Experiencias tempranas
Mi nombre es Santiago, soy un chavo mexicano que después de
mucho pensarlo, se decidió a contar su historia.
El relato comienza en una mañana de miércoles. Cuatro meses atrás había cumplido
17 años, faltaban pocos días para que terminaran las clases. Mientras caminaba,
pensaba en lo genial que seria el fin del ciclo escolar. Terminaría con buenas
calificaciones, de eso estaba seguro, y por lo pronto ya no tenia tardes de
entrenamientos de atletismo.
La mañana iba pasando lenta, las clases eran aburridas, los maestros ya querían
terminar sus clases y los alumnos queríamos salir de una vez. Lo mejor era la
hora de descanso, platicar con los amigos y pasarla bien. Después de eso, venia
la clase que para mi era la peor, Física, que aunque no me gustaba y no la
entendía muy bien, con mucho esfuerzo la sacaba adelante.
El maestro no era de los pesados odiosos, tenía sus momentos en que se llevaba
bien con nosotros, pero la mayoría de las veces hacia la clase casi
incomprensible y aburrida. Este día, lo dedicaría a checar calificaciones,
puntos extras y demás detalles finales, y nos iba llamando a su escritorio
individualmente mientras los demás platicábamos o nos poníamos al corriente con
pendientes.
Después de media hora, por fin me llamó a mí, y fui hasta su escritorio.
-Santiago, que tal, ¿Cómo te va?- me preguntó de manera amigable.
-Muy bien profesor. - Yo no quería alargar la plática, estaba ansioso por saber
mi calificación.
-Veamos… -Y se puso a buscar en su lista y montón de hojas que tenía. –
Santiago, no presentaste el último examen parcial, no alcanzas calificación
aprobatoria.
-¡Pero porque! –Sentí como si toda la sangre en un segundo me bajo a los pies y
me volvió a subir – No puede ser, vuelva a revisar, debe haber un error. – No
podía ser posible, yo no podía reprobar esa materia, de eso dependían las
vacaciones, mi beca e incluso podía repetir el año completo. –Vea la lista de
asistencia, ese examen fue la semana pasada.
-Deja veo. – Volvió a ver la lista, busco mi nombre y ¡claro! Si estuve el día
del examen. – Es verdad Santiago, si estuviste ese día, tengo que ver porque no
tengo tu examen, no lo pude haber perdido, voy a buscarlo entre mis papeles. Ve
a buscarme a la salida en la sala de maestros ahí estaré.
-Muchas gracias. –Volví a mi asiento con una gran angustia, mientras los demás
compañeros pasaban por sus calificaciones, incluso Juan, el más despistado había
alcanzado pasar la materia.
Seguí esperando con angustia lo que restaba de la mañana. Dieron las 2, hora de
la salida y fui el primero en salir del salón con mis cosas, y justo afuera, me
tope con el entrenador de atletismo.
-Santiago, te venia a buscar, la próxima semana empiezan entrenamientos, en dos
meses hay competencias estatales y te quiero en buena condición…
-Pero…-Genial, no lo podía creer, mis vacaciones pendían de un hilo, primero lo
del examen y ahora, tenia que entrenar en vacaciones.
-Cuento contigo Santiago.-Se dio la media vuelta y se fue sin poder decirle nada
mas.
Continué mi camino a la sala de maestros ahora mas enojado que angustiado. Toque
la puerta y mi maestro de Física salio.
-Santiago, lamento decirte que no encontré tu examen.
-Pero ya vio que yo estuve ese día, no puede estar pasando esto, usted sabe que
soy buen alumno.-Yo ya estaba desesperado.
-Lo se Santiago, pero las calificaciones se entregan a la dirección hasta el
viernes, te tengo una propuesta.- Todo estaba mas claro ahora, el imbecil quería
dinero por mi calificación, me empecé a enojar aun mas.
-¿Qué cosa?
