FANTASÍA HECHA REALIDAD
Me llamo Alejandro y soy de Valencia. Tengo novia, pero me considero
bisexual, ya que me pone tanto una buena tía como una buena polla. A mis
25 años he logrado hacer realidad lo que deseaba hacer desde hace ya algún
tiempo. Esta es mi historia.
Cuando estoy sólo en casa me gusta conectarme a Internet y visitar esas
páginas guarras en las que salen tíos con unas trancas enormes dándose por
el culo. Esto me pone a 100 y acabo corriéndome como un loco. Hasta entonces
estas habían sido mis únicas experiencias gays, pero una noche en un arrebato
de calentura se me ocurrió llamar a un periódico y colocar un anuncio para
encontrar un tío con el que estrenarme. Esperé unos días hasta que recogí
en mi buzón las respuestas, que eran muchas. Pero de todas la que más me
interesó fue la de un chico que se llamaba Francisco. Me gustó su voz cálida
y segura. Tenía 23 años. Sin pensármelo más lo llamé y hablé con él. Los
dos
estábamos muy nerviosos y excitados, pues él tampoco tenía experiencia
pero sí muchas fantasías. Así pues decidimos quedar ese mismo día en un
centro comercial.
Cuando nos encontramos, no podía creerlo, era un chico realmente guapo,
mediría más o menos como yo (1'80), rubio, ojos azules, un cuerpo perfecto
dentro de unos jeans ajustados. Me gustó al instante y yo también a él (hay
que decir que yo también estoy muy bueno). Charlamos un rato, pero lo que
los dos queríamos era irnos a algún sitio donde pudiésemos realizar nuestras
fantasías. Fuimos a su casa, pues sus padres se habían ido de viaje. Al llegar
allí me cogió de la mano y me llevó a la habitación. El nerviosismo y la
excitación hacían que estuviésemos un poco cortados, pero al poco tiempo
Francisco empezó a desabotonarme la camisa y chuparme el pecho y las
tetillas. Yo notaba como mi polla empezaba a crecer. Le quité la camiseta
y debajo apareció un torso musculoso y sin vello. Más abajo veía cómo su
polla iba haciendo presión contra el pantalón. Le bajé los pantalones y lo
dejé en slips. Me ponía muy cachondo verle el enorme bulto atrapado en
la tela luchando por salir. A su vez, él me quitó los pantalones y los
calzoncillos.
Mi polla salió disparada de ellos pues estaba gordísima y dura. Al fin se quitó
sus slips y pude ver su polla: 19 cm, gorda, descapullada, y con unas gotitas
en la punta. Toda rodeada de una espesa mata de vello negro que bajaba
hasta sus bolas redondas y grandes. Yo me imaginaba toda la leche que
podía caber en ellas. No pude más y me abalancé sobre ella. Quería tenerla
en mi boca, sentir ese pedazo de carne caliente en mi boca. La tomé y
empecé a chuparla con muchas ganas mientras con las manos le acariciaba
los huevos y le abría el culo hasta meterle el dedo. Sus jadeos eran cada
vez más fuertes hasta que de pronto la polla se tensó y escupió un enorme
chorreón de leche que me llenó la boca y se derramaba por mis labios. Jamás
había probado el sabor de la leche, pero me gustó tener en la boca ese líquido
caliente y viscoso. Yo todavía no me había corrido, así que le pedí que si
podía
darle por el culo. Él dijo que sí, que
deseaba tener mi polla en su agujero, que
lo reventara de placer. Sacó un tubo de vaselina del cajón de la mesita y se
puso a cuatro patas con su manguera soltando todavía restos de leche. Mi
polla estaba más dura que nunca, hasta el punto de que me dolía. Necesitaba
descargar en ese culo prieto con la entrada cubierta de vellos rebeldes.
Antes de ensartarlo me puse un poco de vaselina en los dedos y se los fui
metiendo lentamente al tiempo que los iba moviendo. Notaba cómo su
esfínter se abría cada vez más, hasta que me puse sobre él, se la metí
hasta
el fondo. Dio un grito de dolor, pero enseguida empezó a jadear de placer. Me
pedía que se la metiera fuerte, que le destrozara, que le regara el culo con mi
leche caliente. Mis huevos golpeaban su culo en cada embestida. Los notaba
pesados y muy calientes, notaba cómo mi leche empezaba a hervir hasta que
me corrí como nunca. La leche salió del culo y se desparramaba ahora por las
piernas. Yo saqué mi polla y salió más leche, como un manantial. Nos quedamos
los dos extenuados y tendidos en la cama, con leche por todas partes...
Aquello me pareció fantástico, a pesar de ser dos novatos. Por fin había
probado lo que hasta entonces había visto sólo en Internet. Ya sólo pienso
en la próxima vez que vea a Francisco. Entonces no seremos tan novatos.
Alex, VALENCIA