Recuerdo mis primeros años de adolescencia.
Era una noche, tal vez madrugada, de verano. Tendría
no más de 16 años.
Las vacaciones me habían llevado a una ciudad
en las montañas del norte del país,
a una bella y gran casa. Como las de antes, muchos
cuartos contiguos que daban a un patio común. Y al fondo, parque,
pileta y privacidad.
Por algún motivo había yo quedado solo
esa noche en la gran casa.
Mis dieciséis años eran de una vida sexual
bastante fuerte, supongo que como los
de la de la mayoría. Si embargo era virgen (lo
que se mantuvo hasta la juventud). Me excitaban mis pensamientos y algunas
revistas bastante ingenuas de la época. Pero me arreglaba con mis
sueños y alguna escapada solitaria, bastante frecuente.
Recuerdo haber despertado esa noche, como otras tantas,
en medio de un sueño provocativo. Me encantaba descubrirme excitado
y con mi miembro presionando
mi pijama. Como otras tantas veces me quité toda
la ropa, para quedarme totalmente desnudo y sentir las sábanas acariciar
mi piel o refregar mi bulto contra
el colchón mientras me movía rítmicamente.
Sólo que esa noche fue distinto, tal vez por saber
que estaba sólo, tal vez por la luna y la noche de verano. Fue una
noche de descubrimientos impensados, de nuevas partes de mi cuerpo que
se sumaban a mis fuentes de placer.
Tomé la almohada y la abracé contra mi
pecho; me destapé totalmente y me puse boca abajo para sentir mi
vara erecta apretarse contra mi vientre.
Busqué el costado de la cama y puse una pierna
colgando; ahora podía sentir la presión y comenzar un mejor
movimiento y sesión de autocaricias.
Abrí mis muslos y los llevé hacia delante,
fue entonces que pude sentirlo
por primera vez.
Mi argolla despertaba, sentía cómo ardía
y vibraba por dentro; pedía ser refregada
y acariciada como lo hacía con mi verga
exultante: Tenía deseos de ser penetrado, me abrazaba una sensación
de placer que todavía no comprendía.
Me levanté, jadeante y alterado. Así, caliente,
vibrante y erecto, salí de la habitación. Llegué al
fondo de la casa buscando la manera de consolarme con algo... Encontré
una pequeña mesa, de esas bajas, tipo las que se usan para tomar
el té. Tenía patas finas y largas. No pensé en nada
más que en lo que sentía, no lo dudé ni un segundo:
la di la vuelta, le puse jabón y me senté sobre uno de los
palos.
La sentí pasar la barrera, no me dolía,
era fría. Con una mano sostenía la pata por debajo de mí,
con la izquierda masajeaba mi pija con fuerza y de a golpes que llegaban
hasta el fondo.
Apenas si duré unos pocos instantes en esta posición.
Puse derecha mi espalda y adelante las rodillas, de manera de quedar bien
recto, coloqué mi boca abierta hacia lo alto mirando la luna, para
sentir que tenía dos huecos abiertos en una misma línea como
si fuera a ser traspasado en todo mi cuerpo. Tal vez buscando algo para
meterme y chupar en mi boca hasta el fondo.
Estando así, con la cola hacia fuera, sentado
en semicunclillas, la boca jadeante, el deseo en cada poro, con todos los
músculos tensos, simplemente me dejé caer un poco. Volví
a sentir el frío del palo dentro de mí. Traté de pararme
un poco una vez, como para empezar un movimiento rítmico. Sentí
nuevamente el palo moverse por dentro. Sin quererlo, no pude más.
Mi leche empezó a salir con furia. Traté de retenerla en
mi mano. La fuerza con que estaba acabando hizo que perdiera el dominio
de mis piernas que se aflojaron un poco. Fue como si entrara a tope; lejos
de dolerme hizo que me excitara más y brincar a mi palo de la calentura.
Recuerdo el placer de verlo escupir, ahora sin tocarlo.
Moviéndose hacia arriba y hacia abajo como un animal encabritado.
Debí haber gritado de placer, la verdad no lo
recuerdo. Tampoco era importante pues estaba absolutamente solo. Me dejé
caer al piso de espalda. Así permanecí un buen rato hasta
lograr recuperar el aliento.
Después, con la luna en lo alto y absolutamente
desnudo, me metí en la pileta.
Nadé un buen rato; jugaba a acariciar el fondo
con la punta de mi verga.
Me debo haber ido a dormir después, seguramente
muy relajado. No lo recuerdo.
Lo que sí estoy seguro es que, desde ese día,
comenzó para mí una nueva sexualidad que tardaría
varios años en dejar de ser sólo fantasías – o realidades
solitarias -.
Sin embargo, todo llegaría . . .pero esas son
otras historias.
maxibest@yahoo.com
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