El Chico de los Hot-Dogs
Esto es 100% real, todo sucedió cuando tenía 12 años, era en ese entonces muy
inocente, sin comprender palabras obscenas o miradas por consiguiente. Bueno,
empezaré con mi relato.
Antes mi madre dejaba guardar en la casa (que es muy amplia) las cosas de
las personas que vendían paletas en carritos y carritos de hot dogs, bueno en
cierta ocasión llegó un señor como de 50 años a guardar un carrito de
hotdogs a mi casa, hasta acá no hay nada de fantástico. Al día siguiente no
vi al señor cuando guardó ya que la única persona encargada de recibir el
dinero y proporcionarle un lugar para su carrito era mi madre; y no pude
verlo porque me fui a jugar fútbol con unos compañeros. Al llegar a mi casa
me topé con que mi cuñada había recogido de la calle un perro
alaska pero muy sucio y que lo estaba bañando, fui a ver al perro después de
saludar a mis padres y vi un perro bonito, que mi cuñado quería para
cruzarlo con su perrita samoyedo. Pasó el día y a los dos siguientes, como
de costumbre, llegó a guardar el señor, yo lo recibí abriendo la puerta,
ahora él no llegaba solo sino que iba con un joven como de 16 o 17 años, de
cabello castaño medio, y más grande que yo, medía como 1.65mts. Al abrir la
puerta los dejé pasar para que guardaran sus cosas y como mi madre
estaba ocupada hablando por teléfono yo los vigilé cuando guardaban sus
cosas, por aquello de la seguridad, que no robaran nada, aunque se veían
tipos que no robaban, siempre que iban a guardar, para prevenir cosas, los
vigilábamos. Bueno, al ir a guardar sus cosas noté que el joven me miraba y
me miraba a la cara, pero no le tomaba importancia. Al terminar de guardar sus
cosas y retirarse de la casa el chavo me mira con más insistencia,
como con ganas de que lo viera, lo miré y al verme sacó su lengua y se acarició
con ésta sus labios, pero de una forma muy sexy que en ese entonces no
comprendía.
Bueno, al día siguiente tocaron como al medio día y mi papá
me pidió que fuera a abrir. Fui y eran ellos, para sacar su carrito de
hotdogs. El primero en entrar fue el señor y tras él el joven guero, dejé
que pasaran y el primero en ir por el carrito apresuradamente como si se
hiciera tarde fue el señor, luego el chavo se quedó muy atrás de él
esperando que cerrara la puerta y al voltear instintamente al chavo y verle su
cara, con una señal de su mirada hizo que viera su bragueta, al ver en ella
noté un bulto muy grande que me desconcertó, luego y rápidamente pero con
el deseo creo yo de que lo viera se tocó como acariciándose por encima de
ese bulto que guardaba en su pantalón, y con su mirada invitándome a que lo
acariciara igual, en esos momentos no supe qué hacer pero aun con mi
inocencia supe comprender con su mirada muy directa que quería que también
le acariciara ese bulto. Yo, con ojos de desconcierto como diciéndome
dentro de mí "eso no se debe hacer" me ofusqué por esas
miradas. Luego le llamó el señor para que le ayudara a sacar el carrito y se
fue guiñándome un ojo, yo entonces pensé que era una broma como de
cualquier chico y traté de no tomarle importancia, esperando a que salieran
para entrar al interior de mi casa y ver la tele. Sacaron el carrito y como
entraron se fueron, primero el señor y luego el chavo. Al disponerme a cerrar
la puerta, él me tocó levemente mi mano en la jaladera de la puerta, me hizo
una caricia en mi mano y se fue.
Así pasaron los días hasta que en una ocasión en que no estaban mis papás y estaba yo sólo, llegaron a dejar su carrito de hotdogs, y como siempre el chavo al final, entonces sucedió que en lo que guardaban su carrito y lo acomodaban y lavaban, la perrita de mi cuñado y el perro que trajo de la calle se empezaron a a aparear. Yo para entonces más o menos ya sabía qué hacían, ya que me estaban enseñando en la escuela en la clase de biología la forma en que se reproducían los animales. Los vi disimuladamente y luego, antes de que el perro se montara a la perra, la perra le lamía su pene, entonces sentí que alguien me miraba, era el chavo que con precaución de que no se diera cuenta el señor, como las otras veces, me veía para dirigir luego con su mirada mi mirada a su bulto, y entonces comprendí sus miradas, las cuales no comprendía pero que hacían sentir en mí algo extraño.
