Yo le dije que si estaba de broma y él insistió
en que no. Yo me acerqué, coloqué mis dedos cerca de su ano
y estiré las mallas hacia fuera. El me miró y sonrió
picaronamente. Es obvio decir que a estas alturas mi paquete ya estaba
coronado por una mancha de líquido preseminal que había brotado
irreductiblemente de mi capullo. El la vio y volvió a sonreír.
Yo volví al banco de abdominales y él se dirigió a
las pesas. Mis ojos no podían creer lo que vieron en ese momento.
El, con todo el rostro del mundo cogió una pesa pequeña,
le quitó el disco de uno de los lados y la colocó sobre uno
de los bancos. Entonces comenzó a bajarse las mallas. Primero sólo
hasta la altura del vientre y después siguió bajándoselas
por la parte de atrás. Entonces llegó hasta el pene y las
bajó rápidamente. Joder, tenía una polla tremenda
y preciosamente empinada. No podía creerlo, se quitó las
mallas y se quedó sólo con la camiseta. Estaba guapísimo
desnudito de cintura para abajo. Mirándome
continuamente se agachó y comenzó a lamer
el palo de la pesa que había colocado en vertical. Yo ya me estaba
imaginando lo que iba a hacer a continuación. Efectivamente, una
vez empapado el acero, marcus se incorporó e hizo ademán
de
sentarse sobre la pesa. Recolocó el mango de la
misma y poco a poco éste comenzó a desaparecer dentro del
culo de mi compañero de ejercicios. Mientras, se introducía
uno de sus dedos en la boca y simulaba una felación. Con la otra
mano
comenzó a sobarse la polla. Yo no me reprimí.
En un arrebato de placer me despeloté completamente en medio de
la sala de aparatos y mirándole comencé a restregar mi culo
sobre el banco de ejercicios. El seguía subiendo y bajando mientras
la pesa entraba y salía de su culo con una facilidad pasmosa. Yo
masajeaba continuamente mi polla y mis huevos mientras aplastaba mi trasero
sobre el cuero del banco sintiendo cómo los pequeños
labios de mi ojete resbalaban
por el tejido y lo impregnaban de mi sudor. Me abrí
de piernas, chupé la palma de una de mis manos y la pase por el
orificio de mi culo introduciendo levemente uno de los dedos. Marcus estaba
super cachondo y terminó por quitarse la camiseta. Su cuerpo era
familiar para mí, ya había disfrutado de él en las
duchas y después en el baño donde me había servido
como motivo de inspiración para masturbarme.
La única diferencia es que en aquellas ocasiones
su polla estaba fláccida y pendulona mientras que la mía
estaba recia y llena de vigor sexual. Lo dicho, él estaba super
cachondo y en pelotas mientras que yo seguía dándole que
te pego a mi culo y a mi polla. Notaba su respiración agitada y
cómo su pecho y sus muslos brillaban por el sudor. Era una de las
situaciones más excitantes que he vivido.
De repente él se sacó la pesa del culo.
Se volvió de espaldas a mi y abrió sus piernas. Qué
gracia, tenía depilada toda la parte que rodeaba su esfínter,
que por
cierto estaba totalmente abierto y mostraba el que más
tarde sería un hogar para mi polla. Fue entonces cuando se incorporó
y comenzó a acercarse hacia mí.
A medida que iba acercándose hacia mí,
yo podía ir comprobando su profundo y masculino aroma. Sus pectorales
brillaban por el sudor que iba destilando ante su excitación y su
pene continuaba recio y bamboleante a cada paso. Marcus era de los hombres
más guapos que he visto en mi vida, y mira que he visto muchos.
Entonces llegó hasta donde me encontraba yo, es decir, hasta el
banco de abdominales que estaba recibiendo los continuos frotamientos de
mi culo. Me
pidió que me tumbara a lo largo del banco y yo
cumplí sus órdenes. Acercó su polla hasta mí
y comenzó a recorrer con ella todo mi cuerpo rozando su capullo
contra mi piel. Primero empezó por la cabeza, friccionando su miembro
contra mi cabello teñido de rubio. Después comenzó
a descender por el rostro pasando por mi boca aunque sólo me dio
tiempo a darle un pequeño lametón que me supo a gloria.