-Ve a mi casa hoy por la tarde, y ayúdame a buscar tu examen, veras tengo muchos
papeles por todos lados de todos los alumnos, de seguro ahí debe de estar
perdido.
-Si esta bien. – Me calme un poco, no era lo que había pensado, y claro que iría
a voltear la casa del profesor si era necesario para encontrar mi examen
perdido.
-Esta es mi dirección – me dio una tarjeta – llega como a las 6 de la tarde.
Después de eso, me fui rápido a mi casa, en verdad no era mi día, y no quería
que nada mas pasara. Llegue a mi casa, y estaba solo, me fui a encerrar a mi
cuarto, no tenia ganas ni de comer. Me bañe y me acosté un rato y me quede
dormido. Desperté a las 5 y me vestí y un rato después me fui para la casa del
profesor.
Llegué a una casa pequeña no muy lejos de mi casa, toque el timbre y al poco
tiempo salio el profesor, su nombre es Rolando, un hombre de unos 37 años de
barba corta, 1.75 m. blanco y delgado, para ser un hombre que podría decirse se
dedica mas a los libros que a ejercitarse, tiene una pequeña panza que con
algunas abdominales al día se le quitaría.
Me llevo hasta el cuarto donde tenia un escritorio lleno de carpetas y papeles.
Empecé a buscar entre todas las cosas, mientras el hacia sus cosas. Pasaron 50
minutos y yo seguía sin encontrar nada.
-Profesor, sigo sin encontrarlo.
-No te preocupes, ahorita aparece, pero si quieres descansa un rato, ¿te
gustaría tomar algo? ¿agua?... ¿coca cola? … ¿cerveza?- Y me quede pensando unos
segundos.
-Cerveza. – Al diablo, estaba muy tenso por lo del día y no tenia mucha
oportunidad de tomar alcohol.
Rolando fue por unas cervezas a la cocina, y nos sentamos en un sofá que tenia
ahí y platicamos de muchas cosas, de las clases, las vacaciones, la familia, y
sin darme cuenta yo ya había tomado 4 latas de cerveza y el solo 2, y como no
estaba acostumbrado a tomar mucho, estaba desinhibido y relajado. Y entonces,
todo dio un giro que para mi fue inesperado.
-Santiago. Tengo que decirte algo. – Con tono serio me dijo el profesor Rolando.
Yo solo lo mire y escuché. – La situación es esta, tu examen no esta perdido, yo
lo rompí.
-¿Qué?- Fue algo que me tomo totalmente por sorpresa.
-No digas nada mas, déjame terminar. Sin dar mas rodeos, eres un muchacho muy
guapo, ya me habías llamado la atención desde hace tiempo, al verte en tus
entrenamientos, cuando te quitas la camisa después de una carrera y ver tu torso
aperlado y marcado. –Estaba sorprendido que no salía nada de mi boca. – Y si
quieres aprobar la materia, me vas a dejar mamartela.
-Usted no puede hablar en serio. ¡No puede hacer eso! Voy a decirle al director.
-Tu no vas a hacer nada.- Seguía con su tono serio – Nadie te va a creer. Vengo
de una familia de maestros por generaciones, algunos maestros fundadores de
algunas escuelas en la ciudad. Mi mamá es de mucho peso en la escuela, y podrías
hasta salir expulsado. Y solo es una chupadita, que ya haz de saber que se
siente, te dejo un momento, aquí te dejo dos cervezas para que lo pienses,
vuelvo enseguida. – Se levantó, salio del cuarto y cerro la puerta.
