Un chico, una experiencia, un destino por cumplir…
Son las 10 de la mañana y el día ha empezado
dentro de lo normal para la familia Oteiza. "Jean Carlos, es hora de levantarse"
exclama la bella Annie desde la terraza de su hermosa casa, ubicada en
una de las mejores urbanizaciones de la ciudad.
"En un momento bajo mami" respondió una suave
y perezosa voz desde la planta alta de la casa.
Es Jean Carlos, un bello adolescente de 14 años,
blanco, alto, delgado pero bien definido, de cabellos castaños lisos
y de ojos pardos como su padre. Es de carácter inquieto, alegre
y curioso pero con una educación exquisita para su edad inculcada
día a día por la hermosa Annie. Es hijo único de la
joven pareja y siempre se destaca en el instituto por ser muy atractivo
y por su excelente participación en
competencias deportivas como el atletismo, el baloncesto
y la natación. Annie es una hermosa y joven mujer de 35 años,
pelirroja, de piel blanca, suave y firme y con una figura que muchas chicas
de 20 anhelan tener. Por último tenemos a
Carlos, es el padre de la familia. Es un joven y exitoso
abogado de 39 años, blanco, alto, de excelente figura y anchas espaldas,
cabellos castaños crespos y ojos pardos que provocan las más
cálidas miradas de sus admiradoras. Carlos es propietario de uno
de los bufetes de abogados más prósperos de la zona que presta
asesoría legal a importantes complejos industriales de la región.
Para esa tarde, Carlos y Annie estaban cordialmente invitados
a una recepción en una hermosa hacienda ubicada en las afueras de
la ciudad cuyo anfitrión es un importante cliente en el bufete de
Carlos. Jean Carlos debe estudiar para su examen de biología del
día siguiente, así que la joven pareja asiste a la recepción
sin la compañía de su hijo. "Carlos, es mejor regresar a
casa por que has bebido demasiado" exclamó discretamente Annie a
su esposo al notar su estado de ebriedad. Es cierto amor, vamos a despedirnos
de todos y nos vamos a casa -dijo Carlos sin mayores reparos- , así
entre risas y alegría se despidieron de todos y
emprendieron camino a casa.
Carlos conducía a moderada velocidad por la boscosa
y curva carretera mientras Annie colocaba un poco de música, fue
allí cuando Carlos notó que algo fallaba en el auto, los
frenos. Solo se escuchó en la inmensidad de la noche el estridente
grito de Annie cuando el auto se desplomó por un precipicio ubicado
después de una peligrosa curva que Carlos no pudo dominar a tiempo
sin frenos. El auto explotó al caer y la joven pareja murió
instantáneamente.
En ese momento Jean Carlos despertó en su habitación
muy perturbado por un sueño poco común, una bella mujer vestida
de azul claro y con un niño en brazos le miró dulcemente,
extendió su mano y con una dulce voz le dijo "TU MAMI Y TU
PAPI YA NO ESTARAN FISICAMENTE CONTIGO, AHORA YO TE
ACOMPAÑARE Y ESTARE A TU LADO PARA CUIDAR TU FELICIDAD.
PERO DEBES ENTENDER QUE LA VIDA DE AHORA EN ADELANTE SERA EL REFLEJO DE
LO QUE TU QUIERAS QUE SEA" y diciendo eso desapareció entre una
intensa luz blanca y Jean Carlos despertó de inmediato. El chico
entendió el mensaje del extraño sueño pero no aceptó
que pudiera ser realidad, entonces fue cuando se levantó y se dirigió
a la habitación de sus padres con el fin de comentarles el sueño
pero la cama estaba vacía, tomó entonces el teléfono
y marcó el número del celular de su padre pero una contestadora
le respondió y colgó la bocina. Sin darle mayor importancia
al asunto tomó un vaso de agua y subió a su habitación
a
dormir.