Siguió bajando y al llegar al pecho desvió
su pene hacia arriba y hacia abajo para hacer una pequeña visita
a mis pezones, duros y erectos como rocas. Y su polla iba bajando y bajando.
En el ombligo presionó ligeramente contra mi piel como en un intento
de penetrarme por ahí. Más abajo se entretuvo con los pelillos
del vientre, justo antes de llegar a mi polla. Fue cuando literalmente
los dos penes se dieron un tremendo beso. Deslicé mi pellejo hacia
abajo descubriendo el glande y él hizo lo mismo. Nuestros dos penes
juntaron sus puntas en un choque lleno de sensaciones
excitantes. Mis huevos estaban a punto de reventar llenos
de semen deseoso de salir al exterior o mejor, ávido de ser engullido
por un hombre. Pero al poco rato de estrujarnos mutuamente las vergas,
su polla siguió su juego pegando ligeros golpecitos a mis huevos
que hacían brincar a mi pene en graciosos saltos. Bajó por
mis muslos casi sin darme tiempo a pedirle una visita a mis nalgas y llegó
a los pies
donde se encargó de introducir su pene entre cada
uno de mis pequeños deditos.
Entonces marcus me cogió una pierna y la bajó
al suelo. Cogió mi otra pierna y la levanto con una mano mientras
una de sus piernas pasaba por encima de la que yo tenía en el suelo.
Con la otra mano me apartó lo que pudo la polla y los huevos y luego
él se sujetó los suyos. Inició una pequeña
aproximación hacia mí y empecé a notar el roce de
su culo con el mío. En aquel momento comprendí de lo que
se trataba: quería que nos besásemos con nuestros culos y
lo consiguió.
Logró que encajasen perfectamente su ojete con
el mío y comenzamos a restregarlos. Fue una sensación increíble.
Note como mis labios anales jugaban con los suyos mientras que nuestros
genitales rozaban nuestras respectivas piernas. Con
sus manos acercó su rostro al mío y comenzó
a besarme frenéticamente. Fue un beso donde nuestras lenguas eran
las protagonistas. Mientras, nuestros culos seguían dándose
mutuo placer. Tras unos minutos en esa situación, él se retiró
y caminó hacia donde momentos antes había estado sodomizándose
con una pesa. La cogió y le quitó la otra pesa dejando sólo
el mango. Volvió a donde estaba yo, con mi pene
chorreando un espeso líquido amarillento. Marcus
me dijo:
- Embadúrnate el culo de saliva.
A lo que le dije que me lo embadurnarse él. Dicho
y echo, dejó el mango, se agachó y con su lengua goteando
saliva lubricó perfectamente mi ojete. Yo estaba que no podía
más de excitación, estaba super cachondo. Cogió de
nuevo el hierro y comenzó a introducírmelo suavemente por
el culo. A cada centímetro que
introducía, yo me iba sintiendo más y más
excitado. Entonces, cuando medio mango estaba dentro de mí, Marcus
me pidió que le chupara el culo. Así lo hice y pasé
mi lengua por los pliegues de su esfínter. A continuación
se sentó frente a mí, abrió sus piernas y se introdujo
lo que quedaba de mango fuera de mi culo. Por lo tanto se puede decir que
compartíamos consolador y que estabamos empalmados por el culo.
Nos abrazamos y nuestros penes se frotaban el uno contra el otro.
- Me corro, me corro!
Comencé a gritar. Y efectivamente, mi pene, sin
más estimulación que el pene de
Marcus, comenzó a escupir chorros de lefa que
regaron mi vientre y mis testículos. Mi compañero y en ese
momento amante sacó bruscamente el hierro de su culo y se agachó
para lamer mi esperma. Lo captaba con la lengua y lo tragaba tras saborearlo.
Cogió mi rabo con la mano y se lo introdujo en la boca. Con la otra
mano cogió el mango de hierro, que continuaba dentro de mí,
y comenzó a sacarlo y a meterlo simulando el movimiento de una penetración.
Después tiró el metal al suelo, abandonó la felación
que me estaba haciendo e inyectó su lengua en mi culo. Yo comencé
a masturbarme de nuevo porque mi pene, tras la corrida, había empezado
a ponerse fláccido y yo no quería dejarlo ahí, yo
quería más.
