Mi amigo, un vídeo, y yo


Todo comenzó cuando conocí a Miguel en el instituto hace seis años. Por 
aquel entonces sólo teníamos 15 años, y muestra afición común al fútbol y 
a las pellas casi diarias nos convirtió en grandes amigos. Luego nos fuimos 
distanciando un poco, conservando siempre el buen rollo y una amistad 
superficial, pero lo cierto es que nos veíamos poco. Por una parte yo había 
comenzado a estudiar Ingeniería y tenía un nuevo grupo de amigos en la 
Universidad, aparte de la gente del barrio con quien también alternaba 
Miguel, él, por su parte, detestaba estudiar desde siempre y se había 
buscado la vida desde muy joven trabajando de camarero en varios sitios, y 
últimamente curraba de mensajero y haciendo horas extras como camarero en 
diversos antros nocturnos. Lo curioso es que nuestras novias (a quienes 
habíamos conocido a la vez en una discoteca poco después de terminar COU) 
sí mantenían bastante contacto entre ellas, y debido a ello alguna vez 
seguíamos quedando en plan parejas para ir al cine o dar una vuelta, 
pero ya no era la amistad tan intensa de la adolescencia.

Todo se mantenía en un nivel discreto hasta que un día llaman al telefonillo 
de mi casa y mi hermana me dice:

-Es Miguel, el vago ese amigo tuyo, que quiere hablar contigo.

Yo me quedé a cuadros al principio, hasta que recordé que nuestras novias 
habían discutido recientemente a causa de una conocida común, y supuse que 
querría hablar del tema. Pero mi sorpresa aumentó cuando bajo al portal y me 
encuentro a Miguel paseando nervioso por la acera y con las manos en los 
bolsillos. Le pregunté qué quería (eran las 11 de la noche y hacía bastante 
frío) y me dijo que era un tema que teníamos que hablar en privado y que le 
acompañara al 'refugio', que no es otra cosa que un solar abandonado unas 
manzanas más abajo de mi casa donde solíamos liarnos los petas cuando 
faltábamos a clase. A mí me extrañó tanto secretismo, pero ni de lejos podía 
imaginar la propuesta que me quería plantear. Al llegar allí encendió un 
cigarrillo y empezó a dar rodeos hasta que le paré en seco y le sonsaqué el 
motivo de tan inusual comportamiento. Resultó que el día anterior había 
conocido a un hombre de negocios centroeuropeo al ir a entregar un encargo 
a su oficina y éste, tras observarle detenidamente, le había ofrecido posar 
desnudo para unas fotos a cambio de una buena cantidad de dinero. Sin 
embargo, también le había comentado en su rudimentario español, que si traía 
otro chico de sus mismas características y se masturbaban mutuamente ante la 
cámara la cantidad de dinero aumentaría considerablemete para cada uno de 
ambos.

Según me dijo, había pensado en mí porque era el único tío con el que no 
le daría vergüenza 'meneársela' delante de la cámara y porque la cantidad 
ofrecida realmente parecía interesante, así que Miguel había quedado en 
hablar 'con un amigo' y darle una respuesta en un par de días.

A mi la propuesta no me hizo ni puñetera gracia, yo entonces iba de 
heterosexual absoluto y no me había planteado antes variar mi punto de 
vista. Le puse de vuelta y media, le dije que si estaba loco y qué pensaba 
que iba a pasar si la revista o el video que grabaran a nuestra costa se 
publicara en España. En este punto él me aseguró que había recibido 
garantías de que la revista y el video que se iban a rodar se publicarían 
tan solo en ciertos países nórdicos y en Alemania.

Yo seguía sin verlo claro, y le di la callada por respuesta, pero luego 
aquella noche lo pensé mejor y me di cuenta de que con ese dinero podía 
terminar de pagar las letras del coche y aún me sobraría dinero para un 
viaje o lo que quisiera, y además, de forma totalmente irreflexiva, pensé: 
Somos amigos, no vamos a tener sexo duro, y nuestras novias no se van a 
enterar...pensé que iba a ser como una de las travesuras que hacíamos en 
el instituto y que nunca descubría el jefe de estudios.

