La noche estaba empezando y estaba muy agradable cuando
Santiago recogió
a Diego, en la esquina de un conocido boulevard de la
ciudad.
Santiago iba en su recién estrenado BMW azul metálico
deportivo,
modelo del último año y lucía un
bronceado que lo hacía más espectacular,
con su cabellera rubia y su porte atlético y rostro
juvenil.
Diego en cambio era muy distinto, lucía su jeans
viejo y sucio, una
polera negra desteñida y unos zapatos negros gastados
y duros. Pero
su rostro era muy atractivo, con su pelo negro no muy
largo y una mirada
sensual y potente, que fue lo que atrajo a Santiago.
Curiosamente ambos muchachos tenían la misma edad:
18 años, pero su
condición social era distante y sus roles absolutamente
diferentes.
Santiago era el hijo mayor de una acaudalada familia
de industriales y
Diego era hijo de un obrero industrial borracho y cesante.
Santiago era
un estudiante brillante de la Universidad donde estudiaba
Ingeniería Civil,
en cambio Diego se dedicaba a la prostitución
para sobrevivir.
No era la primera vez que los muchachos se encontraban,
pues Santiago
había requerido de Diego en otras tres ocasiones
anteriormente. Al joven
universitario le gustaba el fuego que tenía el
muchacho prostituto en
todas sus folladas. Además, Diego tenía
una polla grande y robusta y unas
bolas redondas y bastante independientes del miembro,
lo cual permitía a
Santiago dar unas mamadas salvajes, que eran unas de
sus delicias favoritas.
Le fascinaba jugar con las bolas y sentir que las mismas
rozaran la lengua
y las narices mientras el permanecía con los ojos
cerrados en tanto Diego
hacía malabares en torno a su cabeza.
A Santiago le gustaban los chicos y mucho. Se había
follado a unos cuantos
y le encantaba que una polla grande le fuera introducida
en su culo, que
era un atractivo especial: redondo, rosado y musculoso,
que aguantaba
todos las arremetidas.
Pero esa noche no era Santiago quien iba a gozar de la
experiencia de
Diego, sino su hermano, Domingo.
Domingo tenía 16 años y era un chico decidido,
arrogante y muy atractivo,
mucho más que su hermano.
Todo había empezado cuando Domingo se percató
de las correrías de su
hermano mayor y lo sorprendió una noche con un
compañero en una gran
follada, que presenció tras la puerta. Domingo
no tardó en tratar de
chantajaear a su hermano con la amenza de contarlo todo
al padre, ante
lo cual Santiago reaccionó con su habitual rapidez
y le propuso que no
contara nada y que él le daría dinero si
no podía obtener el campeonato
de natación, cosa que atrajo a su hermano, pues
entre ambos existía una
rivalidad por saber si éste sería capaz
de ganar dicha competición.
Si lo ganaba, el fijaría una condición
que Domingo debía cumplir.
Santiago ganó el campeonato y la condición
que exigió al hermano fue
que se dejara someter a una sodomización.
A regañadientes, Domingo acepto y eso sería
lo que esa noche se cumpliría.
Cuando llegaron a la residencia de los padres de Santiago,
Diego se pudo
percatar de la riqueza de la familia, pues la casa y
el parque circundante
eran inmensos. No se dió cuenta si habían
otras personas, pero un gran
silencio reinaba en toda la casa.
Santiago condujo a Diego hasta una habitación
del segundo piso de la casa,
donde se encontraba Domingo, quien estaba recostado en
la cama. Santiago
llamó a su hermano y lo presentó ante Diego,
quien sin mayor trámite
comenzó a acariciarlo suavemente en el torso,
hasta introducir su mano
por entre los vaqueros del adolescente, quien se mostraba
nervioso y no
decía palabra alguna.
