Mis inicios gays (II)

 

Estimados lectores:

Muchas gracias por todos los mails que me mandaron, incentivándome a escribir el relato de como terminamos ese día con mi padre desvirgándome el ano.

En la primera parte de este relato les contaba de que manera tuve sexo con mi padre biológico, aunque para mi era un absoluto desconocido.

Antes del almuerzo de ese día, había recibido una buena dosis de semen por parte de mi progenitor. Terminé comiendo sentado en la falda de él o en la de Mario, su socio en el taller. ¡¡¡Qué lindo era sentir el roce de sus pijas duras contra mi culito virgen y juvenil!!

Cuando terminamos de comer, yo levanté la mesa y lavé los trastos, como era costumbre.  Mi padre se fue al dormitorio a descansar un rato antes de reabrir el taller, cosa que hacía a diario. Mario descansaba en el mismo sofá donde la tarde anterior le habia practicado una esquisita felación.

Terminada mi tarea, mi padre me llamó al dormitorio. Me indicó que me acostase junto a él quedando los dos de costado enfrentados. Me habló muy francamente y mientras me acariciaba el pelo me preguntó si yo estaba realmente dispuesto a ser un "puto". Yo le respondí que a mi me gustaban los hombres y sus pijas. Y sería lo que fuese para poder gozarlos como lo había hecho con Mario y él en las últimas 24 horas. 

-Si esa es tu decisión, es mi deber como padre de entrenarte para tu vida futura. Por lo tanto, hoy te voy a enseñar a coger. Chupar, ya lo haces bastante bien, y no requieres mayor entrenamiento.

Al cabo de una media hora más o menos, mi padre se levantó y junto con Mario fueron a abrir el taller. Mientras, yo me quedé un rato más en la cama aprovechando para hacerme una nueva y suculenta paja.

Cuando aparecí por el taller, mi padre me entregó un dinero y me mandó a la farmacia a comprar una pera de goma de las grandes y glicerina con xilocaina. Yo fui lo más cándido, con una inocencia que, en realidad, no se correspondía con mi posición real. Pero les juro que así fue.

La tarde transcurrió como siempre, pero ahora en cuanto yo podía les tocaba las pijas a Mario o a mi padre por encima de sus escasas y mugrientas ropas de mecánicos. En respuesta, mi culito era agasajado con caricias de variada fuerza, intensidad y duración.

A eso de las 6 de la tarde, mi padre me índicó que lo acompañase a la vivienda. Agarró la pera de goma y la glicerina que yo había comprado y nos dirigimos al baño.  Me dijo entonces que para poder coger debía estar siempre muy limpio. Y que además como era doloroso, él me prepararía para que sufriera lo menos posible.

-Lo primero es lavarse bien, y para eso hay que hacerse un enema.

Lleno el lavatorio con agua tibia y cargó la pera. Pasó un poco de glicerina en el pico de la pera, me mando desvestir y que me inclinase hacia adelante. Mientras me acariciaba y alababa mi culo prometiendome los mayores goces del mundo, me introdujo la punta de la pera en el culo, la cual entró sin dificultad. Mandó él agua poco a poco dentro de mi, lo que me causaba una sensación extraña pero no ausente de placer. Me indicó que debía aguantar el agua en el intestino lo más posible, y que cuando no aguantase más, me sentase en el water para descargar el contenido de mis entrañas.

Así lo hice y repetimos la operación dos veces más. La última agua salió limpita.

-Ahora hay que ir dilatando para que no duela cuando te claven la pija.

Acto seguido, se puso un condón en un dedo, lo mojó con la glicerina y me lo fue metiendo por el culo. Hacía movimientos de mete y saca y circulares.

Mientras tanto, me preguntaba si me dolía y si me gustaba. Lo único que yo hacía era responder entre suspiros "no" y "si" respectivamente. Al poco rato, ya estaba moviendo el culo acompasadamente con el tratamiento que estaba recibiendo. Mi calentura era inmensa y me di cuenta que mi padre también lo estaba. Me avalancé sobre su pija, le bajé los bermudas y comencé a chupar esa fuente de nectar divino como un ternero muerto de hambre.

Mi padre seguía masajeándome el culo con una mano y con la otra me agarró de la cabeza y empezó a cogerme duramente por la boca dándome fuertes enviones con su pelvis. Me decía lo puto que era; que me iba a llenar de leche; que nunca se la habían chupado tan bien; y otras cosas calientes por el estilo. A los pocos minutos, acabamos los dos juntos. Yo tenía tanta calentura, que me trague toda su leche.

Volvimos al taller ya para cerrar y Mario nos miraba con una sonrisa pícara. Yo le agarré una de sus manos y la llevé hacia mi culo para que sintiese como tenía mi agujerito dilatado.

-Es todo para papá y si en algún momento lo querés, también te lo puedo dar.

Mario se rió, se acomodó la verga y comentó que yo era lo más puto que había visto en su vida. Se fue deseándonos "muy buenas noches" a mi padre y a mi.

Mi padre se baño y salió a comprar algo para la cena. Antes me indicó que cuando me bañase, repitiese un par de veces el enema y después el masaje con la glicerina en el anillo del ano.

Como a la hora, mi padre regresó con la comida. Yo ya estaba relimpio y con el culo que ni lo sentía por efecto de la xilocaina.

