La Excentral (II)
"Porque hay segundas partes que son mucho mejor que la primera"
Hola a todos, mi nombre es Julio, actualmente tengo 19 años y soy de Zacatecas,
Mexico. Anteriormente escribí dos relatos que llevan por título "La excentral" y
"Un chico de 15 años", que fueron del agrado de ustedes, y éste mi tercer relato
hasta cierto punto es una continuación de mi primer relato:
Había comenzado el primer viernes del mes de noviembre (del 2004), y como todos
los viernes, no encontraba el más mínimo sentido de coherencia el de levantarme
temprano para ir a la universidad, puesto que no tenía las más mínimas
intenciones de ir a soportar por 2 horas a un pseudomaestro con el cual había
una declaración de guerra fría; en fin, parece ser que la mayor parte del día
sucedió sin gran novedad, sólo los pendientes escolares para la semana entrante.
Pero por fín, ya entrada la tarde y sin ninguna ocupación, decidí ir a checar mi
correo y qué tenía de novedades el internet... y al igual como si se tratara de
una sesíon de rutina, comencé a abrir páginas según lo deseara, y como pocas
veces, en mi mensajero de Hotmail había bastantes contactos conectados, y
parecía ser que me esperaba un rato muy ameno frente al monitor de una
computadora y un "mouse" cumpliendo mis deseos...
Y cuando ya había transcurrido bastante tiempo (una hora a lo mucho) de pronto
apareció él como conectado, sí, el mismo chico de mi primer relato, puesto que
volví a recuperar contacto con él despues de la publicación en la red de mi
primer relato. Estuvimos platicando unos minutos y finalmente nos preguntamos
por dónde estábamos, puesto que la cuidad de Zacatecas no es muy grande y era
mínima la distancia que nos separaba, pues le propuse que mejor platicáramos en
persona, él quedó de pasar por mí porque yo aún tenía que mandar unos correos
con información para mis compañeros de clase.
Mientras transcurrían los minutos de espera de este chico (que porque él
prefiere quedar en el anonimato, pero si quieren saber su nombre, lean la
Excentral, parte 1), me venían a la mente los recuerdos de aquellas sesiones de
placer entre chicos en los que ambos gozábamos en demasía y hacíamos gozar
también a nuestro compañero de juegos.
Yo por mi lado soy trigueño, de ojos y cabellos castaños, mido 1.71m, buen
cuerpo, y poseo el perfil viril según los cánones de la belleza griega de la
antigüedad, que hoy en día es admirada en las estatuas de aquellos efebos; y por
otro lado mi amigo tampoco se queda atrás, tiene la misma estatura y la misma
fisionomía tan codiciada en la antigua Grecia y Roma y que tuvo su gran auge en
el renacimiento.
Despúes de la espera, por fin llegó mi amigo, salimos con rumbo al centro de la
ciudad, platicábamos de todo un poco, fue entonces que dirigimos nuestros pasos
al parque en el cual habían inaugurado una fuente espectacular y él no la había
visto aún. Ya en el parque con la luz del día casi extinguiéndose por completo
para dar paso a la noche y a todas sus historias que pasan bajo su cobijo -que
en esta temporada tenía más duración- y eso fue lo que nos permitió apreciar el
juego de luces, música y chorros de agua (todo en sincronía) que hacían
espectacular a la fuente de este parque; mas como no pensábamos pasarnos todo el
rato viendo nada más los chorritos de la fuente (al menos eso pensaba yo), y
como el frío de la estación aún no se sentía, fue que le dije:
- Bueno, y luego, ¿qué hay que hacer?
- Pues no sé.
- ¿Estás pensando lo mismo que yo?
- Pues exactamente ¿qué estás pensando?
- Pues, sabes que soy joven, tengo 18 años y tengo una mente muy libidinosa
-agregué por último.
