LUIS

Mi nombre no importa. Solo diré que cuando todo esto ocurió, yo tenia 18 años.

A Luis me lo presentó  el pequeño Mus una tarde en la Vía del Este.

 Cuando el bueno de Mus me dijo que conocía a "un pavito" para presentarme, me excité como un colegial. Vi a Luis por primera vez, acompañando a Mus, viniendo los dos hacia el coche la tarde en que quedé en encontrarme con ellos.
 Luis me encandiló inmediatamente.  Luis tenía 16 años y era delgado y alto. Moreno, de expresivos ojos castaños, nariz chatilla y graciosa y una sonrisa tremendamente infantil. Luis tenía la clásica cara de niño travieso.  Pelo largo, llegándole hasta el cuello, liso y muy limpio, algo revuelto, le tapaba parte de la frente en su caída. Los ojos de Luis eran magníficos y hablaban solos. Luis vestía bien; camiseta blanca, de manga corta y pantalón vaquero, de tela fina, usado pero limpio. Tenía una sonrisa preciosa y mostraba los dientes grandes y blancos cuando reía. Sobre su labio superior asomaba un oscuro bozo que ensombrecía su piel.  Su boca me excitaba y no podía creerme que la besaría alguna vez.
 

 Mientras los dos muchachos venían por la acera hacia donde yo estaba, pude fijarme perfectamente en el paquete que se le marcaba en el pantalón vaquero de Luis.  Su sexo abultaba tanto o más que el de Mus, y, a juzgar por el tremendo tamaño de la polla de Mus, Luis no le iba a la zaga.
 Aquel día salimos y sólo tomamos contacto verbal. Un poco para conocernos. Recuerdo que paramos cerca de Albuia para que Mus bajara a mear y, mientras, pude fijarme en Luis detenidamente. Era guapísimo y tenía un especial atractivo. Su forma de hablar también me gustó: hablaba en voz baja y tenía la típica voz del muchachito que acaba de estrenarla; como si se le fuera a romper. Volvimos a la ciudad y  dejamos a Luis en la Travesía de Arlanza al finalizar la tarde.
 Aquella noche, despues de dejar a Luis cerca de su casa, desahogué mi excitación con Mus, y cuando el muchacho se abandonaba a mis caricias, yo me imaginaba que tenía la polla de Luis entre mis manos. Mus se dió cuenta de que no estaba pensando en él  y me dijo:
 Te excitó el pavito, ¿eh?. Yo te voy a calmar, vas a ver.
 Aquella noche Mus me reconfortó como pocas veces lo hizo. El muchacho apagó mi sed llenando mi boca con su caliente semen en tres ocasiones.
 Mus me prometió que hablaría con Luis al dia siguiente y que le diría que era lo que a mi me apetecía hacer con el... y ya me informaría.
 Le dije que era buena ocasión un sábado o domingo salir con Luis a dar una vuelta y terminar en mi apartamento.
 Efectivamente. Al día siguiente me llamó Mus por telefono para decir que que todo estaba arreglado. Aquello me excitó enormenmente. Pensaba constantemente que aquel día sería único y ya me imaginaba a aquel precioso morenito entre mis brazos...
 Llegó el sábado esperado y despues de comer fuí a buscar a Mus y a Luis a la Vía del Este. Allí estaban los dos muchachos esperándome.  Entonces me fijé bien: Luis era verdaderamente guapo.
 Paseamos en coche toda la tarde, fuimos a un monte cercano. Luis salió a estirar las piernas y allí desde el coche le hice varias fotos que aún conservo. Mus se quedó en el coche conmigo y entonces aproveché para preguntarle qué era lo que le había dicho a Luis y qué le había contestado él. Me dijo que ya le había puesto al corriente de todo lo que a mi me gustaba y aceptaba a cambio de ser de nuestro grupo. Así que podíamos ir sin problemas a mi apartamento o a cualquier otro lugar con Luis.
 

