Miguel, mi primer amor


No sé por qué me decidí a compartir mi historia, en especial sabiendo que muchos gays no entienden o incluso desprecian a personas como yo (aunque no sé si habrá más gente con las mismas características que yo) Pero en fin, lo hice y aquí está. Espero les guste la historia de mi primera vez.

Mi infancia fue como la de cualquier otro chico, con la diferencia de que por alguna extraña razón, que ni yo podía entender, sentía que algo en mí no cuadraba. No me refiero a que sintiera atracción por otros chicos, en realidad no recuerdo que a los cuatro años sintiera atracción por nadie, a lo que me refiero es a la manera en cómo yo me percibía: como una niña.

Toda mi infancia pasó con los típicos contratiempos que se presentan en la escuela cuando los otros chicos se empeñaban en molestarme por verme como "algo raro". Sin embargo, cuando entré a la secundaria ocurrió algo que no podía entender. Mi cuerpo comenzó a cambiar, pero en contra de lo que yo tanto temía, pero con resignación esperaba, los cambios que experimenté me gustaron. Siempre fui muy delgadito, pero de buenas a primeras me comenzó a crecer el pecho y el trasero, al principio pensé que estaba engordando, pero después me di cuenta de que en realidad mi cuerpo de niño flaco se convertía en el de una chica delgadita.

Algunos podrán pensar que eran fantasías mías, pero la demás gente también lo notaba, mi cuerpo y mi cara correspondían más a una niña que al adolescente en el que se supone me debía convertir. Tanto así que, a diferencia de lo que ocurría en la primaria, en la secundaria los profesores y los prefectos me daban un trato especial, muy diferente al resto de los chicos y más bien como a una chica, incluso me "perdonaban" el corte de cabello obligatorio, y como mi cabello es ondulado me lo podía arreglar muy bien para que se viera más femenino. O cuando salíamos a educación física, la entrenadora me mandaba a jugar Voley Bol y hacer pirámides con las chicas, pues decía que los hombres eran muy bruscos y podían lastimarme.

El trato que recibía de mis compañeros también era distinto, no me molestaban como lo hacían los chicos de la primaria, pero para evitar problemas yo prefería mantenerme a distancia, aunque podía darme cuenta que me miraban de reojo, principalmente cuando estaba en short y playera que es cuando mejor se podía apreciar mi cuerpo, con las piernas y el culo bien torneaditos y mi pecho más bien pequeño pero atractivo. No me cabe la menor duda de que a todo mundo le causaba un gran conflicto ver a una niña con nombre de chico, aunque se lo evitaban llamándome siempre Ramírez.

Cuando pasé a segundo año organizaron un concurso de exposiciones sobre educación sexual. La profesora de biología, que era la tutora de mi grupo, decidió que los dos alumnos de más alto promedio participaran en el concurso, uno era yo y el otro era un chico llamado Miguel Ángel. Este chico además de ser muy aplicado en clases era bastante guapo, de ojos oscuros, cabello castaño y un cuerpo bastante bueno, pero era algo payaso y casi no le hablaba (me gustaba pero me caía gordo) Por desgracia ahora tendría que trabajar con él fuera de clases.

Al final de las clases nos quedamos fuera de la escuela para ponernos de acuerdo en donde trabajaríamos, él propuso que fuera en su casa, pues su papá era médico y tenía bastantes libros para buscar información, y como no quería llevarlo a mi casa acepté. Así que quedamos que al día siguiente saliendo de clases empezaríamos a trabajar. Al día siguiente nos tocó educación física pero por el calor que hacía nos quedamos en short hasta el final de clases, y al salir nos fuimos a su casa.

