Mi Mejor Amigo, Siempre (III)

continuación....

Salimos de la ducha... pasamos el resto del día juntos, y finalmente 
llegaron sus padres por él. Nuestras miradas se cruzaron y nos despedimos 
como buenos amigos. Su madre me agradeció y salieron. Durante una semana 
no nos vimos mucho y nos hablábamos por teléfono de vez en cuando.

Me hacía mucha falta su compañía. Estar con él durante esos días, todo 
lo que sucedió, todo eso me excitaba. Me masturbaba cada día pensando en 
él. Yo sabía que él hacía lo mismo y que no podíamos esperar a que el 
destino nos juntara y nos diera tiempo para amarnos.

Salió un día del trabajo de repartidor temprano y se fue a mi casa sin 
pensarlo. Yo no había llegado aun, pero le había dejado las llaves con el 
portero del conjunto. Él me había llamado en la mañana para contarme que 
salía temprano y quería verme. Llegué esa noche y abrí la puerta 
ansiosamente. Cuando entré todo estaba muy oscuro, así que a tientas fui 
hasta el botón y encendí la luz de la sala. No había nadie. Así que salí 
hacia mi cuarto y encendí la luz nuevamente y lo vi, totalmente desnudo 
acostado en mi cama, dormido. Me imaginé que llevaba allí bastante tiempo. 
Al encender la luz se despertó. Y no sólo él, también su pene. Erecto en 
poco tiempo se tensaba hacia su ombligo con fuerza. Me acerqué y lo empecé 
a besar. Sus pies, sus piernas, su abdomen, no toqué su pene para que se 
excitara lo máximo posible. Su pecho, lamí sus pezones pequeños y sin vello, 
su cuello, sus labios, su nariz, su frente, sus orejas. Me tomó con las 
manos mi cabeza y me besó, me metió su lengua pero sentí como si fuera su 
alma. Me besaba con un desespero tal que mi excitación creció muy rápido. 
Mi pene erecto trataba de salir del pantalón pero no podía. Me arrodillé 
a su lado y él se lanzó sobre mí a seguirme besando.

Sentía su pene erecto encima de mi ropa. Pasaba mis manos por todo su 
cuerpo con fuerza. Sus nalgas son increíbles. Sentía como su espalda 
sudaba y pasaba las manos por esa piel húmeda, lisa, lo besé nuevamente. 
Él, desesperado, metía su mano por mi abdomen en busca de mi pene. Nuestros 
cuerpos sudaban a montones. Finalmente cogió mi verga y mis huevos, jalaba 
y jalaba, empezó a dolerme pero no me importó. Era mi turno, así que lo tomé 
de los huevos, él seguía encima mío, así que con fuerza lo envié hacia un 
lado y lo seguía besando mientras tanto. De pronto, él me soltó, se soltó 
de mi mano y se levantó.

Lo vi mirándome con sus ojos profundos y brillantes. La excitación hacía 
que su pene apuntara hacia el techo desafiante. Parecía como si tuviera frío, 
temblaba. Pero no era frío. Se acercó y me arrancó la ropa a tirones. Me
dejé con gusto. Desnudos por fin me hizo acostarme sobre mi espalda y besó 
todo mi cuerpo, y mis nalgas esperaban que las besara con más ganas. Pero 
no lo hizo. Me volteó nuevamente y empezó a mamar mi verga. Yo no quería 
que termináramos así, tenía una sorpresa reservada para él.

Era virgen, así que tocaba hacer todo con cuidado. Me incorporé, quité su 
cabeza de mi verga, me senté en la cama y lo empujé hacia ella. Acostado, 
con las piernas abiertas me miraba. Me acerqué, lo besé y lo volteé. No
quiso al principio, se resistió pero me acerqué a su oído y le susurré 
"confía en mí...." de allí en adelante se dejó como un cordero. Lo volteé 
y lo besé como me había besado. Al llegar a sus nalgas las besé y las masajeé. 
Me acerqué y las lamí, las besé y empecé a abrirlas buscando su agujero. Metí 
mi lengua entre sus nalgas y poco a poco mi lengua se acercó a su ano. Lo lamí 
con ganas. Por momentos se quedaba mi lengua seca pero la mojaba nuevamente y 
la pasaba tratando de que se relajara su esfínter. Mucho tiempo pasé lamiendo 
hasta que sentí que se iba soltando. Se relajaba. Escuchaba su respiración 
poco a poco acelerarse y escuchaba pequeños gemidos que aumentaban poco a 
poco de intensidad. Le gustaba... y eso no era lo mejor....

Continuará....