 Mi excitación subía de tono cada vez que pensaba que podía besar a aquel guapo muchacho.
 Fuimos al apartamento que tenía yo cerca de la playa. Y allí en la sala-dormitorio nos sentamos Mus y yo en el sofá y Luis se sentó en una silla, frente a nosotros. Hablamos largo rato y yo aproveché para hacerle algunas fotos más a Luis. El chaval estaba medio mosqueado con tanta foto. Recuerdo una de ellas que aun hoy me excita cuando la veo, en la que Luis se levantó de la silla y, poniendose de pié delante de mi, echando el cuerpo hacia adelante y agarrándose todo el paquete de su sexo con la mano derecha, me dijo:
 

  !Ahora házle una foto a esta!...
 

 Aquello me puso a cien. Pude, entonces, comprobar la cantidad de carne que había allí debajo. No la abarcaba con la mano.
 Mus, entonces se dió cuenta de que su presencia estaba influyendo en Luis para acercarse a mi y se levantó del sofá y se tiró, boca a bajo, en la alfombra.
 Con la cabeza entre los brazos, dijo:
 

 - Voy a dormir un poco. Vosotros hacer lo que querais.
 

 Aquella fue la señal
.
 Sientate aquí y vemos la tele - le dije a Luis- señalando el sofá a mi lado. Luis se sentó a mi lado.
 Recuerdo que permanecimos un rato callados, sin hacer nada. Mus, en la alfombra, se hacía el dormido. No nos podía ver.
 Pensé que era la ocasión y que si Mus le había advertido... no había nada que esperar. Yo ya estaba empalmado como un burro.
 Sin pensármelo, puse mi mano izquierda sobre el pantalón de Luis, a la altura de su muslo derecho... y fuí subiendo mi mano, acariciándole, lentamente hasta encontrarme con que mi dedo meñique tocaba su sexo a traves del pantalón. Presioné algo y  le note duro como una roca. Me animé al ver que no oponía resistencia, como me había dicho Mus. Entonces quité mi mano izquierda de su muslo y pasé todo el brazo por encima de sus hombros para colocar mi mano izquierda sobre su hombro izquierdo. Me fijé entonces en la cadena que Luis llevaba en el cuello y de la que pendía un extraño amuleto de metal; era como un arco o una cruz invertida: una ballesta en minuatura, tal vez. Aquel amuleto de metal era realmente precioso, pero el cuerpo del que pendía lo era mucho más aún.
 Luis tenía las dos manos sobre el sofá, abandonándose a  lo que yo quisiera hacerle.
 Entonces, con mi mano derecha avancé hasta ponerla directamente sobre el bulto de su bragueta. Comencé a acariciarle y vi que sus ojos se entornaron. Se abandonaba, sin duda, a mis deseos.
 Seguí acariciándole el sexo por encima de su vaquero mientras él se dejaba y no hacía ni el mas leve movimiento que denotara rechazo a mis caricias. De repente se echó hacia atrás, recostándose en el sofá para darme más facilidades.
 

