Un encuentro inesperado
 

Mi nombre es Felipe y vivo en Santiago de Chile. La historia que a continuación podrán leer tuvo lugar hace más de un año. Yo estudié en un colegio de sacerdotes y donde sólo van hombres. Desde que me encontraba en el colegio participaba en un grupo que ayudaba a la gente, por lo cual en diferentes fechas salíamos de la capital a diferentes pueblos para ayudar a los más necesitados. En una ocasión del año 2001, en marzo, salimos hacia la costa más o menos a 45 minutos de distancia con la misión de ayudar tanto espiritual como económicamente a la gente del sector. Dormiríamos por tres noches en una escuela, la municipalidad nos facilitó dormir en las salas de clases sólo con unas colchonetas ya que llevamos sacos de dormir. Yo fui designado a la sala dos, donde habían chicos de todas las edades, por lo cual podía deleitarme de manera que muchos de ustedes nunca han podido. Yo me encontraba interesado en un chico de 15 años de nombre Rafael, el cual me traía caliente hace tiempo, pero que no había podido acercarme con intenciones, lamentablemente él quedó en la otra pieza, por lo cual la primera noche dormí frustrado por no poder acercarme a mi amor platónico. El segundo día arreglé todo para que me cambiaran de pieza y adivinen qué pasó... me cambiaron, por lo cual me encontraba bastante contento, ya que en esa pieza también se encontraban los chicos más bellos y atractivos del grupo (más adelante supe que un grupo se masturbaba en grupo y hacían casi de todo juntos). Cambié todo, incluyendo mi colchoneta, pero no tenía espacio en esa sala, por lo cual tuve que arreglarme por el momento al lado de un chico de nombre Diego, el cual no estaba mal y que por segunda vez salía con nosotros, por lo cual no era muy cercano mío, pero que no estaba nada mal como les mencioné (lo más impresionante era su paquete por lo grande), había cumplido para ese entonces 13 años hacía unos pocos días. Al enterarse él de este cambio se puso muy contento y me coqueteó todo el día, yo no le daba mucha importancia pues a esa edad los chicos tienden a demostrarse entusiasmados con jóvenes mayores en edad y experiencia.

En la tarde, luego de almorzar, me recosté en mi colchoneta para escuchar música en mi walkman, pero a los 5 minutos cuando me doy cuenta, Diego se encontraba arriba mío simulando que me follaba o culeaba con sus piernas abiertas arriba mío, lo cual me excitó, pero me llamó la atención, ya que pocos chicos de su edad juegan con mayores a ese tipo de juegos, que por lo general se hace con amigos de su edad. Todo el día continuó normal, yo tratando de acercarme a Rafael, pero sin éxito alguno, pero a mí se me acercaba Diego, lo cual me llamaba mucho la atención. Cuando nos acostamos, él se durmió rápidamente, primero que muchos otros chicos, por lo cual estaba cansado de las actividades del día, y aproveche de ver qué tan "grande" era su paquete para su edad, al tocarle su herramienta ésta comenzó a erectarse, por lo cual pude calcular que tenía unos 13 centímetros, lo cual no estaba mal para su edad, y bastantes pelos, me llamó la atención. Esa noche sólo me atreví a eso y nada más, pero quedaba una noche más. A esa altura ya había dado por perdido acercarme a Rafael esa noche como lo había hecho con Diego, por lo cual me dormí luego de jugar, eso si, un buen rato con mi compañero de al lado.

El tercer día pasó de manera normal, para no alargarme, llegaré a la noche, que es lo que nos importa en esta historia. Esa noche nos acostamos como de costumbre, pero al apagar las luces y aunque algunos chicos seguían conversando, Diego se tira sobre mi saco de dormir (Sleep bag) y comienza a culearme de manera impresionante para su edad, a mí no me molestó, es más, me excitó, pero se podían dar cuenta los demás en la sala, por lo cual intenté detenerlo, lo cual fue difícil, pero así seguimos conversando y de vez en cuando se venía encima mío. Así me decía en forma de broma "El que se duerma le ponemos un puro de carne en la boca..." así que entre broma y calentura todos los demás se durmieron, y cuando ya no aguantamos más, se tiró nuevamente encima mío, pero ya era hora de ver hasta dónde podíamos llegar, le abrí mi saco y le dije que jugáramos sin él de por medio, lo cual le agradó, así pude sentirlo encima mío con sólo los calzoncillos de ambos que nos separaban nuestras vergas, cuando me atreví a tocarle el culo él no se molestó, le gustó, yo me di cuenta que tenía su verga al máximo y le metí mi mano dentro de su culo y le bajé sus calzoncillos, él hizo lo mismo conmigo y quedamos desnudos para abajo, él no duró demasiado, dado su gran excitación, por lo cual eyaculó en mí. Nos limpiamos su semen y él se acostó en su cama boca abajo. Yo le dije que era mi hora de entretenerme y visitarlo, a lo cual dijo que sí y comencé con calzoncillos puestos a culearmelo, pero pensé que ya no era momento para timideces y que no importaba que fuera un menor de edad o que la sala estuviera llena de otros chicos, yo estaba muy caliente, así que luego de tomar aire y esperando que no se asustara, le bajé de un tirón los calzoncillos hasta la rodilla, a lo cual no reaccionó, a lo que yo entendí que era un "sigue", lo cual hice, y le toqué su orificio, unté un poco de saliva en mi pene y se lo metí, a lo cual reaccionó con un "ahh!!" de dolor "Dale un poco más despacio" me dijo, lo cual hice, y se lo metí todo de a poco. Debieron haber estado ahí, en esa pieza se encontraban durmiendo alrededor de 15 chicos más y yo sin miedo a que nos vieran y olvidándolos a todos me encontraba quitándole la virginidad a un alucinante adolescente de 13 años. Él se quejaba poco, en parte por valentía y otro para no despertar a nadie, pero de a poco fui entrando y saliendo cada vez más rápido, hasta que no pude aguantar más y exploté dentro de Diego, lo cual fue como una bomba, fue uno de los mejores orgasmos hasta ese momento, pero lo especial era que nunca nadie había estado dentro de éste chico.

Luego de esto, nos dormimos, y al otro día al despertarnos se encontraba un poco avergonzado por lo hecho y no era el mismo chico travieso conmigo, por lo cual traté de hablarle como de costumbre. Ya a la hora de irnos en el bus, compartimos asiento Diego y yo, y para quedar mejor le puse mi brazo alrededor de sus hombros, lo cual lo hizo sentirse contento por la mirada que me pegó, así pude acariciarlo todo el camino. Cuando llegamos a la terminal nos fuimos juntos hasta el metro sin conversar casi nada, al igual que todo el camino en el bus, pero al despedirnos le comenté que me llamara y así podríamos juntarnos en casa de mi abuela algún fin de semana y así "entretenernos" a lo cual contestó con una sonrisa "mañana te llamo y nos juntamos el próximo sábado" lo cual me puso contento y me excitó a la vez. Camino a mi casa no podía creer que había encontrado lo que tanto había buscado, un chico con quien compartir algo más que una simple amistad. Lo que hicimos más adelante y quiénes se nos unieron a nuestros juegos de los fines de semana, les contaré más adelante. Espero que me escriban, ya que esta historia y las que espero contarles son totalmente verdaderas, no necesito inventarles nada para hacerlas interesantes, ya que lo son por sí solas. Realmente espero que hayan gozado tanto como yo lo hago al recordar esos momentos.


Felipe


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