Marcelo
Mi nombre es Erick Javier, tengo 28 años y soy mexicano, quiero compartirles la
manera de cómo mi fantasía sexual de toda la vida se volvió realidad! Soy
ingeniero en sistemas de una importante empresa nacional, desde la facultad
tengo un amigo muy varonil, su nombre es Marcelo, es de mi edad y cursamos
juntos los estudios muchos años, ya graduados también nos logramos colocar en la
misma empresa, de manera que viajamos juntos en innumerables ocasiones, nos
hospedamos en el mismo hotel y es así como sucedió lo que les voy a contar.
Marcelo es un varón hermoso, heterosexual 100%, alto, delgado, musculoso pero
sin exagerar, hábitos masculinos como ninguno, todo él velludo, siempre bien
vestido, bien afeitado y un aroma inigualable, atractivo y natural. Su hermosa
presencia siempre le ha favorecido con las chicas, nunca falta mujer en su cama,
es un macho haciéndoles el amor, yo he podido espiarlo varias veces y he sido
testigo de cómo las hace gritar de placer. Él siempre sostiene una plática
masculina a la que yo me he adaptado fácilmente, habla sobre sus chicas, de
cosas hombres, además es bastante gracioso y siempre hace reír a todo el mundo.
Su problema, la cerveza! Siempre que toma alcohol bastan tres o cuatro cheves
para ponerse caliente y se duerme como un roble.
Una de las muchas veces al final de la jornada semanal, me decía:
- Oye Javito -así me llama de cariño- es tiempo de unas buenas cervezas, ¿no lo
crees?
Entonces comprábamos una buena dotación y tomábamos en el cuarto del hotel,
escuchando música y hablando de cosas de hombres, él siempre es el rey de la
conversación.
Un día ya tomado en la habitación del hotel, comenzó a decir que andaba
caliente, y que tenía ganas de follarse a una chavita (ya que le gustaban casi
niñas), luego de hacer varias llamadas fallidas comenzó a emborracharse, se
acabó la cerveza y comenzamos a mezclar tequila, yo siempre he sido muy bueno
tomando así que lo emborraché hasta el tope. Ya bastante ebrio comenzó a llorar,
platicaba con su gruesa voz de cómo extrañaba a una de sus novias y lloraba como
un crío, luego se acercó a mí, nos abrazamos, yo podía confortar su fuerte
cuerpo sobre mi delicado pecho, acariciar su cabeza y suavemente limpiar sus
lágrimas con el dorso de mi mano (al fin y al cabo éramos muy amigos y nos
teníamos mucho cariño), podía sentir ese hermoso cuerpo junto al mío,
debilitado, tembloroso y con suaroma varonil inconfundible.
Luego de hablar y llorar mucho, se quedó dormido en mi regazo, ¡era mi
oportunidad! Lo llevé a su cama y fue muy fácil desvestirlo, sacar su camisa de
su pantalón ajustado y descubrir ese maravilloso pecho, fuerte, poblado de una
bien delineada selva de vello oscuro y rizado que contrastaba con su piel más
clara, una perfecta línea de pelo bajaba de su ombligo hasta su pubis, que
asomaba pelos largos y quebrados por arriba del elástico de su ropa interior.
Acariciaba suavemente todo su pecho, bajé a observar de cerca su bulto, me armé
de valor y desabotoné su pantalón, bajé su cremallera y contemplaba una hermosa
polla que se dibujaba por debajo de la tela de algodón de su trusa blanca.
Percibía su aroma y estaba húmeda, de tantas veces que se había parado a orinar
mientras tomaba sus cervezas.
Él estaba ahí, tendido sobre su cama, semidesnudo, frágil y vulnerable, y
completamente dormido debido a la gran carga de alcohol de su sangre. Me decidí
a retirar sus zapatos, pies hermosos, grandes, bien formados y sin ningún aroma
en particular. A uno de sus pies al borde de la cama fue al que acerqué mi bulto
ya bastante erecto y repasaba mi pene por sus dedos. Él mientras tanto, sin
emitir ninguna señal de movimiento. Bajé lentamente su pantalón y por fin lo
tenía allí, frente a mí, sólo en calzones, respirando profundamente y comenzó a
roncar, emitía un ronquido suave, rítmico y agradable, acerqué mi nariz para
recibir su aliento en mi cara, contemplar sus bellas facciones, su nariz
perfecta, sus labios carnosos y su siempre bien peinado pelo, me recosté a su
lado y así pasamos un buen rato (para mi desgracia, fue demasiado tiempo),
mientras le recorría con mis dedos todo su cuerpo.
