Relato Incompleto

Así que me quedé solo con el tío de mi amigo. Yo ya me había fijado en él nada más llegar. Me habían encandilado enseguida sus proporciones absolutamente ajustadas a lo que era entonces y ha seguido siendo después mi ideal de la belleza. Por supuesto que yo no me daba cuenta de nada de esto a mis 13 años. Sólo sentía que aquel tío me atraía mucho pero no sabía ni bien ni mal por qué. Pero a pesar de mi ingenuidad en ese aspecto, sí me había dado cuenta desde el primer momento de que él también se había fijado en mí. Se generó enseguida una corriente de simpatía mutua que yo todavía no relacioné con el hecho de que cuando le veía en traje de baño se me empinara la polla adolescente o cuando él me miraba de forma más insistente de lo normal las piernas me pusiera colorado como un tomate. Porque él, desde el primer momento me había dirigido miradas ardientes especialmente a los muslos que yo, entonces tenía la suerte de tener verdaderamente apetitosos, hasta el punto de que ya había sido atacado por allí por algunos de mis compañeros y por algún tío mayor especialmente en el cine. Este del cine fue un episodio extraño pues yo estaba con uno de mis amigos cuando el tío que tenía a mi lado empezó a rozar de forma como casual mi muslo y poco a poco se fue animando hasta que a mediada la película me estaba sobando con todo descaro el muslo sin que yo por ignorancia y timidez hiciera algo para evitarlo. La verdad es que al principio tuve miedo pero luego es que me gustaba el morbo de sentir cómo el tío me acariciaba el muslo llevando su mano por la parte interior hacia arriba, de forma que parecía evidente que pretendía meter la mano por la pernera de mi pantalón corto. Afortunadamente la película acabó antes de lo previsto por una avería y yo no sabía si mirar al tío de mi lado. Cuando me atreví vi que era un tío mayor, como de cincuenta años y me dio mucho corte. Me cambié de sitio con mi amigo al que no dije nada de lo ocurrido y el episodio se terminó. Pero siempre me quedó la duda de saber hasta dónde habría llegado aquello. Luego, alguna vez me había hecho una paja pensando que el tipo me tocaba algo más que el muslo. Bueno, pero ahora estaba allí con la perspectiva de que tendría que pasar al menos tres días con el tío de mi amigo, solos los dos y mirando aquel cuerpo formidable. El tío de mi amigo se llamaba Fran, tenía algo más de 30 años. Media aproximadamente 1,85 y debía pesar unos noventa kilos de tío macizo. Porque no tenía sino unos pocos gramos de sobra los cuales le daban un aspecto delicado sobre todo en el pecho que, siendo como era fuerte y robusto dejaba sin embargo un punto de delicadeza y suavidad muy atractivo. No tenía vello en casi ninguna parte de lo que se veía de su cuerpo. En el pecho sólo lo justo para saborear la masculinidad de sus tetillas pequeñas y oscuras como remate de unas lomas suaves y redondeadas. En sus muslazos soberbios no tenía sino un punto de vello por la parte interior aproximándose a la entrepierna. El resto era vello rubio y suave. Su culo era grande y hermoso pero no exagerado, y parecía durísimo y apretado al tiempo que mostraba unas poderosas nalgas redondas como dos esferas atrayentes. Además de todo el tío era guapo hasta hartarse. Era moreno con el pelo liso como un oriental y con unos ojos verdes como faros. Sus mejillas eran suaves aparentemente lampiñas y tersas y sus labios rojos y jugosos. Y para colmo era el tío más simpático y amable del mundo. Y, en el frente de su pantalón, siempre corto en casa, un bulto duro y prominente señalaba el principal de sus atractivos por ahora secreto. Este era el tío con el que yo tenía que pasar tres días y que me ponía nervioso nada más verle. Sobre todo porque, durante los dos días anteriores que habíamos pasado con mi amigo y el resto de la familia, él me había hecho objeto de su atención permanente y había llegado a mostrarse tan cariñoso conmigo que yo estaba muy mosqueado. Agradablemente mosqueado porque desde luego no pensaba en otra cosa que en la posibilidad de que él quisiera seducirme. Y me mosqueaban los tientos que me había dado siempre a mis muslos y a mi culo, a veces en situaciones tan apuradas como arriesgadas para él. Así cuando en una cena me empezó a meter mano al muslo y también cuando empezó a meter su muslo debajo del mío de una forma al principio como por casualidad y luego descaradamente. Ese contacto era especialmente excitante para mí. Me gustaba mucho sentir cómo la rodilla de él se ajustaba a mi corva y cómo poco a poco me iba invitando a subir el muslo para que el suyo fuera deslizándose suavemente bajo el mío, de forma que al cabo de un rato mi muslo estaba casi levantado del suelo, reposando sobre el suyo. Yo hacía equilibrios para mantenerme apartado, no porque no me gustase sino precisamente porque el contacto me volvía loco. Pero acabé cediendo hasta que mi muslo quedó montado sobre el suyo y reposando sobre aquella maravilla de suavidad. Estuvimos así durante toda la cena pero él no se atrevió a tocarme con la mano pese a que en varias ocasiones le vi meter la mano debajo de la mesa. Como estábamso muy juntos no se dio cuenta nadie de lo que pasaba. Aquella noche, después de la cena, estuvo especialmente simpático conmigo pero no nos quedamos solos nunca, así que nada pasó. Sólo que cuando nos despedimos para ir a dormir él estaba un poco haciéndose el remolón y un par de veces me dijo a mí que si tenía sueño. Claro, yo no sospechaba que quisiera quedarse conmigo y además lo normal es que me fuera a dormir con mi amigo (que, por otra parte, estaba como un quesito, aunque ahora no es el momento de hablar de él). Yo no entendí sus insinuaciones y me fui a dormir. 