Cuando llegamos me di cuenta de que no había nadie, le pregunté y me dijo que su mamá era enfermera y trabajaba hasta la noche y su hermana iba a la escuela en la tarde. Comenzamos a buscar en varios libros sobre el tema pero al poco rato noté cómo Miguel me miraba disimuladamente mientras leía. No sé si a todos les pasará pero a pesar de que se trataba de libros técnicos, el hecho de leer sobre sexo excitó a Miguel que en un vistazo que eché pude ver marcado tremendo bulto en su short. Poco a poco comenzó a mirarme más descaradamente y cuando lo veía me sostenía la mirada, hasta que como a las 2 horas ocurrió algo que yo jamás me imaginé.
Miguel se me quedó mirando de arriba a abajo y por fin me dijo:

 - Estás muy bonita.

 - ¿Qué dijiste?

 - Que estás muy bonita, ¿No te lo habían dicho?

 - Claro que no. ¿Qué te pasa?

 - Pues que me gustas, me gustas mucho.

Y en es momento se acercó a mí, yo tenía miedo pero permanecí inmóvil, en parte quería ver hasta dónde llegaba. Por fin se sentó junto a mí en el sillón y me pasó el brazo por la cintura jalándome hacia él y volvió a decir:

 - Me gustas mucho ¿yo no te gusto?

Y jalándome más hacia él empezó a besarme desde el cuello hasta llegar a mi boca, yo no me resistí, aunque al principio no respondí al beso, pero Miguel comenzó a abrirse paso con su lengua entre mis labios hasta que terminé besándolo mientras él me metía mano por todas partes.

Estuvimos así no sé cuánto tiempo, pero después Miguel comenzó a encimarse cada vez más en mí hasta que terminé recostado sobre el sillón y él encima de mí. Fue en ese momento que pude sentir contra mis piernas aquello que sólo había visto a través del short. Miguel seguía besándome y acariciando todo mi cuerpo, comenzó a frotarse contra mis piernas y a besarme y acariciarme con más fuerza hasta que de pronto me tomó la mano y me la llevó a su entrepierna y me preguntó:

- ¿Te gusta?

Yo no le respondí, pero tampoco me quité, él se bajó el short y llevó mi mano hacia su pene, nunca me había detenido a pensar cuánto mediría aquello, pero a mí me pareció enorme cuando lo vi. Era grueso y sólo un poco más oscuro que el resto de su piel. Se veía imponente saliendo de entre una gran mata de pelo oscuro que se continuaba hacia arriba a su abdomen y en la parte interior de sus piernas (Miguel es muy velludo)

- ¿Te gusta, chiquita mía? Acarícialo mamita, es todo tuyo.

De pronto se enderezó y se acercó a mi cara, me puso su pene enfrente y me dijo:

 - Chúpalo chiquita, por favor.

Yo, con algo de asco, me la metí en la boca, pero por la excitación se me olvidó el asco y comencé a chupárselo, no sé qué tan bien, pero se lo chupé.

- Así mamita. Chúpalo todo. Mételo todo en tu boquita.

Yo seguí chupando hasta que él empezó a metérmelo todo en la boca, cada vez más rápido y de pronto, sin avisarme me tomó del pelo, me presionó la cabeza contra él y sentí cómo se me llenaba la boca con algo caliente y espeso.

- ¿Por qué no me avisaste?- Le reclamé.

-No te enojes chiquita, perdóname, la mamas tan rico que no me pude contener.

Dicho eso me empezó a besar otra vez pidiendo perdón, hasta que otra vez sentí aquella presión contra mi pierna.

- Te quiero completita chiquita, quiero que seas toda para mí.

Y diciendo eso se tumbó sobre de mí completamente y con una de sus manos me empezó a separar las piernas y a intentar bajarme el short, pero me asusté y le dije que no quería, pero él con más fuerza me tomó y sin dejar de besarme me dijo:     

- También esto te va a gustar, ya lo verás.

Me bajó un poco el short y levantó una de mis piernas, como me dolió sólo atiné a pasar mi pierna al otro lado y apoyarla en el respaldo del sillón, quedando parcialmente de lado, mientras él con la otra mano me acariciaba el culo metiendo de repente uno de sus dedos en mi ano.

- Qué rico hoyito tienes mamita, va a ser todo para mí ¿verdad? ahora vas a sentir lo que es ser mujercita. Vas a ser mi mujercita ¿verdad chiquita?