Estaba sentado, sin palabras, totalmente asombrado, no lo podía creer, y lo peor
del caso era que en verdad yo tenia las de perder, era cierto que la mamá del
maestro era influyente, siempre estaba en los eventos y hacia y deshacía mas que
el propio director. Ahora mi dilema era, aceptar o no aceptar. Tome una de las
cervezas, la abrí y me la tome de un trago. No podía reprobar, tenia en riesgo
muchas cosas, nunca había reprobado una materia en mi casa no me iría bien y que
decir las demás cosas en juego, mi beca, como era una escuela privada, una de
las mejores en la ciudad. Seguí pensando unos segundos mas, que me parecieron
eternos, y me decidí. Hasta ese momento yo era heterosexual, ya había tenido un
par de novias y ya no era virgen. Total, era una mamada solamente, agarre la
otra cerveza e igual me la tome de un trago, ya iban 6 en total, ya estaba un
poco mas que relajado. Y en eso entro Rolando al cuarto.
-¿Ya decidiste Santiago?
- Si. – contesté.
- ¿Y?...
- Si, acepto. – Seguía sentado en el sofá. Tire la lata de cerveza vacía a un
lado.
- Perfecto, sabía que tomarías la decisión correcta. Párate, déjame verte.
Me pare y se puso enfrente de mí, los dos casi de la misma estatura, él unos
centímetros mas alto, mido 1.71, y solo lo deje mirar. Me observo como si me
examinara, primero mi pelo, corto, ondulado y castaño, mis ojos cafés. Agarro la
parte de debajo de mi playera y la subió para quitármela, levante los brazos
para que la sacara. Dejo mi torso al descubierto, mi piel aperlada sin bello,
brazos y hombros marcados, no en exageración, mi pecho marcado y mi abdomen
plano. Me pidió que me quitara los tenis, mientras desabrochaba mi cinturón, los
quite con mis pies y me Rolando bajó mi pantalón, ese día traía unos boxer-briefs
ajustados azul marino, miró mis piernas con poco vello y trabajadas por tanto
correr, levante los pies para quitar mi pantalón. El profesor me empujo
lentamente para sentarme y me quito las calcetas.
Yo seguía sentado sin querer estar ahí, puse mis brazos a los lados y cerré los
ojos y me deje llevar, entre mas rápido, mejor.
-Que ganas tenía de tenerte así, tenerte todos los días en clase, y no poder
verte así como te tengo ahorita. – Se hincó frente a mí y con sus manos agarro
el elástico de mi boxer y lo bajo y me lo quito, dejando libre mi pene flácido.
– Que belleza, ¡como me lo imaginaba! Limpio y con circuncisión. He visto a
algunos de tus compañeros en las regaderas, pero no había tenido la oportunidad
de verte a ti.
Con sus manos empujó mis rodillas a los lados y se puso mas adelante, agarro mi
pene y jugo con el un momento y se acerco para meterlo a su boca. Yo solo sentí
húmedo y calido en mi pene y en la base me picaba la poca barba y bigote que
tenia mi profesor. Y empezó a jugar con su lengua y succionar. No sabía que
pensar, no podía irme, ya había decidido y lo que mas me intrigaba, era que no
me molestaba la sensación, no se si serian las cervezas o si Rolando lo hacía
mejor que mis ex novias, pero mi pene empezó a endurecer. El profesor lo notó y
lo siguió haciendo con más ganas, que hasta solté un pequeño gemido, y entonces
ya tenía mi verga completamente parada, 17cm. Su máximo esplendor, y abrí mis
ojos, sorprendido vi como mi verga estaba parada y mas hinchada, nunca la había
tenido así de dura. Veía como Rolando la disfrutaba y se la metía toda, la
lamia, la chupaba, la agarraba, la apretaba y se la volvía a meter, iba
excelente cuando se detuvo. Se levanto y fue a su escritorio y saco un bolsa y
la aventó al suelo. Se acercó a mí, me tomo de los hombros, me levanto y me
acostó en el suelo alfombrado. No sabia hasta entonces la fuerza que tenia el
profesor en sus brazos, era de esas personas que no tiene tiempo para ir a un
gimnasio pero ejercita los bíceps con mancuernas en su propia casa.
