Mi hermano Andrés


Por fin me he decidido a explicar esta historia, después de diez años de silencio. He cambiado el nombre de los protagonistas como modo de precaución, pero todo ocurrió tal y como lo cuento.

Por aquel entonces yo compartía habitación con mi hermano, yo tenía 17 años y mi hermano 24. Yo era gay y mi hermano hetero, además con modales un tanto bruscos y en exceso varoniles, vaya, no nos llevábamos del todo bien. Hacía poco que había descubierto en el armario unas revistas mías con escenas de sexo entre hombres y, no me había dicho nada, pero yo sabía que, a su manera, lo había aceptado. Mi hermano Andrés era rapado o, por lo menos, vestía de esa estética, además no nos parecíamos en nada, él era muy delgado de puro nervio y muy moreno; yo, en cambio, rubio con el pelo cortado tipo liso y un poco de melena, muy blanquito y menos delgado que él. Andrés dormía en la litera de arriba y, cada noche, yo podía ver cómo se desnudaba, solía dormir en pelotas y casi siempre iba trempado de puro ímpetu, tenía mucho pelo en las piernas, bien contorneadas y un culo pequeño y apretado que a mí me volvía loco; los pectorales pronunciados y con algo de pelo también y un delicioso vello púbico que le descendía del pecho al sexo, su sexo, una polla delgada y larga, un tanto curvada y con el glande siempre reluciente, de color violáceo. Era un adonis, vaya. 

El problema empezó el día que se compró la tele y el vídeo, se pasaba el día viendo pelis porno y las escenas que más le gustaban eran las de penetración anal. Se sentaba en mi cama para ver la tele, mientras creía que yo dormía y se masturbaba lentamente, con parsimonia, hasta que le oía gemir y manchar el suelo de su abundante leche, joder, yo me ponía a mil. Una noche hice como que me despertaba y él me habló:

-Estoy muy cachondo, nen.
-¿Por qué? -le pregunté yo.
-Mi novia no se deja dar y yo me muero de ganas de metérsela.

-¡Oye! -me dijo- Tú que eres maricón, ¿te la han metido alguna vez por el culo?
-¡Qué dices!, - le respondí yo- , nunca he hecho nada con nadie aún.
-Tienes un culo muy bonito, - me dijo él- , es como el de una tía, caído hacia abajo y con los glúteos muy pronunciados, todo blanco y sin un pelo. Porque eres mi hermano si no te juro que te acabaría follando, con lo caliente que estoy.

Yo no le hice caso y me volví a hacer el dormido. Al cabo de un rato sentí cómo me bajaba el pijama. Suavemente empezó a magrearme los glúteos, sentí incluso cómo acercaba su nariz al agujero prohibido y su aliento me puso a mil. Empecé a moverme sin poder evitarlo. Entonces él empezó a introducirme un dedo en el culo, mientras, sentía cómo se masturbaba. Yo me giré de golpe: 

-¿De qué vas, tío?
-Va, déjame un rato, si a ti seguro que te gusta.
-No me jodas, Andrés, ¡vete a la cama!

Pero él me amenazó con contarles a mis padres que era gay, así que tuve que llegar a un trato. Le prestaba mi culo durante 5 minutos y él, a cambio, me dejaría en paz. Esa noche me llegó a introducir hasta tres dedos y, para acabar, acercó la punta de su polla al ano y se masturbó hasta correrse, su leche tibia me resbaló por la raja. Luego, se acostó. Yo, naturalmente, me la acabé pelando.

Pasé toda la noche soñando que mi hermano me poseía, en mi postura predilecta. Yo tumbado en la cama hacia abajo, con las piernas separadas y él encima, separándome aún más las nalgas con sus piernas poderosas y metiéndome su herramienta: el abrazo turco.

Pasaron los días y llegó el fin de semana. Mis padres se fueron a la torre y yo temblaba pensando en lo que podría pasarme. Mi hermano llegó de madrugada, hacia las 5 de la mañana, me despertó, olía a vodka y toda su ropa a tabaco. Estaba bastante borracho. Me dijo si no me importaba que se metiera en mi cama y le dije que no. Dejó la bomber sobre la mesita y pude ver sus bíceps y pectorales insinuados en su camiseta arrapada, casi sin mangas. El tejano era tan ajustado que parecía que su paquete fuera a explotar. Una vez en mi cama empezó a sobarme el culo.