- Sí, quiero ser tuya Miguel.

- No tengas miedo chiquita, no te va a pasar nada y te va a gustar.

Cuando dijo eso sentí cómo presionaba su pene hacia adentro de mi ano, me dolió mucho, pero él me calmó diciendo que lo haría con cuidado para no lastimarme y besándome mientras presionaba poco a poco hasta que sentí que ya no podía más y grité por el dolor.

- ¡Ya no! ¡Me duele mucho! ¡Ya no por favor!

- Tranquilízate mamita, relájate para que se vaya el dolor.

- ¡Ya no quiero, sácalo por favor!

- Calmadita, ya va a pasar.

Se quedó quieto un rato, mientras me besaba en la boca y el cuello, hasta que empecé a sentir que el dolor pasaba, entonces me preguntó si ya no dolía, le dije que no y me dijo:

- Ahora va a empezar lo bueno, ya veras como te va a gustar esto.

Lentamente empezó con un mete y saca que al principio me dolía, pero poco a poco empecé a sentir algo que me gustaba, mis quejidos de dolor ahora eran de gusto por aquello, Miguel se dio cuenta y aceleró el ritmo de sus entradas, hasta que yo no podía contenerme y gritaba pidiéndole más.

- Más.... Más..... Mételo más papi...

- Ya ves cómo te gusta. Cómetelo todo mamita. Te gusta como te cojo ¿verdad mami?

- Siiii, me gusta mucho,   aaaahhh sigue ........ más rápido!

De pronto, cuando aceleró más el ritmo, sentí una enorme tensión en todo mi cuerpo, sentía cómo se contraían todos mis músculos, incluso las entrañas, y de pronto como si de un sólo golpe todo mi cuerpo se relajara, fue una sensación tan maravillosa que por unos instantes me olvidé de todo, pero después de un momento otra vez comencé a sentir cómo Miguel seguía entrando en mi cuerpo cada vez más rápido hasta que sentí algo calentito dentro de mí y Miguel bajó la velocidad de sus embestidas entre jadeos.

- ¿Te gustó, mamita?

- Sí, me gustó mucho.

- ¿Quieres ser mi novia y seguir haciéndolo conmigo?

- ¡Si!

Me besó de nuevo y se me quedó mirando fijamente a la cara.

- Me recuerdas a mi prima.

- ¿Por qué?

- Tienes la misma forma de mirar que ella, incluso se parecen.

- ¿Cómo se llama tu prima?

- Carla Susana.

- Me gusta más Carla.

- Pues de ahora en adelante vas a ser Carla. Mi novia Carla.

- Como tú quieras.

Y a partir de ese día seguimos viéndonos en su casa, la exposición no nos salió muy bien que digamos, pero ya no me importaba. Durante los dos años que estuvimos en secundaria nos seguimos viendo casi a diario, algunas veces sólo nos la pasábamos besándonos o durmiendo, pero fueron dos años maravillosos. Cuando salimos de la secundaria nos distanciamos, él entró a otra escuela y dejamos de vernos, después de un tiempo me enteré de que se tuvo que casar porque su novia salió embarazada. Yo seguí con mi vida, consulté al médico y al fin me enteré que esos extraños cambios en mí se debían a que mi perfil hormonal correspondía al de una mujer, el doctor me dio varias posibles explicaciones y me dijo que para salir de dudas me sometiera a más pruebas. Yo estoy feliz así y ya no me interesa saber qué pasa conmigo. Por fin soy lo que siempre soñé ser. Si Dios o la naturaleza se equivocaron conmigo, creo que se dieron cuenta y enmendaron su error. Ahora vivo como mujer, me dejé el nombre de Carla y tengo una vida plena, actualmente tengo un novio al que conocí en la universidad y con el que llevo 3 años. Muy pronto planeo operarme para ser toda una mujer, aunque muchos piensen que es una locura de la cual me puedo arrepentir.

 
Si te gustó mi historia o te encuentras en una situación similar, escríbeme. Mi mail es: karla_ra77@hotmail.com