ESTUDIANDO CON JAVI

Hola a todos, me llamo Rubén, y vivo en una pequeña ciudad de la costa valenciana (España), llamada Dénia. Tengo 17 años y medio, y lo que les voy a contar me sucedió el curso pasado.

Me había cambiado al instituto para hacer los dos cursos que me quedaban de Bachiller, antes de ir a la universidad. Desde hacía unos años me había dado cuenta de que no era heterosexual, sino bisexual. Deseaba a los hombres más que a las mujeres, aunque estas me gustaban para el amor y para relaciones estables. A pesar de todo esto, no triunfaba con las chicas por el simple hecho de que a mis 16 años tenía aún cara de crío, de niño, conservando la ternura de mi infancia (y aún la tengo). Si a esto le añadimos que era delgado y no con mucho vello, la gente me echaba siempre menos edad de la que tenía, y por tanto las chicas sólo me querían como amigo, puesto que los preferían más mayores y con musculatura más desarrollada. 

A pesar de esto, no era feo. Tampoco era el más guapo, pero tenía una cara interesante. Mi pelo negro, una mirada intrigante pero sincera, unos ojos grandes, unos labios apetecibles y una dentadura muy blanca. Como os decía, había cambiado a un viejo instituto, y por temas que no vienen al caso, había caído en una clase donde no conocía a nadie. Ya desde el primer día me fijé en todos los alumnos. No había nadie especialmente atractivo (de hecho éramos pocos chicos), salvo uno, Javi, que al parecer había repetido. Tenía un año más por tanto, y estaba muy bueno. Jugaba al fútbol, tenía un cuerpo 10, brazos y piernas fuertes, sin pasarse, algo más alto que yo, y una cara muy masculina, con poca barba pero masculina. Labios carnosos, ojos verdes y pelo castaño, corto y a pinchos. Lo miré de arriba abajo. Se llamaba Javi y vestía un chandal que me causó una erección instantánea, que pude disimular con alguna dificultad.

Como no conocía a nadie, me senté solo, en primera fila, mientras los demás charlaban animadamente sobre el verano, sobre nuestra tutora, etc. Yo era tímido, y últimamente me costaba mucho relacionarme con otros chicos, sobre todo por el hecho de que muchos criticaban la homosexualidad continuamente, y eso me entristecía mucho. Yo, naturalmente, lo conservaba en secreto.

El primer día transcurrió sin ningún incidente interesante. Al acabar me fui a casa andando, solo.

Al día siguiente, la tutora quiso distribuir la clase de forma diferente, y por una bonita casualidad sentó a Javi a mi lado, lo cual yo agradecí mucho en mi interior, aunque no lo manifesté. Lo miré de reojo. Se sentó a mi lado y sólo le dije:

- Hola. -sonriendo tímidamente.

A lo que me contestó él:

- La tía esta me tiene fichado ya del año pasado… es una petarda…

Solo pude sonreír, tenerlo al lado me volvía loco, pero no podía hacer nada. Al parecer, Javi no era muy buen estudiante, al contrario que yo, muy inteligente y estudioso, y por eso habían decidido sentarlo en primera fila. 

El tiempo fue pasando, y durante las clases yo siempre le explicaba algunas cosas que él no entendía, le ayudaba a hacer los ejercicios y entre esto y lo otro empecé a coger confianza con él. Javi había empezado a llamarme “campeón”, y “chiquitín”, lo que me encantaba, y de vez en cuando me decía que “era su salvación”. A mí cada día me gustaba más, me atraía enormemente, pero además empezaba a quererlo, a cogerle mucho cariño. A partir de un día empezamos a irnos andando a casa juntos y él renunció a algunos amigos para estar conmigo. No lo entendía. Era bastante popular, pero en cambio, muchas veces prefería estar conmigo, alguien tan tímido y pensativo. 

Un día, estando en clase de deporte (en lo cual yo era bastante patético), me tocó ir de pareja con él para hacer algunos ejercicios. Estábamos dando “Judo”, un deporte que exigía mucho toqueteo. Él siempre lo hacía mejor que yo y siempre conseguía inmovilizarme con su fuerza. Muchas veces él acababa encima de mí, los dos acostados en la colchoneta, hasta que una vez, estando así, se me quedó mirando con sus preciosos ojos verdes. Entonces, algo sucedió, su paquete se endureció y algo creció en el interior de su pantalón. Lo pude notar perfectamente. El sólo sonrió y yo también me empalmé. Me puse muy colorado. Estaba muy nervioso. Él solo me dijo con mucha ternura:

- No te preocupes, campeón.

