Mauro

 Esto ocurrió un mes después de haber cumplido 23 años.
 Yo soy estudiante de ingeniería.
 Un día, anunciaron un congreso de ingeniería que se realizaría dentro de algunos días. El lugar estaba cerca de mi casa de veraneo. Comenté esto con algunos de mis amigos y varios de ellos fueron a alojarse a mi casa.
 Esto era algo especial para mi, pues era mi primera participación en un evento de este tipo, pero más especial era porque aquí vi la oportunidad de acercarme más a uno de mis mejores amigos, Mauro. Organizamos todo y llegó el día de partir. Llegando a la casa, asignamos las camas y como yo era dueño de casa, elegí un cuarto con dos camas, una para Mauro y otra para mí.
 Hace algún tiempo había notado que Mauro me observaba con una mirada insinuadora, como tratando de ver más allá de mi ropa. Yo hacía lo mismo, y creo que el enlace amoroso se produjo desde el primer día en que nos conocimos. Pero algo faltaba, algo que desatara ese amor escondido y estando en mi casa de veraneo, supe que el momento podría llegar. Ambos éramos tímidos y ninguno había tenido relaciones homosexuales, sólo heterosexuales.
 Llegamos un día domingo y al otro día, en la mañana del lunes, estabamos todos despiertos, pero algo retrasados para ir al congreso. Entonces, nos duchamos en parejas para apurarnos más. Me las arreglé para entrar al baño con Mauro. Yo nunca lo había visto desnudo y tan sólo saber que estaba ahí conmigo, me excitó. El se desvistió y pude ver ese exquisito miembro con el que soñaba de vez en cuando. Su pene era grande, con unos testículos aun más grandes. Cuando él empezó a ducharse, vi como la piel que recubría su glande se movía lentamente hacia atrás y este espectáculo me excitó aún más. Intenté controlarme y finalmente entré bajo el agua también. Las miradas iban y venían y los roces no hicieron más que excitarnos mutuamente. Antes de observar su erección, Mauro salió de la ducha y se secó. Yo hice lo mismo. Nos vestimos y nos fuimos al congreso.
 Durante todo el día estuvimos algo callados, pero sabíamos que el amor que existía dentro de nosotros estaba casi por explotar. Ya en la tarde, volvimos a la casa. Comimos y luego, entre todos tomamos unos tragos para celebrar la reunión. Ya por la noche, me fui a mi cuarto y noté que detrás mío venía Mauro. Ambos estabamos ya muy cansados y nos desvestimos para acostarnos. Cerré la puerta de la pieza y Mauro apagó la luz, esperando que algo sucediera. Nos acostamos en nuestras respectivas camas y comenzamos a hablar sobre el primer día del congreso. Agotamos el tema y no recuerdo como empezamos a hablar de nuestras experiencias sexuales. Los dos nos masturbábamos a menudo y la excitación en ambos empezó a aparecer. Sin decirnos nada, estabamos masturbándonos cada uno en su cama, pero antes de derramar mi semen, me levanté y le dije a Mauro que se hiciese a un lado para que pudiera acostarme en su cama. El, sin decir nada, se movió. Lentamente nos acariciamos la cabeza; supimos que lo mejor había comenzado. De un momento a otro, Mauro se dio vuelta y quedo sobre mí, y casi llorando de felicidad, comenzamos a besarnos y a abrazarnos. Por fin el día que siempre esperé había comenzado.
 Luego de ese extenuante beso, comencé a bajar. Besé su cuello, sus pezones totalmente erectos y lentamente llegué a su pene que a estas alturas ya estaba tieso como roca. Sus testículos retraídos me llamaban a acercarme aún más. Era una sensación indescriptible. Por su parte, Mauro empezó a girar y no tardamos en chuparnos el pene al mismo tiempo. El punto culmine llegó y al mismo tiempo expulsamos sendos chorros de semen. Lo succioné hasta que quedó seco y el hizo lo mismo por su parte. Descansamos un poco, mientras nos besábamos, y la erección no tardó en llegar nuevamente. Le susurré al oído que quería introducir mi pene en su culo y enseguida se dio la vuelta para ofrecerme ese exquisito agujero. Yo nunca había tenido relaciones homosexuales, pero sí había leído sobre éstas. Entonces, empecé a introducir uno de mis dedos en su ano. Luego fueron dos, tres... Su agujero ya estaba dilatado, y jadeando de placer, empecé la penetración, a lo que Mauro asintió con signos de dolor y placer. Nadie nos escuchaba, pues la habitación estaba en la parte trasera de la casa, separada por la cocina y el comedor, del resto de los cuartos. Sin embargo, no creo haberme preocupado en ese instante si alguien hubiese estado escuchando, porque el momento que estabamos viviendo apocaba cualquier preocupación.
 Seguí con la penetración no tardé en soltar mi semen en las entrañas de Mauro. Es una de las sensaciones más gloriosas que una persona pueda obtener. Sin descanso, él me agarró por detrás y empezó a penetrarme, hasta que se vino dentro de mí. Antes de que dejara de soltar toda su leche, agarré su pene y terminó de expulsar ese delicioso manjar dentro de mi boca. Mordisqueé su pene, sus testículos, su glande hasta que nos dormimos.
 Al otro día, teníamos que estar temprano en el congreso, nuevamente. Los demás ya se habían ido. Para apurarnos, Mauro y yo entramos junto a la ducha, pero ya no sería como el día anterior. Nos duchamos rápidamente, mientras nos poníamos jabón el uno al otro. Con suaves caricias lo bañe y lo sequé, preocupándome principalmente de su culo, su pene y sus testículos. El hizo lo mismo.
 Dentro de los siguientes días hicimos el amor desenfrenadamente. Incluso, una noche, fuimos a la playa que quedaba junto a la casa, y entre las rocas, en una pequeña piscina natural que se formaba, nos bañamos desnudos. Nos besamos e hicimos el amor bajo el cielo estrellado y ese fue uno de lo momentos más lindos que vivimos juntos.
 Esto ocurrió no hace mucho y hasta hoy sólo hemos tenido otro encuentro amoroso, pero eso es motivo para otra ocasión.

Luis.