Fusión
Saludos a todos, esta es una pequeña remembranza que relata la primera vez que
mi novio y yo materializamos el amor que nos tenemos y aunque algunos digamos
que no hay quien nos llene el corazón, siempre habrá una primera vez. Para su
información primero haré las descripciones. Mi novio (Pedro) de 19 años (parece
de 16) estatura 1.65 pesa 53 Kg. talla 28 cuerpo delgado atlético bastante
deportista. Yo (Vicente) de 22 años mido 1.80 peso 81 Kg. talla 32, ya con 3
años en el gimnasio, imaginen cómo estoy.
Podrán decir que somos una pareja algo dispareja, ja, pero así nos amamos y pues
bueno espero que les guste:
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Se quedaron de ver en el mismo lugar de siempre, él iba vestido informal pero
aun así bien vestido. Quería dar una buena impresión. Pedro aunque delgado y
bajito no tenía mal cuerpo. Fue entonces que vio lo que tanto esperaba ver y
esbozó una sonrisa. El automóvil se detuvo frente a Pedro, y subió. Era el auto
que tantas veces antes había sido cómplice de su cariño. Dentro se encontraba un
Vicente, más alto que el primero y con un cuerpo trabajado de gimnasio. Se
saludaron con un simple hola y arrancaron el carro.
No hablaron de nada importante durante el camino al lugar que habían elegido par
hacer su travesura, el lugar donde por fin se amarían como lo deseaban desde
hace ya tanto tiempo. Llegaron al lugar escogido que fue cierto hotel perdido en
la mitad de la ciudad. Llegaron a la recepción, más nervioso Pedro que Vicente.
Éste pidió un cuarto, ya se les notaba cierta excitación. Caminaron lentamente y
cada vez aceleraban más el paso. Llegaron por fin al cuarto, al lugar que sería
su hogar las próximas horas.
Abrieron la puerta y miraron dentro, una cama, una mesita, y no había mucho más
que ver. Se miraron con complicidad y entraron. Apenas cerraron la puerta
Vicente jaló a Pedro y lo besó como jamás había besado a alguien. Fue el beso
más largo que se habían dado, no paraban más que para respirar. Lentamente
fueron acercándose a la cama, siguieron besándose y acariciándose todo su
cuerpo. Se tiraron en la cama para seguir disfrutando de sus labios. Entonces
fue que pararon y se abrazaron con una ternura insospechada, ellos se amaban más
de lo que podían expresar las palabras.
Fue entonces que discretamente Vicente se quitó la playera dejando embelesado a
Pedro. No podía creer que en verdad lo tenía con él. Entonces para no quedarse
atrás este también se la quitó aunque no tenía ni los pectorales del primero ni
el cuerpazo pero tenía un cuerpo delgado muy atlético formado por las horas de
atletismo. Se querían tal y como eran. Continuaron besándose y sus penes ya no
estaban en completo reposo, de hecho les lastimaban ya los pantalones y se
dieron cuenta. Besando todo el cuerpo de Vicente, Pedro bajó lentamente haciendo
parada en sus pezones y su abdomen jugueteando un rato en el ombligo; besando
todo el camino, acariciando su paquete y sus potentes piernas. Al llegar al
pantalón, se lo desabrochó y besó su pene por encima de su ropa interior.
Vicente sólo cerraba los ojos para poder gozar aún más de las caricias que le
propinaba su querido amante.
Se levantó un poco y se quitó los zapatos, Pedro aprovechó para quitarle por
completo el pantalón, aunque no le quité la ropa interior, que de hecho ya no
cubría casi nada porque su pene estaba duro como roca y casi se salía solo.
Pedro regresó y le plantó un beso en la boca. Vicente en recompensa le besó la
oreja haciendo estremecer. Pedro bajó lentamente y le quitó el pantalón, sin
embargo Pedro no se dejaba. Entonces para hacerlo lo levantó con sus brazos y se
los quitó en contra de la voluntad de Pedro. Ya así le agarró el pene por encima
de su ropa interior y lo agitó, haciendo que Pedro emitiera un pequeño gemido y
se dejara hacer cayendo en un éxtasis de placer mientras era acariciado por su
pareja.