A partir de ese día siempre aprovechaba para tocarme cuando nadie nos veía. A veces me cogía de la cintura, y me rozaba con su paquete el culo disimuladamente. Me hacía cosquillas en clase por las piernas y siempre me llamaba “Campeón”. Me gustaba mucho. Lo deseaba. Estaba loco por sus huesos. Él lo sabía, lo debía saber.

Un día a finales de Noviembre, después de que me acompañara a casa, me dijo que si podía ir esa tarde a su casa a explicarle unas cosas de matemáticas que no lograba entender. Acepté. Tenía confianza con él, aunque no sabía qué quería hacer conmigo. ¿Le gustaba? ¿Me quería? ¿O simplemente es que no entendía el ejercicio? ¿Me estaba haciendo falsas esperanzas? Javi siempre estaba ligando con las chicas. No podía ser gay. No tenía ninguna posibilidad. Era imposible que le gustara. Bueno, al menos estaría un rato adicional con él.

A las 6 de la tarde toqué el timbre de su casa. La visión que vi al abrirme la puerta fue celestial. Javi estaba en unos pantaloncitos cortos, muy sexis, que dejaban al descubierto su increible torso, musculado (pero sin pasarse), y con un color tostado increíble. Además, estaba mojado. Qué bueno que estaba!!! Lo deseaba con locura!! Yo también me había duchado y venía con unos vaqueros, un jersey fino y una cazadora, pues hacía fresquito.

- Vaya, me has pillado saliendo de la ducha. Pasa, siéntate en el sofá del salón.

- Vale -le dije sonriendo, sin poder evitar mirarlo con el deseo que me recorría todo el cuerpo. 

Todo estaba en silencio, así que le pregunté:

- ¿Estás solo? ¿Y tus padres?
- Ah, han ido a hacer unas compras y luego se iban a cenar por ahí. Mejor, así no nos molestaran.

Y diciéndome esto me guiñó un ojo y me sonrió. Dios!!! Pero qué guapo estaba! Con el torso desnudo, el pelo mojado y esa sonrisa que me volvía loco! Y encima esos pantaloncitos marcándole culo, y sobre todo paquete… Estaba para comérselo enterito! 

Me fui al salón mientras él se volvía a meter en el baño. Me senté en el sofá intentando disimular mi erección. Al cabo de unos minutos vino, con los mismos pantaloncillos pero con una camiseta blanca y con un paquete de galletas en la mano. Eran mis galletas preferidas!

- ¿Quieres una? Es la hora de la merienda, campeón. Sé que estas te gustan… 

Y así era. Acepté muy gratamente a comer mis galletas preferidas. ¿Pero cómo lo sabía? ¿Se lo habría dicho yo en algún momento y no lo recordaba? ¡Qué atento era conmigo!

- Oye, antes de empezar quiero que sepas que estoy muy agradecido por lo que me estás ayudando. Eres mi salvación! Sin ti no me podría estar sacando el curso.

Me dijo esto poniendo su mano sobre mi hombro. Me puse algo nervioso y él lo notó. Sólo pude sonreír y decir:

- Bueno, ¿quieres que empecemos? Que si no, nos pillará el toro…
-Claro! -me dijo él. 

Empecé a explicarle los ejercicios y a ayudarle… A él le costaba un poco, pero lo acababa pillando. Mientras él escribía lo observaba detenidamente. ¡Lo quería tanto! No sólo era un buen amigo, sino también un chico muy especial. Acabamos pronto, bastante antes de lo que había pensado. Yo no quería irme a casa tan pronto… Él pareció leerme el pensamiento y me dijo:

- ¿Te quieres quedar un rato más, campeón? Podemos ver una peli, o charlar un rato. Lo que quieras.

Esto me lo decía con la sonrisa más dulce que había visto en mi vida. No pude evitar mostrar mi emoción y excitación, y le dije:

- ¡Por supuesto! ¿Qué podemos ver? 
- Pues lo que quieras. ¿Una de miedo? Tengo una muy buena. La de “Sé lo que hicisteis el último verano…”
- Esa misma. –le dije yo. 

