JANAL (2)

Se sentía frío. Me levanté y preparé un par de cafés.
Pasamos a mi cuarto. La calefacción allí se sentía
mejor. Estabamos atontados por el placer. Nos echamos
bajo las colchas, acariciándonos.

Era un mino lindo: 1.79, unos 70 kg., cuerpo de
nadador pero no tan formado, lampiño, ojos violetas.
Tenía 17 años. Trabajaba como dependiente en una
tienda de discos en Parque Arauco. Su familia vivía en
el sur y él ocupaba un departamento pequeño en
Providencia. Desde hacia un año trabajaba como “taxi
boy”. Sin embargo esa noche algo le había pasado
conmigo.

Conversamos hasta que nos quedamos dormidos.

Comencé a sentir un agradable hormigueo en mi culo. En
eso reconocí a una lengua experta recorriendo ese
delicioso trecho de carne que tenemos entre el ano y
la base de los huevos. El pico se me estaba poniendo
duro. Su mano delicada y firme me iba bajando el
prepucio. Me estaba humedeciendo.

Me estiré para desperezarme. Vi el reloj. Eran poco
más de las 4 de la tarde. Recordé que era sábado y me
abandoné al juego al que me habían invitado en mi
propia cama.

 Me arrodillé, deposité mi cabeza contra el colchón y
levanté bien mi culo. Janal comenzó a lamer mi raya en
toda su extensión. El lengueteo se prolongó mientras
que él se masturbaba firme. Podía ver como crecía su
monomental pico. Probablemente 23 cm. de largo y mas
de 6 de ancho.

Yo habia sido pasivo muy contadas veces en mi vida;
pero lo que veia me entusiasmaba.

Otra vez Janal se engulló mi herramienta y comenzó a
trabajarla de una forma incomparable. La lamía de la
punta a la base, bajaba la piel con sus labios
mientras que con su lengua jugueteaba con los
conductos en la parte superior de la cabeza. Sus manos
agarraban mi pico con reverencia y ternura. Había un
hambre en este muchacho que me desconcertaba.

Había un agradable cosquilleo en mi culo que había
quedado totalmente humedecido por mi amante. Sentí,
mientras me mamaba, como su pulgar derecho comenzaba a
dilatarme. Estaba dispuesto a entregarme; pero tenía
que ser memorable. A mis 33 años, bien recorridos, el
sexo entendido como un ejercicio físico de mete/saca
exclusivamente, ya había pasado a la historia.

Para mí acostarme con un hombre era un intento de
plasmar una poesía erótica; de lo contrario lo mejor
era seguir con las chicas. Debo reconocer que las
mujeres me encantan, especialmente para vivir con
ellas; sin embargo nada hay mas excitante –para mí-
que hacer el amor con un hombre.

Janal comenzó a contarme sobre su vida. Cómo adoraba
el sexo gay, desde que comenzó a tenerlo a los 12
años, con un compañero de trabajo de su hermano mayor;
pero que en muy contadas ocasiones se había sentido
atraído por alguien. Parece que este era mi caso,
¡Afortunado de mi!

Me contó que en esos casos él adoraba tomar la leche
de su amante y también penetrarlo. Me sentí muy
entusiasmado y le dije que si alguna vez había hecho
las dos cosas simultáneamente. Me dijo que no. Le dije
que entonces conmigo sería su primera vez. Se rió
entusiasmado.

Encontré el tubo de gel y le dije a Janal que debería
lubricarme si quería que algo de su pico entrara en mi
estrecho culo. Comenzó a hacerlo con gran habilidad y
delicadeza. Mientras yo me tragaba su herramientas
antes de humedecerla con el gel vaginal. El manoseo
mutuo, en su pene y en mi culo, iba embotando nuestros
sentidos.

En eso comenzamos la tarea, el rito de la penetración.
Comencé a sentir su cabeza caliente pugnando por
entrar en mi hueco. Me abría yo mismo las nalgas para
que él pudiera hacer entrar el monstruo. El dolor fue
intenso pero él fue todo un caballero. La dejó allí,
no intentó avanzar más y se echó sobre mí. Fue un
abrazo delicioso. Sentía su corazón latir sobre mi
espalda y el sentía con la cabeza de su pico latir mi
culo.

Nos separamos luego de un rato y le pedí que me
pusiera más gel mientras ponía una pelicula de Belami.
Me encantan Bonnet y Davidov asi como Paulik.
Comenzamos de nuevo los ritos y esta vez su trozo
avanzó un poco mas mientras nos mirabamos a los ojos,
yo con mis piernas al aire y él con su dulce sonrisa.
Aún no lo tenía ni a la mitad adentro y parecía que la
tarea sería harto difícil.

Tal como estaba baje las piernas y levanté el culo
para que él se acomodara, casi sentado  sobre su culo.
Su pija dura se endureció aún más cuando sus labios
comenzaron a mamarme mi pico. El se movía de la
cintura para abajo para darme suaves penetraciones que
iban abriendo pacientemente mi ano. Sus ojos me
miraban con agradecimiento mientras mis manos
acariciaban sus rodillas pidiéndole más: más
penetración y más de su boca.

Estuvimos así largo rato cuando él me avisó que se
venía. Yo le pedí que me masturbara mientras me lamía
y nos venimos simultáneamente. Fue todo un placer
sentir su semen en mi culo y ver como se atragantaba
con el mío que comenzaba a escaparse por la comisura
de sus labios.

Mientras se iba ablandando su herramientas logró
avanzar unos centímetros más adentro mío.

Nos dimos un beso apasionado mientras el olor a semen
invadía toda la habitación.

(Queda para otra ocasión la primera vez en que Janal
participó en un trío –fue magnífico gracias a la
presencia de un amigo brasileño- y la vez en que me
tragué todo su trozo luego de que le enseñara a hacer
el amor con fresas y champán).