Mis inicios gays
Hola amigos lectores:
Este es mi primer relato. Hace tiempo que soy asiduo lector de esta página y
finalmente me decidí a compartir con otros similares, mis vivencias y recuerdos
imborrables de mi verdadero debut en la homosexualidad.
LOS ANTECEDENTES
Cuando yo tenía 4 años mis padres se separaron y yo quedé a cargo de mi madre.
Pero a poco tiempo de haber cumplido los 14, tuve que pasar a vivir con mi
padre, al que no recordaba ni había vuelto a ver desde que era muy niño.
A pesar de mi relativa corta edad, ya tenía muy clara mi orientación sexual
hacia los hombres, pero mi comportamiento era (y aun lo es) totalmente
masculino. Ya me había desarrollado y llegado a mi altura definitiva de 1.86.
Pesaba 75 kg, pelo rubio lacio y ojos verdes. Sin falsa modestia, estaba muy
bueno y aparentaba ser bastante mayor. Tenía éxito con las chicas, cosa que no
despreciaba. Pero mi verdadero gusto eran (y son) los machos y sus vergas.
El encuentro con mi padre, que para entonces contaba con 30 años, me sorprendió
muy gratamente. Alto, de 1.80, apenas unos centímetros más bajo que yo, y con un
cuerpo muy bien mantenido en el gimnasio, lo hacían un macho muy apetecible. Es
rubio como yo, pero de pelo ondulado y ojos celestes. Un simple abrazo
acompañado de un silencio por no saber que decir, fue nuestro primer contacto.
También para él fue una verdadera sorpresa encontrarse de la noche a la mañana
con un hijo que lo sobrepasaba en altura. Yo no podía, ni me nacia, llamarlo
"papá", pues éste era un bocablo que, por desuso, era ajeno a mi léxico. Lo
llamaba siempre por su apodo "Bebe". Podría decirse que nuestra relación era la
de dos desconocidos, unidos por un vínculo que alguien nos contó que teníamos.
Nunca sentí, ni entonces ni ahora, sentimiento filial alguno hacia él. ¡Por
suerte!
Mi padre explotaba un taller mecánico de motos en sociedad con un amigo, Mario.
El taller tenía una pequeña vivienda anexa, que servía de residencia a mi padre,
y donde yo también me instalé.
Mario, su socio, era un machito lindísimo de 29 años, 1.75 de altura, de piel
canela clara, físico delgado pero fibroso y marcado; pelo lacio, oscuro y corto,
y tenía unos ojos negros que te derretían con la mirada.
De más está decir que tanto mi padre como Mario eran unos galancitos en el
barrio. Se notaba claro el arrastre que tenían entre las mujeres, que
prácticamente venían a regalarse al taller.
Como era época de verano y yo estaba de vacaciones, mi única actividad era
ayudar algo en el taller. Debido al calor, tanto mi padre como Mario utilizaban
muy poca ropa. Mi padre generalmente calzaba sólo unas bermudas hechas a partir
de unos viejos bluejean agujereados. Mario tenía un mameluco raido, que
utilizaba abierto hasta más abajo de la cintura.
El ver sus buenos cuerpos, y sentir el olor a macho que despedían despúés de un
rato de trabajo, me resultaba super morboso y me ponía a millón. A cada rato
veía un pedazo de verga o bola saliendo por algún agujero de la bermuda de mi
padre o el nacimiento de la pija de Mario a través de su desabrochado mameluco.
Andaba todo el día caliente y me mataba a pajas soñando poder gozar a este par
de sementales.
LA OPORTUNIDAD
Un día mi padre nos avisó, a Mario y a mi, que llegaría tarde, porque tenía que
ir a ver una moto a la casa de un cliente. Le pidió a Mario que se quedase
conmigo acompañándome hasta que él volviese.
Cuando llegó la hora, cerramos el taller. Mario procedió al igual que todos los
días, a ducharse luego de una jornada de trabajo caliente y sucia. Yo lo vi
desnudarse y meterse en la ducha, y eso bastó para ponerme la pija al mango.
Tuve que hacerme la enésima paja del día.
Cuando salí del cuarto ya más "calmado", me encontré con Mario sentado en el
sofá de la pequeña sala que teníamos, con las piernas y brazos bien estirados,
disfrutando del fresco luego de la ducha que se había dado.
