JUAN Y DANI, COMPAÑEROS DE GIMNASIO

 

Esta historia sucedió en el verano del año pasado. Me llamo Dani, y aquel día estaba en casa por la tarde sin nada muy interesante que hacer, así que decidí ir al gimnasio a poner un poco en forma mis músculos. Además en el gimnasio había un chico de mi misma edad, 20 años, que no estaba nada mal y que a mí me gustaba mucho, así que solía ir con frecuencia para poder verle sudar y, si había suerte y coincidíamos a la hora de irnos, poder verle ducharse.

 

    Normalmente sólo ocurría eso, le miraba en las duchas y en los vestuarios pero nada más. Además casi no nos conocíamos. Tan sólo había hablado con él alguna vez comentando algo sobre los ejercicios que hacíamos pero nada más. Simplemente sabía de él que se llamaba Juan.

 

    Un día yo fui al gimnasio con total normalidad y cuando llegué vi un cartel en la puerta disculpando las molestias por estar cerrado ese día, a Juan le pasó lo mismo, llegó un instante después de mí. Me preguntó: “qué pasa, ¿está cerrado? yo le dije que sí, que mirase el cartel, no sabíamos la razón pero no pudimos entrar ese día. Entonces Juan me dijo: “pues ya que no podemos entrar aquí, qué tal si nos vamos a tomar algo a una terraza que haya por aquí cerca, yo no tengo nada mejor que hacer”. Yo acepté gustoso. La verdad es que estaba encantado de lo que oía. Parece que por fin iba a poder conocer a ese chico en el que tanto me había fijado antes. Por cierto, no sé si he dicho que estaba buenísimo. No era muy alto, pero estaba delgado, con buenos músculos, buen cuerpo, pelo castaño y un culo perfecto, de los mejores que he visto nunca. A parte cuando le veía en las duchas completamente desnudo le veía una polla maravillosa, no es que fuera descomunal, pero es que a mi todas las pollas me encantan.

 

    Cuando llegamos nos sentamos y pedimos un refresco. Estuvimos hablando un poco en general sobre nuestras vidas, a qué nos dedicábamos, etc. Éramos estudiantes los dos, aunque de diferentes carreras. Entre un comentario y otro llegó la pregunta clave. Él me preguntó: “¿tienes novia?”. Yo le contesté: “no, ¿y tú?”. “Tampoco”. Eso me puso aún más feliz, pero no me atreví a preguntarle nada más del tema. Parece que él tampoco. Cambiamos de tema de conversación y finalmente quedamos para el día siguiente para ir al gimnasio a la misma hora, así tendríamos la oportunidad de seguir hablando.

 

    Estuve toda la noche pensando en si él sería gay o no. Creo que me estaba enamorando de Juan. No podía parar de pensar en él, todo me le recordaba y en la cama me masturbé acordándome del rato que habíamos pasado juntos.

 

    Al día siguiente a la hora a la que habíamos quedado allí estábamos los dos puntuales. Nos dirigimos hacia el gimnasio y comenzamos a hacer ejercicios en las bicicletas estáticas. Nos pusimos en dos que estaban juntas para poder hablar. La verdad es que estábamos más preocupados de la conversación que del ejercicio, de ahí que pedaleáramos despacio, casi sin cansarnos. Llegó un momento en el que dijimos que ya era hora de dejarlo por ese día y decidimos ir hacia las duchas. Sinceramente era el momento que más había esperado en todo el día. Según llegamos a los vestuarios nos quitamos la ropa mientras hablábamos el uno con el otro en plan de broma, cogimos una toalla y nos dirigimos a las duchas. Yo no podía dejar de mirarle su maravilloso trasero y su magnífico cuerpo. Yo aún no sabía si él no estaba interesado en mí e incluso si no estaba interesado en los hombres, o es que disimulaba muy bien sus miradas, porque no parecía que mostrase el mínimo interés. Cuando ya estábamos bajo las duchas, éstas eran corridas y podíamos vernos por completo, entre comentario y comentario, broma y broma, y carcajada y carcajada, él hizo un gesto obsceno con su polla y sus huevos a lo que yo contesté haciendo exactamente lo mismo. Siguiendo con la tontería él me cogió mis huevos y yo a él los suyos. Parecía que estábamos bromeando como a veces se bromea con este tema entre amigos, pero para habernos conocido formalmente el día anterior había más que confianza.