 Su polla tenía que ser enorme, pues todo aquel bulto que yo no abarcaba con la mano era su sexo.... Comencé entonces a inspeccionar su bragueta. Subí hasta el botón de la cintura  del vaquero y metí mi mano por entre su camisa y el pantalón. Fuí subiendo lentamente su camiseta  hasta dejarle el pecho al descubierto. Su  piel era tersa y suave como la de los adolescentes. Sobre su pecho desnudo, aquella misteriosa ballesta de metal oscuro... Bajé despacio mi mano derecha hasta la cintura de su vaquero, le desabroche, lentamente, el botón. Después, poco a poco,  fuí bajando la cremallera de su pantalón y, !por fin! quedó a mi vista su slip de color blanco. Pude entonces corroborar aquel portentoso abultamiento y no me pude imaginar lo que de allí iba a salir momentos despues.
 Entonces Luis, con un movimiento rápido e inesperado,  metió los dos dedos pulgares de sus manos por la cintura del slip y se lo bajó, hasta quedar al aire su tremenda polla y  usando los testículos como freno o tope para que no volviera su slip a la cintura.
 Es difícil describir lo que encontré entre mis manos entonces... Su descomunal polla (todavía flácida) estaba en mi mano. Como muerta, apoyando su peso sobre el vientre del muchacho, hacia arriba, dejaba ver sus hermosos testículos, hinchados y nada peludos todavía, que se apoyaban sobre la goma del slip que los subía apretándolos y haciéndolos más voluminosos todavía. Luis tenía una pequeña porción de vello, solo allí donde su hermosa polla nacía. Aquella mancha negra, inesperada sobre su cuerpo de niño le hacía especialmente atractivo...  Su picha era hermosa.  El glande le asomaba todavía tímidamente por el extremo del prepucio. Tomé su polla en mi mano y no era capaz de llegar a tocar mis dedos corazón y pulgar alrededor de su perímetro. Empecé descapullando aquella cabeza enorme... y salió  como una gran bola, toda fuera. Tenía un capullo muy bien hecho y gordísimo. Su meato era amplio y la piel de su prepucio se retraía hasta la base sin dificultad.
 A Luis se le empezó a poner dura poco a poco. Ya era difícil esconder su glande dentro del prepucio. A medida que aquel pichote se le ponía tieso, el capullo se le salía cada vez y llegó un momento en que aquel tremendo cipote quedó como un palo enorme pegado a su vientre. No exagero si digo que su polla pasaba de los dieciocho centímetros de largo. Le sobrepasaba con bastante margen la altura del ombligo y estaba tan dura que apenas se podía separar de su vientre.  ¿Cómo era posible aquella pirola en un chaval de sólo 16 años?  El rabo de Luis era tan grande que pensé que el dia que aquel muchachito intentara penetrar a alguien, éste podría pasarlo muy mal. Desde luego no sería yo el que me dejara penetrar por aquella descomunal morcilla.

Luis,  ya empalmado como un burro, se dejaba magrear sin decir ni una sola palabra. Con los ojos cerrados, se entregaba a mis caricias sin rechistar, pero tambien sin participar en nada. Mus seguía en el suelo, haciendo que dormía, para no interrumpirnos... y yo, empalmado, a punto de eyacular de gusto, estaba deseando abandonarme al placer con aquel chaval.
 Comencé besándole y al mismo tiempo se la meneaba para excitarlo más. Luis, entonces, se deshizo de la camiseta y quedó solo con los vaqueros sobre sus muslos.  Aquella era la señal de que iba a correrse y no quería manchar su ropa... y al mismo tiempo me indicaba con aquel gesto que su semen salía a presión y que se iba a correr directamente sobre su pecho.
 Entonces dejé un momento su polla y abrí mi bragueta y saque afuera mi polla empalmada (mi brazo izquierdo seguía rodeando su cuello) y, a continuación, tomé su mano derecha que descansaba en el sofá entre los dos y la coloqué sobre mi polla, despues volví con mi mano a la suya y le seguí masturbando. Mi mano, cada vez que llegaba a la base de su rabo, tocaba sus prietos cojones que se hinchaban como globos, como a punto de estallar.
 Luis comenzó a acariciarme la polla, despacio, pero aún poco decidido. Parecía sólo que estaba dispuesto a acariciármela. Yo, sin embargo sentía que me correría igual.
 Seguí meneándosela hasta que me dí cuenta que se excitaba y su polla se ponía como una barra de hierro.
 La enderecé hacia arriba (la tenía acostada sobre su vientre) y aumenté la velocidad...
 Entonces fue la repera. Noté como llegaban los espasmos de su eyaculación. Luis apretó fuertemente mi cipote como avisándome y aceleró su mano. Antes de que su semen saliera al exterior yo lo notaba subir a borbotones por dentro de aquella gran chimenea... sabía que aquello iba a ser glorioso. Entonces el muchachito comenzò a correrse. Pude ver como su semen, blanco y espeso, saltaba hasta su torso desnudo, las gruesas gotas caían sobre su vientre y los espesos chorros de leche que salían a borbotones, saltando de su polla, resbalando por mi mano hasta depositarse en los pelos del pubis de aquel adolescente. Nunca ví tal cantidad de semen salir de una polla . Aquello parecía no terminarse nunca. Luis expulsaba la misma cantidad de semen en una paja, que yo en diez o doce...  En cantidad solo era comparable a Roberto, El hermano de Fito, que con solo 14 años parecía un caballo eyaculando.
 Cuando Luis terminó de correrse, se la seguí acariciándo,  ahora su picha estaba toda mojada y resbaladiza.  Recuperé parte de su semen y me lo puse sobre mi glande, para suavizarlo. Acerque su cara a la mia y le bese en la boca; su lengua, entonces, comenzó a corretear dentro de mi. Sentí que me iba a correr inmediatamente. Luis, entonces comenzó a masturbarme con viveza y comencé a correrme sobre su mano. Mi corrida saltó y alcanzó su vientre... y se mezcló con la suya sobre su cuerpo. Esta fué sólo la primera vez que estuve con Luis... 