¡Iba a ver una peli con él, a solas! Se fue hacia adentro y me fijé en el culo que le marcaban aquellos pantaloncitos… Mmmmm… Volvió en un instante con la peli y con una manta. No comprendí muy bien para qué quería la manta… Se sentó en un sofá y como vio que yo no me sentaba (estaba pensando en mis cosas…), se levantó, me cogió de la cintura y me dijo:

- Ven aquí, chiqutín!!!

Me atrajo hacia él y me sentó a su lado, bien cerca de él. Sus palabras me enloquecieron. Apagó las luces y empezó la peli. Extendió la manta por encima de los dos, de forma que sólo nuestras cabezas salían fuera de ésta. A los pocos minutos me dijo que me quitara el jersey y los pantalones si tenía algo de calor, que con la manta ya estabamos bastante abrigaditos y que estaría más cómodo.

- Total, estamos en confianza, campeón.

Me miró y me sonrió de nuevo. No pude decirle que no, no quería que se pensara que me daba vergüenza o algo así. Me quité los zapatos y los pantalones y tambien el jersey y me quedé más o menos como él, con mis calzoncillos boxer y mi camiseta. 

Minutos más tarde, me dijo que si quería que me podía apoyar en él, que no pasaba nada, y que así estaría más cómodo. Lo hice. Sólo podía hacer lo que me dijera. Estaba como hipnotizado con él y sólo quería ser suyo. Apoyé mi cabeza sobre su hombro. Era como un sueño. Noté cómo su brazo se deslizaba por detrás de mi espalda rozando mi culito y me volvió a coger de la cintura. Aquello era como estar en el cielo. Los dos tapados sobre una misma manta, yo apoyado en su hombro y él cogiéndome de la cintura… Como una auténtica pareja!!! Me sentía muy a gusto y protegido con él. Me hubiese quedado así toda la vida. Entonces él me cogió de la mano y poco a poco la fue llevando hasta su paquete. No lo podía creer! Me puso la mano encima de su polla. Estaba dura, en su máxima extensión. La podía notar perfectamente debajo de la fina tela de sus pantaloncillos… Tenía un tamaño considerable. A mí se me puso dura muy rápidamente. No lo pude evitar. Acercó su boca a mis oídos y empezó a susurrarme:

- Campeón… Mi chiquitín… Sé que me deseas, sé cómo me miras, lo noto… Tú a mí también me tienes loco… Esa ternura que tienes me enloquece. He deseado tenerte así desde hace meses… Quiero que seas mío. Es más, ahora eres mío. Mi campeón, mi salvación, mi chiquitín… quiero hacértelo hoy mismo, aquí…

Mientras me susurraba esto, yo sólo callaba y escuchaba, y él tenía la mano sobre la mía, que descansaba encima de su miembro erecto…

- Pero… -dije yo, que no sabía qué decir. 

Había deseado este momento desde hacía siglos y sin embargo ahora decía “pero”! Curioso, ¿no?

- ¡Ni peros ni hostias! -dijo cambiando el tono, haciéndolo más agresivo, cosa que no me asustó, sino que me excitó mucho- Venga, chiquitín, mi niño… -volvió a la ternura y al cariño.

Mientras, se fue bajando sus pantaloncitos, al mismo tiempo que lamía mi oreja, proporcionándome un placer exquisito. No podía creerlo! Mi amigo Javi, al que deseaba desde que lo vi por primera vez, quería desvirgarme! Mi inocencia iba a ser quebrada por aquel chico, ya experimentado, dentro de unos instantes! Su polla quedó completamente liberada después de que se quitara sus pantaloncitos. Pude verla, aunque no con claridad, por la poca luz que había en la sala. Me volvió a coger la mano y la puso encima de su verga. Era gruesa, palpitante, larga, aunque sin pasarse. Serían unos 19cm. Pude notar bastante vello en su pubis y menos en sus huevos de tamaño considerable. Estaba medio paralizado por mi timidez y por la sorpresa de la situación. Paró de lamerme la oreja para susurrarme:

- Venga, chiquitín, sé que tienes ganas de polla, y la mía seguro que te gusta. Tócala, cógela, es toda tuya.

Le obedecí. La rodeé con mis manos y empecé a pajearle, lentamente. Aquello me fue gustando y se lo empecé a hacer con más agilidad, más deprisa.

- Muy bien chiquitín. Estás hecho un verdadero campeón.

