Cerca del Lago
A
continuación os voy a contar la historia de mi primera experiencia.
Contaba
yo con 16 años, y en esa época veraneábamos en un pequeño pueblo de la sierra.
Allí tenia yo mi grupo de amiguetes de entre los que destacaba David. Tenia mi
misma edad, era rubio, bien proporcionado, ojos azules, con la cintura bien
marcada, un trasero respingón y unos andares como de cowboy. Físicamente nos
parecíamos bastante en estatura y constitución, pero mi cabello era castaño y
mis ojos marrones.
David y
yo éramos inseparables. A pesar de ir casi siempre en grupo con los demás
chicos, cuando los demás nos aburrían nos escapábamos a nuestro rollo.
Ese
verano nos sentíamos más cómplices que nunca. David tenia un carácter muy
aventurero y a veces nos metíamos en líos por su culpa. Yo era más reflexivo y
un poco más prudente que él, pero no mucho. Me encantaba dejarme arrastrar por
su energía y hacíamos todo lo que me proponía: excursiones en bici, ir a pescar
al lago, escapadas de noche a "espiar" lo que hacía la gente de los
chalets vecinos...
También
tuve algunos sueños en los que aparecía David y que me inquietaban, aunque no
sabía exactamente por qué.
Todo
empezó cuando David me propuso irnos de acampada juntos. El plan era pasar tan
solo un par de noches acampados en las cercanías del lago, que en realidad
estaba bastante cerca del pueblo.
Como la
zona era muy tranquila nuestros padres nos dejaron ir, a condición de que cada
día bajáramos al pueblo a dar señales de vida.
Agarramos
la tienda de campaña, las bicis, algo de ropa de recambio y nos fuimos al lago.
Hacía
mucho calor y con todo el peso que llevábamos llegamos acalorados, pero muy
excitados por nuestra primera aventura en solitario. Plantamos enseguida
nuestro "campamento" en una ladera muy cerca del lago, pero oculta
desde la carretera.
Una vez
montada la tienda fuimos a dar una vuelta para explorar algunos rincones del
lago en los que no habíamos estado. Los dos íbamos con unos vaqueros, camisetas
y zapatillas deportivas. Encontramos una pequeña playa en la que había un largo
tronco atravesado hasta una roca en mitad del lago.
No
esperé a que David fuera el primero y me aventuré por el tronco, con la
intención de ser el primero en llegar a la roca. Pronto me di cuenta de que me
había precipitado, el tronco se balanceaba más de lo que hubiera querido, me
detuve justo a la mitad de trayecto para intentar recuperar el equilibrio pero
ya era inútil: me precipité en el lago con un gran chapoteo.
Afortunadamente
nado bien, por lo que no tuve problemas para salir a la superficie justo a
tiempo de ver a David desternillándose de risa. Nadé hasta la orilla y salí del
agua chorreando. Mis camiseta y mis ajustados vaqueros estaban totalmente
pegados a mi cuerpo, y sin poder evitarlo me excité un poco y se empezó a poner
dura. Estaba un poco avergonzado por como había terminado mi aventura por el
tronco y David me miraba de una forma extraña, repasando mi cuerpo con sus ojos
y con una extraña sonrisa en sus labios.
Me dijo
que me quitara la camiseta para no enfriarme y así lo hice. Volvimos a nuestro
campamento riéndonos y bromeando por lo que había pasado, y yo estuve bastante
excitado durante todo el trayecto, esperando que David no se diera cuenta.
Una vez
en la tienda, me quité la ropa mojada y la tendí en un árbol. David no dejó de
observarme de reojo. Yo estaba un poco confundido. Me puse unos pantalones
ligeros de deporte, sin ninguna ropa interior.
Comimos
un bocadillo para cenar y fuimos a dar una vuelta en bici por la carretera
hasta que, sintiéndonos cansados, decidimos irnos a dormir.
Había
refrescado un poco y solo teníamos un saco de dormir, por lo que decidimos
meternos los dos en él. Íbamos tan solo en slips. Ya dentro del saco, al
notar el contacto de las piernas de David con las mías me excité de nuevo, pero
bastante más que antes. Estuvimos haciendo planes para el día siguiente y
bromeando un rato, David me hizo cosquillas un par de veces, con lo que mi pene
se puso ya a cien. Yo estaba intentando por todos los medios que él no lo
notara pero cuando quiso apagar la linterna tuvo que alargar el brazo y se puso
encima de mí para alcanzarla. Entonces noté sorprendido que su pene también
estaba excitado. Nos quedamos los dos mirándonos a los ojos sin decir nada, él
encima de mí, pene contra pene hasta que nuestra respiración se fue acelerando.
Abrí un poco la boca y David me besó con sus labios, primero tímidamente pero
luego nos dejamos llevar por el deseo y nos abrazamos muy fuerte mientras no parábamos de jugar con nuestras lenguas y labios. Los dos
teníamos una erección
impresionante y jadeábamos de placer.
Luego,
David se puso a mi lado, me bajó los slips y me agarró el pene con la mano,
frotándolo suave y rítmicamente. Era la primera vez que me lo hacían. Sentí
cómo crecía aun más mi erección cuando cogió mis piernas entre las suyas,
inmovilizándome. Con una mano me estaba pajeando y con la otra me tocaba por
todo el cuerpo, mientras volvía a besarme en la boca, en la mejilla, en el
cuello, en las orejas... Me sentía en su poder, totalmente suyo, quería dejar
que hiciera lo que quisiera conmigo para que no disminuyera aquel placer tan
intenso.
David
siguió pajeándome pero de vez en cuando paraba y apretaba muy fuerte su cuerpo
contra el mío, juntaba nuestros penes y los apretaba los dos con la mano hasta
que sentíamos como una descarga eléctrica. Estábamos sudando y yo me sentía
como en el cielo, pero tuve el impulso de participar más en aquel juego. Bajé
los slips de David y agarré su pene con suavidad. Instintivamente me revolví y
me puse a chuparlo con la boca, a lo que David gimió de placer. Sus gemidos me
excitaron aun más y continué chupándola mientras acariciaba todo su cuerpo con
las manos. De repente me sentí aún más lleno de placer sin saber por qué, hasta
que me di cuenta de que David estaba chupándomela también a mí. Sus manos
encontraron como por casualidad mi culo e inmediatamente me metió un dedo
dentro, y yo hice lo mismo. Aquello fue ya demasiado, sentí explotar de placer
y eyaculé al mismo tiempo que él también lo hacía.
Descansamos
un poco y nos miramos un buen rato mientras sentía una gran relajación.
No nos
dijimos nada.
Nos
dormimos estrechamente abrazados.
Lo que
pasó a la mañana siguiente... ya forma
parte del segundo capítulo.