Fue caundo a ambos se nos dibujó una sonrisa de complicidad y deseo... sólo que
quedaba escoger en dónde, pero eso no era problema ya que conozco uno que otro
sitio en la ciudad donde se puede disfrutar de los bellos placeres que el sexo
proporciona sin que uno pueda ser interrumpido.
Cuando estábamos cerca del lugar, en el último tramo de camino que estaba
iluminado por la tenue luz de unos faroles y la poca luz de luna (la eterna
espía de las noches de pasión), el camino estaba tan solitario que a veces me
asaltaba la idea de que alguien pudiera pillarnos de improviso, pero
afortunadamente no sucedió, fue una idea y nada más.
Llegamos al sitio, escondido y lleno de penumbra, la suficiente para envolvernos
y permitiéndonos estar con la seguridad de que nadie nos pescaría. Hicimos a un
lado nuestras mochilas y nos quitamos nuestras chamarras para irnos acercando,
para que nuestros labios se rozaran y comenzar a descargar nuestras ganas de
sentir la lengua de un hombre jugando con la suya; y así, después de esos besos
siguieron muchos otros, nuestras lenguas se juntaban y jugaban entre sí
lamiéndonos y besándonos el cuello, la cara, por debajo de los oídos, no importa
el orden, porque también alternadamente nuestras manos recorrían nuestros
cuerpos para despertar aquel último tramo de la anatomía masculina que se hace
presente en ocasiones especiales: nuestros penes.
Y superando las manos el obstáculo que eran nuestras ropas, empezamos a
desprendernos de ellas poco a poco. Él quitó primero mi camisa para besarme el
pecho como él sabe hacerlo (su boca es una de las mejores que he besado),
mientras mi manos se escabullían por debajo de su trusa para tocar su hermoso y
fino trasero, nos acariciábamos nuestros genitales, haciendo que el gozo y la
satisfacción fueran mutuas.
Una vez habiéndonos despojado de nuestras ropas y habiendo bajado nuestros
pantalones hasta los tobillos, nos tomamos por la cintura y así sentir el roce
de nuestros cuerpos, cuerpos jóvenes, esbeltos y bien proporcionados, como los
de aquellos jóvenes mancebos que eran la predilección de los grandes maestros de
las academias de artes. Y sin importarnos el frío, porque de nuestros cuerpos
emanaba calor suficiente para mantenernos calientes mientras nos alternábamos
entre besos y caricias, cargadas de deseo y placer... poco a poco fue bajando
por mi cuello, por mi pecho (mmm qué rico besa) hasta llegar a mi verga y
comenzar a chuparla con un ritmo para disfrutarse larga y placenteramente...
para luego yo hacer lo mismo y probar de nuevo el néctar de la vida que poseemos
los machos, pero yo urgía en deseos de sentir sus nalgas otra vez, unas nalgas
no abundantes pero bien proporcionadas (haciendo una muy ilógica analogía, si
fueran senos serian de copa "b") con una suavidad exquisita, apetecibles y con
ganas de comértelas.
Me puse el condón y comencé a penetrarlo poco a poco y con suavidad hasta llegar
al punto en que dos hombres se conectan, para así yo poder besar su espalda,
lamerle el cuello y llegar al gran momento del tan deseado orgasmo... pero por
ciertas cuestiones técnicas no me pude venir dentro de él (o quizá él no lo
prefería así), así que de nuevo uno frente al otro y abrazados de nuevo, nos
masturbamos acompañados de exclamaciones de placer y así venirnos uno enfrente
del otro, impregnando nuestros cuerpos con semen (el premio a nuestros deseos).
Bueno, nos limpiamos, nos pusimos nuestras ropas, y después de dos o tres
besitos nos retiramos del lugar, y empezamos a caminar por la calle como gente
normal, como dos buenos amigos, pero con derechos, jejejejeje.
Espero que les haya gustado el relato, y si alguien quiere hacerme llegar sus
comentarios, opiniones acerca del relato o quieren establecer algún contacto,
éste es mi mail:
pureangel_darkslaver @ hotmail.com
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