Dos semanas después quedamos en el piso de aquel misterioso personaje 
de quien solo sabía que se llamaba Peter, era entrado en carnes y tendría 
alrededor de los 50 años. La impresión que me dio fue buena, hablaba un 
español un tanto peculiar pero se notaba que estaba por agradarnos y que nos 
sintiéramos cómodos. Además de este señor, que parecía el jefe del cotarro, 
había otras dos personas: un fotógrafo alemán que respondía al nombre de 
Klaus, de unos 35 años con melena rubia y bigote, y un danés cuyo nombre no 
recuerdo que iba a grabar la sesión en video. Yo estaba muy nervioso mientras 
que Miguel, que había quedado conmigo en el portal del edificio parecía 
controlar más la situación, o pretendía al menos dar una imagen de seguridad 
y aplomo a los demás. Nos pidieron que nos relajáramos y nos pusiéramos 
cómodos en un sofá del salón principal, y que les comentáramos nuestras 
experiencias sexuales anteriores con chicos. Ambos nos miramos y casi nos 
da un ataque de risa:

-Ninguno de los dos tenemos experiencia con tíos... ¿por quien nos toma? - 
contestó muy ufano Miguel-bueno, yo hablo por mi, no se tú... - y me guiñó 
un ojo con su típica sonrisa socarrona.

-Muy gracioso - le respondí -,yo tampoco tengo experiencia de este tipo, lo 
siento.

-Bueno, no pasa nada, todo es empezar - respondió jocosamente Peter - estoy 
seguro de que a dos chicos guapos como vosotros os gustará la experiencia. 
Tomaros vuestro tiempo y cuando os sintáis preparados comenzamos la sesión.

Nos dejaron solos en aquel enorme salón, los dos en el sofá sin saber qué 
hacer ni qué decir.

-Bueno, tío, hay que concentrarse, hay mucha pasta por medio, considéralo un 
servicio a la humanidad... - dijo Miguel entre risas mientras me pasaba la 
mano por detrás del cuello y me acariciaba la coronilla.

En ese momento me fijé por primera vez en su físico, al que nunca había dado 
excesiva importancia. Era un chaval moreno, de complexión atlética, no muy 
musculoso pero sí bastante fibroso, más o menos de mi estatura (1,85) y 
ciertamente muy atractivo. Yo soy castaño, también deportista pero más claro 
de piel y con los ojos azules. Le pasé una mano por el pecho, y me costó 
creer que estuviera palpando aquellos pectorales duros y marcados. Se fue 
quitando la camisa mientras mi mano le recorría el torso y él se iba 
desabrochando el cinturón y los botones de los vaqueros. En realidad no fue 
algo tan especial, simplemente se bajó los pantalones y dejó al descubierto 
unos boxers con un prometedor inicio de erección.

-Pásame la mano por el paquete, no te cortes... - me decía con los ojos 
cerrados mientras con otra mano me recorría el pecho y me masajeaba los 
pezones.

En ese momento, muy sigilosamente, entraron en la sala el fotógrafo y el 
cámara y comenzaron de inmediato a rodar y sacar fotos, sorprendidos de 
nuestra aparente facilidad en entrar en acción. Comenzamos a masturbarnos 
mutuamente frente a la cámara, y puedo asegurar que mi polla estaba ya a 
punto de estallar, con sus 18 cm de longitud apuntando al techo, mientras 
que mi amigo, con sus 21 cm aproximados, era un auténtico superdotado con 
una polla increiblemente grande y muy venosa que parecía tener vida propia 
de lo que le gustaba juguetear.

Peter, desde el fondo, casi en penumbra, insistía en que nos besáramos, pero 
la verdad es que eso me parecía muy difícil de hacer con mi amigo, casi 
prefería seguir masturbándonos en aquel sofá con los ojos cerrados, como si 
allí no hubiera nadie más que cada uno de nosotros por separado. Entonces 
ocurrió algo inesperado: Miguel estaba tan cachondo que no paraba de jadear 
y susurrar entre dientes, mientras con una mano me acariciaba la nuca y con 
la otra me masturbaba, hasta que en un momento dado, con la mano que me 
mesaba el pelo me agarró fuertemente de un mechón de pelo de la nuca hasta 
hacerme daño y me acercó la cabeza hasta su capullo, mientras decía en voz 
baja:

-Ahora te vas a portar bien, y me vas a comer la polla hasta que yo te diga 
basta...

