Mis Memorias Sexuales
 

Me gusta mucho leer las experiencias que han vivido otras personas, sobre
todo de hombres teniendo sexo, principalmente cuando se trata de jóvenes.

Debo decirte que soy de México (DF) y actualmente tengo 35 años. Ahora te puedo decir, sin ningún complejo, que me considero bisexual activo 100%. Hasta hace como cinco años no lo aceptaba y me sentía como un ser extraño en este mundo. Fue gracias a esta maravilla del siglo llamada computadora e Internet, que descubrí el porcentaje tan alto de hombres a los que también les atrae su mismo sexo, aún cuando se consideran heterosexuales y no lo aceptan, o simplemente presionados por las estúpidas reglas impuestas por la sociedad, se han creado temores infundados y ocultan sus verdaderas preferencias; con ello se condenan ellos mismos al obscuro mundo de la frustración, a ese sabor amargo que te deja la soledad y el saber que no te sientes realizado.

Quiero platicarte lo que ha sido mi vida, lo que fueron mis ilusiones, mis necesidades y como crecí, sin saber que yo era bisexual. Si tu así lo quieres, puedes publicar en tu sección de relatos, toda esta historia en la que tratare de relatarte paso por paso, todas mis memorias relacionadas a mi necesidad sexual.

Desde que yo recuerdo, aproximadamente a los 7 años de edad, despertó en mí una fuerte corriente hacía el sexo, me hice muy caliente y me di cuenta de que me atraían las personas de mí mismo sexo, era algo que yo no podía definir y saber si estaba bien o mal, pero si estaba conciente de que algunos de mis compañeros de juego me excitaban y buscaba que estuviéramos mucho tiempo juntos. Con ellos me gustaba bastante hablar de sexo, que en aquel entonces le llamábamos "de cosas ricas", sin embargo y pese a todo, yo sentía que estaba mal por sentir gusto hacía los chicos; todo ese sentimiento de gusto y rechazo al mismo tiempo, fue algo que durante muchísimos años lo guarde como la parte obscura de mi vida.

A esa edad, tenía un amigo que se llamaba José Luis (teníamos los mismos años, y que por cierto, él era muy atractivo y tenía un buen trasero), en una ocasión que estábamos jugando, nos fuimos a esconder a la azotea de un edificio para que los demás niños no nos encontraren (se nos hacía muy divertido), una vez que mi amigo y yo llegamos al edificio, nos metimos debajo de unos tanques de agua que tenían algún espacio entre el piso y el concreto. Como era lógico, nos quedamos mucho tiempo escondidos para hacer enfurecer a los demás, mientras tanto para no aburrirnos en la espera, empezamos a platicar de sexo y yo me empecé a calentar, sentí como mí miembro se empezaba a endurecer, sin embargo nada de eso comente a mi amigo. Después de un largo rato de estar platicando, me dijo que ya nos fuéramos con los demás; yo no quería porque deseaba estar más tiempo a solas con él, le propuse que si no nos encontraban los demás, yo le prestaría algunos carros de mí propiedad que le gustaban mucho. Me contesto que estaba bien, pero entonces hasta que momento saldríamos. Ante su pregunta, yo le respondí que cuando ya no se escucharan las voces de los otros niños.

En determinado momento, él me dijo que ya no se escuchaban ruidos, por lo que yo le dije que antes de salir, primero se asomara para que se cerciorara que efectivamente ya todos se habían marchado.

Él siguió mis instrucciones, pero el espacio donde estábamos escondidos era muy reducido y para poderse asomar tenía que pararse y agacharse un poco para poder ver, al hacer ese movimiento, involuntariamente su trasero se pega a mi miembro, ¡¡¡uufff!!! Sentí como una descarga eléctrica sobre mi pene, que por supuesto yo no hice nada por evitarlo, trate de prolongar ese momento lo más posible. Él sintió mi pene sobre sus nalgas y tampoco hizo nada por quitarse. Volteo a verme y me dijo "la tienes parada ¿verdad?", Yo no dije nada, pero me sobresalto que se hubiera dado cuenta, me levante y salí corriendo. Esa sensación tan agradable, quedo grabada en mi mente y a cada momento la recordaba. Como tres meses después, estábamos jugando él y yo solos, cuando de repente un perro monto a una perra, como nunca habíamos visto algo así, de inmediato lo enlazamos con lo que a nosotros nos había sucedido. Nos quedamos mirando un buen rato lo que el par de animales hacían, cuando de repente al perro le empezó a temblar una pata, apretando a la perra contra su cuerpo, hasta que el perro bajo exhausto del lomo de la perra. No entendíamos que sucedió, pero pensamos que al igual que nosotros, les había gustado.

Ese mismo día, ya por la noche, nos fuimos debajo de los tanques de agua para platicar lo que habíamos visto, y según determinamos, los animales lo habían hecho porque estaban jugando y sentían muy rico. Con solo hablar de eso, empecé a tener una erección y el se dio cuenta, nuevamente me pregunto que si ya se me había parado, entonces yo lo conteste que sí, que si quería verla; a él le subió el color a la cara y jadeando me dijo que no. Yo tenía ganas de sentir nuevamente esa sensación tan especial, y al observar su actitud, algo me decía que en ese momento él aceptaría mi propuesta de jugar a lo mismo que habíamos visto. Entonces se lo propuse y como que al principio no quería, me decía que los animales lo habían hecho una hembra y un macho, yo le dije que eso no importaba, puesto que el y yo éramos amigos y ellos como animales no sabían distinguir entre uno y otro, pero que lo normal es que así de pesado jugaran entre dos hombres. A él le convenció mi explicación y me dijo que estaba bien, que jugaríamos a los perritos.

Lo puse en cuatro, y tal como vi con los animales, me monte sobre su espalda, colocando mi pene a la altura de su ano, cada cual con su ropa puesta; de hecho, creo que a ninguno de los dos se nos hubiera ocurrido desnudarnos, si no, ciertamente que lo hubiéramos probado. Yo hacía movimientos adentro y afuera, a veces muy fuerte y a veces un poco leve. Recuerdo que era la sensación más agradable que hubiera sentido hasta ese entonces. Así estuvimos no sé cuanto tiempo, hasta que él me dijo que ahora le tocaba a él. No supe porque, pero yo no quise ponerme en esa posición, no me agradaba la idea; el se levanto molesto y me dijo que entonces ya no jugaba, yo le dije: "como quieras, pero yo no me pongo abajo". Nos miramos un rato y después cada quien se fue para su casa, sin que volviéramos a decir palabra. Al día siguiente nos encontramos y después de hacer mil tonterías juntos, empezamos a conversar e invariablemente tocamos el tema del juego de la noche anterior.

Yo le pregunte que si le había gustado como lo había montado y me dijo que si, que había sentido muy rico cuando le pegaba mi pene a sus nalgas, que porque yo no quise ponerme abajo si se sentía de los más bien; yo le conteste que no sabía, pero que a mi no me gustaba estar en esa posición y que además yo también sentí muy rico con lo que le hice. Le propuse jugar nuevamente a los perritos, pero cada cual en la misma posición de el día anterior; él así lo aceptó. Siempre que teníamos tiempo para salir a jugar y estábamos solos, jugábamos a lo mismo. Así estuvimos durante más de ocho meses, cada cual sintiendo ese agradable calor y sensación.

Ya tenía yo aproximadamente 8 años, cuando al estar jugando como de costumbre a los perritos, en una ocasión sentí que un liquido me salía involuntariamente del pene y me humedecía lubricando entre el glande y el prepucio; cuando terminamos de jugar, fui al baño a ver que me había sucedido y note que había manchado los calzones y el pantalón. Le comente lo que había sucedido y él me dijo que también le pasaba lo mismo, pero su mancha era más grande que la mía, porque él estaba circundado. Supusimos que de tanto jugar, nos orinábamos sin sentir y, de su parte no quería que su mamá se fuera a dar cuenta, como yo tampoco deseaba eso, acordamos que en lo sucesivo nos bajaríamos los pantalones cada que jugáramos y así evitaríamos manchar el pantalón o el short; nos quedábamos únicamente en calzones y aún cuando él líquido que nos salía quedaba en nuestra ropa interior, no nos importaba, ya que cuando cada cual se bañaba en su casa,  lo hacíamos  con la ropa interior puesta y al caerles el agua, estos quedaban sin rastro alguno (idea mía)

Los meses se fueron y sus padres compraron una casa lejos de donde vivíamos en ese entonces, jamás volví a saber que fue de su vida, pero aún recuerdo esos gratos momentos y los mantengo vivos en mí memoria. Paso el tiempo, pero ya mi cuerpo sabía lo agradable que se siente el tener un buen trasero repegado al pene. Alrededor de los 9 años, ya me llamaba la atención las chicas, me encantaba ver sus pechos, sus nalgas y la forma tan rica que empezaba a tomar su cuerpo. Tuve varias amigas con las que también jugaba a los perritos, de la misma forma que con José Luis (no conocía otra), yo me bajaba los pantalones y dejaba mis calzones en su lugar, a ellas les levantaba el vestido o la falda y también con los calzones puestos, las arremetía en su trasero. Como mí teoría era que por jugar a eso, se orinaba uno, también les hice la misma recomendación de cómo bañarse; también con otros tres amigos (siempre por separado) jugábamos a lo mismo; cuando era con mis amigos, yo nunca me colocaba abajo, los convencía de que así deberían ser las cosas y que ellos también sentirían rico, además yo era el líder del grupo y por tanto las ordenes de cómo jugar, las daba yo. Que gratos recuerdos los de aquella época ¡si los pudiera volver a repetir!; con toda seguridad que lo haría. Cuando tenía esa edad, en mí se combinaba la inocencia propia de un niño, la precocidad  y la bisexualidad.