En ese momento me di una de las grandes sorpresas de
mi vida. Mirando al pasillo vi que la puerta del vestuario de hombres estaba
entreabierta. A través de ella pude ver a Carlos, un muchacho un
año menor que yo, desnudo con una toalla alrededor de su cintura.
Pero debajo de la tela se adivinaba su mano moviéndose violentamente.
Joder, se estaba haciendo una paja mientras nos miraba. No me quedó
más remedio que llamarle e invitarle a disfrutar de nuestros culos.
Aquello se convirtió en una auténtica orgía de pollas
y leche, calentita, por supuesto.
Carlos se acercó hasta donde nos encontrábamos
follando. La punta de su toalla estaba cada vez más fuera de su
cintura. Metí una de mis manos debajo de su única prenda
y agarré con fuerza su polla. La tenía dura y muy, muy caliente.
Mi mano
se llenó de las primeras muestras de lubricante
del muchacho. Entonces con la otra mano tiré con fuerza y decisión
de la toalla y dejé a carlos totalmente desnudo. Su
cara mostraba el apuro del momento, un rostro brillante
por las gotas de sudor que caían por su frente.
- Quiero que me folléis.
Susurró entre dientes. Marcus y yo nos miramos a la cara y sonreímos.
- Por supuesto, chaval, te vamos a dejar el culo a punto!
Dijo mi compañero de polvos. Le obligamos a ponerse a cuatro patas,
el chico obedeció, se agachó y se apoyo sobre sus rodillas
y manos. Marcus se puso tras Carlos y se agachó hasta llegar con
su boca al ojete del muchacho.
Como antes había hecho conmigo comenzó
a chupar insistentemente el ano de Carlos. Después comenzó
a penetrarle con el eco de los gemidos del joven, que dijo:
- Quiero chuparos la polla y tragarme vuestra leche!
Yo me puse inmediatamente de pie frente a Carlos y puse
mi erecta polla a su disposición. Haciendo alarde de su equilibrio
levantó una mano y cogió mi rabo para introducírselo
en la boca. Con una habilidad impropia de su aparente novelería
comenzó a mamarme el miembro. La escena era digna
de las mejores películas porno. Tres hombres completamente desnudos
en la sala de un gimnasio. Uno de ellos, el más jovencito está
siendo penetrado por otro mientras a su vez le chupa la
polla a un tercero. Por suerte ese tercero soy yo. Su
lengua era super suave y llena de saliva que hacía más placentera
la felación. Mi excitación estaba aumentando por momentos
y entonces avisé:
- ¡Carlos, cabronazo! ¡que me corrooooo!..
Carlos se sacó mi polla de la boca justo en el momento en el que
me corrí. Pero nuevamente habilidoso, el chaval recogió mi
semen con la palma de su mano. Después acercó tal peculiar
cazo de leche a su boca y la engulló de un lametón.
Mientras tanto marcus seguía dándole por
culo: zas, zas, embestida tras embestida.
No hace falta decir que a estas alturas la polla de Carlos
había alcanzado ya una erección considerable. Yo estaba deseoso
de probar su sabor así es que me agaché, agarré con
fuerza su miembro y me lo introduje en la boca. Joder, tenía un
sabor exquisito, regado delicadamente con su jugo preseminal, fruto de
lo cachondo que estaba. Al acercar mi cara a su vientre me molestó
el vello de los huevos que me
hacía cosquillas en la barbilla. Ni corto ni perezoso
miré a Marcus y dije:
- A este chaval hay que depilarlo.
Carlos me miró con restos de semen en su rostro y dijo:
- Sí, por favor, quitarme los pelos de los cojones, siempre
he querido hacerlo pero no me he atrevido.
Me levanté y fui corriendo en pelota picada a los vestuarios. A
cada zancada mi polla golpeaba mi vientre salpicándolo con los últimos
restos de semen de mi anterior corrida. Fui hasta mi neceser y lo abrí.
Estaba lleno de paridas: un suspensorio, unas bolas chinas... Y por supuesto
la cuchilla y la espuma de afeitar.