Iba a preparar la mesa para cenar, pero mi padre me dijo que primero debía seguir con sus enseñanzas. Nos fuimos al dormitorio y nos desnudamos. Mi padre se tiró boca arriba en la cama y meneándose la pija me pidio que se la chupase hasta que se la dejase bien parada.

¡¡¡A mi juego me llamaron!!! Me arrodille entre sus piernas y me engullí su pija como si me fuera la vida en ello. Al rato mi padre me hizo girar 180° de manera que yo quedase con mi culo en pompa hacia él y su pija con el ángulo exacto para ser devorada hasta las amigdalas.

Comenzó entonces una vez más su tratamiento de dedo más glicerina/xilocaina. Yo tenía el culo adormecido, y ya prácticamente no sentía nada. Me metio un segundo dedo y seguía dilatandome. Sólo sentí algo cuando introdujo el tercer dedo. Se lo dije y entonces me agregó otra dosis de glicerina en el orto.

-Ya estás preparado para desvirgarte ese culito divino que tenés.

Primero me enseñó como se colocaba un preservativo en la pija. Una vez que lo tuvo colocado me indicó que me pusiese de rodillas sobre el bode de la cama, con mi culo en pompa. Se paró detrás mio, arrimó la cabeza de la pija a mi culo presionando levemente, y derramó un poco más de glicerina sobre mi rabadilla y su pija. Me comentó que la xilocaina era para anestesiar mi culo, pero que no debía llegar de ninguna manera al glade de la verga, porque sino ella perdería sensibilidad. Por eso él se había puesto primero el preservativo y después recien agregaba el lubricante anestésico. Por último, y presionando un poco más su glande contra mi culo, me dijo que hiciese fuerza como para cagar, que eso facilitaría la penetración. 

Así lo hice. La verdad es que con la dilatación que ya tenía, más el efecto de la xilocaina a nivel del anillo de mi culo, prácticamente no tenía dolor alguno. Es más, estaba realmente anestesiado localmente y no sentía casi nada. Sólo sentía que con cada envión de las caderas de mi padre, se me iba llenando más y más el intestino. Mi padre me la metia y sacaba con movimientos cortos y lentos, pero en cada envión me clavaba un poco más. En el cuarto o quinto empuje sentí un pequeño dolor y unas ganas tremendas de cagar, que le avisé a mi padre. Por su respuesta me enteré que ya la tenía toda adentro, que las ganas de defecar eran normales pero no reales y que lo que me dolía era que la verga había llegado a lugares que no habían sido alcanzados por los dedos y el anestésico.

Mi padre me agarró fuerte de las caderas y empezó a moverse en circulos dejandome la verga bien clavada en el culo. Ambos estábamos gozando mucho. En cierto momento me indicó de que me tirase sobre la cama boca abajo. Lo hicimos lentamente de manera de que no se saliese la verga del culo. Mi padre quedó encima y detrás mio. Sentía su respiración agitada contra mi nuca, y sus manos acariciándome y pelliscándome las tetillas al tiempo que me decía un montón de cosas obscenas que me ponían a millón.

Después cambiamos de posición, se pudo mis piernas en los hombros y me la clavó de un solo envión. Se movía como los dioses. ¡¡¡La puta que lo parió, quie bien coge mi padre!!!

Para mi padre, estábamos en el tercer polvo del día, y demoraba un poco en acabar. Pero yo con mis 14 años, acabé dos veces seguidas mientras mi padre me llenaba el culo de verga.

En un momento, él empezó a aumentar el ritmo y violencia de los golpes de su pelvis contra mis nalgas. Separó mis piernas fijando la vista en como entraba y salía su verga de mi culo, lo que lo llevó a una explosión de frenesí sexual. Mientras me decía una y mil obscenidades con una cara de lujuria indescriptible, comenzó a descargar su preciosa leche dentro del condón.

Se desplomó rendido sobre mí. Quedamos así un rato, hasta que su pija se fue achicando y se salio sola de mi culo. 

Como estábamos en pleno verano, y habíamos sudado copiosamente, volvimos a bañarnos y nos dispusimos a cenar.

Y así fue como perdí mi virginidad anal.

Les cuento que desde allí en adelante, hemos hecho de todo. Tengo infinidad de recuerdos e historias. Entre ellas sobresalen los trios con Mario y mi padre. Cuando cumplí 15 años mi padre me trajo como regalo una puta para cogernosla entre los dos. Cuando yo estaba encima de la puta bombeándo mi verga en su concha, mi padre me ensartó por detrás. Pocas veces gocé tanto.

Muy seguido me llevaba algún amigo casual o compañero de liceo para casa a fin de encamarnos. Cuando entrábamos al taller y veían que estaba mi padre y su socio, se quedaban cortados. Le explicaba que todo estaba bien, y nos íbamos a disfrutar de lo nuestro. En más de alguna oportunidad, repitiendo a mi amigo de turno que ya había logrado cierta confianza con respecto a la situación, incorporamos a mi padre en nuestra jodita.

A medida que fui creciendo, y hacía nuevas amistades, fue bajando la frecuencia de encuentros sexuales con mi padre. Pero jamás desaparecieron. Actualmente tengo 29 años y mi padre 45. Sigue siendo un machito muy apetecible. Para que se hagan una idea, la parte de mi desvirgamiento en este relato, la redacte en el PC, clavado con la verga de papá en el culo. ¡¡¡Que mejor para recordar, que repetir la acción!!!

 

Faustino