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el 12 de Enero del 2000
Muchos días, mi hermana María y yo, íbamos al cine. Recuerdo aquella tarde de este verano cuando entramos a ver una película porno. Nunca habíamos estado en un cine X. Como siempre, nos pusimos en la última fila. Cuando llegamos, la película ya había empezado. No recuerdo el tema muy bien pero, lo primeros planos de una polla enorme que se follaba un gran coño hizo que me excitase bastante. Como era verano sólo llevaba unas bermudas cortas y, como siempre, iba sin slip. Miré de reojo a mi hermana María y me sonrió. Inclinó su cabeza sobre mi hombro y comenzó a besarme. Noté que una mano suya me acariciaba una pierna y la subía hacia arriba hasta tocarme mi polla que estaba ya bien dura y se salía por un lado de las bermudas... Volví la cara y abriendo los labios le metí mi lengua en toda su boca carnosa y de labios gruesos que tanto me excitaba. Mis manos comenzaron a acariciarle, por debajo de su camiseta, sus tetas duras y redondas... y esos pezones que ya me eran tan familiares... -¡Y tan familiares...!-. Mientras tanto, ella se había abierto de piernas y como sólo llevaba una minifalda muy corta y, como siempre va sin bragas, le pude acariciar los carnosos labios de su chocho, ya bien abierto y humedecido, con mis tres dedos largos, mientras le metía el dedo del centro dentro, muy dentro de ella, como siempre hacía, despacio y muy lentamente, hasta que le hacía estremecerse de gusto y yo sentía la misma sensación que la primera vez. ¡Me gustaba tanto masturbarle ese coño abierto de María! Y, cuándo le empezaba a segregar su jugo pegajoso, y ella ya se ponía como loca, me gustaba chuparme los dedos para saborear la leche de mi hermana...! ¡Era un placer diario del que nunca nos cansábamos...! A veces, ella me ayudaba y se frotaba, también, rabiosamente con sus manos, mientras su clítoris crecía y se le agrandaba hasta que se estremecía de gusto...¡
-¡Cada día te quiero más María!, le dije, como tantas veces. ¿Por qué nos gusta tanto follar?
-¡Sigue Pablo, amor mío, sigue así como cada día, despacio, muy despacio...!, me respondió, mientras me desabrochaba el cinturón y me bajaba las bermudas hasta quedarme en bolas.
Detrás de la última fila había un pasillo y no nos habíamos dado cuenta que teníamos detrás, de pie, a dos tíos con el pene fuera de su bragueta y muy cerca de nuestras caras. ¡Se la estaban meneando mientras nos miraban...! Eran dos pollazas bien grandes que descubrí al mirar a María. Sin pensarlo dos veces me metí una en la boca, lamiendo las primeras gotitas brillantes que le salían por la punta bien gorda del capullo. ¡Qué ricas estaban! ¡Eran más dulces que las mías!. Mi hermana, que se dio cuenta enseguida, se giró también y se metió la otra polla en su boca... ¡Me daba mucho morbo no saber a quien le estaba haciendo una buena mamada!. Sin decir nada, los dos saltaron la fila de butacas y se pusieron a nuestro lado, uno al lado de María y el otro a mi lado. Le miré y, con tan poca luz, pude ver a un chico joven que se había quitado la camiseta y el bañador que llevaba. Estaba sudando y olía a macho limpio. Acercó su cara a la mía y, al sentir su aliento, entreabrí mi boca deseándole... Me empezó a besar, primero con los labios juntos, hasta que los fue abriendo y sentí unos labios finos, unos dientes grandes y una lengua grande ensalivada, mientras nuestras manos buscaban afanosamente el cuerpo de cada uno... ¡Era guapo y estaba muy bueno...! Me parecía conocerlo de algo. Tenía el pelo muy corto y parecía que estuviera haciendo la mili. El pecho lo tenía de gimnasio, muy bien proporcionado y fino y las tetillas estaban durísimas. ¡Parecía un compañero de natación!