-¡Oye! Otra vez no... hicimos un trato.
-He estado con mi novia en el coche hoy,-  me dijo -, y no ha querido hacer nada, estoy que me salgo y quiero follarte, de hoy no pasa.
-¡Andrés!, lo de la otra noche fue un error.
-Joder, tío, ¿te vas a dejar follar por un montón de tíos y no me vas a dejar a mí, que soy tu hermano?.

Dicho y hecho...

- Te voy a hacer el amor como a una pava. - me dijo.

Entonces me giró hacia él y empezó a besarme, bueno, besarme... me daba lametones en los labios y me succionaba fuertemente la lengua, su olor a alcohol y tabaco me excitaba. Después empezó a morderme los pezones, me hacía daño pero era una mezcla de dolor y placer. Cuando llegó a mi polla la esquivó directamente, supongo que se consideraba demasiado hombre como para comerme el rabo. Me giró violentamente y me abrió las nalgas con sus huesudas manos, casi me dolía cuando me empezó a chupar el ojete, como un loco, metiéndome la lengua hasta el fondo. 

- Ahora te voy a follar, marica.

Dijo, y se tumbó encima mío con su respiración alcohólica y me le empezó a meter, cuando entró la punta di un grito horrible, me dolía un montón, pero el cabrón escupió sobre mi culo y me la introdujo del todo, al tener una forma curvada tuve que moverme para que no me desgarrase del todo. Estuvo bombeando un rato pero estaba tan borracho que se quedó dormido, con su polla dentro. Cuando se desinfló pude zafarme de él y colocarlo a un lado: se quedó dormido o inconsciente boca abajo. Le observé durante un rato, tenía el culo absolutamente cubierto de pelo negro y sus piernas, robustas, eran también una especie de animal. Estaba desnudo y con los calcetines puestos, esos horribles calcetines blancos de tenis que no combinan con nada. Le pellizqué las nalgas y, nada, no se despertaba. "Es la mía", me dije, y dicho y hecho, embadurné de saliva mi polla, que es mucho más gruesa y acaba en punta, y me lo follé, vaya si me lo follé, le hice pagar todas las putadas que me había hecho de niño. Se la metí incansablemente hasta correrme sobre su espalda y después subí a su cama para dormir. Las consecuencias que me esperaban al día siguiente fueron bestiales...

A la mañana siguiente me levanté, me duché y me vestí. "Mierda, no tengo calzoncillos limpios", me dije, así que me coloqué unos pantalones de sport, las bambas y una camiseta de ir por casa. Y me tumbé en el sofá a leer cómics. Mi hermano Andrés seguía durmiendo. A eso de las 8.00 h oí cómo se levantaba, se puso un pantaloncito de fútbol y se dirigió al lavabo. Al salir vino directamente hacia mí.

-¡¿Qué pasó anoche?! Me duele el culo un montón y he cagado fatal. ¿Qué coño pasó anoche? - 
preguntó irascible.
-Pues que llegaste borracho y me la metiste, casi obligado, luego te quedaste dormido y yo me masturbé sobre tu espalda.
-¡Y una mierda! -dijo él- Me has follado por el culo, ahora soy un maricón más, ¡te has aprovechado de que estaba bebido!

Mientras hablaba me cogió del pelo y me arrancó del sofá, tirándome al suelo.

- ¡Quítate el pantalón! - Me ordenó, y me puso a cuatro patas.

- Te voy a joder tanto que te vas a acordar para siempre de esta. Te juro que dejarás de ser gay. 

El muy cabrón me la endiñó de golpe, aunque yo ya estaba algo dilatado, y me empezó a follar insultándome como si fuera una puta. El tío se recreaba y, cuando se cansaba, la sacaba y me la volvía a meter. Estuvo bombeando no sé cuánto tiempo pero a mí me dolían las rodillas. 

- Vamos a la cama! - dijo, y tumbándome de espaldas siguió con la faena. 

Mi hermano era un sádico, de vez en cuando paraba, echaba un cigarro, y después seguía y seguía hasta que se corrió dentro de mí. Ahora lo pienso y fue una locura, hay que utilizar siempre condón, aunque confíes en el otro, aunque sea tu propio hermano. Después de correrse nos quedamos los dos profundamente dormidos.

A media tarde llegó un colega suyo, un tal Manolo, pero si queréis saber cómo acabó la historia tendríais que pedírmelo. Espero que os haya gustado. Tenía ganas de explicarla. Podéis contactar conmigo en:

Miguelete27@latinmail.com