Diego quitó la camisa a Domingo y cuando éste
estuvo con su torso desnudo
lo llevó hasta la cama y tendido, comenzó
a acariciarlo con su manos y a
pellizcarle suavemente las tetillas, para luego iniciar
una extendida
exploración con su lengua por toda la piel del
muchacho que ya evidenciaba
muestras de estar muy excitado.
Santiago permanecía de pie a un lado de la cama,
con su mano sobre sus
genitales, a la espera de los sucesos que más
adelante presenciaría.
Diego proseguía sin desmayo su trabajo, que comenzó
a ser ayudado por
Santiago, quien cogió por las manos a Domingo,
permitiendo que el otro
le quitara los jeans y los calzoncillos al ya excitadísimo
adolescente.
Cuando estuvo completamente desnudo, Diego emprendió
la tarea de violar
el templo de la masculinidad de Domingo. Su lengua y
boca probaron el
suave deleite de sentir una polla nueva y sin mancha
que estaba dura y
mostraba toda su potencia. Primero fue una rápida
engullida al grueso
falo, para luego seguir con las bolas, casi sin vello,
de Domingo, que
se estremecía por la nueva sensación que
lo recorría, que lo hacía
transpirar y quejarse, casi sin sentido. Si al principio
oponía cierta
resistencia, ahora ya estaba rendido. Diego continúaba
lentamente con
todo su vagaje de técnicas que no hacían
sino poner a punto al muchacho,
que ya parecía correrse con las frecuentes chupadas
que éste le efectuaba,
pero que se detenían para que no se llegara a
la culminación en ese momento.
Cogió un cubito de hielo y con él restregó
las tetillas duras de su pronta
víctima. Toda la antomía suave y preciosa
de Domingo era ahora el campo
de trabajo de Diego, hasta que llegó al ojete
del culo, pequeño y no
tocado hasta el momento. Primero fue la lengua quien
llegó al punto negro
de Domingo, que llegó a gritar de placer, para
proseguir con un dedo y
luego dos, que fueron explorando y ensanchando el camino
para lo que todos
esperaban. Santiago facilitó el camino y le dijo
a Domingo que abriera
las piernas, lo cual hizo el hermano, cogiéndoselas
con las manos para
permitir que Diego iniciase la penetración fuerte
y sin miramientos,
que hizo a Domingo estallar en un alarido que recorrió
toda la casa.
Sucesivos golpes del duro órgano de Diego contra
el orificio de Domingo
hicieron el resto y al unísono se pudo apreciar
como Diego derramaba
abundante jugo en la cavidad de su compañero,
el cual tenía una eyaculación
potente que casi llegaba hasta el propio rostro del que
lo estaba penetrando.
Frente a ese espectáculo, Santiago se sumó
entusiasmado y dío un fuerte
morsisco a las tetillas de su hermano, para luego hacer
que éste le diera
una gran follada, introduciendo su voluminoso paquete
en la boca de Domingo,
que casi no podía respirar ante la insaciable
necesidad de su hermano, que
muy pronto también se corrió, lanzando
semen en la cara del hermano menor.
Cuando los tres estuvieron ya exhaustos por tal despliegue
de energía, se
ducharon juntos y Domingo enjabonó delicadamente
el cuerpo de su hermano,
quien aprovechó la ocasión para cogerlo
por las nalgas y penetrarlo
suavemente, mientras lo mismo hacía Diego con
él, en tanto el agua caía
copiosamente sobre los tres hermosos cuerpos.
Cuando la noche ya concluía, Diego se retiró
de la casa, debidamente pagado,
mientras en la habitación de Santiago, su hermano
le trabajaba las bolas,
ahora gratuitamente y sin que pagara el precio de ninguna
apuesta.
Se le podía ver gustoso mientras trataba de tragarse
las bolas de su
hermano mayor. Desde aquél día no necesitaron
de los servicios de
Diego para poder disfrutar de una buena sesión
se sexo.
Autor: Juan Bautista
Nota: Este relato es de ficción. Cualquier
parecido con la realidad es pura coincidencia.