-¡Qué bueno estás, tío...!, le dije, mientras él comenzó a pasarme su lengua caliente por mi capullo y recorriendo todas mis venas, muy lentamente, se metía todo mi pene en su boca. ¡Qué bien me la estaba chupando...! Y, sin decir nada, siguió poniéndome saliva en toda mi polla, para bajar a mis huevazos que estaban ya bien duros también. Se agachó delante de mí y subiéndome las piernas me fue metiendo su lengua ensalivada y caliente por el hojete de mi culo. ¡Las cosquillas que sentí me daban mucho gusto! ¡Cuánto me gustaba sentir una lengua caliente dentro de mi trasero...!
Miré hacia María y también estaba con las piernas hacia arriba mientras el otro le estaba chupando el conejo a mi hermana. ¡Yo se lo había dejado a punto... y calentito!. Nos volvimos a mirar y sonreímos... Se había quitado la camiseta y le volví a manosear los pezones de sus pechos duros, que tanto le gustaba se los tocase.... Ella comenzó a morderme en el cuello, en la boca metiéndome su lengua entre mis dientes...
-¡Qué gusto, Pablo, qué gustazo...! ¡Ah... Ah... Ahhhh...! ¡Uffff... Uffff...! Qué tío más bueno este cabrón que me está mamando el coño...! ¡Me estoy corriendo en su boca...!, me decía mientras sus ojos estaban en blanco y movía la cabeza como si hubiera bebido... Con sus manos me cogía y me apretaba más hacia sus labios hambrientos de placer...
¡Cuánto habíamos gozado desde que nos decidimos a follar, aquella noche del 18 cumpleaños de María! ¡Habíamos descubierto tantas cosas juntos...! ¡Sabíamos que para el amor no hay fronteras! ¡Que se puede querer y sentir cariño con cualquier persona sin límites de parentesco, ni de edad, ni de sexo, ni de nada! ¡Que hay que amar y sentir el amor muy libremente! Y, así, estábamos disfrutando esa tarde del verano pasado en el cine, sin traumas, sin complejos, sin condicionamientos... ¡Eramos libres en nuestro afecto, en nuestra demostración de cariño, en disfrutar de nuestros cuerpos! ¡Sentíamos la felicidad cada vez que estábamos juntos, cada vez que dejábamos que nuestros cuerpos disfrutasen con los otros cuerpos de nuestros amigos! ¡Eramos tan sinceros! ¡Nos queríamos tanto!.
No me había dado casi cuenta, pero el tío que me estaba chupando el culo se había levantado un poco y estaba intentando meter su enorme polla para follarme bien. ¡Me estaba dando tanto gusto que le dejé hacer, porque cada día me gustaba más que me metieran un buen rabo en mi ojete!. Comenzó a besarme y sentí, de nuevo, su lengua con la mía, mientras me estremecía al sentir que su pene estaba entrando todo dentro de mí... ¡Se notaba que tenía experiencia...! ¡No me hacía daño y me estaba dando un gustazo...! Empezó a bombear hacia delante y hacia atrás, mientras una de sus manos me estaba masturbando mi pene de 21 centímetros... Comencé a acariciar su cuerpo que era fuerte y musculoso. Cogí su culo con las dos manos -como hago cada día con el culo de María...- y me lo atraje hacia mi... Rozar su piel me estremeció, de nuevo. Tenía algo especial que me hacia disfrutar. Le acaricié su esfínter y le fui metiendo primero un dedo, después dos...
-¡Qué pollaza tienes Pablo...!, me dijo el desconocido.
-¿Es que me conoces?, le pregunté.
-¡Claro que sí!. ¡Sois Pablo y María los campeones de natación del Club! ¡Mucha veces te he deseado y me la he meneado al ver tu cuerpazo! ¡Qué bueno estás, me decía, mientras me estaba dando por el culo de una manera maravillosa!. ¡Sigue metiéndome tus dedos dentro de mi...! ¡Qué gusto, Pablo...! Su polla entraba y salía dentro de mí, produciéndome un placer muy diferente que, no había sentido hasta entonces...
-¡Qué gusto me estás dando cabronazo...! le respondí. ¡Qué tiene tu polla que me estás matando...! ¡Ahhhh...! ¡Sigueee...! ¡Sigueee... asiii...! ¡Ufff...! ¿Cómo te llamas?, le pregunté.
-Me llamo Luis y, estaba en la fiesta de Montse. Me follé a María pero, me quedé con ganas de metértela a ti... ¿Sabes porqué te da tanto gusto...? ¡Porque me pongo pimienta en la punta del capullo!
