el ano. Me metió como un consolador pequeño, me puso un
anillo en la base de la verga y otro justo debajo del capullo. Empecé a notar un
cosquilleo a lo largo de la verga. Iba en aumento, era corriente eléctrica!!
La corriente no era constante sino que subía y bajaba rítmicamente. Empecé a
tener una sensación como si tuviese la verga metida en un avispero.. .
Respiraba hondo y me ponía rígido cuando la intensidad subía. No podía dejar de
gemir. Luego debió activar otro canal del aparato, porque ahora notaba la
corriente entrando por el ano y saliéndome por el capullo!
La sensación era diferente, porque notaba como la corriente atravesaba el
interior del cuerpo y me hacia contraer los músculos del culo involuntariamente.
Notaba como si me clavaran agujas en el pene y me estuvieran metiendo el puño a
la vez. Pero mi erección era mas fuerte que nunca, parecía que la verga me iba a
explotar.
Supongo que es la corriente la que produce esto.
Así estuvimos un buen rato y yo notaba todo entumecido por la corriente.
Finalmente volvimos a la estimulación inicial, concentrada en la verga. Pero
mucho mas intenso....
Yo creía que iba a gritar de dolor, pero lo que note de verdad es que me iba a
correr!!
Una sensación extrañísima, no como el orgasmo normal, sino como si me sacaran el
semen a la fuerza y de una sola vez.
El se había dado cuenta y me había ordenado que me corriese ya.
Tuve una verdadera convulsión en la corrida, mi cuerpo arqueado en la cama de
cuero y mis manos y pies luchando contra las cadenas que las sujetaban. La leche
me aterrizo en la tripa, él la recogió con una cuchara y me hizo tragármela.
No tuve mas remedio...
Completamente agotado y hecho polvo, apago el aparato de las corrientes, me
desato de la cama, pero me puso las esposas a la espalda, me llevo a un rincón
de la habitación donde había unos almohadones y una manta, y conectando el
collar de mi cuello a una cadena en la pared, me dijo "Ahora, duérmete y
descansa, esclavo".
La cadena me permitía echarme en los almohadones, pero no ponerme de pie. Debían
ser las 3 o 4 de la mañana. Me dormí enseguida, aun incomodo con las manos
esposadas detrás. Notaba la verga entumecida de las corrientes.... pero estaba
extrañamente satisfecho, con esa paz interior de haber realizado un sueño
buscado largo tiempo.
A la mañana siguiente, aunque a mi me pareció haber dormido muy poco, bajaron a
verme. Sus caras era atractivas . Me desataron, me ordeno ponerme mi slip, y
meterme en la bañera, con las manos esposadas detrás.
Me ordenó que me meara encima. Yo tenia verdaderas ganas (no había meado en toda
la noche) y me moje todo el slip. A continuación, uno de los chicos del colegio
me lo quito y me lo metió en la boca en ese momento todos sacaron entonces sus
vergas y me dirigieron un cálido y potente chorro por todo mi cuerpo, incluida
la cara y el pelo. Mi verga se había puesto tiesa de nuevo. Cuando acabo me
obligaron a quitarles las ultimas gotas de pis de sus vergas con mi boca.
Luego me ducharon con agua muy caliente, casi me abraso, me revitalizo todas las
escoceduras de la noche anterior. Me secaron, y siguiendo esposado, el bello
sobrino de Sebastian me hizo sentarme sobre su regazo. Entonces el me agarro la
verga y empezó a masturbarme lentamente, como un verdadero experto. El placer se
incrementaba por momentos, aquí no había nada de dolor. Era una muestra de
cariño por su parte, de que se preocupaba por mí.
Me llevaba cerca del orgasmo y se paraba, esto era otra clase de tortura ya. Así
varias veces, hasta que me corrí, gloriosamente, llenando toda su mano de leche
caliente, en un orgasmo sensacional.
