MI PRIMERA VEZ
Desde pequeño había tenido ese bichito por los hombres, cuando veía a mis
compañeros de colegio en las duchas, siempre había un escalofrío que corría por
mi cuerpo. Desde pequeño el agua y la natación fueron una pasión y una rutina,
tanto en el colegio como luego en la universidad disfruté tanto del deporte y la
competición como de los muchachos que entrenaban o competían conmigo. Mi cuerpo
se desarrollaba a la par del entrenamiento, de hecho hasta hoy en día aunque no
compito la rutina y la constancia ha seguido. Esto ha traído consigo que mis
pectorales y abdominales se encuentren superbien y de hecho junto con mis
piernas me han llevado en el tiempo a tener un buen cuerpo para lucirlo, ¿por
qué no?
Bien pues la historia se remonta a la primera relación de tipo homosexual que
tuve y que obviamente se relaciona con la natación. Yo me encontraba en segundo
año de universidad y pertenecía al seleccionado universitario, entrenaba
diariamente con mis compañeros, aún cuando a veces lo hacía en otros horarios
cuando estos topaban con clases o exámenes. Para esos entonces tenía 19 años.
Para mí entrenar era un doble placer, uno porque me regocijaba viendo hermosos
cuerpos desnudos o con diminutos trajes de baño que dejaban al descubierto
jugosos bultos y excitantes pelos del pubis. Dentro del equipo estaba Miguel que
tenía unos 21 años, él era de 1,84 m. de tez color mate, ojos verdes y como
gato, pelo negro, unos pectorales de ensueño y un culo espectacular. Miguel
debía depilarse pues era bastante velludo, sin embargo su espalda y su culo eran
de nacimiento peladitos, como los de un bebé. Siempre lo veía con muchachas
estupendas y jamás en mi vida se me hubiera pasado por la mente que fuera gay,
tampoco nunca lo había visto completamente desnudo pero dejaba entrever en su
malla un sabroso pedazo de filete. Yo me había masturbado miles de veces en las
duchas pensando en él, bueno y en otros, pero nunca había pretendido nada más.
Un día que fui tardísimo a entrenar o más bien a despejarme luego de un examen
muy pesado y me encontré que prácticamente todos se habían marchado a excepción
de Miguel que al igual que yo venía llegando. El hombre que cuidaba los
camarines nos conocía de sobra así que nos dejó la tarea de cerrar y apagar todo
pues no estaba dispuesto a quedarse hasta medianoche. Nadé como una hora y luego
me fui a duchar. Miguel quedó nadando y le dejé la tarea de apagar todo. Me fui
a duchar y comencé a imaginar lo que sería tocarlo y acariciarlo, ahí mismo en
el camarín, la sola idea de pensarlo me llevó a que empezara con mi otra rutina,
masturbarme. Para esto comenzaba con enjabonarme bien todo el cuerpo y
acariciarme las tetillas mientras que con la otra mano me corría la verga. Para
estas incursiones en los baños yo me ponía en la última ducha de tal manera que
nadie podía, cuando había más muchachos, verme mientras que me masturbaba.
Estaba tan concentrado en esta tarea que no sentí cuando Miguel entró a las
duchas y me buscó, hasta el día de hoy no sé para qué, sólo un palpito me hizo
mirar hacia afuera de la ducha y ahí estaba él, quedé petrificado. Tenía la
verga a tope y era más que evidente lo que estaba haciendo, de igual modo él me
preguntó:
- ¿Qué haces?
La pregunta no era un llamado de atención sino más bien un para qué lo haces.
Tragué saliva y le dije:
- Porque me gusta, me relaja y....
En eso me interrumpe y dice:
- ¿Quieres que te ayude?
Fue en ese momento que sentí que mi cuerpo se quemaba por dentro y la cara la
sentía roja y que la sangre iba a explotar por algún lado. No pasó ni un segundo
y Miguel entró en la ducha, me agarró la verga y comenzó a masturbarme, yo
estaba petrificado. Luego se inclinó un poco y acercó su boca a mis tetillas,
ahí comenzó a chupármelas y a morderlas suavemente. La otra mano fue a parar a
mi culo y me lo apretó. Yo seguía tieso. Siempre había fantaseado con algo así
pero que me estuviera sucediendo era de película porno, era la primera vez que
un hombre me tocaba de esa manera. Al ver Miguel que yo seguía sin moverme, me
soltó el culo, tomó mi mano y se la llevó a su paquete. Me encontré con algo
duro y recaliente, ahí desperté y con las dos manos le bajé el traje de baño, le
tomé de las nalgas y lo llevé hacia mí, él ya me besaba el cuello y no me
soltaba el culo, yo le devolví los besos en su cuello y avanzaron nuestras bocas
hasta encontrarse, sus labios gruesos y mojados me hicieron estremecer, metí mi
lengua en su boca, y nos besamos apasionadamente. No sé cómo ni en qué momento
empecé a sentir algo en mi culo, era un dedo suyo, lo introdujo... cosa que me
molestó algo pero luego me relajé y me empezó a gustar, yo estaba loco y no
sabía qué más besarle, el cuello, la oreja, la barbilla...
De pronto me liberé de su dedo y bajé a sus tetillas y axilas, las cuales besé y
mordí como loco, lo que hizo que Miguel gimiera... y me excitó más, su verga era
hermosa, recta y circuncidada, mientras corría el agua por nuestros cuerpos igua
podía sentir el líquido lubricante más espeso en mis dedos, no aguanté más y me
solté de él y comencé a hincarme y solo, sin que me lo pidiera me llevé su verga
a mi boca, qué delicia!... mi primera mamada.
Miguel comenzó a retorcerse y a gemir cada vez más fuerte, mis manos permanecían
en esas nalgas que parecían dos rocas, el tipo de pronto se estremeció y sentí
un líquido caliente en mi boca, en ese momento retrocedí y lo escupí, el resto
me lo tiró en la cara, resto que el agua se encargó de llevarse.
Ahí fue el instante en que nuevamente me habló:
- He esperado tanto este momento, me has gustado desde el primer día que te
conocí y no sabía cómo abordarte. El que te haya encontrado masturbándote ha
sido un regalo.
Yo pensaba igual pero me quedé callado, prefería parecer más indiferente aún
cuando siempre me había vuelto loco. Me levantó, cortó la ducha y salimos hacia
los vestidores, allí comenzó mi parte pues él tomó una tolla y me empezó a
secar, mi verga aún sin acabar estaba a tope, yo tomé otra toalla y le comencé a
secar también, más que secarse eran caricias, me dijo que me tendiera sobre la
banca y empezó a chuparme las tetillas mientras que con una mano me masturbaba,
yo me dejé, me besó los pectorales, los abdominales y bajó hasta mi verga.
Empezó a chuparla que era una delicia, sentía algo caliente que entraba y salía
de mi miembro, me tomó las bolas y me las apretaba levemente. Era una sensación
de dolor y placer inimaginable para mí en esos tiempos, me vine en su boca y él
se lo tragó todo. Quedé exhausto. Nos besamos y nos acariciamos, casi
descubriéndonos nuestros cuerpos.
Me contó que no era la primera vez que lo hacía y yo tuve que admitir que él era
mi iniciador. No sé cómo ya lo sabía y por eso se había tragado todo el semen,
según él encontrar vírgenes no era fácil, y menos en la era del Sida. Pasamos un
par de aventuras más y luego regresó, por lo que lamentablemente no lo pude ver
más.
Miguel siempre te recordaré!
RICARDO
caco_vita@hotmail.com
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