Me senté en una silla frente a él, mirando siempre que podía el bulto que tenía
entre las piernas. Hablamos de cualquier cosa, y en un momento me comenta,
refiriéndose a mi padre, que sin duda lo de la moto era puro cuento, y en
realidad se habría ido a coger con alguna piba del barrio y por eso llegaría
tarde.
Hablando consigo mismo, y diciendo que "a falta de pan, buenas son tortas" , se
levantó del sillón dirigiéndose al taller. Retornó con una revista pornográfica
y volvió a sentarse en el sillón. Me invitó a sentarme a su lado para ver la
revista, que desplegó en la mesita ratona que estaba frente al sofá.
Por supuesto que fui volando y me senté a su izquierda, lo más junto que
prudentemente podía hacer. El corazón me latía a cien por hora, y tenía
nuevamente la pija dura, a pesar de haberme pajeado hacía apenas unos instantes.
Mi pierna derecha quedó levemente en contacto con la suya. El roce de los pelos
y el calor que desprendía su piel, me inducía una descarga eléctrica desde la
punta del dedo gordo del pie hasta la punta de los pelos.
Mario empezó a pasar las páginas muy lentamente, y mientras miraba fijamentese
las fotos bien calientes de la revista, con su mano derecha comenzó a
acariciarse la verga a lo largo, por encima del short. Yo mantenía la cabeza
dirigida hacia la revista, pero mi vista estaba desviada a la derecha, clavada
en la estaca vertical que crecía segundo a segundo entre las piernas de Mario.
En cierto momento, pero sin mirarme, pasó su brazo izquierdo por encima de mis
hombros, atrayéndome hacia él. Paralelamente aumentó el ritmo de las caricias
que prodigaba a su verga. Yo quedé entre petrificado y embobado mirando el
accionar de la mano de Mario sobre su verga.
Casi enseguida volteó su cabeza hacia mi y sus negros ojos me paralizaron con
una mirada suplicante y cargada de líbido. Nuestras caras estaban a pocos
centímetros de distancia y podía disfrutar su tibio aliento acariciando mi
rostro. La lengua de Mario asomó para humedecer sus labios, que luego dirigió a
mis mejillas, mientras tomaba mi mano y la dirigió hacia su verga, guiandome con
la suya para que continuara con el "masaje" que se estaba dando. Mientras me
besaba suavemente en la cara y con su mano apretaba la mia contra su verga,
gemía y me decía al oido "siiiii, .........así guachito lindo, segui asi...........".
Su brazo izquierdo, que seguía apoyado sobre mi hombro apretándome hacia él, fue
bajando lentamente a lo largo de mi espalda, hasta llegar a mi cola. Metió las
manos por el elástico de mi pantalón deportivo y comenzó a acariciarme las
nalgas directamente sobre la piel.
El placer de estas caricias, los susurros de Mario en mis oidos, su aliento
envolviendo mi cuello, el olor a macho que exhalaba más la nueva e increible
sensación para mi, del tacto de una verga, hicieron que perdiera totalmente la
razón. Intruduje mi mano izquierda por la abertura entre la pierna y el short de
Mario, alcanzando mi más preciada presa: su pija en vivo y directo.
Por primera vez en la vida pude tener entre mis manos esa maravillosa y opulenta
barra de carne, caliente y pulsante, de un macho adulto. Era la concresión de
todos mis sueños y fantasias hasta ese momento.
Todo mi ser estaba convulsionado. Calentura, morbo, deseo, exitación, y mil
otras nuevas sensaciones nunca antes sentidas, coparon mi cuerpo y mente.
Instintivamente empecé a bajar el short de Mario para liberar esa verga de su
prisión. Él colaboró alzando ligeramente su cuerpo del sofá, y luego recogiendo
las piernas, de tal manera que finalmente logre liberarlo del bendito short.
Mario quedó absolutamente en bolas, sobre el sofá, y con su verga como de 18 cms.
golpeándole contra el estómago llegando casi al ombligo. Sus bolas, peludas y
gordas descansaban colgadas hasta el asiento del sillon. Su torax era un
espectáculo. De entre medio de sus dos tetillas comenzaba un camino de pelos no
muy largos pero oscuros, que llegaba hasta el ombligo. De alli hacia abajo, y
parcialmente tapados por la pija parada, se adivinaba que aumentaban ligermente
hasta culminar en el pubis. Las piernas eran fuertes y con el pelo justo como me
gusta. Para mi fue el mejor espectáculo que había visto hasta entonces en mi
vida.