 

    De repente, según tenía cogidos su polla y sus huevos noté que estaba comenzando a empalmarse, seguido de lo cual a mí me ocurrió lo mismo. Entonces nos miramos fijamente a los ojos, nos sonreímos durante unos instantes y al fin nos besamos. Estábamos bajo el agua de la ducha en un largo beso, a la vez nos abrazamos y nos toqueteamos todo nuestro cuerpo. De repente llegamos a tocarnos las pollas el uno al otro de nuevo y comenzamos a masturbarnos tan rápido como podíamos. Juan me dijo: “vamos a darnos prisa, no vaya a ser que llegue alguien y nos vea”. Al fin nos corrimos y seguimos duchándonos como si nada hubiera pasado, sólo que no dejábamos de mirarnos y reírnos el uno al otro. Cuando terminamos, nos secamos con la toalla y fuimos hacia los vestuarios para vestirnos. Mientras íbamos Juan me dijo que no había nadie en su casa, que si yo quería podíamos pasarnos a terminar algo que habíamos dejado pendiente. Yo acepté encantado. Casi no podía creer que me fuera a ir con el chico del que estaba enamorado.

 

    Mientras íbamos a su casa fuimos comentando que entonces era cuando llegaba lo bueno, que lo íbamos a pasar en grande. Enseguida llegamos, él abrió la puerta y me dijo: “Dani, desde el primer día que llegaste al gimnasio he soñado con este momento. Nunca me había gustado ningún otro chico como tú”. Yo le contesté que a mí me ocurría algo parecido. “Te quiero para mí, y ahora mismo te lo voy a demostrar, Juan”.

 

    Nos tiramos en su cama y volvimos a besarnos como en las duchas del gimnasio, pero ahora con mucho más entusiasmo. A la vez nos quitábamos la ropa el uno al otro y nos tocábamos nuestros miembros. También Juan me tocó el ojete de una forma que me puse muy cachondo y me tiré a chuparle la polla y los huevos. Ya la tenía completamente dura por lo que comencé a meneársela con la boca. Él trató de meneármela a mí con su mano pero al momento nos pusimos en la postura del 69 y nos chupamos las pollas gozando todo lo imaginable.

 

    Enseguida noté que estaba a punto de correrme y de repente le dije: “para, que todavía es muy pronto, vamos a hacer durar esto lo más posible”. Él no contestó nada pero se me quedó mirando con una sonrisa picarona. Después me dijo: “déjame tu culo, que te voy a hacer gozar como nunca te lo han hecho”.

 

    Me puse en la cama boca abajo y Juan puso su cara contra mi culo. Empezó chupándome las nalgas, después me las separó con sus manos y llevó su lengua hasta mi ano. Comenzó a chupármelo con brío, soltando saliva que me hacía sentir aún más placer. Bueno, creo que es una sensación indescriptible, sólo a los que les han chupado el ojete saben lo que realmente se siente.

 

    Así estuvo un rato y al fin me dijo: “Dani, creo que ya lo tienes lubricado más que de sobra, ahora sólo falta que me lubriques tú a mí mi polla y sabrás lo que es el placer”. Sin pensarlo dos veces me tiré hacia su miembro, se lo ensalivé y le dije: “está listo”.

 

    Juan me dio la vuelta quedándome en la cama boca arriba y me levantó las piernas de tal forma que quedase mi culo al descubierto. Después de todo el masaje que me había dado con su lengua ya lo tenía bien dilatado, pero aún así volvió a llevar su lengua y además de chuparme me la penetró todo lo que pudo. Yo ya estaba jadeando de placer, tenía el pulso a mil y le grité: “métemela”. Él levantó su cabeza, llevó su polla hasta mi culo y me la pasó varias veces por la raja hasta que finalmente encontró el agujero y comenzó a apretar. Poco a poco fue entrando su capullo, me dolía a horrores, pero al poco tiempo desapareció el dolor y ya sólo sentía placer. Juan seguía apretando con su polla hasta que entró toda. Ahora sí que daba yo auténticos gritos de placer, sobre todo cuando sentí la maravillosa sensación del contacto de sus peludos huevos con mis nalgas.

 

    Entonces sacó la polla y la volvió a meter de nuevo. Ahora ya había entrado con mucha más facilidad que la primera vez, sin nada de dolor, así que le dije: “vamos, mete y sácala todo lo deprisa que puedas”. Juan así lo hizo. Yo sentía tanto placer que no pude evitar comenzar a masturbarme aunque sabía que me iba a correr enseguida, pero Juan me dijo: “espera, espera, que me toca a mí primero”. En ese momento noté dentro de mi culo algo caliente. Juan acababa de correrse. Era genial sentir eso. Entonces me dijo, bueno, ahora te toca a ti follarme mi culo.

 

    Le puse a él en la postura en la que estaba yo antes, le chupé el culo para lubricárselo bien y le metí mi polla como pude. No parecía que le hubiera dolido mucho porque no se quejó nada, sólo gemía de gusto. Estuve un pequeño rato follándole como él acababa de hacer conmigo y de repente me corrí dentro de su culo. Notaba como salían sacudidas de semen de mi polla. Conté algo así como siete u ocho. Yo creo que era la mayor corrida que había tenido en mi vida. Cuando al fin terminé saqué la polla y vi como se le salía del culo parte del semen que yo le había depositado. Él se pasó la mano por ahí, cogió toda la lefa que pudo y se la restregó por su pecho, finalmente se chupó la mano para limpiársela.