Son las 8:30 de la mañana y Jean Carlos despierta,
"mami tengo hambre, ¿hay desayuno?" - Exclamó - pero sin
respuesta. "Mamá, mami…" exclamaba mientras buscaba a su madre por
toda la casa pero fue inútil. La casa estaba sola y en el garaje
solo estaba uno de los dos vehículos de la familia.
Ya bastante preocupado y aturdido por el sueño
y la ausencia de sus padres, Jean Carlos telefoneó al bufete de
su padre "hola Joseph, necesito hablar con papá, ¿me lo comunicas?"
-Preguntó Jean Carlos- ¡ me temo que no podrá ser ¡
exclamó
Joseph un empleado del bufete, tu padre no ha llegado
aún al bufete pero si necesitas algo con mucho gusto te ayudaré.
Entonces Jean Carlos contó a Joseph que sus padres asistieron a
la recepción pero no han regresado aún y que el
teléfono celular de su padre no responde a las
llamadas. ¡ Tranquilízate un poco y esperemos hasta la tarde,
si no aparecen daremos parte a la policía en el asunto.
o.k. -respondió Joseph-.
A las 6.30 de la tarde se inicia la búsqueda de
los Oteiza por parte de la policía mientras el niño es interrogado
en su casa, pero él desconoce por completo el paradero de sus padres
y llora desconsolado por el temor y la angustia que
la situación le provoca al recordar una y otra
vez las palabras de la mujer del sueño.
Tres días después de la desaparición,
la policía recibe una llamada de un campesino que asegura haber
visto un auto totalmente carbonizado en el fondo de un precipicio y proporciona
la ubicación del mismo. En efecto, son los Oteiza cuyos cadáveres
quedaron totalmente carbonizados por la explosión del auto.
Jean Carlos lloró desconsoladamente mientras los
familiares y amigos le acompañaban en las ceremonias fúnebres
de sus padres. Unos días después el juzgado decide entregar
la custodia del chico a su abuela Marianne la madre de Annie, quedando
también bajo su responsabilidad todos los bienes de fortuna que
la pareja poseía hasta tanto el chico obtuviera su mayoría
de edad.
Marianne se mudó a casa de los Oteiza y empezó
una nueva vida a l lado del chico.
Así transcurrieron 8 meses después de aquel
trágico accidente, pero la vida jamás fue igual y algo empezó
a ir mal. Jean Carlos poco a poco fue abandonado por la alegría
y las ganas de vivir que siempre lo caracterizaron, gestándose en
él un inexplicable pero intenso odio hacia todo aquello que se parezca
a la felicidad. Perdió a todos sus amigos del colegio por su mal
genio, empezaron a bajar sus
calificaciones, aprendió a fumar cigarrillos y
se fugaba del colegio casi todos los días para sentarse a la rivera
de un río cercano, en el cual se pasaba horas enteras fumando y
con la vista perdida en el infinito pensando siempre en aquel sueño
y en quien sabe qué cosas mas. Marianne al notar que la situación
no mejoró lo llevaba a psicólogos y terapeutas pero sin ningún
resultado positivo. Nada de lo que hizo logró sacar al chico de
su depresión, entonces temiendo que la situación se le escapara
de las manos, tomó la triste decisión de enviarlo a un lujoso
colegio internado de una ciudad cercana. El chico aceptó el cambio
sin ningún reparo, casi sin voluntad y llegó el día
de partir entre lagrimas de Marianne y tristezas de los dos.
Al llegar al internado, Jean Carlos fue ubicado en una
hermosa, amplia y soleada habitación con una exquisita decoración
juvenil de color azul y dos camas. El chico notó la habitación
compartida pero no se molestó siquiera en preguntar quién
seria su compañero de habitación, así que ordenó
sus cosas durante el día mientras fumaba cigarrillos y en la noche
durmió tranquilamente. No había un acompáñate
de habitación, los nuevos compañeros le
informaron que en un par de días llegaría su nuevo compañero.
Jean Carlos se adaptó sin mayores contratiempos al sistema del internado,
pero a pesar de ser presentado ante los chicos que allí estudiaban,
no socializó con ninguno de ellos y siempre estaba por los pasillos
sólo y callado, todos notaban su tristeza.