Rápido se quito la ropa que traía, su camisa y su playera interior, vi su pecho
velludo y su pequeña barriga, se quito los zapatos y el pantalón, dejando ver
sus también velludas piernas, se notaba que la tenia parada, se quito su trusa
blanca y su pene erecto al igual que su cuerpo tenia mucho vello.
Se hincó y con sus piernas me abrió las mías, tomo mis brazos con fuerza y me
dijo:
-Creo que hay un ligero cambio en los planes – puso una cara de lujuria y
perversión y yo no sabia que esperar. – No me puedo aguantar a metértela en el
culo. – Me asustó y quise soltarme pero no pude, estaba en una posición que no
me ayudaba, nunca antes me había chupado la verga un hombre, menos me habían
penetrado.
Con una mano me agarro de las muñecas y me las apretó contra la alfombra arriba
de mi cabeza y con la otra mano saco un bote de lubricante de la bolsa que había
tirado y empezó a untármelo en el culo, despacio, con movimientos circulares. Y
empecé a decirle que no lo hiciera y a alzar la voz.
-No grites, que no te voy a dejar, y aquí ningún vecino de va a escuchar,
déjate, ¿Qué no quieres tu calificación?
Entonces metió un dedo en mi culo y me salio un gemido, y siguió metiéndolo y
sacándolo con movimientos circulares. Y yo seguí gimiendo mas y pidiéndole que
no lo hiciera. Para estas alturas de la situación hubiera podido soltarme, pero…
¿En verdad quería irme de ahí?
Siguió jugando en mi culo con sus dedos hasta que metió dos y seguía y ahora sin
agarrarme las manos. Se detuvo y volteé a mirar que hacia ahora, y vi que sacaba
un condón de la bolsa y se lo ponía en su pene de 16 cm.
Agarró mi pierna derecha y la puso en su hombro, agarró mi pierna izquierda y la
puso a un lado de su cintura. Con una mano me levanto tantito y con la otra
acomodaba su verga en la entrada de mi culo. Sentí miedo, pero a la vez no sabia
que esperar.
Y entonces comenzó a entrar. Grite pero el siguió, le excitaba mas, continuo
lentamente hasta que la cabeza estuvo dentro y ahí se detuvo. Tardó en disminuir
el dolor, lo más grande de ese pene era la cabeza, era una verga peluda y
cabezona.
- Así te quería tener. – Y siguió hasta meterla mas, y comenzó el mete y saca,
lento y cada vez aumentaba la velocidad. Yo gemía cada vez mas, primero de
dolor, y después ya no sabia si de dolor o ya era placer, todas eran sensaciones
nuevas para mi. Me tocaba el abdomen y llegaba hasta el pecho y me pellizcaba
los pezones. Después me la metía más rápido y apoyó sus manos en la alfombra y
ahora podía meterla más adentro de mí. Yo solo gemía cada vez más.
Se detuvo, saco su pene y me agarro de la cintura y me volteo y quede en 4
patas, y agarraba con fuerza mis nalgas.
-Que ricas nalgas, que ganas tenía, redonditas, paraditas, de seguro haces
muchas sentadillas y desplantes.- Y sin avisar volvió a meter su verga y siguió
el mete y saca, yo apoyado con los codos y rodillas. Después de darme mas duro
me sobaba la espalda hasta llegar a mi cabello que lo agarraba con fuerza y lo
jalaba, de tantas sensaciones nuevas y excitantes yo solo lo dejaba. Después de
unos minutos, me tomo con fuerza de la cintura y me daba con mas fuerza y gemía
mas fuerte.
-Me vengo, ¡me vengo! – Y terminó. Sentí como el condón se llenaba y se hinchaba
de semen caliente. Sacó su pene ahora flácido. Y quede recostado en la alfombra,
exhausto, Rolando solo me dio una nalgada y se levantó. - Te mereces el 10.
Me levanté media hora mas tarde, me vestí y salí para irme a mi casa.
Continuara…
Santiago Switch0_0@yahoo.com