Mientras yo seguía con mi faena, él se quitó la camiseta, volviéndome a mostrar aquel torso perfecto. Era un regalo para la vista.

- Esperaaa… chiquitín, quítate la camiseta, y ya verás cómo nos lo pasamos de bien… te voy a compensar por todo lo que has hecho por mí! Venga, quítatela! 

Le obedecí. Me quité la camiseta, mostrándole mi torso desnudo, sin vello, aún algo tostado del verano pasado, y poco musculado. Y sobre todo, muy suave. Empezó a tocarme el pecho, las tetillas, mientras me besaba el cuello lentamente. Era algo tan excitante!!! Me dio un beso en los labios que me encantó, fue mágico y yo se lo compensé volviendo a pajearle ese gran rabo. Mientras yo seguía con esto, él fue bajando con la boca besándome el pecho, hasta que se detuvo en uno de mis pezones y empezó a lamerlo, con ternura, y después le añadió un mordisqueo, que me recordó que era un chico malo, y me excité más aún. Él lo notó enseguida:

- Estás bien calentito… ¿eh? Quítate los calzoncillos…

Yo no supe qué hacer. Tenía una mano agarrando su polla y no la quería dejar, y por otra parte me daba aún algo de vergüenza. Me quedé parado sin saber qué hacer. Él paró de besarme. Se levantó mostrándome su rabo, que apuntaba hacia arriba. Ahora podía observar el cuerpo de Javi mejor que nunca, totalmente desnudo, delante de mí y con el rabo bien duro y tieso. Me dijo, al ver que lo observaba maravillado y muy excitado:

- Chiqutín, sé que me deseas y que me quieres. Quiero divertirme un rato contigo. Te gustará a ti también. Mírate. Estás más caliente que una puta. Te mueres por una buena polla. Anda, cómetela. Quiero follarte la boquita.

Dijo esto con un tono algo agresivo, mostrando otro lado que no conocía tanto de él, su lado más violento y quizás más salvaje… Se acercó más a mí, que seguía sentado en el sofá. Me acercó la polla a la cara y como vio que no abría la boca, me dio un pollazo en las mejillas. Luego otro y otro más. Empezó a pasarme la polla por la cara, dándome golpes que me ponían más y más cachondo. No pude aguantar más. Abrí la boca un poco, empecé a lamerle el capullo, hasta que él me la metió entera de golpe en la boca. Me produjo una arcada, Javi la retiró un poco y volvió a meterla pero no toda entera. Empecé así a mamársela. Tenía un sabor extraño, que acabó gustándome. Javi se puso sobre el sofá y yo me puse a cuatro patas, como si fuera su perrito, que seguía dándole aquella rica mamada. Él me cogía de la cabeza y me decía:

- Así, así, chiquitín… Te estás portando como un auténtico campeón!

Mientas me decía esto, yo devoraba insaciable su polla, babeándola entera…

- No tenías experiencia, pero estás aprendiendo a ser un auténtico comepollas!!

Y mientras decía esto, siguió cogiéndome con una mano la cabeza, mientras que con la otra empezó a deslizarse por mi espalda hasta llegar a mi culito. Lo empezó a manosear, aún con el calzoncillo puesto. Lo tenía en pompa, ya que estando a cuatro patas parecía llamar a gritos que me penetraran. Siguió con su manoseo mientras me decía:

- Sí, qué culitooo… lo que me va a gustar follar este culito calentito…

Yo tenía la boca demasiado llena para charlar. Sólo podía respirar y soltar algún gemido entrecortado entre metida y metida de polla. Metió su mano por debajo del calzoncillo. Estaba en la gloria. Con una maestría impresionante siguió palpándome el culo hasta que con un dedo buscó mi agujerito y empezó a presionar sobre su esfínter. Me estaba volviendo loco. Presionó algo más fuerte y logró meter un dedo en mi agujero. No pude evitar soltar un gemido, pero él rápidamente me calló llenándome de polla la boca.

- No dejes de comérmela, chiqutín comepollas, ya sé que te gusta. Ahora sabrás lo que es el verdadero placer!!! Te va a encantar, campeón!!!