Al día siguiente, durante la comida, él volvió a sentarse a mi lado diciendo que lo hacía al lado de su amigo y enseguida sentí su rodilla maravillosa empujando bajo mi muslo. Yo había estado soñando toda la noche con ese momento y durante la mañana en que habíamos estado montando en bici y yo me había vuelto loco viendo aquellos muslos estupendos del tío de mi amigo y los muslos de mi amigo que no eran menos bonitos. Pero sobre todo me había percatado por primera vez del culo precioso que tenía .... los movimientos de sus nalgas en el sillín de la bici hacían ver la dureza de aquellas redondas nalgotas. Pero además le había visto también por primera vez completamente desnudo en el vestuario de la piscina cuando él se dejó supongo que sin darse cuenta abierta la puerta de su cabina. Le vi sólo un segundo el culo desnudo y precioso y él se volvió justo en el momento en que yo estaba mirando su culo. Desde luego me vio, y el resto de la mañana las bromas se sucedieron entre todos los chicos que estábamos allí. En las bromas tenían parte importante las peleas que nos llevaban a tener contacto físico entre nosotros y yo me vi más de una vez abrazado por los poderosos y al tiempo delicados brazos de Fran. Ahora, cuando llegó la hora de comer y se sentó otra vez con la rodilla en mi muslo, él la apretó como pidiéndome que levantara el muslo para meter el suyo debajo. Yo me resistí una o dos veces, pero el contacto era tan placentero para mí que pronto cedí. Sentí cómo el muslo se deslizaba lenta y suavemente por debajo del mío. Estaba fresco, por el baño reciente, y mi polla me dijo enseguida cuánto le gustaba aquella sensación. Yo le vi acercarse a la mesa para poder bajar el muslo más aun y así meterlo todo lo posible bajo el mío. Llegó un momento en que mi muslo estaba reposando sobre el suyo muy arriba, casi en la ingle de él. Fueron unos momentos de extraordinario placer y yo estaba casi al borde de correrme, sentía mi polla como un palo de tiesa apretando mi traje de baño con tanta fuerza que pensé que podría romperlo. Y el muslo de él comenzó a presionar por debajo como dando golpecitos y a cada golpe de presión el placer era mayor. Él, que era muy vivo, me miraba de vez en cuando y yo estaba permanentemente ruborizado pues, aunque no podría decir nada, sentía tal placer que me parecía que aquello no debía acabar nunca. Él se estaba dando cuenta de mi turbación y era evidente que lo que quería era provocar en mí más turbación. Estuvo toda la comida dándome con el muslo por debajo y yo me moría de placer, y él se reía de lo mal que lo estaba pasando. Incluso con frases de doble sentido que me colocaban al borde del abismo de vergüenza, pero él no se cortaba nada y al final de la comida metió la mano bajo la mesa y la sentí sobre mi muslo. La dejó quieta allí y me miró para ver qué hacía yo, pero ¿qué podía hacer yo sino aguantar? Sólo disfrutar con las delicias que aquellas insinuaciones me prometían y sufrir pensando que seguramente no se harían realidad. 