Mario me miró fijo a los ojos con esa mirada matadora que tenía, y moviendo la
verga me preguntó si me gustaba. ¡Cuantas veces sentí luego en la vida esa misma
pregunta! ¿Será que cada hombre la hace para reforzar su autoestima sexual?
No recuerdo exactamente si dije algo, pero si que me avalancé sobre aquella
lanza de carne que Mario blandía con su mano. Quedé en una situación que no
lograba definir, entre la pasión y la adoración. No me alcanzaban las manos ni
la boca ni todos los órganos de mi cuerpo para poder disfrutar cabalmente del
espectáculo que para mi representaba aquel macho. Quería fundirme con Mario.
Instintivamente agarré aquella verga con las dos manos y la fui intruduciendo en
mi boca como si se tratase de un objeto sagrado. Comencé a chuparla como si se
tratase de un helado de sorbete muy cargado y derritiéndose. Nunca en mi corta
vida había visto una verga tan grande, jugosa, llena de venas y apetitosa, y eso
me desesperaba. Era la realización de un sueño que para ese entonces consideraba
una fantasía inalcanzable.
Era mi primera mamada y creo que no lo hacía mal. Mario se había sentado contra
la esquina izquierda del sofá, con sus piernas bien abiertas y yo estaba boca
abajo a lo largo del sillón. Mi cabeza estaba hundida entre las piernas de Mario
degustando el sabroso bocado que allí crecía. Mientras, la mano derecha de Mario
me agarraba del cuello marcandome el ritmo de la mema, y la izquierda amasaba mi
cola y alguno de sus dedos jugaban con el aro de mi culito virgen.
El contacto con Mario, su piel, su olor a sudor y sexo, creaban un cocktail
embriagador que me hacía volar igual que puede hacerlo una droga. ¡Había
alcanzado el Nirvana!.
Así estuvimos como diez o quince minutos, hasta que Mario empezó a aumentar el
ritmo que marcaba con su mano sobre mi cabeza, al tiempo que alzaba su cadera
para enterrarme su pija bien hondo en la garganta. Un par de veces me atoré y
tuver arcadas. Sólo detuve la mamada momentáneamente.
De pronto, el ritmo de Mario se hizo mucho más rápido y convulsionado. Yo sentí
que su pija crecía aun más dentro de mi boca, se ponía dura como un hierro. Me
dijo "......me acabo.......alli te va toda la lechita...........tragátela
completita.......ahi va.......ahi va.........ahi vaaaaaaaaa........." No se
cuantos fueron, pero calculo que no menos de cinco chorros de leche fueron a
parar a mi boca.
Mientras disfrutaba de esta descarga láctea en la boca, mi pija, que había
quedado aprisionada entre mi cuerpo y el sillón, también explusaba nuevamente el
contenido de mis huevos.
Fue la primera vez que recibí leche de pija en la boca. La falta de experiencia
previa, provocó que pese a mis esfuerzos por retenerla en la boca, la mayor
parte se filtró por la comisura de los labios.
Cuando terminamos, Mario me dijo que teníamos que poner todo en orden antes de
que llegase mi viejo. Nos paramos, nos higienizamos cada uno por su lado,
lavamos y arreglamos las cosas. Mario preparó el mate y nos sentamos frente a
frente. Estuvimos un rato en silencio. Yo no sabía lo que hacer o decir y
mantenía la vista clavada en el piso. Al final fue Mario quien habló, y dejando
entrever una buena dosis de temor, me pidió que por favor no fuera a decirle
nada a nadie, y menos a mi viejo; que todo debía quedar como un secreto entre
los dos; que lo que habíamos hecho fue sólo una calentura del momento, y que la
mar en coche etc. etc.
Ahora que tengo experiencia, comprendo que debía estar con el culo a cuatro
manos, por haber tenido relaciones con un menor, hijo de su socio, y para colmo
sin saber como reaccionaría yo.
No se de donde saqué valor, madurez, o no se que, pero le dije que por mi no se
preocupase. Le confesé que a mi me gustaban los hombres, que andaba todo el día
caliente con ellos dos y que desde que había llegado deliraba por hacer lo que
hicimos. Que me mataba a pajasos pensando en ellos.
Me acuerdo que Mario abrió los ojos como el dos de oro y dijo "¡Como con los
dos!, ¿Con tu padre también?