Lamió su dedo y lo llenó de saliva, me bajó los calzoncillos liberando por fin mi polla de 16cm, que se encontraba en su máxima extensión. Buscó de nuevo mi agujero, y volvió a meterme su dedo, hasta el fondo, y empezó un lento mete-saca mientras yo seguía con mi mamada acompasado por su dedo. Luego fueron dos los dedos que me metió, esto le costó algo más pero lo consiguió. Yo estaba como en el cielo, sintiendo cómo me follaba el culo con sus dedos y la boca con su polla de 19cm.

De repente paró, y sacó su polla de mi boca. Yo ya me había acostumbrado y con la lengua fui siguiendo su polla, queriendo metérmela en la boca de nuevo.

- Ya, ya chiquitín… Sé que te ha gustado mi polla, pero ahora tendrás rabo para un buen rato.

Diciéndome esto, sacó sus dedos de mi culo y me cambió de posición. Me acostó en el sofá y se cogió la polla con la mano. Pude notar su mirada de lujuria en la semioscuridad. Volvió a meterme los dedos en mi ano, y después de unos minutos dijo:

- Ya estás preparado chiquitín. Pon las piernas bien abiertas.

Lo hice, sabía lo que me esperaba. Mi amigo Javi me iba a follar, me la iba a meter en unos instantes. Puso mis piernas sobre sus hombros. Estaba asustado, tenía miedo de que me doliera. Se lo dije:

- Javi, por favor, no me hagas daño… -susurré.
- Tranquilo, chiquitín, ya veras cómo te gusta. Sólo relájate. Estás conmigo, ¿vale? No te voy a hacer nada malo. Lo vamos a disfrutar los dos. He estando deseando follarme este culito desde hacía semanas… Ahora vas a ver…

Al decir esto me tranquilicé un poco. Se cogió la polla y la puso en la entrada de mi ano. Me cogí fuerte del sofá y empezó a metermela, lentamente. Me dolió tantísimo que no pude evitar soltar un grito desgarrado. Creía que me iba a romper!!! Javi me tapó la boca con la mano y me gritó:

- Cállate joder!!! -y después volvió a su tono cariñoso- Te va a gustar. Ya lo verás, sólo relájate. 

Con su polla a medio entrar, me dio un beso en la boca y su polla entró hasta el final. Sólo sentía dolor, y Javi lo sabía, así que dejó que mi culito se acostumbrara a su nuevo inquilino. Javi inició un lento mete-saca, cogiéndome con una mano una pierna y con la otra tocándome todo el torso. Sentía cómo el rabo de mi mejor amigo entraba y salía de mi culito mientras miraba la cara de placer y de excitación de Javi. La metía y la sacaba. El dolor estaba empezando a desaparecer y un nuevo placer empezaba a surgir. Cogió mi polla con su mano y empezó a manosearla y a pajearla mientras sus venas y sus músculos se marcaban, follándome cada vez más deprisa.

- Te gusta, ¿eh? Ahora sí! Te gusta mi polla en tus entrañas… Lo sabía. Sabía cómo eres. Algo tan dulce como tú… Te tenía que gustar la polla!
- Siii, me gusta y me gustas tú, Javi. Quiero ser todo tuyo! -susurraba yo excitado.
- Lo serás!!! Venga, date la vuelta, quiero ver el culito que me estoy follando.

Me hizo ponerme en el suelo, encima de la alfombra, a 4 patas, me sentía como…

- Eres una perrita caliente con ganas de un semental!!!

Estando a 4 patas me la volvió a meter y me cogió de las caderas. Sus palabras violentas me excitaban, no sabía por qué. Me agarraba de las caderas y me follaba, marcando el ritmo del mete-saca. Me sentía poseído por Javi, me cogía y me manejaba a su antojo. Mientras me lo hacía, me sobaba el culito y me daba de vez en cuando palmaditas, no muy fuertes, aunque muy excitantes, mientras alababa mi culito y me decía obscenidades. De vez en cuando me cogía la polla y me masturbaba, dándome así un placer añadido a ese exquisito polvo. El chico tenía que tener mucha experiencia porque presentaba un gran aguante. Me follaba velozmente. Sus cojones chocaban continuamente con mi culo haciendo un ruido que me recordaba a las pocas pelis porno que había visto. Notaba el aumento de su excitación por las palabras que me decía. Ahora me había cambiado de sexo, aunque no me importaba, por ser él quien lo decía, y por saber que, en el fondo, sentía un gran aprecio por mí. Recuerdo cómo me susurraba:

- Perrita, perrita, ¿te gusta la polla??? Te gusta mi polla en tu culito? Ya lo creo que sí!!! Estabas babeando por ella!!! 