Es la mañana de un cálido día domingo,
Jean Carlos esta en la ducha tomando un refrescante baño matutino
cuando escuchó el cerrar de una puerta. Como estaba sólo
en la habitación no trajo toalla al baño, así que
salió desnudo y mojado para
ver quién había entrado en su habitación.
Inexplicablemente algo se volcó dentro de su alma y le provocó
un pequeño estado de alegría cuando vio a un chico de aspecto
europeo, de cabellos rubios, largos y lisos hasta las orejas, ojos grandes
de color miel, nariz perfilada, labios rosados y finos, estatura media
y con un cuerpecito muy bien desarrollado para sus escasos 15 añitos,
era Juan, su nuevo
compañero de habitación.
¡Hola soy Juan, y tu debes ser Jean Carlos¡
¿o no? Preguntó el chico con una suave y tímida voz,
extendiendo alegremente su mano hacia Jean Carlos. Hola, se limitó
Jean Carlos a responder extendiendo también la mano hasta estrecharla
fuertemente con la del nuevo chico. De inmediato Juan recorrió el
cuerpo húmedo y desnudo de Jean Carlos de pies a cabeza, deteniéndose
por unos instantes en el pene del chico
que colgaba entre sus piernas algo flácido, húmedo
por el baño y dejando entrever un grueso y rosado glande, apenas
cubierto por el prepucio. ¡vaya amigo, veo que estás muy fresco!
Dijo Juan a Jean Carlos en tono de broma mientras éste se sonrojaba,
un poco apenado por su desnudez ante el primer chico que de alguna forma
u otra le había llamado la atención más de lo normal.
Jean Carlos sólo se limitó a decir "es que no me he secado
aún" entonces tomó una toalla del closet y la amarró
a su cintura, "ponte cómodo Juan que enseguida salgo" exclamó
Jean Carlos mientras volvía al baño a secarse y a colocarse
la ropa interior, pero mientras lo
hacía y sin poder separar de su mente la imagen
de su nuevo compañero pensó
-hay algo especial en este chico - así que
siguiendo su sentido común decidió ser su amigo. Durante
la noche, los chicos hablaron de sí mismos, de música, del
colegio o de cualquier cosa para conocerse mejor el uno al otro. Pero Jean
Carlos notaba con cierta extrañéz cómo su interés
por este chico crecía a cada momento. Esa noche los chicos se durmieron
temprano ya que al día siguiente comenzaban las clases.
Un suave pero triste llanto se escuchaba esa silenciosa
noche en la habitación de los chicos, Juan se despertó al
escucharlo y se aproximó a la cama de Jean Carlos, al verlo se dio
cuanta que el chico lloraba casi silenciosamente mientras en una mano tenia
una hojilla de afeitar. ¡Por Dios santo Jean Carlos! ¿Qué
pensabas hacer?
pregunto Juan algo desconcertado y molesto mientras le
arrebataba de las manos la hojilla. ¿Estás loco o qué?,
Jean Carlos no respondía a sus preguntas, sólo lo miraba
tristemente y lloraba como un niñito desconsolado.
¿Qué es lo que te pasa? ¡A ver dímelo,
puedes contármelo todo! Exclamó Juan mientras se sentaba
en la cama al lado de Jean Carlos y le acariciaba suavemente los cabellos.
Así estuvieron unos momentos hasta que Jean Carlos, un poco más
calmado le contó a su nuevo amigo toda la desgracia que ocurrió
a su vida mientras un triste llanto le ahogaba las palabras. Juan se había
condolido tanto de la historia que unas lágrimas se desplazaron
también por sus rosadas mejillas, mientras decía palabras
de consuelo a su compañero de habitación. Quiero dormir contigo
esta noche -dijo Juan- ¿me dejas un lado? Y Jean Carlos inmediatamente
le hizo un
lado en su cama para que durmiera junto a él.