Yo, por otra parte, no tenía ninguna experiencia prque todo lo que había hecho eran hacerme pajas dos o tres veces por semana, desde luego siempre pensando en los muslos de mis amigos o, últimamente en los de.... nunca había hecho nada con ningún chico y todo lo más había tenido leves escarceos en peleas eróticas o charlas muy excitantes en las que el elemento fundamental era decirnos que hablando de esas cosas entraban ganas, aunque nunca se concretaban las ganas. Así que todo era nuevo para mí. Cuando sentí su mano sobre mi muslo no hice nada y él al ver mi conformidad empezó a acariciarme el muslo levemente llevando su mano cada vez más hacia el interior del muslo y cada vez más arriba, cerca del borde de mi pantalón corto. No podía meter la mano por dentro de mi pantalón porque por la postura el pantalón estaba justo apretando mi muslo. Además, si lo hubiera hecho no habría alcanzado el que yo imaginaba su objetivo porque mi polla estaba completamente tiesa y con un par de movimientos habría yo logrado que se colocase hacia arriba lo que resultaba inalcanzable para su mano. No lo intentó, y cuando la comida se acabó él se levantó. Me pareció ver en donde tenía que estar y adonde yo miré instintivamante un bulto más considerable de lo normal, pero él se tapó con la toalla de baño y yo cuando me levanté estaba más calmado. 

Por la tarde no ocurrió nada, salvo que le vi dos veces en la hora de la siesta merodeando cerca de nuestra habitación. A mí, verle en traje de baño me ponía a cien, sobre todo por el pecho precioso que tenía. Luego, por la tarde, llegó la noticia y todos se marcharon. Como era claro que no tardarían mucho en volver y yo no tenía dónde ir decidieron que alguien se quedaría allí para que yo no estuviera sólo. Y naturalmente el tío de mi amigo se ofreció inmediatamente. Ni que decir tiene que cuando la idea fue aprobada, sin la menor resistencia, yo empecé a temblar pensando que estaría tres días al menos sólo con aquel tío estupendo y a él le brillaban los ojos soñando lo que estaba por llegar. Él sí sabía lo que le esperaba. Yo no, pero la imaginación lo hacía aun más apetecible. Los primeros momentos estuvimos muy tensos y no sabíamos qué hacer pero luego fuimos cogiendo confianza. 

Como habíamos quedado con otros amigos de mi amigo en la piscina, fuimos allí. Él me llevó en su coche y cuando me senté, él me puso la mano en el muslo y me dijo que en medio de todo lo podríamos pasar muy bien los dos solos. Yo entendí la indirecta y él me acarició el muslo. "Oye - me dijo - ¿sabes que tienes una piel muy suave?. Es como la de una chica". Yo le miré los muslos que eran casi tan suaves como los míos y él dándose cuenta dijo "Bueno, algunos no somos peludos, mira yo no tengo apenas vello". Y yo le miré y me atreví a decir "Es verdad". Dijo él "No me gustaría ser un tío peludo. ¿A ti qué te parece?". Yo dije que estaba de acuerdo con él. Debió darse cuenta del partido que le podía sacar a esa conversación y mirándome dijo que yo tenía los muslos muy bonitos. "Y seguro que no tienes vello, ¿a que no?". Yo no entendí la pregunta, considerando evidente que no tenía vello, y él dijo "Por otros sitios quiero decir", yo me reí. Efectivamente, me habían empezado a salir algunos pelillos cerca de los huevos. Llegamos al polideportivo antes de que yo pudiera hacer otra cosa que reír ante esa pregunta pero él sí que me puso de nuevo la mano en el muslo y subiéndola rápidamente hizo amago de meterla bajo la pernera de m pantalón en tono de broma. Yo me zafé y riendo los dos nos fuimos, ahora sí que cuando él bajó del coche pude apreciar que el bulto de su traje de baño era realmente importante.

Yra.