Nuevamente me pilló de sorpresa cuando sentí el para mi nuevo sabor de aquel 
enorme capullo en los labios. Él me paseó la polla por la cara y los labios 
hasta metérmela directamente en la boca y muy lentamente me fue 
introduciendo aquel descomunal rabo hasta la garganta, mientras yo 
jugueteaba con la lengua como supuse que debía hacerse en estos casos y 
comenzaba a sentir un extraño placer que nacía de aquella sensación de 
descontrol y cambio de papeles absoluto. En un momento dado, Miguel se puso 
de pie y siguió con aquel mete-saca tan agradable, mientras yo me masturbaba 
de cuclillas y el fotógrafo se ponía las botas sacando fotos desde todas los 
rincones. Acto seguido nos desnudamos completamente y nos dirigimos a la 
habitación contigua; yo estaba muy caliente y le hice una mamada de órdago 
mientras él me gritaba toda clase de barbaridades, lo que aún me excitaba 
más. Al final, Peter hizo un gesto, que no me pasó inadvertido, de que me 
diera caña, y como si lo hubieran planeado de antemano, Miguel empezó a 
pegarme cachetes en el culo, primero suavecito y luego progresivamente más 
fuerte hasta que empezó a enrojecer debido a la fuerza de los golpes, sin 
preocuparle aparentemente mis gritos, que eran una mezcla de dolor y placer 
supremo, hasta el punto de que mi rabo estaba en permanente peligro de 
explosión y no podía tocarme o me corría de un momento a otro. Cuando al 
cabo de unos minutos pararon los golpes, fue tan solo el tiempo justo de 
ponerse un preservativo y tantearme el esfínter con un dedo embadurnado en 
crema, siguiendo instrucciones precisas del maestro de ceremonias Peter. En 
vista de que me dolía mucho cuando me penetraba con dos dedos, decidieron 
que la excitación aumentaría si salíamos a la terraza (cubierta y a salvo de 
miradas indiscretas) y lo hacíamos encima de una tumbona. En realidad no 
hizo falta, porque nada más salir me acorraló contra una pared y me fue 
introduciendo lentamente el capullo entre mis gritos de dolor, que poco a 
poco se fueron transformando en placer conforme me iba tragando su poderosa 
verga, aunque gasté medio bote de crema para conseguir la dilatación 
necesaria que merecía la ocasión de mi desvirgamiento. Estuvo como dos o 
tres minutos follándome sin piedad en aquella posición y luego se la sacó y 
cuando estaba a punto de correrse me la metió en la boca y pude sentir por 
primera vez en mi vida aquel líquido pegajoso y viscoso en mi boca y cayendo 
a borbotones por mi barbilla; justo entonces descargué con una sacudida 
bestial y tuve el mayor orgasmo que recordaba entre convulsiones de placer, 
mientras Miguel me restregaba la polla y los huevos por la cara.

Nunca más he vuelto a acostarme con Miguel, es un tema tabú del que no hemos 
vuelto a hablar, simplemente quedamos tan amigos como si no hubiera pasado 
nada, nos repartimos el dinero y seguimos frecuentándonos de vez en cuando 
por intermedio de nuestras novias. Pero algo sí cambió rotundamente en mi 
vida aquella mañana de enero, desde entonces no he parado de follar con 
tíos, se despertó la fiera dormida que llevaba dentro sin saberlo y ahora me 
encanta comerme todo tipo de pollas y que me perforen el agujero con la 
regularidad que me pide el cuerpo, lo que ha deteriorado un poco la relación 
con mi chica, no sé si continuaré con ella o me buscaré la vida como gay, 
pero en todo caso aquella experiencia me mostró un mundo nuevo de 
sensaciones que nunca hubiera imaginado de otro modo, y todo gracias a un 
viejo amigo del instituto, de quien todavía no sé si a raíz de esta 
experiencia entiende o sigue siendo hetero, pero de lo que estoy seguro es 
de que polvos tan satisfactorios como aquel habrá tenido pocos en su vida y 
que esa experiencia con otro tío no la va a olvidar fácilmente, aunque no lo 
quiera reconocer.

......