AMO A UN ADOLESCENTE (FINAL)

 
 

Ha pasado ya un largo año desde que decidí buscar un nuevo horizonte a mi vida

sentimental, aquel amor del que hablé en los tres anteriores capítulos de esta
historia ha desaparecido dejando ese gran vacío que sentimos cuando simplemente
no tenemos a quien amar, pero no con esto quiero decirles que me siento mal, no,
al menos ya no sufrí más por el tormento de un amor que a veces era mío, pero a
veces no.

Pasaron también muchas cosas importantes en mi vida, terminé mis estudios

superiores, conseguí un nuevo empleo, y por último, me mudé a una casa dentro
de la misma ciudad, es allí donde realmente conocí la felicidad.

Varios días nos tomó hacer la mudanza, el bajar mobiliario de un apartamento no

es labor fácil y tuve que colaborar en ello, en eso estaba el día que pude ver en una
casa vecina a un jovencito de unos 14 años parado frente a un espejo, era delgado,
blanco y de cabellos castaños. Me llamó mucho la atención ya que había visto a su
familia y a él no, pero no le di mayor importancia y continué con mi labor.

En días siguientes a mi avistamiento, salí al frente de la casa con mi madre para

tomarnos unas cervezas y así conocer a los nuevos vecinos de la zona, entre ellos
conocí a una chica que vive en la casa donde ví al jovencito un par de días antes y
pude comprobar que éran hermanos, ella se llama Silvia y él se llama David, ella
tiene 22 años y él tan sólo 14. ese día compartí muchas cosas con Silvia,
conversamos durante mucho rato sobre cualquier cosa que se nos ocurría, lo
que hizo que entabláramos lo que llamaría “las bases de una nueva amistad”.

Al día siguiente por la noche vino a visitarme Silvia pero no vino sola, la

acompañaba su hermano menor, me lo presentó y se trataba de aquel chico que
me llamó la atención; David era un chico delgado, blanco, con expresión aún de
niño inocente a pesar de sus 14 años, piel suave, cabellos castaños y grandes ojos
café de esos que te expresan mediante miradas tristes mucho más de lo que el
chico dice. ¿Su personalidad? Bueno, es muy introvertido, callado, asustadizo,
tímido; con una leve sonrisa encantadora que me gustó desde el mismo momento
en que me dedicó una, fue allí cuando empezó todo aquel juego de miradas,
gestos y palabras que luego nos unirían en un solo ser.

Poco a poco fui entablando una sincera amistad con David, nos gustaban las

mismas cosas y además pude notar que nos gustábamos mutuamente, muchas de
sus miradas y actitudes me lo decían insistentemente una y otra vez, pero no me
atrevía a hablarle directamente de ello por tratarse de un menor, confirmé que yo
le gustaba tanto como él a mí el día que le pregunté lo que le gustaría hacer, y me
pidió, entre otras cosas, que lo enseñara a dar respiración artificial (o boca a boca) ¡era perfectamente claro el mensaje ya que ningún chico de esa edad estaría
interesado en aprender esas cosas!

Una noche que estábamos conversando solos, David me dijo que me tenia que

decir algo importante pero que luego lo haría por que aún no sabia como lo iba a
tomar yo, así estuvimos varios días en los que yo siempre le pedía que me dijera
y él no lo hacia, sino que me hacía ciertas preguntas como para “asegurarse” de
que yo compartía su gusto, o al menos, que yo no dejaría de tratarlo como
mi amigo.

Un día, cuando ya no sabía qué técnica aplicarle para que me dijera que me

quería (yo ya estaba seguro de que se trataba de eso) lo incité a escribírmelo, al
principio no quiso, pero luego se animó cuando le pedí que lo hiciera en un papel
que luego sellaría y el cual yo leería después que el se fuera a su casa, fue así
como logré que lo hiciera. Aún puedo sentir mi alegría al leer aquel papel que sólo
contenía escritas tres palabras, “TU ME GUSTAS”, una manera muy pura y
fresca, típica de un adolescente que quería gritar al mundo lo que sentía.

Al día siguiente David se sentía muy ansioso por conocer mi opinión acerca de

su declaración, le dije que él también me gustaba y, en mi habitación, me regaló
un tierno y cálido beso. Toda su juventud e inocencia estaban allí, frente a mí,
transmitiéndose de manera temblorosa y mediante ese grandioso beso hacia lo
más íntimo de mi ser, como nunca antes lo había sentido con nadie sellando así
el pacto del gran amor que comenzó entre nosotros desde ese momento.

Así fue como David se adueñó de mi ser, alma, espíritu, amor, y hasta de mi

cuerpo ya que unos días después de aquello hicimos el amor por primera vez,
aunque fue algo rápido las dos primeras veces por el temor de ser descubiertos,
pero lo hemos hecho muchas veces más y siempre agregándole nuevas formas de
sexo oral, estimulación y otras. Me encanta ver su carita cuando paso mi húmeda
lengua por su cuello y orejas, me encanta sentir su lengüita húmeda y calentita
cuando pasa por mi pecho y brazos, me encanta chuparle el culito mientras suspira
y se estremece en cada lenguetazo que le doy y me fascina cuando chupa mi pene,
cuando se lo introduce completo hasta la garganta y, sobre todas las cosas, amo
infinitamente cuando la calidez de sus entrañas abraza mi falo transfiriéndome todo
su ser, cual enchufe en tomacorriente que al conectarse hace funcionar los equipos
eléctricos, bueno nuestra energía es algo como eso.

No me he extendido en detalles de los actos sexuales ya que no he pretendido en

ningún momento hacer que este último capítulo sea un relato para excitarlos, más
bien es la historia de la culminación de mis tormentos por causa de un amor que no
me corresponde, es un relato de la vida real. He querido tambien, con esto que les
escribo, llevarles un mensaje impreso desde mi corazón, y es que a veces uno cree
que el amor no existe y se da por vencido, pues sí existe y a lo largo de nuestras
vidas si sabemos estar atentos podremos, de seguro, encontrarlo muchísimo más
cerca de lo que imaginamos.
 

AUTOR:  carlosmindiola@hotmail.com
 

 

*** FIN ***