-Ah, joder, ¡Qué truco...! ¡Sigueeee...! ¡Sigueeee...! ¡Luis... asíii...! ¡Qué gustazo cabrón, me estás dando...!
Miré hacia mi hermana y ¡estaba follándosela el otro también!. Volví a buscar su hermosa boca grande y carnosa y me la fui comiendo... ¡El sabor que cada día me producía un gusto especial y familiar...! Los dos jóvenes comenzaron a besarse entre ellos también, mientras de pie, estaban follándonos a nosotros que, estábamos, como podíamos, entre las butacas de la última fila y con las piernas hacia arriba...
No nos habíamos dado cuenta pero, en todo el cine, casi cada dos o tres filas ¡habían parejas y tríos que estaban haciendo lo mismo...! Nos lo habían comentado los amigos pero, nunca habíamos estado y no lo habíamos visto. De la manera más natural, la gente estaba jodiendo y dando rienda suelta a sus instintos básicos... ¡Unos amándose... otros masturbándose... y muchos corriéndose de gusto sin preguntarse nada más..., haciendo lo más natural del mundo!
Sentí un calor exagerado cuando
Luis comenzó a correrse dentro de mi culo. ¡Qué
gustazo me estaba dando...! No pude más y comencé a
correrme... Los chorrazos de mi leche subieron hasta nuestras caras
-la mía y la de María- y comenzamos a lamer... Caliente,
pegajosa y agridulce... ¡Como siempre, qué rica estaba
mi leche...! Me
excitaba mucho, pensando en lo bonito
que es el sexo y lo bien que lo estábamos viviendo. ¡Lástima
que la mayoría no disfruten así y lo consideren malo!.
¡No saben lo que se pierden con su mentalidad arcáica y sin
desarrollar!
Terminamos agotados, María, Luis, Carlos -que así se llamaba el otro- y yo. Fue el inicio de una nueva amistad de la que disfrutamos, de vez en cuando, y cada día mejor...
Aquella noche, cuando María vino
a mi cuarto, se metió dentro de mi cama, desnuda como siempre, y
me recordó que la follada con Carlos, en el cine la había
excitado mucho... Sin pensarlo demasiado, le cogí su culo
duro y redondo y me lo atraje hacia mi... le abrí, también
como siempre, su chochazo con mis dedos y después de ponerla a cien...
le metí todo mi pene de una sola vez para que sintiera lo que es
la polla de su querido hermano... Mientras tanto, como locos, nos
estábamos comiendo a besos y mordiscos, hasta que nos corrimos una
vez más juntos... y ya agotados, comenzamos a dormir.
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Había en el equipo de natación un chico mulato que se llamaba Charles. Tenía, como nosotros 21 años. Y, la verdad, nos excitaba a todos porque ¡tenía un cuerpazo...! Cuando nos duchábamos, parecía que su pene no estaba del todo mal..., aunque nunca se lo habíamos visto tieso y largo... María insistía en que se viniera con nosotros a casa, el fin de semana, a la casa de la playa. Casi siempre estábamos solos y allí era donde organizábamos nuestras juergas. Recuerdo que lo convencimos el puente de San José. Se vino con Joan, ya medio noviete de María, el de la polla más larga de todos nosotros.
Después de cenar, nos pusimos cómodos
delante de la chimenea. Cada uno con el bañador y nada más,
pues con el fuego hacía más bien calor. sin nada más
debajo, pues lo habíamos acordado previamente: ¡Tenía
que ser una noche de sexo...¡ Y, Charles había dicho que de
acuerdo. El calor del fuego, nos empezó a calentar.
María estaba abrazada con Joan y sin hacernos mucho caso se estaban
metiendo mano... Se había levantado la minifalda y, como siempre,
no llevaba bragas. Me gustaba mucho ver a mi hermana María abrazada
con otros y con otras. Me excitaba al verle su chocho abierto, cuando
le metían la lengua y también cómo ella se metía
en su boca las pollas de mis amigos. Comenzamos a hablar de nuestras experiencias
sexuales y Charles parecía que le gustaba el tema, pues se iba tocando
sus partes, de vez en cuando... Adiviné que se estaba poniendo
cachondo, como todos nosotros...