Cogí ambos instrumentos y volví a la sala
de "ejercicios". Entonces pedí a Carlos que se tumbase boca arriba
a lo largo del banco de abdominales en el que yo anteriormente había
estado restregando mi culo. Le pedí que por favor no se
moviese demasiado. Para sujetarlo, Marcus se sentó
casi literalmente sobre el rostro de carlos, lo que obligó al joven
a chupar el culo al experto culturista. Yo cogí su
tiesa polla y la tendí sobre su vientre, de forma
que apuntaba hacia el ombligo. Después agité el bote de espuma
y puse una ligera cantidad de la misma en la palma de mi mano. A continuación
con mucha suavidad la fui repartiendo por sus
testículos y los lados de la verga. Recordé
en ese momento que no tenía agua y me dirigí a los baños.
Volví con un cubo de la limpieza lleno de agua y comencé
mi labor. Con mucha delicadeza fui recorriendo con la cuchilla sus
desarrollados
huevos. Con frecuencia tenía que limpiar el instrumento
ya que los rizados pelos impedían el corte. De vez en cuando levantaba
la vista y comprobaba como Carlos seguía excitando el ojete y los
huevos de Marcus con su lengua. A cada paso de la cuchilla sus huevos iban
revelándome su auténtico color encarnado.
- Más abajo también, por favor, quiero tener el culo como
Marcus.
Dicho y hecho, preparé más espuma y se la unté por
el culo y la parte que se encuentra entre el ojete y los testículos.
Lista la espuma, la cuchilla continuó con la depilación.
Con las manos le separé como pude las nalgas y seguí. Entonces
fue cuando carlos comenzó a masturbarse. Yo no me pude aguantar
y mientras le afeitaba me incorporé y le empecé a mamar
el rabo. No tardó mucho en
gritar:
- Que me corroooo!
Su corrida inundó mi boca en varias oleadas. Algunas de ellas me
las tragué
instantáneamente y otras las guardé en
la boca. Dirigí mis labios a su ojete y unté su propio semen
por su piel a modo de lubricante para el afeitado. Fui retirando los pelillos
del ojete y seguí apurando los testículos salvando el vello
de la parte superior del pene que comenzaba a los lados del mismo mediante
dos diagonales. En pocas palabras, su vello se había convertido
en un triángulo de pelo bajo el cual se
encontraba el pene. Cogí con ambas manos agua
del cubo y limpié todos los restos de espuma de sus genitales. Traje
un espejo de los vestuarios y le enseñé el resultado a Carlos.
Sus huevos eran grandes y brillantes y ya no tenían ni un
resto de vello. Con una mano inclinó el espejo
y con la otra dirigió los dedos a su culo. Pudo comprobar en el
reflejo que su ojete estaba limpio sin ningún pelo alrededor y no
dudo en acariciarlo y meterse algún dedo.
- Déjame comprobar el resultado.- le pedí.
- Adelante.
Comencé entonces a chuparle los huevos, una experiencia que me excitó
bastante
por lo suaves que estaban. Seguí por el ojete,
sus arrugas se rendían ante las arremetidas de mi lengua que buscaba
caprichosa los dulces aromas del ya no virginal trasero adolescente. Mi
polla era un auténtico frenesí, las gotas de licor preseminal
llenaban mis piernas. Cogí mi rabo con una mano y comenzé
a masturbarme frenéticamente. Arriba y abajo, arriba y abajo, mi
mano iba
deslizando el prepucio por el glande cuyo rozamiento
me proporcionaba relámpagos de placer. Carlos se levantó
de su peculiar banco de depilación y volvió a chuparme la
polla. Apartó mi mano bruscamente y con su lengua chupaba y chupaba
mis centímetros de verga. Mis gemidos seguramente podrían
oirse desde la calle.
Mientras carlos me la chupaba Marcus se situó
detrás de mi y sin penetrarme comenzó a frotar su pene entre
mis nalgas que con los pelillos le proporcionaban un rozamiento exquisito.
Los gritos de placer de Marcus comenzaron a igualar a los
míos justo en el momento en el que noté
como un chorretón de lefa me salpicaba la espalda y comenzaba a
deslizarse hacia abajo. Marcus se retiró y noté como su semen
se resbalaba por mi espalda y llegaba a mis nalgas colándose caliente
por
la raja del culo. Fue un día de gimnasio inolvidable.
Juanjo2001@mixmail.com