Si no mal recuerdo, cuando tenía ya 10 años, me hice amigo inseparable de Alberto, uno de los niños con que nos juntábamos y por supuesto que también con él jugaba a los perritos. Platicando, un día me dijo que el se había enterado en la escuela a la que asistía, que a lo que nosotros le llamábamos jugar a los perritos, en realidad era coger y que para hacerlo bien, tanto él como yo, nos teníamos que bajar los pantalones y los calzones para que de esa forma mi pene quedará libre de entrar por su ano y que además se podía hacer estando de pie ambos, no era necesario que lo pusiera en cuatro. Me dijo que de esa forma, era menos cansado y lo único que él tenía que hacer era ponerse de espaldas y agacharse un poco. Como hasta ese entonces, a mi ningún extraño me había visto desnudo, como que de momento no me pareció la idea, porque me daba vergüenza de que me viera el pene y el cuerpo sin ropa, y le dije que no. Él insistió y me dijo: "como entonces yo sí acepte jugar contigo a los perritos" y que además yo también lo vería desnudo y con su pene de fuera; adicionalmente le agarraría las nalgas para poder hacerlo. Después de platicarlo un largo rato, le dije que me dejara pensarlo y llegado el sábado (ese día era miércoles) le resolvería si lo hacíamos o no; yo intuía que ya no era precisamente un juego.

Durante los días anteriores al sábado, lo estuve pensando y a mi mente llegaba el recuerdo de Alberto, aquel niño de 11 años, güero, de ojos azules, cabello castaño claro, con un trasero bastante bien formado y redondo, precisamente eran sus nalgas lo que más me llamaba la atención de mi amigo, y de solo imaginarlo desnudo totalmente, mi pene empezó a tener una erección. Lo decidí la mañana del mismo sábado, me dije para mis adentros: "total, nada pierdo con que me la vea y si voy a sentir más rico todavía, valdrá la pena."

Ya decidido, temprano fui a buscarlo a su casa para comunicarle que sí haríamos las cosas que él quería, pero tendríamos que buscar otro lugar que no fuera la azotea, porque alguien podría vernos, además yo no me dejaría penetrar. Él me dijo que si, que estaba bien, que las cosas se harían como yo dijera, pero que en ese momento teníamos la suerte de que sus papas se llevarían al médico a su hermana más o menos al medio día y lo dejarían solo hasta la tarde; por lo que nos pusimos de acuerdo en que en cuanto yo viera que ellos salían, de inmediato iba a su casa. Llego el medio día y, efectivamente como el me dijo, sus papas salieron juntos y  con su hermana, por lo que de inmediato me dirigí a su casa y él estaba completamente solo. Me dejo entrar y caminamos a su recamara, cerramos la puerta y las cortinas perfectamente, nos daba la impresión de que alguien pudiera asomarse y darse cuenta, no importaba que estuviéramos en el quinto piso.

Ya estando en su recamara con todo cerrado, nos quedamos mirando uno al otro, en silencio, sin saber que hacer. Yo estaba muy nervioso y tenía la impresión de que no me atrevería a llegar a eso y que en cualquier momento me saldría corriendo sin parar. Él empezó a jadear y su voz se hizo entrecortada, en un susurro me dijo: "bueno, pues ya, ¿no?", Eso basto para que me excitare y mi pene se empezara a parar. Yo le dije: "esta bien, vamos a hacerlo, pero primero con la ropa puesta, para que me caliente", él me dio la espalda y paro las nalgas, recargándose un poco en la pared; yo lo tome por la cintura y le coloque el miembro en su rico trasero, le subía y le bajaba el pene  a lo largo de sus nalgas, lo apretaba contra mí y le acariciaba la espalda. Cuando yo ya no pensaba en otra cosa que no fuera en saber que se sentía metérselo por el ano, le dije que ya se bajara el pantalón y los calzones.

Él me dijo que sí se los podía bajar yo, porque el no se atrevía, pero que estaba decidido a hacerlo y quería saber que se sentía. Entonces lo puse frente a mí, tome sus dos manos y las apoye en mis hombros,  poco a poco le fui desabrochando el cinturón de su pantalón, hasta quitárselo; después le subí la camiseta hasta la altura de sus pezones y le dije que con sus manos la sostuviera, mientras tanto yo le baje el cierre y desabroche su pantalón, lo baje suavemente, poco a poco, disfrutando el sentir su piel con mis manos, hasta que cayo a sus tobillos, quedando a mi vista en calzones y me di cuenta de que el también la tenia parada. Ya mi miembro gritaba por salir de su prisión, yo también estaba jadeando y sentía que el corazón se me saldría del pecho; le metí las dos manos entre los calzones para agarrarle  las nalgas y bajarle muy despacio los calzones.

Le vi su pubis totalmente lampiño, al igual que yo, todavía no teníamos vello, su pene era delgado y circundado de un color rosa claro, igual que sus testículos; el glande lo tenía muy rojo e hinchado. Cuando sus calzones cayeron a la altura de sus tobillos, tome su mano derecha y la puse sobre mi pene, haciendo que lo acariciara y apretara, yo empecé a jadear y movía mi cadera en círculos para sentir ese rico calorcito que empezaba a invadir mi cuerpo; Cuando sentí que algo se me escurría por el pene, pensé que ya me estaba saliendo orina y con su misma mano desabotone mi short, cuando este cayo al piso, le metí su mano entre mis calzones para que agarrare mí pene.

¡¡¡¡Uufff!!! Sentí la suavidad de su mano acariciármelo, su mano estaba muy caliente y lo apretó con fuerza, lo saco muy lentamente al tiempo que subía y bajaba mi prepucio, mis calzones también cayeron y asombrados nos quedamos viendo nuestros penes, él mío era mucho más grande y grueso que el suyo, también mis testículos colgaban más que los de él y cuando bajo mi glande, quedo al descubierto la cabeza de mi pene, muy roja con un orificio bastante abierto. Nunca me la había visto así, me quede pasmado y al mismo tiempo me preguntaba si yo era dueño de eso (a esa edad, la tenía bastante grande) Observe como un liquido transparente como baba, salía de ese orificio y entonces supe que no eran orines. Durante un buen tiempo no supe como se llamaba, pero me di cuenta que al salir lubricaba la cabeza del pene.

 Los dos ya estábamos en el punto máximo de calientes, sin soltarlo de su cadera, lo puse de espaldas a mí y lo incline un poco, ya estando en posición, me quede mirando su trasero, ¡era fantástico!, ¡Tal como lo había imaginado!, Las nalgas las tenía perfectamente redondas y muy blancas, todavía no estaban quemadas por el sol. Aún para su edad, sus piernas también sin vello, estaban muy bien formadas. Le empecé a pasar mi pene por las nalgas, apoyándolo en su rajada, con las dos manos hacía semi círculos, acariciándolas, se las abrí y pude ver su ano, el primero que veía en mi vida. Estaba muy cerrado, sonrosado, como esperando un pene que le diera vida.

Yo estaba como hipnotizado, pasando una y otra vez mi miembro por ese orificio, embarrando ese liquido transparente que no dejaba de salirme por el pene y él jadeando de placer, sin dejar de parar ese rico trasero. Ya su ano estaba bastante lubricado, cuando volteo a verme y me dijo: "ya, ya, mételo de una de una vez"; entonces recargue la cabeza de mi pene en su ano, sentía como que no entraba y poco a poco le fui haciendo presión, él empezó a gemir y me decía: "ha, ha, me duele, me duele, se siente que arde, sigue hasta que entre todo, me dijeron en la escuela que debía entrar todo"  A mí también me ardía el prepucio, pero la sensación era fabulosa, como nunca había sentido antes. Poco a poco, su ano fue cediendo y la cabeza empezó a entrar, yo seguía haciendo presión y el resto del pene se fue introduciendo, hasta que todo estuvo dentro, mi pubis ya chocaba con sus nalgas, cuando yo empecé a sentir que el ardor de mi prepucio desaparecía y la sensación se hacía todavía más placentera, me daba la impresión de que me caminaban hormigas sobre el pene y esto me hacía cosquillas.

