Mi más mágica experiencia
Hola, mi nombre es Armando, soy de N-L México, actualmente tengo 29 años y me dedico a soporte informático. Esta historia marcó mi vida para siempre y será algo inolvidable para mí. Esto
ocurrió hace 4 años en la ciudad de San Nicolás, aquí en Nuevo Leon.
Era un mes de mayo caluroso y seco, yo vivía en una casa rentada al final de la calle, ese día llegaron nuevos vecinos a vivir en la colonia, ya desde la mañana habían estado descargando muebles y enseres domésticos pero como estaba trabajando no los vi hasta en la noche, como a las 8:00 pm tocaron a mi puerta, eran los nuevos vecinos que venían a presentarse, un señor joven como de 35 años y su linda esposa, casi inmediatamente mis ojos se clavaron en el hijo mayor llamado Eduardo de 12 años. En ese momento que lo vi sentí algo que nunca había sentido, era un niño sumamente atractivo, cabello lacio castaño, ojos café claros, enormes pestañas, de facciones finas y estilizadas, y sobre todo su cuerpo delgado pero firme y hermoso trasero, llevaba puesto un short azul ajustado y playera blanca, nunca me he considerado un pedófilo o pederasta por lo que esos sentimientos me preocuparon un poco. Esa noche estuvimos charlando hasta las 11:00 y en todo ese tiempo no pude dejar de mirarlo, y lo más excitante es que él me devolvía las miradas de la misma manera casi a riesgo de que sus padres sospecharan algo.
Así pasaron aproximadamente 3 meses y nos hicimos grandes amigos, venía muy a menudo a mi casa ya que contaba con interenet, todo ese tiempo aguanté el deseo por respeto a sus padres y mi confusión en mi interior hasta ese día. Era un mes de agosto sumamente caluroso, un sábado como a las 2:00 pm yo estaba haciendo mis rutinas de pesas acostumbradas, sólo tenía puesto un boxer sin trusa abajo, de pronto él llegó y entró como ya era su costumbre y llegó hasta la sala, él traía puesto un pequeño short y con la camisa en el hombro, vaya, que tenía un hermoso cuerpo blanco y firme y el short dejaba ver la silueta de su lindo traserito. Por un momento nos quedamos viendo el uno al otro, así que lo invité a hacer ejercicio pero me dijo que no sabía cómo hacer las rutinas, así que me puse tras de él y le puse las pesas en las manos, no pude evitar tener una enorme erección cuando nuestros cuerpos se juntaron, tenía una piel suave y tersa, el contacto de nuestros cuerpos me excitó sobremanera y quise apartarme para que no notara mi excitación, pero para mi enorme sorpresa al verlo de lado noté que su verga estaba al máximo, así que retomé mi posición pero esta vez lo abracé con el pretexto de que tenía que evitar que el peso dañara su espalda. La sangre me hervía al sentir sus nalgitas tocando mi verga, sentí algo maravilloso, le empecé a acariciar el vientre y los costados, eso terminó con mi fuerza de voluntad. Me acerqué a su oído y le dije:
- Lalo, ¿te puedo decir algo íntimo?
Al asentir con la cabeza, le dije despacito y con mis labios casi rozando su oreja...
- ¿No te han dicho nunca que eres un niño muy hermoso?.
En ese momento él se quedó serio y bajó las pesas, yo creí que la tierra me tragaba, tal vez malinterpreté las cosas, pero para mi enorme sorpresa y deleite él me contestó:
- No, pero gracias por decírmelo. Tú también eres muy "bonito", ¿te gusto? -me preguntó con voz lacia y semicallada.
- Sí, sí, me gustas muchísimo Lalo, me has gustado desde el primer día que te vi.
- Tú también me gustas mucho -me dijo mirándome con esos hermosos ojos miel.
Casi instintivamente nos abrazamos y comenzamos a besarnos en los labios, sus labios rojos de adolescente. Acaricié una y otra vez todo su cuerpo, y él hacía lo mismo. En ese momento lo cargué y lo llevé a mi recámara donde me acosté a su lado, comencé a besarle el cuello poco a poco, después el pecho y el vientre, podía sentir su cuerpo estremecerse y empezaba a suspirar, pero el mejor suspiro fue cuando le quité la poca ropa que traía y suavemente comencé a mamarle su verguita que era grande pero delgada en movimiento de vayven al tiempo que acariciaba sus muslos torneados y suaves.
Más gemidos de placer salían cuando con la lengua acariciaba la parte inferior de sus huevitos, casi en su culito. De pronto me dijo:
- Ahora yo te la chupo.
Y empezó a mamármela como nadie lo había hecho nunca. Mientras me acariciaba el trasero se metía mi verga en la boca y parecía que me quería succionar todo, yo ya estaba que ardía, así que lo puse en posición boca abajo, aquello era hermoso, tenía las más bonitas y torneadas nalguitas que jamás había visto, las empecé a acariciar con movimientos suaves, casi rozándolas sólo con los dedos, saqué una crema que tenía en un cajón adjunto y le empecé a untar con dos dedos en su caliente culito, él me preguntó:
- ¿Me va a doler?
- No, no te dolerá -le contesté despacio.
Después me unté en la verga desde la cabeza hasta atrás, para no lastimarlo primero puse la puntita de la verga en su culito y comencé a moverlo de arriba a abajo. Suavemente le dije:
- Cierra los ojos, relájate.
Me acosté arriba de él, era algo mágico. En ese momento mi verga empezaba a entrar poco a poco en su apretado y virgen culito, entró y entró más hasta que mis 15 cms de verga estaban en su interior, mientras le besaba la oreja, se la metía y sacaba
suavemente hasta que iba acelerando el ritmo, su ano era apretadito y caliente y el contacto con su joven cuerpo me excitaba más a cada minuto. Al cabo de un rato lo puse frente a mí, le abrí las piernas y lo penetré nuevamente, esta vez mientras lo besaba en la boca él se movía de placer. De pronto una explosión de leche inundó sus entrañas al grado de salírsele un poco, me vine en interminables chorros en él, mientras nos besábamos.
Así acabamos, exshaustos y abrazados. Después le pregunté que si le había gustado y me contestó:
- Se sintió muy bonito.
Esas son palabras que jamás olvidaré.
Así pasaron dos años maravillosos a su lado, hacíamos el amor muy seguido, hasta que un día llegó llorando a mi casa, era noviembre, me abrazó fuertemente y me dijo que tenían que mudarse a la ciudad de Veracruz y que tal vez no nos volveríamos a ver. Eso fue desolador... ya no lo he vuelto a ver desde entonces y desde entonces no he tenido una relación sexual con otro adolescente pero ganas no me faltan.
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