MI MEJOR AMIGO, MI AMANTE
Hola, esta historia tiene escenas reales, que han sido tan buenas que vale la pena compartirla
con ustedes. Desde chico, siempre sentí muchas sensaciones cuando estaba cerca de un
compañero cambiándome en el club, me interesaba poder ver su entrepierna y comparar con
la mía, muchas veces sentí esas ganas de tocar a mis compañeros y sentir sus penes, siempre
disimuladamente al pasar mis manos han rozado varios o en alguna pelea de amigos siempre
he aprovechado la situación. Cuando tenia catorce años siempre nos juntábamos con amigos
a ver películas pornográficas y allí comenzaba el desafío de las masturbaciones comunitarias,
jugábamos a ver quién tenía más leche, mis ojos se dilataban con cada pene.
Una de esas
noches al acostarnos uno de mis amigos haciéndose el dormido me tocó la cola, y
después
me empezó a apoyar, a mí me dio mucho miedo y me corrí, era un niño todavía y mi
confusión
era fuerte. Luego de varios años, me fui a vivir a un pueblo en donde estaban mis abuelos, ellos
siempre se ocuparon de darme todos los gustos y de cuidarme muchísimo, asi que
aquí en este
nuevo lugar estaba comodísimo. Mis abuelos tienen una estancia muy grande con varios animales,
su casa es enorme, con muchas habitaciones y corredores, también hay un establo, como en las
películas, allí me encanta ir de noche y ver revistas a la luz de la luna y de mi linterna y poder
masturbarme plácidamente.
En este lugar conocí a Alfredito, un chico muy bueno y gracioso, con el que nos hicimos muy
amigos, compartíamos todo, charlábamos de nuestras vidas como si nos conociéramos de siempre,
íbamos de campamentos, a cabalgar, a hacer las tareas de la estancia; el tenía un cuerpo bárbaro,
musculoso, bien contorneado, sus piernas eran perfectas, todo el verano se la pasaba con su
torso descubierto y yo cada vez me excitaba más, cerraba mis ojos y en un flash
me imaginaba
cabalgando sobre su hermosa y morena pija, acariciando cada parte de su cuerpo.
Nunca me animé a nada con él ya que nunca hablamos de homosexualidad, siempre eran la
mujeres... pero por dentro mis labios se humedecían al ver en ese short el tamaño de ese
bulto.
Un fin de semana Alfredito se quedó en mi casa, ya que mis abuelos no estaban, se
habían ido de
viaje, entonces mi amigo me hizo compañía, dormimos en la misma habitación, uno en cada cama,
no aguantaba más, mis ojos se clavaban en esos interiores blancos que guardaban ese tesoro
que
tanto deseaba saborear, él a cada tanto se tocaba como ofreciéndomelo, yo no
hacía nada, hasta
que me di cuenta que se había dormido, dejé pasar un buen rato, me levanté y me
acerqué hasta
su cama, estaba muy nervioso, entonces puede ver de cerca, era algo grande, estaba totalmente
empalmado, parecía que se asomaba por arriba de su interior, de a poco acerqué mi mano y
sentí
el calor que emanaba la zona, tenía mucho miedo que se despertara, pero mi calentura era mucho
más fuerte, así que seguí, se lo toqué despacito sintiendo el tamaño y su temperatura, al
tocarlo parece que seguía creciendo y desbordó el calzoncillo, al asomarse lo
acaricié, era de lo
más suave y su aroma quedó impregnado en mi nariz y mi mano, era delicioso. A la mañana
siguiente al despertar veo que Alfredito no estaba, me levanto y siento que él estaba
preparando el desayuno, tenía puesto sólamente un calzoncillo boxer, que la tela se posaba
sobre su pene medio erecto, cuando notó mi presencia en la cocina, se sentó rápidamente para
disimular su erección, mientras desayunábamos me contó que había tenido sueños
eróticos y que
había despertado muy caliente. Al rato cambió de tema invitándome a acampar en un lugar en las
sierras en donde había cascadas y nadie llegaba hasta ese lugar, ni dudé en decir que
sí, así
que preparamos todo y nos pusimos en marcha.
