Nuevo capítulo de "Mi Hermana María"


 

Un sábado por la mañana estaba sólo en casa, cuando sonó el timbre de la puerta.
Abrí y me dijo que era el albañil que venía a arreglar la entrada al garaje.  Era un chico
joven, con camiseta de tirantes y unos vaqueros Levis grises cortados muy cortos.
Por los sobacos se le veían los pelos negrazos que tanto me excitan.  Estaba muy
moreno del sol de verano.  Al principio no le hice mucho caso.   Pero, después bajé
a ver lo que hacía.  Estaba inclinado, casi de cuclillas, ya sin la camiseta.  Tenía un
pecho perfecto, se notaba que hacía deporte, unas tetillas para mordérselas, casi
sin pelo, unos brazos atléticos, unas manos grandes, unos ojillos pequeños y
vivarachos y el pelo muy cortito.   Por la parte de atrás se le empezaba a ver la raja
del culo.  Me dí cuenta que no llevaba calzoncillos.  Me bajé para ver lo que estaba
haciendo en el suelo y comenzamos a charlar.  

Me dijo que se llamaba Paco.  Tenía veintitrés años.  Era cordobés pero se vino a
hacer la mili aquí.  Se había licenciado hacía poco y me fue contando sus hazañas
de paracaidista.  Le dije que un amigo mío de Barcelona venía a ligar a esta base
aérea.  Que había mucho tío...  No se extrañó y me miró sonriendo.  Le tiré los tejos
diciéndole que con ese cuerpo ligaría a muchas tías..., que esa noche dónde se
iba de marcha..., que quien tuviera sus años y su cuerpo..., que si se ponía uno o
dos pendientes, puesto que me fijé tenía los agujeros hechos en las orejas.  Tenía
el labio inferior muy rojillo, señal inequívoca de que se había hecho una buena paja
hacía poco.  Me quedé asombrado cuando le ví, por un camal del pantalón que se
le asomaba toda la punta de su polla.  La tenía con el prepucio cubierto, aunque
medio dura.  Estaba muy cerca de su cara y me lo estaba comiendo con el deseo.
 ¡Qué cuerpazo tenía...!  ¡Qué polvazo estaba imaginando!  Me estaba calentando
y deseándolo cada vez más.  Empezó a mirarme también, con esa mirada que yo
adivino llena de morbo y con esa sonrisilla de pícaro.


Como era ya mediodía le pregunté si tenía sed.  Me dijo que sí.  Le dije que dependía
de si el cuerpo le pedía marcha para beber agua o cerveza.  Me pidió cerveza y nos
abrimos un par de latas.  No dejaba de mirarle el paquete y me imaginaba toda su
polla dura en mi boca, en mi culo, acariciándole el pecho, mordiéndole las tetillas y
besándole locamente en la boca, mientras nuestras manos  -por cierto, las suyas
muy bonitas, grandes y delgadas-  estarían acariciando nuestros cuerpos...

-Tienes cara de haber empezado muy pronto la marcha.  ¿A qué años empezaste?,
le pregunté.

-Pues mira, Pablo  -puesto que ya le había dicho mi nombre-.  En la huerta se
empieza sin darte cuenta.  De una manera muy natural.  Ves a los animales que
se juntan y no te extraña nada.  Tenía quince años.  Era en verano, un día de mucho
calor.  Yo estaba muy excitado, pues ese día todavía no me había masturbado.
Y una hermanastra mía, de dieciséis años, estaba inclinada con la falda muy corta.
Le veía los muslos y ya me había hecho unas cuantas pajas pensando en ella.  Iba
sin sujetador y por la camiseta grande y abierta le veía los dos pechos redondos y
perfectos.  Tenía los pezones muy gordos. Me acerqué por detrás y le pregunté:

-¿Ya tienes novio, Pilar?.  El otro día te ví con Juan, debajo de la higuera.

Ella se levantó y volviéndose, acercó su cara a la mía y muy morbosamente,
sonriendo me contestó:



-No seas tonto. Sabes que no.  ¿Por qué me lo preguntas Paco?.

Por esto, le dije. Y, sin más, le levante la pequeña falda y al ver que no llevaba nada
debajo, comencé a besarla mientras una mano se me iba a su chocho y con la otra
le apretaba las tetas.  Nos besamos con fuerza, con todas las ganas que durante
tanto tiempo nos habíamos reprimido, mientras sus manos se metían en mi pantalón
y me cogía toda mi polla que estaba ya bien dura y gorda. Nos tumbamos encima de
unos romeros  -¡siempre me acordaré de ese olor!-. La sensación que sentí al tocarle
los pelos todos rizados de su coño fue cojonuda, tío.  Poco a poco, bajé mordiéndole
las tetas, mientras ella se habría de piernas y me decía:
 

-Paco, ¡Estaba loca por ti!.  ¡Qué ganas tenía de esto!.  ¡Cuántas veces me he
acariciado toda pensando en tus manos, en tu boca, en esta polla que veía cuando
meabas ahí fuera!.   ¡Sigue asiiiii... ahhhhh... sigueeee... qué gusto me estás dando...!
 Y, sin darnos cuenta estábamos en un sesenta y nueve.  Yo comiéndole todo el
chochazo, tan fino y del que le salía un jugo agridulce que me lo chupaba y ella,
metiéndose toda mi polla en su boca...  Me corrí enseguida.  Y, ella me dijo:
 

-¡Qué rica es tu leche!  Me la estoy tragando... Hummm que buena estáááá...!
¡Méteme la polla en mi chocho, hermano! ¡Métemela ya! ¡Fóllame, que no sé lo
que es eso!
 