Y, solté la pregunta que tanto
me gusta hacer:
-Charles, cuándo te masturbarte por primera vez?
-¡Ja...ja...! dijo sonriendo, mientras nos enseñaba sus dientes blancos y perfectos. Pablo, lo cuento pero después tendrás que contar cómo te gusta más masturbarte, vale?
-Pues, mira, comenzó Charles. Recuerdo que era muy pequeño y, como siempre, me acostaba desnudo. Me gustaba acariciarme la piel tan fina que tenemos -dijo, mientras me cogía una mano y me hacía que le tocase su piel: ¡Era cierto, tenía una piel muy fina!- Siempre me dormía con una mano acariciando mis huevos y mi pequeña polla y con la otra me tocaba, el culo que me daba mucho gusto... Me gustaba mucho pasarme a la cama de mi hermano Mikel y dormirme junto a él, con el calor que sentía de su cuerpo... Una noche, me desperté porque se movía mucho, estaba sudando y daba pequeños gritos:
-Ah... ahhh... que gusto...!, decía. Le pregunté qué le pasaba:
-Nada Charles, calla, ¡me estoy masturbando!
-Y, eso que és?, le pregunté.
-Cuando termine te lo cuento, ¿vale?
Y continuó retorciéndose. Debía de estar pasándoselo muy bien, pues se movía y decía que le daba mucho gusto... Cada vez se retorcía más, se movía y veía que movía la mano muy deprisa... Al final, se quedó quieto y me dijo que había terminado...
-¿Quieres que te enseñe?, me preguntó. Pero me tienes que jurar que es un secreto nuestro y no se lo vas a decir a nadie. ¿Vale?
-Vale, Mikel,le respondí.
Y, así, me enseñó a que me cogiera la polla, que ya la tenía dura y la moviera hacía arriba y hacia abajo, sin parar... Al rato, me empezó a dar un cosquilleo y empecé también a jadear:
-¡Ahhh...! ¡Uffff...! ¡Me está gustando hermano! ¡Qué gusto me está entrando...! ¿Es así...? ¡Ahhh...! ¡Me gusta muchoooooo...! ¡Ay que daño me hace la punta de la polla! Y sin darme cuenta ¡Comencé a eyacular por primera vez! ¡Salían gotas blancas, cada vez que me contraía con una sensación que nunca había sentido! ¡Eran calientes y pegajosas...! ¡A la vez me daban unos escalofríos por todo el cuerpo...! ¡Qué bien estaba...!
-Chaval, eres ya un hombre, tío!, me dijo Mikel.
Me seguí tocando y volví a sentir un gusto tan grande que, entonces caí en la cuenta que eso era masturbarse, como tantas veces había oído decir. Así, cada noche lo volví a repetir... ¡Ja...ja...ja...! Aunque como más gusto me da es masturbarme sin tocarme el pene... Ahora te toca a ti, Pablo: ¿Cómo te gusta más masturbarte?
-¿Sin tocártela...?, le pregunté todo intrigado. -Y, cómo lo haces...?.
-Bueno, ahora te toca a ti, Pablo, vale?
-La verdad, dije, es que tengo que hacerlo, para que lo entiendas, porque poca gente se lo cree. A mí me gusta mamármela yo mismo, dije.
El calor de la chimenea y el tema que estábamos
hablando nos estaba poniendo a cien. La polla se me había puesto
ya dura y larga. Sin decir nada mas, me desnudé encima
de la alfombra. Me tumbé hacía arriba y subí
las piernas, primero verticales y luego hacia atrás.
Y, la polla se me puso encima de la boca. Saqué la lengua
y comencé por darle lametones a mi capullo. Saboreé
las primeras gotitas que me salían. Lo fui ensalivando. ¡Cuánto
me gustaba comerme mi pollaza! ¡Cuánto me gustaba, en
esa posición, acariciarme mis muslos, mis tetillas con los
pezones duros, los huevos siempre tan finos y afeitados...! Y, abrirme
mi hojete y desear una buena polla que lo follase, dándome el gusto
que había descubierto desde que, en la fiesta de Montse, ¡Jordi
me había dado por culo por primera vez! No tuve que
decir nada. Joan se acercó y metiendo su cara encima
de mi culo comenzó a lamerme el ojete. ¡Qué nueva sensación!