Al llegar instalamos nuestro campamento, que para mí tenía muchas esperanzas, de lo que todos
nos imaginamos. Después del almuerzo nos tiramos sobre una sombra y nos pusimos a charlar de
sexo y de nuestras parejas femeninas, nos reímos mucho contando aventuras, luego salimos a
explorar el lugar, mientras caminábamos yo no dejaba de mirarle la cola bien parada, sus
piernas, todo el tiempo pensaba en lo que era hacer el amor con él, me había enamorado de una
manera terrible, necesitaba estar cerca de él todo el tiempo.
Llegó el atardecer y estábamos cansados, nos metimos al agua, aprovechado el sol que
todavía
estaba fuerte, en un instante me salgo a la orilla y lo veo tirado en una piedra con todo el
cuerpo brilloso y lleno de gotitas de agua,. su pene se translucía desde el interior de su traje
de baño, no aguanté más, me acerqué y le dije que se apoyara en mi pierna que estaría más
cómodo, lo hizo, comencé a acariciar su cabello, metiendo mis dedos entre ellos,
él no decía
nada, es más, parecía gustarle mucho, de a poco comencé a masajear su cuello, sintiendo cada
centímetro que mis dedos tocaban, él me tomó la mano y me asusté, pero delicadamente la
acercó
a su panza, como pidiendo que acaricie sus abdominales, yo ya estaba entregado y jugado, no
había ninguna palabra, de a poco fui bajando, cuando llegué a su short sentí
cómo su pene estaba
a desbordar de esa ropa, lo acaricié con las yemas de mis dedos, él me tomó la mano y la
sumergió dentro de su sexo, creí que en ese momento estallaba en un orgasmo, pero
aguanté. Sus
manos me tomaron de la cabeza presionándome contra su cuerpo, refregándome los
vellos de su
pubis en mi cara, después de un buen rato de mamársela, él me recostó sobre la
arena y sacó mis
interiores, me besó y en cada parte que lo hacía su respiración se aceleraba
mucho, más aun,
esto no sabía en qué iba a terminar, estábamos demasiado excitados, me mordía las tetillas
mientras me tocaba la cola, después tomó con ambas manos mi trasero y pasó su lengua por
mis
nalgas diciendo que eran hermosas, me abrió y sentí el calor de su lengua en mi ano, su lengua
se movía como loca dentro de mí, dándome unas ganas de ser penetrado desesperante,
después
me recostó y se subió arriba mío mientras sus manos me tomaban de mis caderas y
sentía cómo
su pene se aproximaba entre mis nalgas a penetrarme, la zona estaba bien
lubricada. Lo primero
que sentí fue un ardor mezclado con mucho dolor y placer, y después el calor de su cuerpo
moviéndose encima del mío haciéndome sentir la totalidad de su miembro dentro de
mí, era una
bestia sexual. Después comenzó a chuparme él, era un animal haciéndolo, me mataba, yo ya no
aguantaba más, sus manos en mi cola me empujaban hacia él para poder tragarse
más aun de lo
que no había de mi pene, hasta que comencé a acabar, en el primer chorro de mi semen
él se alejó
y dejó salir el resto contra su cara, labios y mejillas. Cuando quedé exhausto de tal orgasmo me
besó, nos besamos un rato y descansamos, me confesó que me amaba, y me abrazó en algo que
nos llevó a dormitar un rato y reponernos para otra escena de sexo.
Ese campamento fue el más hermoso de mi vida, con Alfredito estamos juntos, nos
amamos mucho
y tenemos una relación de pareja muy buena, nadie sospecha de lo nuestro, somos muy felices, y
pasamos noches enteras haciéndonos el amor.
Saludos a todos.
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