¡Gracias Juan! Alcanzó Jean Carlos a decir mientras Juan se
acomodaba a su lado, pasando un brazo por la cintura de Jean Carlos que
estaba de espaldas a él y así se durmieron los dos, en ropa
interior y abrazados en posición fetal uno detrás
del otro. Jean Carlos sentía el roce del bulto de Juan contra sus
nalgas, pero extrañamente esto lo excitó un poco
produciéndole una sensación "agradable",
así que no se cambió de posición en toda la noche,
mientras Juan se sentía muy excitado al presionar su pene erecto
totalmente dentro del interior, contra las redonditas y firmes nalgas de
Jean Carlos, pero no intentó nada más ya que es la primera
vez que dormían juntos y temió el rechazo. Juan había
tenido algunas experiencias sexuales con su hermano mayor desde que era
un niño, sabía que las chicas le excitaban mucho y había
tenido ya un par de relaciones sexuales con su novia, pero estaba claro
que prefiere a los chicos y si son tan hermosos como Jean Carlos le enloquecen,
pero lo que había sentido
desde el primer momento en que lo vio allí, parado
frente a él y desnudo era distinto a lo anterior. Jean Carlos despertó
en él una mezcla entre belleza, pasión, alegría,
deseo, en fin, sabía muy bien que Jean Carlos
sería alguien muy especial en su vida, así que estaba totalmente
decidido a poseer aquella belleza masculina que apenas despertaba en su
juventud.
La semana transcurrió sin mayores novedades, las
clases, las competencias deportivas, la tele, entre otras cosas fueron
el itinerario de los chicos. Jean Carlos se sentía muy bien al lado
de Juan y viceversa, daba la impresión de que nacieron el uno para
el otro pero ninguno se atrevía a ir más allá. Marianne
paso el viernes por la tarde a recoger a su nieto para llevarlo a casa
ese fin de semana. El domingo
es tu cumpleaños Jean Carlos -se apuro a decir
Marianne- ¡ si abuela ya lo sé, por eso invité a un
amigo a pasarlo con nosotros. A Marianne le alegro mucho ver el buen humor
que Jean Carlos mostraba. Los chicos ese fin de semana fueron al
club, a la piscina, a los centros comerciales,
a los restaurantes, y el domingo celebraron junto a Marianne y a antiguos
amigos de Jean Carlos el cumpleaños en casa. Pero la imagen de aquel
sueño regresaba una y otra vez a la mente de Jean Carlos y recordaba
la frase que decía "PERO DEBES ENTENDER QUE LA VIDA DE AHORA EN
ADELANTE SERA EL REFLEJO DE LO QUE TU QUIERAS QUE SEA"
A las 5:00 de la tarde Jean Carlos y Juan regresaban al
internado entre risas y comentarios divertidos del fin de semana. Al llegar
a la habitación Jean Carlos sacó de su bolso una botella
de brandy y dos copas que había tomado de la licorera de su casa.
Mi cumpleaños esta vez quiero celebrarlo en grande -exclamó
-. Creo que no debemos Jean Carlos- dijo Juan,- alguien nos puede ver y
nos llamarán la atención. No te preocupes que es domingo
y no hay nadie en el instituto por que todos regresan en la noche, ¡además
no salimos de la habitación y ya! Y diciendo esto sirvió
las dos copas.
Entre amenas conversaciones, risas y chistes los adolescentes
tomaron una y otra copa para celebrar el cumpleaños de Jean Carlos.