Después de un rato que se lo deje adentro, empecé a meterlo  y sacarlo, muy despacio y entonces le pase mis manos por su pecho y lo tome de los hombros, presionándolo hacia mí, para tratar de penetrarlo lo más que pudiera. Él empezó a gemir de placer y yo le pregunte que si ya no le dolía y me dijo que no, que le gustaba mucho, que todavía era más rico que cuando jugábamos a los perritos. Así estuvimos durante mucho tiempo, no sé cuanto, hasta que nos cansamos y me dijo que otra vez le empezaba a doler. A mí también me empezaba otra vez a arder el prepucio y la cabeza, por lo que se la saque y los dos descansamos un rato. Después, cada quien se acomodó la ropa y nos fuimos a sentar a la sala. Como sus padres todavía no llegaban  empezamos a platicar, él me dijo que lo que había pasado entre nosotros nunca lo comentaríamos con nadie, que ese era un secreto entre el y yo nada más.  También me dijo que con nadie más se dejaría coger, solamente conmigo, porque para ambos cada cual era su mejor amigo. Yo le dije que si, que nunca nadie se enteraría de lo que hicimos, pero que en adelante además de que me lo cogería a él, entre los dos buscaríamos a otros muchachos y muchachas que se dejarán coger, porque me había gustado mucho esas sensaciones. Él estuvo de acuerdo, y en ese momento sentimos que entre nosotros nació una amistad que ni el tiempo pudo acabar con ella.

Conforme fui creciendo, me enfoque a convencer y enseñar a cuanto compañero de escuela y amigo de juegos tenía al alcance, ya no recuerdo cuantos fueron, pero de verdad que en aquella época disfrute mucho del sexo. De esa forma llegue a los 12 años, metiéndole mi miembro a quien se dejara, no me importaba si era hombre o mujer, sencillamente buscaba que tuvieran las nalgas paradas y se dejaran penetrar. Durante mucho tiempo, yo fui el líder del grupo de muchachos y muchachas que teníamos más o menos la edad, por lo que, cuando les proponía que fuéramos a nuestro lugar secreto, la mayoría aceptaba. Alberto siempre fue mi mejor amigo y compañero de pillerías. Siempre que se podía, entre los dos nos cogíamos a un amigo o amiga, nos daba lo mismo. Él por su lado y yo por el mío ó ambos, siempre convencíamos a alguien para que accediera a nuestras peticiones. Incluso con compañeros de la escuela a la que él asistía o en la que yo estudiaba, bajo el argumento de que estudiaríamos y encerrados en una habitación, poco a poco preparábamos el terreno hasta llegar a convencerlos de dejarse coger. Sin embargo, nunca le platicamos a nadie de que el y yo, ya lo habíamos hecho. Manteníamos nuestro secreto a costa de todo. Cuando no encontrábamos con quien hacerlo, entonces yo me lo cogía a él. En aquel tiempo, él me decía que nadie, aparte de mí, se lo habían metido.

En el verano de ese año y ya estando de vacaciones escolares, conocimos al primo de un vecino que fue a pasar las vacaciones a la casa de sus tíos, se llamaba Alfredo. Él era mayor que nosotros, tenía como 13 o 14 años. Se dedicaba mucho al deporte, por lo que su cuerpo estaba muy desarrollado y un tanto marcado, tenía el requisito que yo siempre buscaba y esto era, que tuviera buen trasero. Me gustaba mucho, lo imaginaba desnudo y yo penetrándolo; por eso mismo, se lo comente a Alberto y entre los dos ideamos un plan para hacerlo nuestro amigo. Su primo era un muchachito de alrededor de 11 años de edad, güero desabrido, pecoso, con el pelo chino y casi en los huesos. Para todo era muy apático, no le gustaba jugar a nada y siempre andaba pegado a las faldas de la mamá. En cambio Alfredo, era muy alegre y él gustaba mucho tener amigos; por eso no nos costo ningún trabajo hacerlo de nuestra banda.

Conforme pasaban los días, empezábamos a hablar de sexo y con agrado, él aceptaba nuestra platicas de "temas para grandes" (como nosotros lo llamábamos) Cuando ya hubo confianza entre los tres, le preguntamos que si él ya había cogido y riendo contesto que no, que todavía no se le hacía, pero que por ganas no paraba. Como Alberto y yo, no teníamos la menor idea de como reaccionaría Alfredo si le proponíamos que se dejará penetrar, le dijimos que nosotros teníamos una amiga que se dejaba, que si quería nos acompañara la próxima vez. Claro que de inmediato acepto e hicimos el plan para que la conociera.

Dentro de mis recuerdos, también esta aquella niña bonita y caliente como ella sola, se llamaba Flor, era una morenita bastante bien proporcionada, con las nalgas bien redondas y paradas, ya los pechos le empezaban a crecer. A ella, a sus doce años y desde esa época, ya le encantaba la verga, la disfrutaba mucho. Fuimos a buscarla Alberto y yo, le dijimos que teníamos un nuevo amigo que se llamaba Alfredo y le propusimos que se dejará coger por nosotros tres. En un principio ella no quería porque decía que a ese muchacho no lo conocía y si resultaba que fuera amigo de sus hermanos, sé los podía contar; Le dijimos que eso no era posible, que sus hermanos no lo conocían porque él era de un rumbo diferente. Finalmente, la convencimos de que no se enteraría nadie a parte de nosotros y que se pusiera a pensar que, si cuando nos la cogíamos entre los dos le gustaba mucho, disfrutaría más si se trataba de tres. Ella con cierto recelo aceptó y el plan quedo hecho para esa misma noche.

Como a las ocho y media de la noche, nos reunimos en la azotea del edificio donde vivía yo. Cuando estábamos ya reunidos los cuatro, aseguramos la puerta que daba acceso. Nos fuimos a una esquina de la azotea y los tres al mismo tiempo, empezamos a tocarle todo su cuerpo, principalmente las nalgas. En aquel tiempo, ninguno de nosotros estaba enterado de que se lo podíamos meter por adelante, así que todos nuestros movimientos se limitaban a desnudarla por completo y agarrarle las nalgas. Cuando Flor quedó totalmente desnuda, Alberto y yo nos desnudamos rápidamente, ya no nos daba vergüenza, puesto que teníamos cierta experiencia en ello. Pudimos notar que a Alfredo le daba cierta pena empezar a quitarse la ropa, yo estaba muy interesado en verlo desnudo, por lo que lo anime a que se encuerara. Con movimientos lentos, Alfredo empezó quitándose la playera, después los zapatos y calcetines y al último su pantalón. Para mí era la locura, comprobé lo que tanto había soñado, el cuerpo de Alfredo era perfecto, pecho, piernas, nalgas, en fin, todo en él era apetecible. Alfredo no se decidía a quitarse los calzones, por lo que yo insistí en que ya se los bajara; como yo veía que lo dudaba, le puse mi mano derecha a la altura de su cadera y muy lentamente se los fui bajando. Al sentir mi mano sobre su cuerpo, Alfredo sé estremeció, su cara sé enrojeció y empezó a jadear; enseguida el solo terminó por bajarse totalmente los calzones y quitárselos. Le pude ver su trasero en toda su magnitud, redondo, bronceado y las nalgas bien formadas. Por la edad que tenía Alfredo, en su pubis ya se veía algo de vello, me sorprendió que nuestros penes fueran casi del mismo tamaño, aunque el de él era más grueso. Él tampoco tenía hecha la circuncisión.

Ya estando desnudos los cuatro, yo fui el primero que penetro a Flor por el ano (como buen líder del grupo), después de un rato de estarla fornicando, me quite para que siguiera su turno a Alberto, en tanto Alfredo observaba como se hacía. Pude notar que él miraba mucho mi pene y eso me excitaba todavía más. Cuando por fin le llegó su turno a Alfredo para penetrar por el ano a Flor, este estaba muy nervioso y le temblaban los pies. Como el nunca antes lo había hecho, de inmediato me percate de que era un momento que podía aprovechar para tocar su cuerpo a mi gusto; le dije que con una mano la empinara hacia delante y con la otra le abriera las nalgas para que poco a poco le introdujera la verga hasta llegar a su ano, además tenía que hacer presión hasta que le entrara todo. Él decía que le dolía un poco y no podía hacer suficiente presión, yo le dije que lo ayudaría y puse mis dos manos sobre sus nalgas para ayudarlo a hacer presión hacia delante; obviamente que aproveche para acariciárselas y sentir la dureza de sus glúteos. También le agarraba la espalda y le decía que pegara más su cuerpo al de Flor. Aprovechaba cada momento para aparentar que accidentalmente mi pene rozaba sus nalgas; yo sentía como el se estremecía con cada contacto.

En ese entonces ninguno de los cuatro tenía orgasmos y menos eyaculaciones, así es que cuando nos cansamos, cada cual se vistió y nos retiramos a jugar otro rato.