Y así, sin darnos apenas cuenta, fue como comenzamos a follar juntos. ¡Qué
sensación sentí al irle metiendo toda esta polla dentro de ella!  ¡Ella se movía
hacia arriba y hacia abajo y me producía un gustazo de puta madre!.  No tardé en
volverme a correr dentro de ella, mientras gritaba de gusto y se corría, sintiendo yo
algo que me quemaba en toda la polla.
 

-¡Cuántas ganas tenía de hacer esto contigo, Paco!, me dijo ya más tranquila,
mientras nos besábamos despacio, muy despacio.
 

Después, también lo hice con mi otra hermanastra de dieciocho años.  Una noche,
me acerqué a su colchón y me metí desnudo con ella.  Ella también estaba en bolas
y sin decir nada, me apretó contra ella, se abrió de piernas y me las pasó por detrás
de la espalda. Me apretó hacía ella y cogiéndome la polla se la metió, poco a poco,
en su chochazo, que era más gordo y abultado que el de Pilar, su hermana más joven,
mientras yo le mordía el cuello, las orejas, le apretaba los pezones y le cogía con las
dos manos sus muslazos y me los acercaba con fuerza hacía mi...  ¡Qué corrida tío!
 
 
 
 

Después ya nos acostamos los tres juntos, todos los días.  Aprendí a follar por
delante..., a metérsela en el culo a las dos..., a que me la mamaran...,  a saborear
mi leche que les chupaba de cada uno de sus chochos y de sus bocas... y ellas
aprendieron a besarse entre ellas a meterse sus lenguas en sus culos y en el mío...
Me excitaba mucho verlas besarse apasionadamente, mientras se retorcían de
gusto metiéndose sus dedos en sus chochazos abiertos y yo me los follaba
también...  pero, poco a poco, me fue gustando más el follarlas por el culo.
Y así empecé, Pablo.
 

-Yo también me acuesto con mi hermana.-  le comenté.  Se llama María y está
buenísima.  Dentro de un rato va a venir.
 

La polla se me había puesto dura y larga y no dejaba de mirar a la de Paco que
estaba igual que la mía...  Estábamos sentados muy cerca el uno del otro y nos
mirábamos con deseo...  De vez en cuando se tocaba con la mano su polla, sin
prisa y como acariciándosela...  Me ponía a cien y él lo notaba y se sonreía.
 

Sin decir nada, se me acercó y comenzó a acariciarme la nuca, el cuello, una oreja,
después otra...  Su cara estaba a cinco centímetros de la mía y ya sólo veía sus
labios rojos y abultados...  ¡Deseaba besarlos, pero me daba miedo!  ¿Entendería
también de tíos...? Él adivinó mi pensamiento y acercando sus labios, me besó.
Primero suavemente, muy despacio y después abrió su boca y me pasó su lengua
por mis labios, hasta que yo también abrí la mía y comenzamos a besarnos
apasionadamente...  Mientras, nuestras manos ya habían comenzado a buscar la
polla del otro...
 

-¿Es que te gustan los tíos?, le susurrré al oido.
 

-¡Calla tonto!, me dijo.  Nada más llegar ¡Me has gustado tanto!.  ¡Tienes un cuerpo
tan bonito!  Cuando me has dejado sólo, al principio, ¡me he meneado la polla por ti
y me he hecho una buena paja!.  No te he contado que, también tenía un hermano,
que me enseñó a disfrutar del cuerpo, de la vida y con las hermanastras follábamos
los cuatro, mientras nuestro padre, con su polla bien gorda,  se corría en la boca de
cada uno y nos enseñaba a meter las nuestras en todos los culos...!
 

Nos quedamos en bolas.  Bajé la boca hasta meterme todo su pene en mi boca.
¡Me lo comía con ganas...!  ¡Le chupé las gotitas primeras y estaban más dulces y
pegajosas que las mías...!  ¡Qué cuerpo tenía Paco, joder!  ¡Qué gusto me estaba
dando! Él me acariciaba la cabeza con sus manos y me apretaba la cara contra él,
sacándomela y metiéndomela de su polla.
 

Le dije que se pusiera a cuatro patas.  ¡Me excita tanto! Y, comencé a mamarle la
polla, los cojones  -que por cierto:  ¡los tenía, como yo, afeitados y muy grandes y
finos!- y finalmente le chupé el culo.  Le abrí bien la raja con los dedos y se la fui
ensalivando bien, metiéndole primero uno y después dos...  Paco jadeaba de
gusto:
 

-¡Siguee... asíííí... Tío... sigueee..., que gustoooooo....! me decía.  ¡Fóllame el culo
que después te la meteré a ti! ¡Jódeme y méteme toda tu pollaza dentro!.
 

Y, así es como comenzamos una nueva amistad.  Cuando había que arreglar la casa,
siempre le llamábamos a él, claro.  Y, poco a poco, se fue haciendo amigo nuestro,
hasta que conseguimos que también se follase a María, mientras yo le daba por el
culo.  Y ¡qué culo!...
 
 
 
 

* * *