Le expliqué como veía yo las cosas y que por favor no me considerase un
degenerado. Mi padre sería mi padre, pero para mi era un tipo al que no
recordaba haber visto nunca. Un completo desconocido. Y que además, estaba bien
bueno y me gustaba mucho. Que me parecía que tenía una pija grande que quisiera
ver, tocar y gozar. Así que si en algún momento se cuadraba algo con él, de mi
parte no tendría problemas.
Mario quedó de boca abierta. Pero me parece que enseguida le picó el morbo y me
preguntó si me animaría a hacer algo los tres juntos. Mi respuesta fue
inmediata: "Esa es la fantasía que acompaña a todas mis pajas desde que los
conocí".
Habría pasado más de una hora desde que terminamos nuestra faena, cuando a eso
de las 10 de la noche llegó mi padre. Se notaba que había estado tomando algo de
alcohol y venía medio alegrón. Me pidió que fuese hasta un almacén cercano para
comprar unas cervezas.
Cuando regresé con mi encargo, arregle las botellas en la heladera y aduciendo
sueño, me retiré al dormitorio. Apagué la luz, pero dejé la puerta entornada
para poder oir lo que hablaban Mario y mi padre.
Logicamente lo que primero salto fue la indagatoria de Mario con respecto a como
le había ido a mi padre con la mina con que había salido. Entre risas y
comentarios soeces pasaron un buen rato, intercalando con varias cervezas.
Luego fue mi padre quien le preguntó a Mario si durante su ausencia había estado
todo bien. Mario le contó que estuvimos viendo televisión; que yo le pregunté
algo sobre la moto que iba a ver, y que él directamente me había contado la
verdad. Justificó su acción aduciendo mi madurez.
Sentí ruido de apertura de nuevas cervezas, y la voz de mi padre que retomó la
conversación, pero con un tono más bajo.
- "Mira Mario: Comparto contigo lo de la madurez, pero hay algunas cosas raras
en el comportamiento de este pibe.¿No te diste cuenta de la forma como nos mira?
El otro día lo pesqué sin que él se diese cuenta, con la vista clavada en tu
entrepierna y relamiéndose los labios".
Me quedé pasmado frente a lo que oí decir a mi padre. Ya me había calado. Lo
siguiente que escuché fue un fuerte carraspeo de Mario, casi como si se hubiese
atorado con la cerveza que estaría tomando. ¡Era lógico!. Mario comenzó a decir
-Bueno, ya que lo decis, la verdad es que........
y a partir de allí la voz bajó a nivel de susurro y dejé de oir de que hablaban,
aunque me lo imaginaba. Cada tanto, los dos reian fuertemente y luego
continuaban con su cuchicheo. En cierta manera ese comportamiento de ambos me
daba un cierto grado de tranquilidad. Si algo se estaba ventilando sobre mi, no
parecia preocuparles mucho.
Más tarde retomaron en volumen habitual de voz, siguieron hablando de otros
temas y tomando cerveza. Yo finalmente me acosté y dormí.
Cuando me levanté a la mañana siguiente, mi padre y Mario estaban tomandose unos
mates, como normalmente hacían antes de comenzar la tarea diaria. Al verme, mi
padre empezó contarle a Mario sobre la fabulosa culeada que se había mandado en
la víspera. Sabiendo yo que en la víspera le había contado todo a Mario,
evidentemente habían montado un teatro para pulsear mi reacción.
Yo comenté que entonces la moto que había ido a ver no era de un, sino de una
cliente. Me contestó que no. Entre sonrisas irónicas de ambos, dijo que se
trataba de un hombre, pero que tenía gustos de mujer. Ambos largaron sendas
carcajadas y se quedaron mirandome fijo.
Yo me puse todo colorado, traté de hacerme el idiota y dije que si no había
tarea para realizar me iba a ver la televisión. Cuando me devolvía sobre mis
pasos, mi padre me dice que no me fuese, ya que había algo para hacer que había
quedado pendiente del día anterior.
Me devolví medio contrariado para ver de que se trataba. Cuando llegué junto a
ellos, mi padre, sonriendo, me pasa el brazo por la cintura, y halándome hacia
él me dice al oido:
-¿Serías capaz de hacerle a papi lo mismo que le hiciste anoche a Mario?