Una vez terminada la botella Juan
decidió tomar una ducha para acostarse a dormir,
así que se desnudó sin ningún pudor frente a su amigo
y se metió a la ducha. Jean Carlos sintiéndose un poco "a
tono" por las copas recordó aquella noche en que durmió abrazado
a Juan y la excitación que esto le produjo, inmediatamente su pene
empezó a levantarse dentro de sus shorts sin ropa interior. Ya decidido
a tener su primera experiencia sexual y con un chico, se desvistió
y entro un poco a la ducha donde Juan se bañaba. Su excitación
fue aun mayor al ver el estupendo cuerpo de aquel chico bañándose
de espaldas a él, su cintura estrecha delataba un abdomen muy plano,
sus blancas y
redonditas nalgas, sus piernas gruesas bien contorneadas
y cubiertas levemente por una suave capa de vellos lo volvió loco
en ese momento y entró por completo a la ducha abrazando a Juan
por detrás mientras besaba su cuello, con sus manos acarició
el pecho de Juan, apretó fuertemente las tetillas y luego bajo sus
manos hasta alcanzar el enorme pene de Juan que ya estaba "a cien", lo
envolvió con una
mano y empezó a frotarlo rápidamente hacia
delante y hacia atrás. Juan estaba muy sorprendido,
pero presa de una enorme excitación que se
revela en su pene de 22 cm. Se volvió hacia
Jean Carlos, lo abrazó fuertemente y froto su pene contra
el de Jean Carlos de una forma violenta y pasional, Jean
Carlos colocó una mano en la nuca de Juan y lo atrajo hacia
sí, fundiéndose ambos en un violento y apasionado beso
que casi les roba el alma. Jean Carlos deslizó su
lengua por todo el cuerpo de Juan mientras este gemía
de placer y lujuria, hasta llegar a su pene donde
chupó fuertemente el glande mientras deslizaba
su lengua alrededor del mismo y luego empujó
su cabeza hacia delante hasta introducir por completo
el enorme pene de Juan en su boca y garganta.
Juan empezó a moverse hacia delante-atrás
cojiendose la boca de Jean Carlos, cuando sintió
que se iba a venir se separó de él y
se acostó de espaldas al piso abriendo muy bien sus piernas,
ofreciéndole a Jean Carlos una fabulosa vista de su
pene, sus bolas y su rosado y lampiño esfínter,
Jean Carlos inmediatamente se abalanzó sobre
él ubicando su lengua directamente sobre el
ano y con la misma empezó a lamer, chupar
y penetrar aquel adolescente agujero anal. Juan, el chico
de mirada tímida, ahora gemía más
fuerte y se masturbaba de una manera casi salvaje
mientras Jean Carlos le penetraba el ano con la lengua,
cuando Jean Carlos sintió que Juan se iba a
venir se separó del ano y empezó nuevamente
a chuparle el pene hasta que sintió que fuertes borbotones
de leche caliente y espesa se depositaban en su lengua.
Saboreó la leche por unos minutos aun con el pene de
Juan en su boca y luego la tragó completa dejando
así el pene de Juan bien limpio de cualquier
rastro de semen.
¡Méteme tu verga! Pidió Juan desesperadamente
al ver la tremenda erección de Jean Carlos
que casi alcanza los 20 cm. de longitud, entonces Jean Carlos tomó
un poco de acondicionador para el cabello y le embadurnó
el ano a Juan con ello penetrándole dos dedos
que fácilmente entraban en aquel cálido
túnel, luego se aplicó un poco en el pene y lo introdujo
fácilmente en el ano de Juan, sintiendo como este se
contraía y expandía repetidamente alrededor de su falo
apretándolo un poco. Así empezó Jean
Carlos a cojersee a aquel bello chico de 15 años
que había despertado en él una faceta
desconocida totalmente. Luego de 15 o 20 minutos de
fuertes embestidas contra el culo de Juan, Jean Carlos
eyaculó dentro de aquel culito inundándolo
completamente de su caliente semen por dentro hasta
que algunas gotas se derramaban, Jean Carlos se recostó
sobre Juan por unos instantes sintiendo en su abdomen
una nueva erección de su compañero.
Ambos chicos después de una pícara mirada se separaron
y se fueron a la cama donde Jean Carlos se colocó
en posición de perrito con la cabeza pegada al
colchón para ofrecerle su culito a Juan. Este
sin perder un minuto se untó aceite para bebe
en sus dedos y empezó poco a poco a lubricar
el ano de Jean Carlos que estaba apretadizo, introdujo
con mucho cuidado uno, dos y hasta tres dedos en su
interior y cuando estaba bien lubricado se colocó detrás
de él y empezó a empujar lentamente su glande
sobre el
esfínter de Jean Carlos hasta introducirlo
por completo. Así empezó a bombear su
falo una y otra vez dentro del culito de Jean Carlos
mientras le repetía una y otra vez "ESTE
ES TU REGALO DE CUMPLEAÑOS MI AMOR" y embestía con más
fuerza dentro del culo de Jean Carlos, quien solo gemía
y se quejaba del placer infinito que estaba sintiendo
con el hombre de su vida.