Me apené y me hice el disimulado, luego el señor me pidió que lo dejara entrar al baño y lo dirigí a él. Al regresar al lugar donde estaba el chavo, éste no tenía su playera y con la manguera se lavaba la cara y cuello, luego de percatarse de mi presencia me miró fijamente y sin quitar su vista de mí se empezó a acariciar el torso muy sensualmente, yo de forma inconsciente lo miraba y sentía eso extraño, mezcla de gusto y rechazo al estarse acariciando, luego el señor salió del baño y él siguió como si nada, lavándose la cara, yo aún con esa sensación noté que mi pene aún sin vellos pero ya grande se erectaba y procedí a sentarme para que no se notara, pero no dejaba de mirar ese torso tan hermoso. Terminó de lavarse y se fueron.
Al
siguiente día y como era costumbre, ellos fueron a dejar su carrito y como
también era costumbre, me miraba, pero esta vez el señor se veía que tenía
prisa y alcancé a escuchar que le decía al joven que le hiciera el favor de
terminar de lavar su carrito porque él tenía un compromiso. Para eso mis papás
no estaban, habían ido a visitar a mi abuelita y mi hermano como de costumbre
con su novia, así que nos quedamos sólo nosotros dos, a mí me dio miedo
quedarme con él pero a la vez tenía deseos de estar con él, o sea, sentía
como una especie de ofuscación, entonces al irse el señor me retiré un
momento para ir por un balón para que vigilara al chavo, como me decía mi
mamá, ya saben, cuestiones de seguridad, entonces al salir noté que él
estaba muy apurado a terminar de lavar el carrito y yo empecé a patear el balón
en una pared de la cerca de mi casa, noté que terminó y se empezó a quitar
la camisa para lavarse la cara, yo en una especie de mirada inconsciente lo vi
cuando se quitó la playera, y ahora se me quedaba mirando, se lavó la cara y
de vez en cuando se me quedaba mirando y yo le veía de reojo
(disimuladamente), entonces hizo lo del día anterior, se empezó a acariciar
el torso y luego bajó por ese bulto guardado en el pantalón, me miraba con
una insistencia y con una cachondéz que no evité mirarlo fijamente, entonces
él me llamó por fin con su voz y en un tono dulce me dijo:
- Ven, ¿quieres acariciar mi ombligo?
Entonces ligeramente asentí con la cabeza y de forma casi autómata me dirigí
a él, él tomó mi mano y con ella acariciaba su pecho, yo entonces noté que
mi bulto también crecía y que me salía algo como una pequeña orina (ya
saben, líquido preeyaculatorio), él entonces abrió su bragueta y se bajó
el pantalón, y aún con calzoncillos dirigí mis manos hacia abajo, yo sólo
dejaba que manejera mis manos pero a la vez me sentía como ido. Luego él me
dio un beso por la oreja lo que me hizo sentirme bien, luego me dijo con voz
suave:
- Quiero que me hagas lo mismo que la perra le hizo al perro esa vez.
Se bajó sus calzoncillos y dirigió mi cabeza hacia donde estaba ese pene ya
erecto, estaba enorme, como de 18cm. Me dijo que lo chupara, yo me resistí sólo
un poco y él me dijo:
- No te asustes, te gustará. Mira, yo te enseñaré cómo...