El contacto con el cuerpo de mi viejo y su voz varonil en la oreja, me pusieron
la piel de gallina y me paró la pija. Me sentí en la gloria. Mi semblante debe
haber cambiado un 100%, y al tiempo que dirigí a Mario una amplia sonrisa,
cómplice y agradecida, respondí a mi padre manoteándole la verga sobre su
bermuda y dándole un piquito. La reacción inmediata de mi viejo fue agarrarme
fuerte de las nalgas mientras entre risas decía "¡¡Ese es mi hijo!!".
El resto del día nos la pasamos en una gran jarana. Por un lado, cada vez que
podían, Mario o mi padre me tocaban el orto o recostaba sus vergas contra mi. Y
yo no perdía oportunidad para sobarselas. Me llenaron de promesas de que me
comerían el culo de mil formas distintas.
Para el mediodía, en lo personal, ya me había hecho un par de pajas. Mi padre ya
andaba con la verga bastante morcillona. Siguiendo con el mismo espíritu de joda
que reinó durante toda la mañana, le aviso a Mario que nos esperase un rato para
almorzar, porque primero tenía que darme la mamadera.
Nos fuimos al dormitorio. Me hizo sentar en el borde de su cama, se sacó sus
bermudas que tiró contra un rincón y quedó totalmente en bolas frente a mi. La
verdad es que mi viejo estaba de puta madre. Su cuerpo era más musculado que el
de Mario y se le marcaban muy bien sus abdominales. Las piernas bien fuertes y
el culo parcía esculpido en piedra. Para mi gusto, lo único que le faltaba era
algo de pelo en el cuerpo, pues era bastante lampiño.
Puso sus manos a ambos lados de mi cabeza apoyándola contra su pubis y
moviendola de izquierda a derecha al tiempo que su cadera se movía en sentido
contrario. Me estaba refregando los pendejos y la verga por toda la cara y para
mi era la mayor de las delicias. Agarré firmemente sus nalgas con mis manos y lo
impulsé fuerte hacia mi a fin de aumentar la presión de contacto al máximo
posible. En la medida que su pija empezó a cobrar dureza, una de sus manos la
dirigio hacia mi boca y empezó a pasarla como si de un lapiz labial se tratase.
Tambien me la refregaba como si fuese un pincel por toda mi cara. Nuevamente me
parecía estar en el paraiso. Automáticamente dirigí una de mis manos a mi verga
para pajearme, pero mi padre me la quitó diciendome que aun no.
La pija de mi padre era un perfecto obelisco de carne, de 18 o 19 cm de altura.
Comenzaba en punta bastante aguda, e iba ensanchándose permanentemente hasta la
base, donde tenía un grosor considerable. El borde del glande casi no sobresalía
de la superficie lateral del "monumento". Supe luego que estas son las vergas
con que menos sufres y más gozas cuando te están dando una buena cogida por el
culo.
Cuando la pija de papá alcanzó su dureza de batalla, me explicó como le gustaba
que le chupasen la pija. Debía meterme en la boca sólo la cabeza, y con la
lengua juguetear alrededor de la misma y dentro del hueco del meato. Así lo hice
durante un buen rato. Sin duda era mucho más descanzado que como se la había
chupado a Mario la noche anterior.
Noté como poco a poco la verga de papi iba cobrando mayor dureza y su cuerpo
comenzaba a vibrar espasmódicamente. Me avisó que iba a acabar, y que yo podía
empezar a pajearme. Sacó la pija de mi boca, la meneó un par de veces con su
mano frente a mis ojos y comenzó a largar cantidad de chorros de leche que a
medida que salían iba esparciendo por toda mi cara. ¡Hasta en las orejas me
entró leche! Después, con su dedo índice recogió los chorretes de leche que
colgaban de mi cara, los depositó sobre su verga y me pidió que me los comiese
desde su "plato". Me explicó que una acabada equivalía a un churrasco. Ese día
me debo haber comido como tres por lo menos.
No fuimos al baño juntos a lavarnos para luego almuerzar. Mario ya estaba
sentado en la mesa esperandonos. Me pidió que me sentase en su falda, y pude
notar que tenía una erección muy importante. ¡Que rico era sentir una verga
contra el culo!
Por supuesto esta historia no termina aquí, sino que sigue hasta el presente,
luego de transcurridos 15 años. Si les interesa, puedo relatarles como esa misma
noche perdí mi virginidad anal. Me encantaría que me hagan llegar sus
comentarios a mi e-mail
faustino080@yahoo.com.ar
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