 

    Nos quedamos un rato tumbados en la cama y me dijo: “Dani, ven aquí”. Yo me tiré hacia él, le abracé y sentí por mi cuerpo mi propio semen que él tenía esparcido por su pecho. Era una sensación que me encantaba.

 

    Estuvimos sentados un rato y después me dijo: “oye Dani, ¿alguna vez te has afeitado esos maravillosos huevos que tú tienes?. Yo le dije que no, que muchas veces estando excitado lo había pensado pero que nunca me había atrevido a hacerlo. Juan me dijo: “yo alguna vez sí lo he hecho, ¿te apetece que nos los afeitemos el uno al otro?”. Me faltó tiempo para decirle que sí, que estaba deseándolo.

 

    Juan se levantó de la cama en pelota picada y se fue corriendo hasta el baño. Vino con un bote de espuma de afeitar y unas cuchillas. Para entonces ya estábamos los dos completamente empalmados de nuevo.

 

    Me dijo: “túmbate y abre las piernas”. Yo así lo hice. Juan comenzó a echarme espuma por toda la zona púbica, por todos mis huevos, por la entrepierna e incluso por la tripa hasta la altura del ombligo. Después cogió una cuchilla y comenzó a afeitarme. Me dijo: “espera que voy por un balde con agua para limpiar la cuchilla”. Al momento vino y siguió con su tarea. Mientras tanto yo tenía una cara de gusto inimaginable.

 

    Al fin terminó y yo me limpié los restos de espuma con el agua del balde. Entonces le dije yo: “venga Juan que ahora te afeito yo”. Yo hice lo mismo que él con la salvedad de que a mi me llevó algo más de tiempo porque él es un poco más peludo que yo, pero al fin terminé y ahí estábamos los dos, con los huevos bien depiladitos.

 

    Estábamos tan excitados después de todo eso que sin mediar palabra nos pusimos otra vez en la postura del 69 y nos chupamos las pollas y los huevos. Ahora me sentía mejor que antes al chupárselos por no tener nada de pelo. Sus huevos estaban suaves y flácidos lo cual me ponía a mil. Tenía sus dos huevos metidos en mi boca. Jugaba con ellos, los movía con la lengua, y a la vez yo sentía que Juan hacía lo mismo con los míos.

 

    Al poco tiempo comencé a masturbarle la polla con la boca. La tenía durísima. A mí me encantaba sentir ese palo de carne dentro de mi boca a la vez con la mano le tocaba los huevos lampiños que él tenía. Así estuvimos un buen rato y de repente oí a Juan que me dijo: “qué me corro”. Entonces sentí sus sacudidas de semen en mi boca a gran velocidad. Yo intentaba tragármelo todo, es el mejor manjar que se puede comer nunca. Cuando terminó de descargar saqué su polla de mi boca y comencé a chupársela para aprovechar y tragarme todos los restos que le quedaban, no quería desperdiciar nada.

 

    A la vez Juan seguía mamándome mi polla y al fin yo me corrí también en su boca, pero justo entonces él la saco de la boca y parte del semen se lo eché en la boca y parte salpicó sobre su cara. Me encantó ver la cara de felicidad que ponía según le iba cayendo mi lefa sobre su cara y sacaba su lengua, completamente cubierta de lo mismo. Entonces vino hasta mi cara, me besó y me pasó mi semen.

 

    Después de un rato nos quedamos tendidos en la cama abrazados. Al fin vimos que se había hecho tarde y le dije: “bueno Juan, me tengo que ir”. Pero él me dijo: “espera un poco, ¿nos tendremos que duchar, no? A mí me encantó la idea. La verdad es que estábamos todo sudados y manchados de semen, así que nos dirigimos desnudos hacia el baño, nos metimos en la bañera y comenzamos a ducharnos.

 

    Mientras nos caía el agua por encima de nuevo se nos pusieron duras las pollas otra vez y yo le dije a Juan: “qué Juan, ¿una última enculada antes de irme? Él no tardó en darse la vuelta y poner todo su culo a mi disposición. Comencé a follárselo rápidamente mientras que con mi mano derecha yo le cogía la polla a Juan y le masturbaba. Creo que al fin nos corrimos al mismo tiempo, yo dentro de su culo y él en mi mano.

 

    Seguimos duchándonos, salimos, nos vestimos y yo ya me tuve que ir a mi casa. Quedamos al día siguiente para ir al gimnasio y después ya veríamos lo que pasaría, pero eso ya es otra historia que otro día contaré.

 

 

 

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