Al día siguiente, Alberto y yo nos reunimos para platicar los acontecimientos de la noche anterior y me dijo que como había sentido su trasero del Alfredo, que por lo que se veía estaba muy bueno. De inmediato tuve una erección y tomando una mano de Alberto, se la puse sobre mí mimbro para que lo acariciara mientras le decía que me daba la impresión de que al Alfredo le había gustado como lo toque. Acordamos que nos arriesgaríamos a proponerle que se dejará penetrar. Ese día por la tarde, ya con un plan trazado, nos reunimos Alberto y yo con Alfredo y lógicamente empezamos a hablar de que había sentido cuando se cogió a Flor; Alfredo dijo que sintió muy rico y quería repetirlo, por lo que le propusimos que nuevamente a la misma hora nos reuniríamos en la azotea del edificio. Llegada la noche, cuando Alberto y yo llegamos, Alfredo ya estaba ahí, nuevamente aseguramos la puerta por dentro a modo de que nadie pudiera entrar.

Alfredo nos pregunto que donde estaba Flor y le dijimos que no la habían dejado salir, que nos quedaríamos con las ganas. Los tres teníamos una erección y seguimos hablando de que teníamos ganas de coger. Fue cuando le dije a Alfredo que si quería yo se la podía meter; de inmediato dijo que no, que el no era puto. Entonces yo le dije que no es porque fuera eso, sino que también iba a sentir muy sabroso y que lo más seguro es que le gustaría, que ya antes se lo había metido a otros y si les gusto. El no estaba muy convencido y fue entonces que Alberto le dijo que me creyera, que a poco le había yo mentido con respecto a lo de Flor. Para ese entonces Alfredo ya estaba muy caliente y nuevamente sus piernas temblaban, su voz era entrecortada y jadeaba bastante; finalmente termino por aceptar nuestra propuesta.

Lo tome por los hombros y lo hice que quedará de espaldas a mí, le recargue mi verga sobre sus nalgas y lo abrace. Alberto en tanto le dijo: "vamos, déjate, te va a gustar" y él contestó: "bueno, esta bien, pero no se lo vayan a contar a mi primo", después de decirle que no, que nadie se iba a enterar, Alberto le desabrocho el cinturón del pantalón, le bajo el cierre y junto con los calzones le bajó el pantalón, yo le quite su camisa; después de que los tres estuvimos desnudos, Alberto lo tomo por la cabeza, lo agacho y lo puso debajo de sus dos piernas, para que con ellas le presionara la cabeza. Yo le abrí las nalgas y pude ver el suculento ano que tenía frente a mí. Se lo estuve acariciando, primero con los dedos de las manos, después con la verga y cuando lo hube embarrado perfectamente de líquido lubricante, le introduje un dedo en su apretado ano, él gemía cada vez más fuerte, después le introduje dos dedos, los metía y los sacaba, les ponía saliva para que entraran más fácilmente.

Cuando sentí que su ano ya no se rehusaba tanto, lo tome con ambas manos por las nalgas y le fui acomodando mi pene sobre su ano, primero le recargue empujando muy levemente, me daba cuenta que me seguía saliendo líquido y lo embarraba en su hoyo. En tanto mis manos no dejaban de acariciar sus nalgas, también le lamía la espalda y enroscaba mis piernas con las suyas. Como ya te dije, él practicaba mucho ejercicio y todo su cuerpo estaba muy duro.

Nunca antes había deseado tanto un culo virgen como el de Alfredo, y si consideras que en ese momento mi fantasía más erótica, la más soñada, se estaba haciendo realidad, te imaginaras mi grado de excitación y el placer tan inmenso que estaba sintiendo. Alfredo por su parte, también estaba gozando al máximo, se agarraba de las piernas de Alberto y movía su trasero de un lado a otro, incluso llego un momento en que él mismo se hacía para atrás a modo de que fuera más intensa la penetración. A diferencia de otras ocasiones, en ese momento no sentía que me cansara, como tampoco sentía dolor o ardor en mi glande o prepucio, más bien era un placer inimaginable, era otra vez, algo nuevo que yo experimentaba, tan intenso y delicioso que no quería que eso fuera a terminar nunca; algo incomparable, que ni siquiera con las niñas que ya había cogido, llegue sentir algo similar, porque como quiera que sea, el hecho de acariciar los pechos de una niña y poderlas besar, tocando su panocha cuando coges, es un placer también bastante intenso.

De repente, Alfredo empezó a decir: "¡sigue, sigue, siento algo muy rico en la verga!, ¡Por favor no pares, así, así!, Y yo sentí como su cuerpo se contraía, apretando más el culo y sus músculos se tensaban; era un orgasmo el que tuvo. Puesto que en aquella época, lo menos que podíamos  imaginar era que al hacer eso traía como consecuencia el tener un orgasmo, exactamente no sabíamos que le había sucedido a Alfredo y no entendíamos porque grito, pero de lo que sí estuve seguro es de que le gusto mucho como le metí la verga; en esas estaba cuando al igual que él, en mi cuerpo empecé a sentir un calorcito bastante rico en el abdomen que poco a poco se iba recorriendo a mi miembro y testículos, algo así como la caricia más intensa que hacían a mi pene, de hecho fue algo que en su momento exploto en todo mi cuerpo e incluso vi todo borroso; sin poder controlar los gritos que de mi garganta salían. ¡Había tenido mi primer orgasmo!

Alberto nos pregunto que nos había pasado, yo le dije que no sabía, pero que ahora le tocaba a él montar a Alfredo, sin tardanza alguna, de inmediato se puso atrás y empezó a bombear, hizo lo mismo que yo, lo acaricio y le lamió la espalda, durante un buen rato hasta que al igual que nosotros dos, tuvo su primer orgasmo. Jadeantes y algo cansados, quedamos en repetir aquello todos los días de vacaciones, hasta que Alfredo tuviera que regresar de nuevo a su casa. Y por supuesto que todas las tardes o noches lo hicimos.

Como a la semana de estar en nuestra gran diversión, Alfredo nos dijo: "bueno, si ya estamos en confianza, yo quiero proponerles algo que he estado pensando", Alberto y yo nos quedamos mirando un tanto intrigados y le contestamos que sí, que de hecho éramos amigos y con confianza lo podía decir. Entonces nos platico que cerca de su casa había un establo y en ese lugar él había visto como los perros cogían, pero que también había visto como los trabajadores del lugar le jalaban las chiches a las vacas; Alberto lo interrumpió y le dijo: "óyeme cabrón, yo no creo que la Flor se deje hacer eso", todos reímos por la ocurrencia, pero Alfredo aclaro que no se trataba de eso, sino más bien era que Alberto y yo nos pusiéramos en cuatro y él por debajo de nuestros cuerpos nos jalaría el pene como si estuviera ordeñando. Después de oír su idea, nos miramos unos a otros y se nos hizo estupendo probarlo, por lo que de inmediato aceptamos y nos dirigimos a nuestro lugar secreto, llegando nos desnudamos; Alberto y yo quedamos con los cuerpos juntos.

Alfredo se hinco y agarro los penes con sus dos manos, primero los acaricio muy suavemente y empezó a jalarlos, al principio muy despacio y después fue incrementado la velocidad; hacia arriba y hacia abajo. Otra vez algo nuevo para mí, una nueva experiencia y sensación, bastante placentera por cierto. En su momento me llego un orgasmo, y fue cuando comprendí, que lo que hiciéramos estimulando nuestros penes, finalmente nos llevaría a esa explosión de placer.

Ese mismo día por la noche y después de mi reflexión, tuve una erección y tratando de comprobar mi teoría al respecto del orgasmo (que por cierto, ni siquiera sabía como se llamaba) me metí al baño para darme una ducha. Aproveche el momento de estar a solas y ya desnudo, bajo la regadera, empecé a jalármela yo solo, tal y como lo había hecho Alfredo cuando tuvo mi verga en sus manos; al poco rato los resultados no se hicieron esperar y comprobé que, efectivamente se podía sentir ese placer, cada que uno quisiera. Como era lo más natural, al día siguiente se lo dije a mi amigo Alberto y como estaba solo en su casa, nos dirigimos a su recamara para masturbarnos y él también pudiera comprobar lo acertado de mí descubrimiento. Desde ese día no deje de masturbarme cada noche, con la única variante de que lo hacía en la cama antes de quedarme dormido.