Me ordeno vestirme, y meterme en la furgoneta, en la parte de atrás. Me llevo a
la el colegio, y me dejo allí, diciéndome simplemente:
Has pasado las pruebas, esclavo, te volveré a llamar" Y se fue.
“Mierda, lo jodí todo” fue lo único que pensé mientras recuperaba algo de mi
dignidad al ponerme los pantalones.
Fui al comedor. Ya estaba calmada, el fuego había menguado. Me senté a comer y
pocos minutos después se sentó el hijo de mi jefe a mi lado. Eso era algo raro,
nunca había pasado palabras con el . Y nunca me había sentado junto a él a
comer.
— ¿Cómo estás profe?
— Bien, ¿y tu ?
— Bien gracias. —Hubo un momento largo de silencio. Los dos comíamos. Sentía que
algo raro pasaba. — ¿Te gusta Pasolini?
— Si, me encantan.
— Yo no lo conocía, hasta que vi Salo 120
— Muy buena pelicula. — sabía que esa conversación era de relleno, algo más
quería el aparte de hablar de cine. Seguimos callados hasta que terminamos de
comer. El se puso de pie y se despidió. ¿Qué mosca le habrá picado a este? Fue
lo único que pensé.
Volví a mi curso. Me senté, estaba algo pensativo y confundido por la actitud
del hijo de mi jefe, me preguntaba si Sebastián tenía algo que ver en eso.
Tocaron la puerta, luego se abrió un poco El chico asomó la cabeza. — ¿puedo
pasar? — afirmé con la cabeza.
El rubio entró a mi clase, frotaba sus manos algo nervioso. Yo comencé a fijarme
en su cuerpo. Cabello dorado, cuello largo, ojos verdes, labios rosados, culo
bien formado, piernas esbeltas. Quería baja su corta y provocativa pantalonete y
ver su pene. No sabia que me pasaba.
El se acercó a mi, sus pasos eran tímidos e indecisos, yo no hacia ni decía
nada, solo esperaba saber que era lo que quería, mientras yo lo desnudaba con la
mente y me comía su pene como esos chicos me lo habian comió a mi. Creo que
siempre me gustaron los muchachitos pero no lo sabia, no comprendía como de un
día para otra estaba babeando por mis alumnos.
El muchacho me dio un beso en la mejilla delante de algunos de los chicos de mi
curso. Yo lo miré, su rostro era bellísimo. En verdad no me esperaba eso de el.
Me dio otro beso menos tímido y más cerca de la boca. Antes del siguiente beso,
yo le sujete la cabeza con ambas manos y le di un beso lleno de fuerza y rabia,
como si me desquitara lo que me había hecho Sebastián, su sobrino y amigos. El
beso fue tan profundo que al apartarme el joven había quedado sofocada.
Sin pensarlo más la eche sobre el escritorio, y con mis alumnos, lo desnudamos
con desesperación, el estaba ahí, inmóvil como un muñeco, solo apretaba sus
labios. Comenzamos a besarlo, en principio su respuesta era mínima, pero poco a
poco su lengua fue reaccionando. Todos estábamos sobre el como unas fieras
hambrientas, manoseaba sus cuerpo y me di cuenta que a todos les gustaba ese
muchacho, pero no me importo mucho en el momento.
El orgasmo llegó más rápido de lo que pensaba llenándonos de su semen a todos
mientras gemía y movía su cuerpo, luego se quedó quieto. Yo me puse de pie y la
observé, estaba ahí tan indefenso. El se puso de pie se arregló la ropa y se
marchó.
En verdad, debo confesar que la experiencia con mis alumnos me gustó, pero
hubiese querido que fuera más larga. Pero no estuvo mal. Ya no lo dudaba,
Sebastián tenia que haber hecho algo para que eso ocurriera. En esos momentos
pensaba en lo rápido que había cambiado mi vida sexual. Primero un orgasmo a
doscientos kilómetros por hora, me follo a un pepino, luego un chico me toca el
pene en una piscina llena de gente, depuse casi me cogen como su esclavo.