Por primera vez en varios meses Jean Carlos se sentía bien, con un buen falo en sus entrañas lloraba algunas lágrimas de alegría mientras pedía "más, más… dame más papacito lindo…" sin importarle quién pudiera escucharlo, a lo que Juan cada vez embestía con más y más fuerza y sus bolas chocaban con las de Jean Carlos. Entre jadeos de lujuria y pasión Juan eyaculó dentro del culo de Jean Carlos y se recostó sobre él mordiéndole el cuello y la espalda mientras su pene permanecía aun en su cálida cueva.
Luego de un rato los chicos volvieron a separarse y se
acostó cada uno en su cama, pero antes se besaron
los labios por un largo rato y se juraron amarse eternamente
el uno al otro sin importar lo demás, alegando
que nunca habían sido más felices en
su vida y para que el juramento fuera algo simbólico
entre los dos decidieron hacer un pacto de sangre esa
noche. Ambos se cortaron en el dedo pulgar de la mano derecha
con una navaja de afeitar y juntaron fuertemente las yemas
de sus dedos para mezclar sus sangres ardientes la una por
la otra, jurándose ante Dios un amor eterno e incondicional
para el resto de sus vidas, y luego se fue a dormir
cada uno en su cama ya que debían levantarse temprano para
asistir a clases y durmieron profundamente gracias al brandy
y al cansancio de la intensa actividad sexual.
La mañana siguiente Juan despertó asustado
por el ensordecedor grito de una mujer. Era la asistente
de habitaciones que entró a la habitación
a despertar a los chicos y vio que el cuerpo de Jean
Carlos yacía sin vida tendido en su cama, boca
arriba con los ojos abiertos y sobre un inmenso charco
de sangre de color rojo oscuro que
goteaba hasta manchar también parte del piso de
la habitación, mientras en una mano a la altura
de la muñeca presentaba una profunda cortada
y en la otra mantenía aun la navaja de afeitar
que la noche anterior habían utilizado los
chicos para realizar su pacto de amor. Ahora Juan lloraba
desconsoladamente la pérdida del amor de su vida mientras
en el pasillo de la habitación se aglomeraban
los profesores y estudiantes de la institución
para ver lo sucedido al "chico
solitario de la 122" como todos le llamaban.
Solo se sabe que Juan regresó muy triste a casa
esa misma semana ya decidido a no volver a estudiar
internado y lloraba todas las noches por Jean Carlos
y una semana
después de regresar a casa, en sus cuadernos encontró
una nota que contenía el siguiente texto:
"Mi amado Juan, solo quiero despedirme de ti y darte las
gracias por haberme hecho el hombre más feliz del
mundo en estos últimos días de mi vida,
ya que de una forma u otra lo habría hecho.
Espero que puedas comprenderme y perdonarme algún
día, yo sólo quiero ver a mis padres
de nuevo y estar junto a ellos, pero tuve miedo de
flaquear en mi propósito al enamorarme de ti
y desistir en la idea de irme con ellos. Como eso
es lo que sentí esta maravillosa noche al entregarme
mi cuerpo y mi alma prefiero hacerlo ahora para no
desistir luego.
Quiero que sepas que fuiste el único hombre en mi vida, el único amor y que sepas también que te amo, te amo y te amaré siempre desde donde este en la eternidad.
Jamas dejaré de amarte...
Jean Carlos."
Hacen ya dos años que ocurrió esta historia
y aún se le puede ver a Juan llorar en silencio
por las aceras de la ciudad, esperando ansioso el
día de volver a reunirse con Jean Carlos en
la eternidad.
* * *