Llegó el fin de vacaciones de verano y Alfredo se fue a su casa. Desde entonces tanto Alberto como yo, nos dedicamos a enseñar a todos los chicos de nuestra edad, ya fueran amigos o compañeros de escuela a masturbarse. Que momentos tan inolvidables aquellos, creo que me falto tiempo para enseñarles a más chicos como poder hacerlo. Claro que cuando no tenía a quien metérsela por el ano o me masturbará, Alberto seguía disponible para la salida de mi calentura. En esos tiempos de masturbación en grupo, nos enteramos que la sensación tan agradable que teníamos, se llamaba "venirse" y que cuando creciéramos más, nos saldrían "mocos"

Cuando llegaron las vacaciones de invierno, Alfredo nuevamente se las fue a pasar a la casa de nuestros vecinos (sus tíos) Como su primo seguía siendo el mismo niño de siempre,  apático e intolerable, Alfredo enseguida nos busco a mí y a Alberto. En esta ocasión llego con una revista pornográfica, de esas en las que salen las mujeres y los hombres totalmente desnudos, cogiendo, mamando y aventando esperma. Te imaginaras que después de estarla viendo durante un largo rato, nos excitamos hasta el tope y de inmediato fuimos a una construcción que estaba suspendida, pero que nos daba la privacidad que en ese momento necesitábamos. Nos desnudamos los tres y Alberto y yo nos cogimos al Alfredo, también nos masturbo y creo que en esa ocasión, fácilmente tuvimos tres ó cuatro orgasmos seguidos; él confirmó lo que ya antes nos habían dicho; que en una de esas nos iba a salir "leche", que él lo sabía porque en varias ocasiones, cuando se encontraba espiando a su hermano mayor, el de 18 años, lo veía que estaba leyendo la revista pornográfica, se bajaba los pantalones y los calzones y se hacía una "chaqueta"; al poco rato empezaba a gemir y hacer caras y por su verga le salía un liquido blanco, igual al que estábamos viendo en la revista.

En esa misma revista, nos enteramos de que también se puede mamar la verga y la panocha, y que además el pene se podía introducir por el agujero de la mujer. Alfredo dijo que él no se atrevería a mamar un pene. Discutimos cual sería la solución a nuestro problema y llegamos a la conclusión de que buscaríamos a nuestra amiga Flor para hacer experimentos, tal y como se veía en la revista pornográfica; la fuimos a buscar y se lo propusimos. Cuando ella lo escuchó, no lo podía creer, decía que no era posible que eso se pudiera hacer, que el pene no se metía por la pucha de una mujer; que con la boca no se hacían esas cosas, entonces le propusimos que nos la llevaríamos a la construcción y le enseñaríamos una revista y pudiera comprobar que si era cierto. Estando ya en nuestro rincón favorito, le enseñamos la revista y se puso a leerla, en tanto nosotros le tocábamos todas las partes de su cuerpo y ella empezó a calentarse, jadeante dijo que sí, que estaba bien, que haríamos todo lo que nosotros quisiéramos, pero que antes consiguiéramos agua para que al final se pudiera lavar la boca; ese no fue ningún problema para nosotros, la conseguimos y entonces los cuatro nos encueramos.

Ya que ella estuvo desnuda, yo la acosté en el piso y le abrí las piernas, de su concha ya había salido bastante bello y sus pechos ya estaban lo suficientemente grandes; yo estaba súper caliente por lo que saque mi lengua y se la introduje por su rajada, poco a poco le ponía saliva, hasta que con las dos manos abrí su parte y le empecé a mamar su rica panochita, tal y como había visto que lo hacían en la revista. Alfredo y Alberto se quedaron sorprendidos con lo que hice, pero al ver que Flor gemía y gritaba de placer se empezaron a excitar. En mi boca sentí su clítoris, lo mire y no supe que era, pero no me preocupó en lo absoluto, yo sabía que en su momento ya me enteraría de que se trataba. Cuando me canse de mamar, levante sus piernas y le coloque mi pene en su hoyo delantero, listo para penetrarle su vagina. Ella estaba bastante húmeda y pude notar que le salía un líquido como el que me salía a mí, cerro los ojos y tenso su cuerpo, poco a poco le fui introduciendo el miembro, sentí como la primera vez que penetre un ano, pero para mí no era doloroso y se introducía con menos fuerza. Ella decía que le dolía mucho, pero que le gustaba lo que estaba sintiendo, yo pensé: "no te preocupes, no es la primera vez que lo oigo y ya sé que puedo continuar"

Ese era mi deber como líder del grupo, que los demás vieran como hacía yo las cosas para que ellos aprendieran. Cuando hubo entrado todo mi miembro en su pucha, nos movimos como locos, nos besábamos y yo le acariciaba sus bien formados pechos. Después de estar así durante un rato, Alfredo nos hizo la observación de que a ella le había escurrido sangre, de inmediato me retire y vimos que era un liquido que escurría por su hoyo, con algo de sangre pero no mucha. ¡Había perdido su virginidad! Entonces le dije que me lo hiciera con la boca, que yo ya se lo había hecho y ahora le tocaba a ella, y  accedió, sé puso de rodillas y empezó a mamármela. En este momento no puedo descifrar con palabras lo que sentía cuando me pasaba su lengua y ensalivaba mi pene.

Tanto placer, pronto me hizo sentir que alcanzaba un orgasmo, pero esta vez muchísimo más intenso, fue tal la presión que sentí en mi pene, que pensé ahora sí me quería orinar y le caería en su cara, que no podría controlar ese chorro de líquido que estaba a punto de salir, pero al mismo tiempo no quería separar mi miembro de su boca. Lance un grito de placer y de mí pene salió un borbotón de semen, una, dos, tres veces hasta que poco a poco ya no salió nada y mi miembro fue quedando flácido. Alberto y Alfredo me veían asombrados, este último dijo: "¡ya viste, le salieron mocos!" Por su parte Flor, se trago todo mi semen.

En ese momento me sentí grande, poderoso, creí que ya era un adulto y que el mundo estaba bajo mis pies ¡ja! Tan solo tenía 13 años, pero según yo, eso reafirmaba mi posición de jefe del grupo y todos debían someterse a mi autoridad. Era líder en el estudio, era líder en los deportes, en la natación y ahora con eso, nadie debía siquiera pensar en ocupar mi lugar como el líder de la banda. Alberto por su parte se sentía orgulloso, de ser el mejor amigo de un cabrón que ya arrojaba leche. A ellos también les toco su turno de montar a Flor y aunque al principio no querían mamar, los obligue a que lo hicieran, ella también les mamó a ellos. En esa ocasión aunque ellos también tuvieron un orgasmo, no eyaculáron. No sé si Flor habrá tenido un orgasmo, era lo que menos me interesaba, pero lo que sí se, es que quedo muy satisfecha y nos hizo prometer que lo haríamos otras veces.

Al final del día y como era costumbre, Alberto y yo nos reunimos a platicar de esos sucesos, él me pregunto que se sentía aventar mocos, le dije que era muy placentero, un placer mucho muy rico, pero que en realidad no sabría explicarle muy bien, que ya me entendería cuando a él le pasara. Yo estaba ya otra vez con la verga parada, y le dije a Alberto que nos fuéramos a la construcción para que se dejara coger, pero que esta vez también me la tendría que mamar. El se sentía orgulloso de ser mi amigo y accedía a todo lo que yo le pedía. Nos fuimos a la construcción y nos sentamos para ver la noche, seguimos platicando y yo le preguntaba que si estaba dispuesto a mamármela y comerse mis mocos, así como lo había hecho Flor. Me dijo que sí, que él haría lo que yo le pidiera y me pregunto que si yo lo quería mucho, pero como amigo. No sé porque, en ese momento sentí que algo muy grande nacía entre nosotros dos, algo que aún el tiempo no acabaría. Lo tome por la cintura y lo senté en mi pene, lo abrace y acaricie sus brazos, pase mi nariz por su pelo y orejas, su olor me excito y le dije que sí, que yo siempre lo iba a querer mucho, que nunca dejaríamos de ser amigos.

Después de eso, nos desnudamos y me la mamo, lo empine y se lo metí hasta que me dio un orgasmo y cuando sentí que ya iba a eyacular lo puse de frente a mí, mí semen cayo en su pecho hasta la última gota, con un dedo lo tome y se lo puse en la boca para que se lo comiera, con su lengua el lo recibió y lo trago. Me dijo que el también quería venirse y yo le dije que se masturbara mientras le metía un dedo por el culo. Fue tanta su excitación que al poco rato, le vino el orgasmo acompañado de su primera eyaculación.

Durante todas las vacaciones de invierno, nos la pasamos cogiendo, en algunas ocasiones con Flor y otras con Alfredo, él también ya eyaculaba. Cuando regresamos a clases también hicimos lo propio, tratamos de cogernos a todos los compañeros y compañeras de escuela que fueran posible, sin olvidarnos de la bella Flor, que cada día se ponía más buena.

Así paso nuestra vida, hasta que cumplimos 16 años, en esa ocasión, Alberto y yo acordamos que sería la última vez que entre los dos teníamos sexo; esto fue porque sentíamos que ya no estaba bien, que no era lo correcto porque no éramos homosexuales (sin saber que en realidad, los dos éramos bisexuales) Los dos teníamos novia y en nuestras casas las conocían, de hecho desde los 15 años ya no lo hacíamos con otros hombres, solamente con mujeres y en algunas ocasiones solamente entre él y yo.