Definitivamente algo pasaba conmigo y Sebastián era el ojo del huracán.
Ya eran más de las cinco de la tarde. Casi todos los demás se habían ido. Yo me
quedé ya que por motivos que todos sabemos me había retrasado en el trabajo. No
había visto a Sebastián otra vez, según supe lo enviaron a resolver algo en una
oficina auxiliar ubicada otro edificio. Ya había perdido la esperanza de verlo,
pero la puerta se abrió y ahí estaba él.
Sin mediar palabras sacó su polla que ya estaba dura y se aproximo a mi, yo aun
estaba sentado, no me había dado tiempo a nada, me sujeto por el cabello y me
puso la polla en los labios. Inmediatamente comencé a chuparla, él movía mi
cabeza hacia atrás y hacia delante. Yo chupaba esa polla como si mi vida
dependiera de ello, mi boca no daba abasto. Succionaba y lamía haciendo ruidos
que me parecían muy excitante.
Por momentos empujaba su polla hasta mi garganta cortándome el aire y
provocándome nauseas, al sacarla estaba llena de saliva espesa, luego frotaba su
miembro en con mi rostro, me golpeaba con el, golpeaba mis labios lengua
mejillas. Luego repetía la dosis, debes encunado tosía un poco y me ahogaba pero
eso no me detenía, yo seguía chupando con una voracidad maniática.
Sebastián se sentó en el escritorio, yo continuaba sentado en mi silla, ahora
estaba entre sus piernas chupando su polla. Ya no me sujetaba la cabeza, pero yo
continuaba metiéndome la polla hasta el tope, eso me encantaba. Comencé a
masturbarlo mientras chupaba su glande. Lamía la polla a todo lo largo y ancho,
también lamía sus testículos, hacia todo lo mejor que podía, y al parecer lo
hacia bien.
Sebastián volvió a sujetar mi cabello, apartó mis manos de su polla y reclinó mi
cabeza hacia atrás, mientras se masturbaba. Yo abrí la boca, estaba sediento de
esa leche caliente, un chorro fuerte choco contra lengua, seguido de dos
descargas más, luego apretó su polla y echó un último débil chorro. Yo saboreé
ese néctar sexual en mi boca, disfruté hasta la última gota, lo tragué despacio
mientras me relamía los labios.
Él soltó mi cabeza, yo me recliné en el asiento, estaba exhausto después de esa
mamada, me sentía bien, realizada, conservaba la esperanza de al fin ser
follado, pero una vez más solo me quedé con el deseo. Sebastián se arregló la
ropa y salio sin decir ni una palabra. Yo ya me estaba acostumbrando a eso, así
que no me sorprendió. Para ser sincera, me gustaba eso de ser usada así.
Al llegar a mi apartamento en compañía de tres de mis alumnos solo pensaba en lo
que me esperaba al otro día. Me quité toda la ropa y me metí a la bañera. En
verdad si había tenido sexo anal, pero no muchas veces y sabia que lo que estaba
por venir no tendría comparación. Sumergí mi cuerpo en el agua tibia y me
relajé. Pensaba en las cosas que había y me habían hecho. Desnude a los
muchachos y los bañe con agua tibia.
Luego los encadene con los brazos en cruz a unas argollas en la pared. Y les
coloque también unas esposas en los pies, que a su vez estaban enganchados a la
pared.
En los últimos días me había mantenido en un estado de excitación constante con
estos muchachos. Era una sensación que me mantenía activo, con la sangre
caliente El placer se había convertido en un vicio para mí.