Me tomó de la mano y me dirigió al pasto, ahí me acostó suavemente, me miró
tiernamente y me besó a un lado de la boca, luego me abrió la camisa botón
a botón mientras me seguía besando cada vez más cerca de la boca, luego ya
desabrochada mi camisa me besó en mi pecho, después me lamió mis pezones
dulcemente. Yo seguía aún medio ido y sin comprender por qué estaba
ocurriendo aquello, me gustaba lo que hacía. Luego, con una de sus manos,
poco a poco me desabrochaba el pantalón y me bajaba la trusa, entonces siguió
lamiendo cada vez más abajo de mis pezones hasta que llegó a mi ombligo
y metía su lengua en él mientras acariciaba mi cara, luego empezó a
bajar más, hasta toparse con mi pene circuncidado, aún no tenía vellos pero
ya tenía el pene de un adolescente y mis testículos ya habían bajado. Lo
besó en el glande, y luego lo lamió, poco a poco. Entonces me hizo sacar
otra vez líquido preseminal que alcancé a ver que él se bebió, luego con
una mano me pellizcaba ligeramente mis pezones y con la otra acariciaba
mis testículos, ahí conocí el placer del sexo oral. Yo ya estaba súper
caliente, de forma inconsciente por el gusto del placer que él me
propinaba, tomé su cabeza y la movía de manera que sus
lamidas fueran más rápidas y fuertes. Él accedió y me la mamó hasta
que me vine en él, al sentir esa sensación de que te estás orinando él
me miraba tiernamente a los ojos, recuerdo que esa mirada fue muy
hermosa para mí, en mi interior. Luego cuando ya me había venido en su boca,
seguía aún erecto mi pene, entonces él me volteó de espaldas y me puso en
cuatro, y aún con parte de mi semen y su saliva lubricó mi ano, luego me
pasaba su dedo a lo largo de mi ano, lo cual me provocaba mucho placer, luego
introdujo un dedo poco a poco, recuerdo que lo hacía con la misma suavidad
con que me rozaba su dedo, luego al penetrarme con su dedo que era el meñique
con este lo sacaba y metía lentamente, luego cada vez más rápido. A mí me
encantó eso. Luego metió otro dedo más grande, el de enmedio, luego el
gordo, luego me preguntó:
- ¿Quieres que te meta mi pájaro? - en México es una forma de decir pene.
Como a mí me encantó la sensación, le dije que sí y así lo hizo, me lo
fue metiendo lentamente, a mí me empezó a doler, a lo que él se dio
cuenta y esperó, luego nuevamente me lubricó mamándome el ano con su
lengua como si me la fuera a meter, yo estaba súper bien, luego me pidió
que le chupara el pene, lo hice sin más ni más, pero sólo lo metí
a mi boca y lo sacó rápido de ella y luego volvió a tratar de meterme su
pene poco a poco, esta vez me dolió poco y luego hasta que me lo metió todo
me apretó mis nalguitas, y luego lo sacaba y metía lentamente, se me iba
esfumando el dolor y luego cada vez más rápido. Luego mientras me lo metía
y sacaba me masturbaba, oh sí, esa vez creo que fue mi primer orgasmo,
recuerdo que me sentía bien, era algo que embargaba todo mi cuerpo que aun no
puedo describir, era en un instante hasta que sentí que me moví como 3 o 4
veces rápido pero sin que lo quisiera, luego eyaculé, mientras él seguía
cogiéndome, hasta que se vino dentro de mí, sentí entonces como agua
calentita dentro de mi ano que se iba escurriendo, que lejos de
apenarme, lo disfruté.
Él
después me dijo, al terminar aquel encuentro fogoso:
- Nene, ¿ahora comprendes mis miradas?. Así como los perros se cogen
y se chupan, así nosotros podemos hacerlo.
Luego se subió el pantalón, se dirigió a ponerse su playera, me dijo que me
pusiera mi camisa y subiera mis pantalones, lo hice pero sin fijarme me
abroché mal la camisa, él entonces ya vestido me dijo con palabras que
sonaban tiernas:
- Tontín, mira, te abrochaste mal tu camisa, déjame ayudarte nene hermoso.
Me la desabrochó de nuevo y luego antes de abrochármela me lamió un pezón
y me dio un beso, y me dijo:
- Cuando quieras y estemos solos, lo podemos volver a hacer.
Me dio un beso en mi boca que no sé cuánto duró, pero que se podría decir
que fue mi primer beso tan profundo y bello que sentí que transcurría
el tiempo. Me guiñó un ojo y se fue.
Y así pasaron otras tres veces que él venía ya sólo, y no había nadie en mi casa, y disfrutamos de nuestros cuerpos.
Ahora,
a mis 21 años, recuerdo ese instante como un grato encuentro. Espero les
haya gustado mi relato y a ver cuándo les cuento otro más que fue igual
de bello pero no tanto como mi primera vez.
Armando Romero (Puebla)