 Recuerdo que, en el viaje de vuelta, noté como si pareciera triste. Casi no me habló en todo el viaje. Dejamos a Mus cerca de su casa y seguimos Luis y yo el viaje hasta llegar a su barrio. Pense que aquel sería el ultimo dia que lo veía... pero al llegar a su casa le sonreí . Le dije: 


 -Pareces triste..., ¿es que no lo pasaste bien?
 - Si, claro - contestó - Venía triste porque pienso que no me vendreis a buscar  nunca más...
 -¿Porqué dices eso, Luis?
 -Porque  creo que no te lo hice bien yo a ti. Perdóname, pero es que estaba algo cortado... es la primera vez que lo hago con alguien...
 -!Luis!,  !Por favor!  -le dije- !Cómo puedes pensar eso! . Lo he pasado como nunca y espero que no sea la última vez... si tu quieres, claro.
 -Vale. Entonces dame tu número de teléfono para llamarte. 


 Luis anotó mi número de teléfono y, desde aquel día me llamaba cada vez que le apetecía estar conmigo. Volvimos muchas veces a mi apartamento. Fuimos juntos a mil sitios, nos reímos juntos, nos besábamos cuando nadie nos veía y yo le hacía fotos. Salimos juntos muchos meses y tanto Luis como yo disfrutamos cada día y cada sensación. Compartíamos muchas más cosas que el sexo y estábamos deseando vernos el uno al otro. Un día de fin de año hicimos el amor toda la noche y regresamos a la ciudad al día siguiente, a mediodía. Recuerdo su frase aquella noche, antes de irnos a la cama, cuando estábamos aparcados en el garaje del apartamento, me dijo: "Hace dos horas que estoy empalmado pensando lo bien que lo vamos a pasar esta noche". Puse mi mano sobre su pantalón y su enorme polla estaba dura como una barra de hierro. Allí mismo, para bajar su calor, me pidió que lo masturbara. 


 Luis se tuvo que ir de la ciudad porque su familia fijó residencia en el extranjero. Lloramos, fuertemente abrazados el uno al otro el día que nos despedimos. Pasaron más de diez años y un día nos encontramos frente a frente en unos grandes almacenes. Sonreímos, nos acercamos el uno al otro y nos abrazamos como si el tiempo se hubiera detenido en todos aquellos años. Un niño de apenas cuatro años, a su lado, nos veía asombrado.

-  Mi hijo -dijo Luis-
-  Es casi tan guapo como es su padre -respondí sonriéndole a los ojos-

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Septiembre 1983