Siguieron acariciándose y dándose besos por todo el cuerpo hasta que Pedro,
caliente y goloso por naturaleza, se agachó y sacando el pene de Vicente lo
miró, lo besó, y lo engulló en su totalidad. Vicente sólo se dejaba hacer,
dejando caer su cabeza hacia atrás cerrando los ojos y sólo pudiendo emitir uno
que otro gemido de placer. Pedro besaba, succionaba y chupaba, mientras que el
niño Vicente gemía y cerraba los ojos. Pedro lo mamaba el pene de Vicente con
placer insospechado. No paraba ni para respirar. Lamía su tronco, para lamer la
cabeza y bajaba a chupar los testículos mientras que con una mano lo masturbaba
lentamente. Entonces continuó chupando ese portento de instrumento.
Justo antes de que Vicente terminara en la boca de Pedro, éste lo detuvo. No
quería terminar la fiesta tan rápido. El Pedro comprendió lo que quería y se
dedicó a seguirlo llenando de besos. Pero inmediatamente Vicente bajó, le sacó
el pene y lo besó, de arriba a abajo, lo acarició, y poniéndole un condón de
sabores lo metió por completo en su boca. Él también lo hacía muy bien. Fue
entonces que para sorpresa de Pedro, Vicente se puso sobre él para hacer un 69.
Pedro no se hizo de rogar porque en verdad deseaba ser uno con el hombre que
estaba con él. El Pedro esperaba el momento en que pudiera ser de Vicente. Lo
deseaba más que nada en el mundo. Los dos estuvieron besando, chupando y
acariciándose hasta que terminaron en un delicioso orgasmo. El Vicente en la
boca de Pedro y Pedro en el condón de sabores.
Luego del delicioso 69, platicaron de todo lo que les gustaría hacer. Lo mucho
que se querían, y sus fantasías mutuas. Con toda esa plática y las caricias en
todo su cuerpo, Vicente, que resultó ser más caliente que Pedro, ya estaba
firmes y listo para continuar con su acto inaugural. Fue entonces que Pedro lo
notó y se fue sobre su pene el cual besaba con deseo, ya no estaba seguro si lo
que lo dominaba en ese momento era la pasión o la lujuria, lo único que deseaba
era ser uno con Vicente, poder disfrutarlo dentro y llegar a la gloria juntos.
Fue entonces que el Pedro se detuvo y tomó un condón, besó a Vicente, luego su
pene y lo puso lentamente con la boca. Vicente solamente lo miraba, deseoso de
lo que seguiría. Pedro se acostó al lado de Vicente y le dijo que lo amaba, que
quería ser suyo de Vicente, que lo deseaba con todo su corazón, que no aguantaba
un momento más sin ser uno con él.
La respuesta no se hizo esperar, Vicente besó a Pedro en la boca, luego lo
recostó de lado y apoyó su espalda en su pecho, con la mano derecha levantó su
pierna dejando al descubierto su juvenil agujerito. Se le veía deseoso de
continuar pero el Pedro le pidió que por favor le pusiera lubricante o saliva
porque le iba a doler mucho. Vicente entonces se fue sobre el culo de Pedro, lo
penetró literalmente con su lengua. Pedro no podía hacer nada más que gemir.
Estaba disfrutando cada lengüetazo de su amante. Estando Pedro bien lubricado,
entonces lentamente y con mucho cuidado Vicente colocó su pene en el ano de
Pedro. Vicente lentamente empujó, Pedro comenzó a gemir, se quejaba pero pedía
que siguiera. Entonces después, le pidió que pusiera un poco más de lubricante,
porque le dolía. Vicente salió y puso un poco más de saliva en el condón de
lubricante, se recostó boca arriba y le dijo a Pedro que se sentara en él para
que él mismo controlara la penetración.