Cuando cumplimos los 17 años, yo me cambie de casa, un tanto alejado de donde él se quedó a vivir y aún cuando en un principio nos visitábamos, como fue lógico, cada quien tenía sus propias actividades, nuevos compañeros de escuela, nuevos vecinos y con el paso del tiempo empezamos a trabajar cada quien por su lado; por eso mismo, poco a poco nos fuimos alejando. Después de  esa última vez que me cogí al Alberto, nunca volví a tener relaciones sexuales con otro hombre, en todo ese lapso que nos dejamos de ver, cada cual terminó su carrera y se caso. Actualmente él tiene dos hijas y yo un hijo. Sin embargo y pese a todo, recordaba con mucha nostalgia aquellas épocas, no sé si te pase lo mismo, pero esos momentos mágicos de la primera vez, son recuerdos imborrables, de los que nunca se olvidan. Mi primer matrimonio fue un desastre, porque debo reconocer que aún cuando no volví a tener sexo con hombres, sentía el deseo de hacerlo. Aún cuando luchaba en contra de mis deseos, siempre me llamaban la atención los hombres de buen cuerpo, de cara bonita y sobre todo sus traseros.

Creo que al principio si quería a mi esposa, pero esa eterna insatisfacción de mi parte, nos llevo a tener muchos problemas, de hecho decidí casarme con ella creyendo que esa sería la solución a mi gusto por los dos sexos. Creía que eran cosas de soltero, y como yo sabía que era muy caliente, pensé que al tener a una mujer a mi lado, se acabaría ese cosquilleo que siento cuando veo a un hombre joven y guapo. ¡Fatal error!, Lo único que conseguí fue complicar más mi vida, porque aparte de seguir sintiendo gusto por los hombres, peleábamos mucho. Ahora comprendo que toda la culpa fue mía, que ella hizo todo de su parte por salvar nuestro matrimonio, que en verdad ella si me quería, pero llego el momento en que la fastidie y terminamos en divorcio. Pobrecita, ahora quisiera hacer algo por recompensarla, me gustaría pedirle perdón y decirle que ella como ser humano vale muchísimo, que ella como mujer no fue la que fallo, que el que tuvo la culpa de todo fui yo, porque en lugar de buscar ayuda, recurrí a ella como una salida a mi frustración. Pero eso no es posible, porque no puedo llegar y decirle que soy bisexual y que además del amor que ella me daba, tenía que haberme compartido con otro hombre, para poder sentirme sexualmente satisfecho. A todo esto, debo agregar que ella ya se casó con otro hombre que si la ha sabido valorar.

Así viví, solo, durante algunos años, con esa eterna amargura llena de insatisfacción, creyendo que todo ese gusto por los hombres, correspondía a una etapa de niño o mentalidad de adolescente que no había podido superar, que era un inmaduro pese a la edad que tenía. Cuando por momentos me dejaba esa compañera llamada depresión con la que junto vivía, buscaba mujeres e incluso, llegue a vivir con tres de ellas, no más de seis meses, pero el final era el mismo resultado, terminaban mandándome al carájo por mis constantes arranques de hastío que solía tener. Me aburría con suma facilidad de todo ese protocolo del casado. Llego el momento en que preferí vivir solo y cuando tenía necesidades sexuales, buscaba la compañía pagada o con mujeres casadas que no me representaban ningún compromiso.

En una ocasión, que estuve trabajando en una empresa, tuve un compañero de oficina que me gustaba mucho, él tenía 23 años y yo 28. Tenía el cuerpo exactamente como a mí gustaban, fornido, las nalgas bastante abultadas y muy firmes, bien paradas. Su piel era morena clara, de ojos negros y una cara muy fina. Él era muy extrovertido, por lo que no nos costo mucho trabajo hacer buena amistad, como él también era soltero, nos hicimos grandes camaradas de parranda y seguido nos íbamos a los antros nocturnos a la caza de mujeres. Coincidimos en que a los dos nos gustaba mucho el gimnasio y en ese aspecto, también pasábamos mucho tiempo juntos. Por cuestiones de trabajo, tuvimos que salir de viaje solamente él y yo solos. En el hotel que nos hospedamos nos dieron habitación compartida. Empezábamos a trabajar desde muy temprano y terminábamos ya entrada la noche, por lo que nuestro trabajo lo finalizamos dos días antes de lo que teníamos programado. Debo decirte que yo nunca antes de ese viaje, lo había visto desnudo y cuando por las noches llegábamos a dormir y se quitaba la camisa y pantalón, a mi vista quedaba únicamente en calzones aquel cuerpo que me hacía sudar. Disimuladamente le miraba su trasero todo el tiempo que podía, y cuando él retiraba a su cama para dormir, yo me metía al baño para ducharme, ya bajo el agua de la regadera, me masturbaba pensando en él.

Como ese día finalizamos el trabajo que teníamos encomendado, decidimos hacer vida nocturna en algún antro de vicio, por lo que nos dirigimos a un bar. Ya estando en el bar, empezamos a platicar de quien aguantaba más tomando y como no llegábamos a un acuerdo, decidimos que cada cual pediría una botella, a ver quien caía primero. Paso el tiempo y ninguno de los dos daba muestras de perder. En ese momento se nos alborotaron las hormonas y acordamos que nos llevaríamos a dos chicas del bar al hotel, por lo que compramos dos botellas más y nos dirigimos a nuestra habitación junto con las dos amigas compradas. Ya estando en el hotel, empezamos nuevamente a tomar para ver quien aguantaba más, cada quien con su chica, estuvimos fajando muy duro, por lo que nuestro termómetro llego al máximo ¡las chicas sabían su trabajo!

Ya estábamos muy borrachos y excitados, cuando las muchachas intentaron cobrarnos demasiado dinero por llegar a la cama, como se nos hizo excesivo el precio, nos enojamos y las mandamos a la chingada. Ya estando solos nuevamente, lo note muy tomado y le dije que mejor se diera por perdido, que el que había ganado era yo. Él me contesto que no, que todavía aguantaba mucho más, por lo que seguimos tomando. En algún momento, se agarro el estomago, se levantó y salió corriendo al baño para vomitar, yo me empecé a reír y lo invite nuevamente a que se rindiera y aceptará que yo aguantaba más que él, pero nuevamente dijo que no. Debo decirte que lo caliente no se me quitaba con todo y la cantidad de alcohol que ya tenía en el cuerpo. Como mi compañero de oficina ya estaba neceando y todavía nos quedaba algo de vino en la botella, supuse que lo mejor sería terminar de emborracharlo y, de esa forma ya se fuera a dormir, por lo que le dije que si no quería perder en ese momento, tendría que tomarse de un solo trago todo el vino que quedaba en su botella. Acepto el reto y ambos de un solo trago terminamos con la botella.

Te imaginaras como quedamos los dos, sin embargo yo seguía conciente de todo y también muy caliente. Él se recargó en la pared y se empezó a cubrir la cara con una mano. Yo me di cuenta de que sus piernas se empezaban a tambalear y se iba a caer, me acerque y lo sostuve por los hombros, diciéndole que ya se fuera a dormir, pero él no reaccionaba, lo agarre del cabello y le moví la cara un tanto fuerte, pero él seguía sin reaccionar. Como me di cuenta que ya estaba inconsciente y no reaccionaría ante nada, me situé a sus espaldas y pase mis brazos por debajo de sus axilas, con la intención de llevarlo a dormir; como su cuerpo ya no tenía fuerza, al tratar de hacerlo caminar, accidentalmente sus nalgas se recargaron en mi pene. ¡Putísima a madre! Sentí que toda la sangre se me agolpaba en el cerebro, para que en chinga se regresara con más fuerza y toda se acumulara en la verga; Entonces, ya con toda la mala intención del mundo, me recargue en la pared, con su cuerpo pegado sobre de mí, sus nalgas quedaron precisamente en mí verga. Aún cuando él estaba vestido, le estuve acariciando sus nalgas y sus piernas.

Muy pegados nuestros cuerpos, lo fluí llevando a la cama para acostarlo y lo puse boca arriba. Le quite los zapatos y calcetines, desabroche su cinturón y de un tirón se lo quite; después me acosté sobre su cuerpo, quedamos cara con cara y le desabotone su camisa, la abrí y su pecho quedo al descubierto, le pase mi lengua por sus pezones, con las manos le acariciaba el cuerpo y con mucha calma le baje el cierre de su pantalón, termine desabrochándolo, me puse de rodillas y poco a poco se lo baje. Lo deje únicamente en calzones, eran de color gris obscuro, marca kalvin klein, tipo tanga, con medio muslo descubierto. Yo me desnude por completo y lo puse boca abajo, le empecé a bajar sus calzones hasta que se los quite por completo, sus nalgas quedaron ante mi vista, ¡haaaaaa!, ¡qué bruto! Tenía mucho tiempo de no acariciar unas nalgas masculinas; le pase mis manos haciendo semi círculos, se las abrí y pude ver su ano, también se lo acaricie. Le pase mi lengua por sus nalgas y se las mordí muy suavemente. Después me puse de rodillas, abrí mis piernas dejando sus nalgas en medio de ellas, las abrí lo más que pude y poco a poco le fui acercando mi pene, con todas las ganas  de penetrarlo.