Al cabo de unos minutos más no resistí más, mi excitación era mucha y la belleza
de hombre a mi lado era muy tentadora. Quité suavemente su trusa y pude ver el
riel más hermoso y perfecto que jamás había visto, era grande y grueso, aún
relajado, sus huevos colgaban por su gran peso entre sus muslos, su prepucio
dejaba ver parte de su cabeza regordeta y húmeda, le separé sus piernas para
corroborar su estado de inconciencia y proseguí a mamarle toda su virilidad,
metía toda su verga en mi boca con dificultad, jugueteaba con mi lengua en sus
huevos y disfrutaba del delicioso sabor del sudor de su entreculo en mi boca.
Su tamaño aumentaba y palpitaba junto con su pulso, todo era perfecto, mi
fantasía de estar con mi mejor amigo y compañero de estudios y trabajo se había
cumplido. Él siempre me había tratado con mucho cariño, todos lo sabían, me
quería como a su hermanito (a pesar de que éramos de la misma edad).
En un segundo, todo cambió, lo hermoso de aquél momento duró hasta que noté que
una de sus manos me tomaba del cuello con fuerza, se incorporó y me dijo con voz
ruda:
- Pinche maricón, ¿qué me estás haciendo?
Yo sólo enmudecí, su cuerpo fuerte estaba ya incorporado al lado de la cama y
comenzó a darme de puños en la cara, con grande ira y rudeza, diciéndome:
- Te vas a arrepentir, cabrón!.
Intenté defenderme pero él siempre había sido más fuerte que yo, mi cuerpo era
más pequeño, delicado, rubio y lampiño, y era como si un pequeño gatito
estuviera siendo dominado por un león. Al fin me solté y corrí al baño, a la vez
que gritaba:
- Perdóname, por favor no me lastimes.
Él corrió atrás de mí y me alcanzó con sus brazos que rápidamente rodearon mi
cuerpo, él seguía desnudo y yo sólo en unos bonitos boxers azules con vivos
rojos. Mi cuerpo también era bello, aunque era una belleza diferente, delicada y
sexy. Me tenía dominado y me tumbó al piso sin soltarme de su fuerte abrazo
inmovilizador. Me seguía golpeando con rabia, respirábamos agitados y yo
lloraba, rogándole:
- Perdóname Marcelo, no me lastimes.
Él en cambio parecía violentarse más con mis palabras, y me dijo:
- Encuérate wey, te voy a matar!
Entonces me rodeó el cuello con uno de sus fuertes brazos y casi me ahoga. Ya
estando yo muy debilitado y cansado de luchar, me tendío sobre la cama sin
soltar mi cuello y me arrancó el boxer de un sólo jalón, diciéndome:
- Encuérate maricón, puto de mierda!
Sentí entonces un dolor terrible en mi culo, me había metido dos de sus dedos en
mi ano y lo jalaba con fuerza. Yo lloraba de dolor, mientras él me hablaba con
voz lujuriosa al oído:
- Cállate wey, no grites pendejo, ahora te aguantas cabrón; eso es por andar
jugando al marica conmigo, ahora recibe las consecuencias.
Él estaba transformado, ya no era el hombre gracioso que siempre me hablaba con
cariño, ahora se había convertido en mi verdugo, me hablaba ofensivo, me hacía
daño. Con su otra mano pellizcaba mi espalda, mis nalgas, apretaba mis dulces
huevos y la blanca piel de mi delgado cuerpo comenzaba a inflamarse. Yo le
suplicaba que me soltara, pero él se ponía más violento y cada vez que intentaba
levantarme me golpeaba fuerte con su puño en mis costillas y jalaba mi cabeza de
mis cabellos nuevamente hacia la cama:
- No te muevas putito, eso querías ¿no?
Así, con mi frágil cuerpo sobre la cama, tendido boca abajo, lastimado, con el
culo desgarrado y mis labios ya hinchados de los golpes iniciales, me dijo:
- Separa las piernas cabrón, ahora sí te voy a matar! Empínate!
Entonces pasó su brazo por delante de mi cadera y levantó mis suaves y redondas
nalgas hacía él, me folló con fuerza, todo su volumétrico miembro estaba
apuñalando mi culo, terminó muy rápido en mi interior, pero a mí se me hizo
eterno, me quedé llorando sobre la cama y diciéndole con ruegos que me
perdonara, entonces ya desahogada su rabia dentro de mi ano, y pasada su
excitación, me decía:
- No llores papito, tú tuviste la culpa rey, eso querías ¿no? Mariconcito!
Entonces me abrazó largamente, pero ahora con suavidad, y sobaba cariñosamente
mi lastimado cuerpo.
Nuestra relación duró un par me meses más, siempre me golpeaba antes de hacer el
amor, pero un día decidí dejarlo, la verdad es que aún lo amo.
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