Me salí de la ducha, me paseaba desnudo por el apartamento cuando ocurrió algo
que no me esperaba. Alguien tocó la puerta. — ¿Quién es? — la voz que menos
esperaba oir pero que mas deseaba escuchar —Abre — era Sebastián, no vacilé un
segundo en abrir la puerta a pesar de que estaba desnudo, con mis tres
esclavitos . Aprendí muy bien la lección de no hacerle repetir las cosas dos
veces, aunque no estaría mal recibir otra azotaina.
Abrí la puerta y ahí estaba él, tan siniestro y perverso. Estaba vestido con
pantalón vaquero y una chaqueta de cuero, tenía su casco en la mano derecha y un
pequeño bulto en la izquierda bulto, entró y no le sorprendió verme desnuda. Yo
estaba algo nervioso.
— ¿Cómo estás?- pregunté tratando de disimular mi estado.
— bien ¿y tú? —su voz era muy calmada, me veía a la cara con serenidad. Era como
si nada fuera de lo normal pasara.
— Bien. toma asiento.- caminó hacia el sofá y se sentó, puso el casco y el bulto
a su lado.- vuelvo en un momento, me iré a vestir, con mis alumnos.
— No, queden todos así. Me gusta.
— De acuerdo ¿Quieres algo de tomar? — controlaba mis emociones o la menos lo
intentaba, me sentía desprotegida, a su merced. El cosquilleo en mi interior no
paraba.
— ¿Tienes Corona?
— Si claro.
Fui a la cocina con paso normal, aunque deseaba ir corriendo y traerle la
cerveza y ponerme a cuatro patas para que me follara.
Sebastián actuaba muy norma, pero empezó a desatar a los chicos, como un amo.
Tomó la cerveza y la destapó con los dientes me miró y volvió a sonreír — tomó
unos tragos y puso la botella en la mesa de centro. — ¿Qué has aprendido en
estos últimos días ?
— Es una pregunta algo difícil. He aprendido muchas cosas, pero no se como
explicarlas.
— Te entiendo, las virtudes reales no tienen nombres palpables.
— Buena filosofía.
— Barata.
— No siempre el precio determina la calidad, las mejores cosas no tienen
precio.- al hablar me sentía otra persona. Era como si mi alma hubiese sufrido
una metamorfosis. — ¿Puedo preguntarte algo?
— ¿por qué te elegí a ti y tus alumnos? ¿cierto?
— Si, por que yo.
— ¿Por qué no tú?- encogí los hombros — desde que te vi supe que tenias muchas
cosas que descubrir, mucho talento por explotar y deseando ser explotado. Tus
ojos emanabas un deseo sexual insatisfecho, y tus alumnos el deseo adolescente .
— En menos de una semana me has hecho cambiar todo lo que era.
— No te hice cambiar, solo abrí una puerta cerrada.
— ¿Hacia donde lleva esa puerta?
— A las experiencias más intensas que pueda experimentar tu alma.
— ¿Qué me harás hoy?
— ¿Qué quieres que te haga?
— No sé, tu nota decía que me romperías el culo.
— Sé lo que decía la nota ¿tu que quieres?
— Que me rompas el culo…—
—Todos deben Mastúrbase .
Cada vez las caricias se hacían más fuertes. Los gemidos de los muchachos y su
profesor se escapaban de sus bocas. Sebastián los observaba, no emitía ningún
gesto, ni señal de excitación.
Sacó algo del bulto que había traído, era un consolador, también sacó un frasco
de lubricante, la acción estaba por comenzar. Con sus dedos untó el lubricante
en nuestros culos, metía sus dedos con pocas contemplaciones, en principio nos
dolía y era muy molesto.
Después de haberlo lubricado bien Sebastián metió el consolador en los culos,
era mas ancho que sus dedos y quedaba ajustado en mi hoyito y al de los chicos.
Lo empujaba lentamente, suave, preciso, los anos se abría ante el paso imparable
de aquel artefacto
Sebastián sacó su polla y se sentó en el sofá. Todos comenzaron a chupar su
polla.
Bien mis esclavos
Continuará
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