Yo estaba disfrutando como una verdadera perrita. Me enloquecía que me follaran así. Me encantaba su masculinidad, el trato agresivo, pero al mismo tiempo dulce y cariñoso que me daba. Finalmente me la dejó de meter y me quedé un poco extrañado. Se sentó en el sofá con la polla tiesa, dio dos palmaditas en sus piernas y me dijo:

- Ven con papi a sentarte en su rabo, que aún tiene ganas de culito.

Le obedecí al instante. Aún a 4 patas anduve hasta él y me senté dándole la espalda como él me indicó, y metiéndome su polla lo más adentro que pude, ya que mi culo, en ese estado de dilatación no ofreció ninguna resistencia. Apoyé mi espalda en su pecho, y mi cabeza en su hombro. Él me rodeó con sus brazos por la cintura y enredó sus piernas con las mías. Éramos como un sólo hombre. Javi se había apoderado totalmente de mí. Me tenía atrapado y no me iba a dejar marchar hasta que nos corriéramos y eso me encantó. Sujetándome totalmente empezó de nuevo el mete-saca, aunque no tan deprisa, más profundamente. Mientras, me besaba y me lamía el cuello y la oreja, me tocaba los pezones y me masturbaba con la otra mano. Al mismo tiempo me susurraba cosas… pero esta vez diferentes. Ya no eran obscenidades en tono agresivo sino más bien palabras cariñosas que me gustaron barbaridades y me hicieron sentirme muy feliz. Poco a poco fue aumentando el ritmo de la penetración, y los dos empezamos a jadear. Estábamos muy calientes y húmedos, completamente sudados. Noté cómo su polla se iba endureciendo en mi interior mientras seguía masturbándome. Los dos estábamos a punto. Su polla se hinchó más y más hasta que reventó y me inundó las entrañas de leche.

- ME CORRO CHUIQUITÍN!!!

Era abundante. Me encantó sentir las contracciones de su polla en mi agujero y me corrí al instante. Mi semen nos mojó el pecho y las manos, sobre todo a mí, y mientras nos acabábamos de correr nos besamos en los labios dulcemente. Después me apoyé en su hombro de nuevo, nos tapamos con la manta y así nos quedamos, durante una media hora. Tapados con la manta, Javi abrazándome, por detrás, rodeándome con sus brazos y piernas y con su polla aun en mi interior que lentamente volvió a su estado normal.

Este fue sin duda el mejor momento de la tarde. Era una tranquilidad increíble. Sentir su polla aún dentro de mí, estando tan apretados, tan unidos… Esta sensación fue la gota que colmó el vaso y después de que sacara su polla con algún resto de heces y de sangre me dio un largo beso y no pude evitar decirle “TE QUIERO”. Me había enamorado de él.

Javi sólo sonrió. Quizás yo para él sólo era uno más, un amante al que tirarse de vez en cuando… Pero no me importaba porque para mí era un gran amigo y un excelente amante, al que quería con locura.

Los meses pasaron y echamos muchos más polvos iguales o mejores que el relatado. Le encantaba tocarme, follarme y que se la chupara. Lo hacíamos muy a menudo, una vez incluso, en un recreo, en el baño del instituto.

Desafortunadamente, su obsesión por follarme tuvo sus consecuencias y cada vez que quedábamos para estudiar acababa empalándome encima de la mesa o en el sofá sin haber aprendido la lección, por lo que sus notas cayeron y tuvo que dejarse el instituto y ponerse a trabajar. Ahora lo veo mucho menos y hace meses que no echamos un polvo, aunque no es eso lo que más me disgusta. Lo que me entristece de verdad es que quizás él me haya olvidado, mientras que yo sigo perdidamente enamorado.

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Para acabar os diré que este relato es ficticio y que lo digo al final porque no quería aguaros la fiesta… No me llamo Rubén, aunque mi descripción se basa en la realidad. Tengo 17 años y medio (espero que a pesar de esto me publiquen el relato…) Soy virgen y me gustaría conocer a algún chico que fuera bueno y que buscara amistad o algo más. Como podeis ver me gusta el sexo, pero no es lo único que busco. Si queréis, podéis mandarme un e-mail a denialittleboy85@yahoo.es y os prometo que contestaré.