Jose Manuel  

José Manuel era un guapo morenito, espigado y  bien vestido que parecía no
estar muy de acuerdo, en la forma de ser y de comportarse con su pandilla de
amigos, pues parecían todos un poco gore. José era delgado y alto para su
edad, y tenía un especial atractivo para mí: labios gruesos y  una bonita
sonrisa. Pero lo que me cautivó de Jose fué su simpatía y la demostración,
después de tratarlo durante mucho tiempo, de su cariño hacia mi. Llegamos a
ser verdaderos amigos y salimos muchísimas veces juntos sin que, al
principio, existiera el más mínimo interés sexual por aquel jovencito aunque
-debo confesarlo-,  me atraía cada vez más, a medida que pasaba el tiempo...
 
 Con Jose me unió más la amistad sincera y el amor por un amigo que el sexo.
Muchos meses fuimos inseparables y el chico dejaba todos sus planes con
amigos de su edad para venir conmigo y pasar tardes enteras en mi compañía.
Luis (otro amigo del que os hablaré otro día) era también nuestro habitual
acompañante. Muchísmos días nos escapamos Jose y yo al cine, a la discoteca
o al campo, y pasábamos horas y horas riéndonos y pasándolo fenomenal.

 Llegó un momento en que la confianza que teníamos el uno con el otro era
total y José me consultaba sus problemas con absoluta normalidad sin
ocultarme nada. Recuerdo que un día me dijo que conocía a una chica muy
jovencita también y que le gustaría pasar con ella un buen rato, pues
todavía no había estado con ninguna mujer y sólo conocía el placer que se
procuraba en solitario... pero que no sabía cómo abordarla. Le sugerí que
podría ayudarle pero que se necesitaba otra chica amiga de la primera para
hacer dos parejas y no quedar descompensado...
 
 Fué la primera vez para Jose y también la primera vez para mí en otros
aspectos. Para él significó a la vez el placer de estar en una cama con dos
amigas y un amigo, y para mí significó el conseguir placer con Jose y
también, por añadidura, con las chicas amigas de él. Pero José era mi
objetivo por encima de todo lo demás.

        Nos lo montamos en casa de mis padres, en un pequeño apartamento que
hay al lado y que yo uso para el estudio. Allí no va nadie y mis padres
aquella tarde estaban ausentes de la ciudad.
 
 Comenzamos con algunos porros. Cuando estábamos loscuatro un poco
colocados, sugerí que viéramos la TV desde la cama, en el dormitorio de mi
apartamento... y así comenzó todo.

 José, sin la más mínima vergüenza, se entregaba a tiernas caricias con
Loli, y yo calentaba motores con Sandra, una hermosa jovencita, rubita, de
grandes ojos azul claro y melena de oro. Tanto una como la otra ya estaban
suficientemente duchas en la materia y, supongo, habían sido usadas por
otros muchachos, pues no le hacían ascos a nada. Mi excitación comenzó al
aceptar todos la orgía propuesta, pero llegó al clímax cuando José, vestido
sobre MI cama y a MI lado,  bajó su vaquero hasta las rodillas y dejó al
descubierto su largo y grueso pene erecto y circuncidado esperando batalla.
Su amiga, de rodillas en el suelo, se lo tomó con la mano y empezó a
chupárselo. Jose se retorcía de placer. Yo hice la misma operación que mi
amigo esperando la misma reacción de mi jovencísima amiga, pero observé como
la amiga de Jose extendía su mano y tomaba mi pene y comenzaba a masturbarme
sin dejar de chupar la polla de mi amigo; entonces yo crucé con ella mi
brazo y, al tiempo que le acariciaba una teta, avancé mi mano hasta llegar a
la entrepierna de Jose, tomé sus testículos y comencé a acariciárselos con
algo de temor por su reacción. Entonces la mano de Jose dejó el cuello de su
amiga y buscó mi polla. El pene erecto de Jose le penetraba casi todo dentro
de su boca y el mio no cabía ya en la mano de José. Mi mano, entonces, tomó
el rabo de Jose y ayudó a su excitación hasta que el muchacho descargó su
deseo sobre la cara de la muchacha, entrándole parte de la eyaculación en la
boca y mojándole el pelo con gruesas salpicaduras. Yo, excitadísimo por ver
a José correse y el contacto de mi mano con la polla durísima del
adolescente, me corrí también sobre su mano. Loli recibía por partida doble
nuestro semen sobre su cuerpo. El efecto del porro hacía que yo tuviese la
sensación de no terminar nunca de correrme y, supongo que a mi joven amigo
le pasaría algo parecido, acrecentado por la sensación de ser la primera vez
que, según me confesó él, se lo hacía con otra persona.
 
 Aquella tarde fué memorable. Terminamos los cuatro haciendo el amor sin
retraernos de nada y no llevamos cuenta de cual era nuestro compañero o
compañera en aquellos momentos,  Jose se corrió cuatro veces aquella
tarde... Mi pequeño amigo penetraba a una de las chicas, mientras yo hacía
lo mismo con él. José parecía sentir un placer inusitado al follar y ser
follado a la vez. No resistí mucho tiempo sin descargar mi semen dentro de
sus tripas. El también se corrió, pero no dentro de Sandra, pues no teníamos
ganas de tener problemas con ellas posteriormente. Cuando se iba a correr
desmontaba de su cabalgadura y eyaculaba sobre su vientre... y así nos
pasamos la tarde llenándonos de placer y ya sin ningún tipo de problemas.
Realmente, en poco tiempo, habíamos llegado a pasar de todo y mostrarnos tal
y como éramos, sin remilgos y entregándonos al placer sin límites.

 Cuando llegó la noche, dejamos a las dos chicas en la Avenida Almirante
(que era, por lo visto donde vivian) y nos fuimos a cenar José y yo a una
cafetería. Desde allí, el muchacho llamó a sus padres para decirles que iba
a llegar algo más tarde, pero no contestaron el teléfono. Quedamos en dar
una vuelta antes de regresar a casa.

 Fuimos hasta la playa, y recuerdo que llegamos a un descampado que había
cerca de un campo de fútbol, en donde no se veía a nadie en un kilómetro a
la redonda. Allí comentamos la tarde y nos fumamos otro porro.  Cuando
estábamos ya algo flipados,  pasé mi mano derecha por el cuello de mi amigo
y acerqué mi cara a la suya con intención de besarle. No hizo oposición.
Acercó su boca a la mía y nos besamos durante unos minutos que a mi me
parecieron interminables de placer. Allí comenzó la última batalla de
aquella primera noche de sexo con José. Nos excitamos y José terminó
sentándose sobre mi polla erecta y sentí como le penetraba completamente y
me corrí nuevamente dentro del culo de aquel precioso adolescente. José
Manuel, también excitadísimo por el placer que yo le había dado, buscaba con
su tiesa polla un lugar para descargar todo su deseo.

- ¡Quiero correrme contigo! -me susurró, excitadísimo.-

 Coloqué con mis manos, el hinchado glande del muchacho dentro de mi boca y,
después de acariciar con la lengua su durísimo pollón, sentí cómo su semen
comenzaba a brotar e inundaba mi boca con repetidos chorros que, como
cascada interminable de viscoso y caliente líquido, golpearon mi garganta
llenándome la boca de su salado néctar.

  Desde aquel día en que encontramos el placer José Manuel y yo, no dejamos
de vernos, de salir juntos para reirnos, disfrutar..., besarnos
apasionadamente y hacer el amor siempre que nos apetecía...
y ¡nos apetecía siempre!

*  *  *