Pero en ese momento, como que un rayo de luz llegó a mí mente y una voz en mi cerebro me grito que no lo hiciera, me levante como de rayo, le subí los calzones y de inmediato me dirigí al baño, entre y cerré la puerta con seguro. Con la respiración muy agitada, como espantado, me recargue en el lavamanos, agache la cabeza y me moje la cara con agua fría, trataba de poner en orden mi mente y comprender que es lo había sucedido. Sin embargo yo seguía muy excitado y mi verga muy parada, me la agarre con la mano, la apreté lo más fuerte que pude y empecé a jalarla a lo desesperado; termine aventando chorros de semen sobre el espejo. Poco a poco mi respiración regresó a la normalidad y después de limpiar con una toalla el espejo, me dirigí a la regadera, me di un baño y después me fui a dormir.

Al día siguiente, ya te imaginaras la cruda moral con la que me desperté, pues te diré que por mucho que yo tome, nunca pierdo la conciencia de lo que hago. Me sentía muy deprimido y al acordarme en cada momento lo estuve a punto de hacer, me preguntaba si en realidad yo era puto. Pensé que si él me reclamaba algo, no sabría ni que decir. Afortunadamente él no me dijo nada, me platico que ni siquiera se acordaba cuando las muchachas se retiraron, me decía: "bueno, y ¿nos las cogimos?" Yo me empecé a reír de nervios y le dije: "ya ni chingas cabrón, ¿a poco de veras no te acuerdas de nada?" Y él me contesto que no, que de verdad no se acordaba, que cuando tomaba de esa manera su cerebro se bloqueaba de una manera muy fea, que por eso generalmente nunca tomaba esas cantidades de vino, solamente cuando estaba con alguno de confianza; respiré aliviado y cambié de tema.

Regresamos a la oficina y de mi mente no se borraban esas imágenes, la depresión no me disminuía, a cada momento surgía la misma pregunta; todo el tiempo me la pasaba torturándome con lo mismo, interiormente no dejaba de hacerme todo tipo de reproches. Como no hay nada el mundo que el tiempo no lo cure, después de unos meses yo seguí siendo el mismo de siempre, aprovechando cualquier oportunidad de verle el trasero a mi compañero de oficina. Sé me presento una buena oportunidad de empleo y yo renuncie a la empresa donde él y yo trabajábamos, aunque en un principio nos hablábamos por teléfono, no nos volvimos a ver, después él también renunció a esa empresa y nos perdimos la pista definitivamente; hasta la fecha no he vuelto a saber de él. No sabes cuanto me he arrepentido de no haberlo penetrado ese día.

En mí nuevo empleo entre de lleno a este maravilloso mundo del Internet, y como en realidad yo no tenía muchas cosas que hacer en mi vida personal, me pasaba horas y horas navegando. Por mucho tiempo leía historias de gente igual que yo, reportajes sobre el tema, opiniones de mucha gente, páginas web diseñadas para homosexuales y fue como comprendí que yo no era puto, que en realidad mi condición era la de bisexual. Me quedó muy claro que los bisexuales tenemos la misma capacidad de gusto para tener relaciones sexuales con hombres y mujeres, ahora sé que pertenecemos a un tercer sexo, sentimos diferente, actuamos diferente, nuestras preferencias son diferentes y no es porque nosotros así lo queramos, así nacimos y aún cuando tratemos de luchar en contra de ello, nos es imposible dejar de ser lo que somos. Es algo que nunca se podrá superar, no es algo pasajero, no es como tener gripe, que cuando nos da, simplemente tomamos un analgésico y esperáramos a que se pasen los síntomas y otra vez hagamos la vida normal.

Después de que comprendí todo eso, me acepte tal y como soy, abrí más mi mentalidad a este respecto y ya liberado de complejos, decidí esperar a que una nueva oportunidad se me presentará, pero con la certeza de  que en esa ocasión si la aprovechase, pero también tuve la certeza de que yo no la buscaría, de eso estaba seguro.

En mi empleo actual, fui ascendiendo de puesto poco a poco hasta alcanzar una dirección general y por eso motivo viajo muy constantemente. Por esto mismo, en una ocasión que viaje yo solo a Chiapas (un estado dentro de la República Mexicana), me hospede en un hotel de muy buena fama, baje del automóvil todo mi equipaje y una video que utilizaría para desarrollar mi encomienda. Al día siguiente salí muy temprano a realizar mi trabajo, ya por la tarde regrese al hotel y puse todos los documentos que llevaba conmigo así como la video, en un mueble que tenía dentro de mi cuarto. Como todavía era temprano, decidí salir a caminar un rato, pero como el calor seguía siendo mucho, casi de inmediato me regrese; abrí la puerta de mí habitación y me introduje, cerré con seguros la puerta y me dispuse a mirar un rato la televisión. Me llamo la atención que la ventana que daba al jardín, estuviera abierta, puesto que yo siempre soy muy cuidadoso en esos aspectos y por lo general siempre que me encuentro en un hotel, verifico que al llegar, todo este tal y como yo lo deje al salir. En ese momento note que la video había desaparecido.

Me quede pensativo, pero en ese momento escuche un ruido en el baño, por lo que me dirigí hacia donde provenía el ruido y poco a poco abrí la puerta, puede ver a un muchachito que trataba de ocultarse en la tina del baño y en la mano tenía la video. Me puse furioso y lo tome por los cabellos, jalándolo hacía afuera le dije que en ese momento llamaría al gerente del hotel para que me diera una explicación. El se puso muy nervioso y me empezó a suplicar que no lo hiciera, que lo despedirían y a la mejor hasta la cárcel lo metían, que él nunca había robado, pero que al estar efectuando su trabajo de jardinería, paso por la ventana de mi cuarto y vio que la video estaba suelta, pensó que sería fácil tomarla sin que nadie se diera cuenta. Poco a poco mi enfado fue pasando y le pregunte como se llamaba, me dijo que él era Marco Antonio, yo le dije que no podía acceder a su petición, y que tenía que reportar el hecho al gerente del hotel. Él me seguía insistiendo, me pedía que por favor no lo hiciera, que necesitaba mucho el trabajo y el ingreso que de él obtenía. Como ya mi coraje se había esfumado por completo, empecé a observarlo detenidamente y de verdad que en sus obscuros ojos, se notaba mucha desesperación; pero también pude darme cuenta que era muy atractivo, su cara morena y cuerpo bronceado por el sol, era el tipo exacto del latino, medía como 1.72, aunque era delgado, su cuerpo estaba perfectamente marcado por hacer tantos trabajos rudos, y por supuesto que su trasero me atrajo lo suficiente. Tenía unas nalgas amplias y bien paradas y como ya sabes, ese es mi platillo favorito.

Empezaban a pasar por mi mente los más negros pensamientos, cuando el muchachito me dijo que a cambio de que yo no dijera nada, haría lo que yo quisiera. Como yo no sabía por donde iba su insinuación, le dije que no, que tenía que reportarlo con el gerente. Nuevamente me insistió que a cambio de mi silencio, él sería como mi esclavo durante todo el tiempo que yo estuviera hospedado, que de verdad haría lo que yo quisiera. Me empecé a reír y le dije: "¿Qué te imaginas que yo puedo querer que tu hagas?, no mames" y él me contesto que lo que fuera, que él había observado que yo salía cargando muchos documentos, que si era mi deseo, él podría hacerla de mi cargador, que podía lavar mí automóvil todos los días. Yo le dije que no, que definitivamente el hecho lo tenía que reportar con el gerente del hotel. Tome el teléfono e hice como que iba a marcar, el se acerco más y me dijo: "No señor, le suplico, por lo que más quiera, no lo haga, deme una oportunidad y vera que lo que usted pida de mí con mucho gusto lo voy hacer", colgué el teléfono y le dije: "Bueno, dime una cosa, porque tienes tanto temor a que te reporte, porque estas dispuesto a todo ¿te imaginas?, y que tal si en este momento que estamos tu y yo solos, ¿te pido las nalgas?, ¿Qué harías?, a ver dime ¿cuantos años tienes?"

Se fue a sentar a un sillón que estaba frente a mí y me dijo que tenía 19 años y que la verdad él estaba de ilegal en este país, que era Guatemalteco y con papeles falsos que había podido conseguir, logro que le dieran el empleo como jardinero en ese hotel, por lo que sí yo lo reportaba con el gerente, lo mandarían a la cárcel, porque desde que los contratan se los advierten y si lo metían a la cárcel se darían cuenta de su situación de ilegal y lo deportarían. Me dijo que él había tomado la video, porque tenía muchas ganas de enviárselas a sus hermanos que estaban en Guatemala, que su familia era muy pobre y nunca habían tenido una y por eso la tomo. Yo le dije que estaba bien, que no lo reportaría con el gerente, pero que debía estar consiente que en esta vida todo tiene un precio; él me contesto que sí, que estaba consiente y que estaba dispuesto a pagarlo como yo le indicara.