Y fue entonces que Pedro se colocó y acercó su culito mientras que con la mano
dirigía el pene de su amante. Pedro, al no sentir el gran dolor, se dejó caer
sobre Vicente, clavándose toda su estaca en el trasero. Los dos gimieron, de
verdad estaban en la gloria. Por fin eran uno, un sólo cuerpo, lo que los dos
habían deseado tanto tiempo. Pedro se quedó quieto unos instantes, simplemente
disfrutando el sentir por fin a su amante dentro de sí, como lo había deseado
desde que lo conoció. Al acostumbrarse al pene de Vicente, le dijo que lo
hiciera suyo, que podía hacerle lo que quisiera. Vicente entendió lo que quería
decir y se levantó con Pedro aún ensartado en él, se hincó, acomodó bien a
Pedro, y comenzó un vaivén mientras besaba el rostro de éxtasis que tenía su
joven amante. Vicente se sintió complacido de lo que veía y puso más atención en
lo que hacía. Así que aprovechando la diferencia de tamaños se levantó y recargó
la espalda de Pedro contra la pared, de esta forma Vicente tenía más libertad
para mover las caderas porque comenzó un movimiento más fuerte.
Pedro tenía una cara de placer total, lo estaba gozando casi tanto o más que
Vicente. Estuvieron así unos minutos hasta que al final regresaron a la cama,
Vicente se acomodó las piernas de Pedro en los hombros e hizo un movimiento más
suave con cariño, contrastando con la cogida bestial que hace unos minutos
habían hecho casi gritar a Pedro de no haberle tapado la boca. Después de unos
minutos el culo de Pedro comenzó a contraerse señal que el joven amante estaba
terminado salpicando todo el pecho de Vicente. Al sentir cómo apretaba su pene
Vicente también se corrió disparando todo su semen que quedó atrapado en el
Condón que Pedro le había puesto antes de comenzar la faena. Los dos terminaron
exhaustos pero muy felices, Vicente sólo se dejó caer sobre Pedro, dejando que
el semen en el pecho de Vicente se mezclara con el sudor del pecho de Pedro, por
fin habían logrado lo que querían.
Descansaron un rato y Pedro le dijo que iba a bañarse para quitarse todo el
sudor y semen e invitó a Vicente a bañarse con él. Vicente viendo la oferta que
le habían hecho no lo dudó ni un momento y se levantó para bañarse. Ahí abrieron
el agua cayendo sobre ellos. Se besaron, acariciaron, se dijeron lo mucho que se
amaban y necesitaban, Vicente tomó un poco de shampoo y frotó el cabello de
Pedro, cuando lo enjuagó aprovechando la espuma que caía en los ojos de su
amante, obligándolo a cerrarlos, Vicente pudo admirar ese hermoso rostro de
rasgos juveniles, casi infantiles, sus pequeños ojos rasgados y esos labios
rojizos que hacía un par de meses llamaron su atención. Vicente enjabonó a
Pedro, lo acarició por todo su cuerpo, y luego lo enjuagó.
Llegó el turno de Pedro. Vicente tomó el jabón y empezó a enjabonar a Vicente,
pero al llegar a su cintura se agachó para hacerlo mejor. Enjabonó su pene, sus
testículos, sus nalgas. Vicente que era todo un semental, ya estaba excitado de
nuevo. entonces Pedro aprovechó para volver a besar y chupar ese pedazo de carne
que hace un rato lo hizo tener sensaciones jamás antes siquiera pensadas, estuvo
un rato hasta que Vicente terminó de nuevo en su boca. Pedro siendo un niño
goloso tragó cada gota sin desperdiciar nada, al grado que Vicente lo tenía que
separar pues con cada succión lo hacía estremecer, parecía un pequeño ternero
que no quería separarse de la ubre de su mamá. Ya terminado eso, se enjuagaron
bien, se vistieron y dándose un último beso intentaron abrir la puerta. Ninguno
de los dos quiso abrirla, no querían que ese momento terminara. Pero tenía que
terminar, se besaron y la abrieron. Salieron felices y más unidos de lo que
entraron porque ya no eran dos personas, no sólo habían tenido sexo, eran una
verdadera pareja que se amaba y había materializado su amor, se deseaban y
querían estar el uno con el otro.
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