-Me ha dicho tu hermana María que te gustó mucho esto, me susurró.
Charles, a su vez, se había también desnudado. Estaba de pie, delante de la chimenea y se estaba poniendo el aceite con vaselina que usamos los nadadores. ¡Cómo le iba brillando el cuerpo! Me excitaba la forma tan excitante como se lo iba poniendo, acariciándose lentamente, muy lentamente. Al llegar a su polla, esta le iba creciendo y creciendo. ¡Nunca se la habíamos visto tan larga! ¡Más larga que las nuestras! ¡Casi le llegaba a la rodilla!
Pero, esta vez, al ver a Charles en bolas,
¡se me puso mucho más dura y tiesa que otras veces!.
El se había puesto de pie, con las piernas medio abiertas. ¡Nunca
se la había visto dura y tiesa...! ¡Y todos creíamos
que era la polla de Joan la más larga!. Se iba moviendo
de un lado a otro y la pollaza le iba dando golpes en un muslo y después
en otro: ¡Qué sensación era ver cómo golpeaban
su pene y sus huevazos -que le colgaban tan grandes- contra
sus muslazos!. ¡Zas... zas...! ¡Qué ruido
hacía en cada pierna! ¡Era un ritmo, primero lento
y después más rápido...! María estaba
con su chocho bien abierto y Joan se lo estaba mamando, mientras con otra
mano se estaba masturbando su tambien enorme polla en la boca de María.
Los tres estábamos mirando el baile de Charles. ¡Yo
no dejaba de chuparme mi polla, mientras me imaginaba era el pene negrazo
que tenía delante bamboleándose...! ¡Qué
ganas
tenía de mamar esa polla...!
¡Nunca me había imaginado una tranca así de larga...!.
Dejé que Charles siguiera, porque estaba fuera de sí, y el ruido que hacía su polla en sus muslazos nos excitaba más a todos. ¡Zasssss.... zassss......!, seguía dándose golpes, agrandando más su polla, ya toda roja y descapullada.... A la vez, se acariciaba sus tetillas, sus brazos, su pelo, metiéndose y sacándose sus dedos provocativamente por sus labios... ¡Y, sin tocarse su pene para nada...!, como había dicho. Mi polla estaba a punto de eyacular toda mi leche en mi boca: ¡Cuánto me gustaba correrme y tragarme mi leche!. ¡Sólo estaba deseando que Charles, a la vez, me metiera esa tranca en mi culo! Pero, él seguía, cada vez más frenéticamente... hasta que vimos cómo gritaba y, a la vez, le salían los goterones de su leche blanca y llegaban hasta salpicarnos a todos... Yo lamí esos goterones densos y agridulces... y me los tragué, como me gusta siempre hacerlo...
-¡Por favor, Charles, le dije: Ven, ¡Fóllame el culo!. ¡Métemela hasta los huevos!
Y, acercándose, se abrió
de piernas encima de mí culo y comenzó a restregar su capullazo
por mi ojete. Alguna gotas que le quedaban de su corrida sirvieron
de lubricante en mi esfinter. Su mirada estaba perdida en el gustazo
que se acababa de provocar. Con una de sus manos se pellizcaba sus
tetillas, mientras lamía sus gruesos y sensuales labios con su lengua.
¡Qué gusto me estaba dando el cabronazo, mientras yo seguía
lamiéndome mi polla que estaba a punto de explotar!. Es una postura
que me excita mucho. Fue apretando su glande contra mi culo hasta
que comenzó a entrar, pues acababa de sacar mis dos dedos y cabía
toda su polla...
Si al principio estaba un poco blanda,
pues terminaba de correrse,
enseguida noté que se ponía,
de nuevo, dura.
-¡Aaahhh... que gusto...! decía loco de sí. Mientras él metía y sacaba toda su polla en mi culo. ¡Qué nueva sensación sentir una polla tan grande dentro de uno, mientras estás saboreando tu polla en la boca...!
No pude más. Me corrí dentro de mi boca... tragándome toda mi leche, una vez más, mientras notaba que Charles se estaba corriendo, otra vez, y me calentaba mis entrañas con su líquido pegajoso...
* * *