Para ese momento, yo ya tenía la verga bien parada y por supuesto que ya sabía cual iba ser el precio que Marco Antonio tenía que pagar; le pregunte que si alguna vez le habían metido la verga o sí había mamado en alguna ocasión algún pene; a él se le subió el color a la cara y agacho la vista, me dijo que no, que nunca lo había hecho. Mientras tanto, más subía de grado mi excitación y le pregunte nuevamente que si alguna vez en su vida había tenido sexo con otro hombre; me contesto que no, que solamente con mujeres, la primera vez fue con la prima de un vecino suyo y la segunda, con una novia que tuvo en su tierra. Me entró mucho morbo cuestionarlo sobre su vida sexual, por lo que le pregunte que si alguna vez había visto cuerpos de hombres desnudos, él me contestó que eso sí, que donde él vivía en Guatemala, como las casas no tenían baño ni agua, cuando se querían bañar lo hacían en el río, y por lo general, todos los chicos de su edad se reunían por la tarde para meterse juntos al agua, pero lo hacían con ropa interior puesta y al terminar, se quitaban todo para ponerse ropa limpia y era cuando el los había visto. Esa platica me seguía calentando y sentía como de mi pene escurría líquido lubricante. Empezaba a jadear y le pregunte que a los cuantos años el se había hecho su primer chaqueta y quien le había enseñado; me contesto que fue a los 15 años y el que le había enseñado fue su primo, que era mayor que él, que su primo tendría como 19 años, entonces le dije: "¿y a poco tu nunca le hiciste una?" Nuevamente el color se le subió a la cara y me contesto que sí, que en tres ocasiones él se la había hecho, yo le dije: "¿y como fue?" Me contó que en esas ocasiones se habían quedado a dormir en la casa de una tía de ambos y como les dejaban una sola cama para que los dos se acostaran, ya cuando no se oían ruidos y su primo suponía que todos estaban durmiendo, se empezaba a pegar a su cuerpo y ya muy cercas, le tomaba una de sus manos, se la metía entre el calzón y lo hacía que acariciara su pubis, el sentía como su primo ya tenía bastantes pelos, poco a poco con la misma mano, se la iba acercando a su pene, hasta que lo hacía que lo agarrara y se la sacara del calzón, ya su primo con la verga de fuera, pero con las cobijas encima, él empezaba a masturbarlo hasta que eyaculaba y se los echaba en las piernas, al final los dos se quedaban dormidos.

Por último, le pregunté que si le había gustado hacerle las chaquetas a su primo, él me contesto que no sabía, que en ese entonces el pensaba que eso era natural, ya que eran primos y además él había enseñado a hacer eso. ¡¡¡Uuufff!!! Otra vez la misma suerte, otra vez un culo virgen para mí.

Le dije: "bien, mira, el precio por no reportarte, es que me des las nalgas, que me masturbes y me la mames, que también te comas mis mocos cuando me salgan y te dejes morder las nalgas, para que después te dejes coger, en fin, todo lo que a mi se me ocurra"; su cara se le puso muy roja, agacho la cabeza y me dijo que si no había otra forma, le conteste que no, que esa era la única forma, que lo pensara y viera lo que más le convenía. Él durante un rato estuvo muy pensativo y finalmente me dijo que sí, que como ya me había dicho antes, él estaba dispuesto a hacer lo que yo quisiera, con tal de no perder su trabajo y lo sacaran del país.

Para ese entonces ya estaba yo hasta temblando, mi respiración era muy agitada, ¡por fin!, Otra vez tenía la oportunidad, nuevamente iba a sentir ese placer indescriptible de poder cogerse a un hombre. Le dije que viniera hacia mí y se desnudara, él con la cabeza agachada se empezó a desabrochar su camisa y el pantalón, se quito los zapatos y los calcetines, muy despacio dejo caer su camisa y después el pantalón, sus calzones tipo bikini eran de color negro, durante un tiempo lo estuve contemplando, ¡que bárbaro! ¡Que cuerpo!, Tanto trabajo pesado en el campo y ahora en el hotel, lo tenía formado como un físiculturista, aunque como ya te había dicho, era delgado, como de 72 kilos, sus piernas y pecho con algo de bello, por su abdomen se empezaba a formar una hilera de pelos; le dije que se volteara y lo tome por la cintura, su cuerpo temblaba, como si tuviera frío y eso me tenía todavía más excitado. Con los dientes le baje los calzones y cuando estuvieron al descubierto sus nalgas, pude observar que también estaban velludas, les pase mi lengua, se las mordí muy suavemente, eleve mis manos a su espalda y se la estuve acariciando, estaba muy duro, por donde lo tocara. Mi lengua poco a poco, fue subiendo, lamiendo a su paso su cintura, su espalda, hasta llegar al cuello. Le sople en sus orejas y metí su lóbulo de la oreja en mi boca, para chupárselo. Él seguía muy nervioso y su cuerpo temblaba mucho.

Yo también me desnude, y mi verga que mide aproximadamente 23 centímetros, quedo parada en toda su potencia; lo puse de frente a mí, nuevamente lo estuve contemplando y note que su pene no estaba erecto, al igual que yo, tampoco tenía hecha la circuncisión, yo le sobaba los brazos y la espalda, aprovechando para acariciarle sus nalgas, en tanto mi pene lo apoyaba en su abdomen. Me acerque a su oído y le susurre que se tranquilizara, que disfrutara el momento y le iba a gustar mucho; él contesto que sí, que haría lo posible. Le pedí que se pusiera de rodillas, y ya estando hincado, lo tome por la cabeza y lo fui acercando a mi miembro, cuando lo tuve lo bastante cerca, le pase por la cara toda mí verga. Le dije que abriera la boca y sacara la lengua; cuando hizo lo que le pedí, poco a poco le introduje el miembro a la boca, sentí su saliva caliente recorrer todo mi miembro, y empecé a gemir. Y aunque se notaba que no tenía ninguna experiencia, a mí se me hizo la mamada más rica que hubiera recibido, al poco rato tuve un orgasmo de película, acompañado de una explosión de leche, fue tal la cantidad de mocos que avente, que de su boca se salía el semen; con el dedo de mi mano derecha, le regresaba lo que salía, hasta que se lo termino todo.

Después le pedí que se pusiera de pie y lo recargue sobre la cama, con su trasero totalmente parado hacia mí. Ya para ese momento, me di cuenta que el también tenía la verga parada, le medía como 17 centímetros, su cuerpo ya no temblaba y note que también jadeaba, estaba más desinhibido. Primero le introduje un dedo con crema por su ano, él solamente pujaba, cuando sentí que su hoyo se iba abriendo, le metí otro dedo también con crema para lubricarle su ano, le estuve masajeando hasta que sentí que ya estaba lo suficientemente dilatado; entonces me coloque un condón y también le puse crema, para introducírselo lentamente hasta que lo tuvo todo adentro. El gemía y su respiración era muy agitada, cuando él me dijo que el dolor se había convertido en placer, lo jale hacía mí, le pase mis brazos por sus axilas y nuevamente le chupaba el lóbulo de sus orejas, así como el cuello; le dije que se masturbara mientras lo tenia montado y él empezó a jalársela bastante fuerte, casi al mismo tiempo tuvimos un orgasmo, acompañado de eyaculación, su leche salió con tanta fuerza que fue a estamparse en una cortina. Lo hicimos durante muchas horas, recuperábamos fuerzas y nuevamente empezábamos ese juego erótico, lo hicimos de todas las formas habidas y por haber, hasta que nos dio la madrugada y el sueño nos venció.

Durante los siguientes nueve días que estuve hospedado en ese hotel, todas las noches fue lo mismo; hasta que llego el día de mi partida, espere hasta que lo pude ver y le regale la video, también compense sus servicios con una suma en efectivo que equivalía a tres meses del salario que el ganaba. Le dije que había quedado muy satisfecho y que si el aceptaba, tantas veces yo llegará a ese hotel, lo buscaría para hacer lo mismo y el me dijo que si. Quiero que sepas, que por cuestiones de trabajo, yo muy seguido viajo a ese lugar y como es lógico, siempre lo busco y hago uso de sus servicios. En estos tres últimos años que han pasado, cuando lo veo, me platica que le ha ido muy bien. Ya lo ascendieron a mesero del restaurante principal.

Actualmente vivo con una mujer, y es muy probable que me vuelva a casar; durante casi dos años que tenemos de vivir juntos, no hemos tenido el más mínimo problema, creo que al desfogar mis necesidades de sexo, tal y como yo siempre lo quise, me a dado mucha tranquilidad. Actualmente soy una persona muy paciente y casi por nada me enojo, ahora si puedo ofrecerle a mi mujer,  mucha atención y cariño. Cuando siento que la adrenalina me sube, bajo el pretexto de que, por cuestiones de trabajo tengo que salir de viaje, tomo el primer vuelo hacía Tuxtla (que es el municipio donde se encuentra el hotel de mi agrado) y busco a Marco Antonio, paso un fin de semana con él y todo vuelve a la normalidad. Por lógica, ella no sabe de mis preferencias sexuales, es más ni siquiera se lo imagina, tengo la seguridad de que si alguien se lo llegará a platicar, definitivamente no lo iba a creer. Me he hecho la firme intención y he jurado que nunca haré nada, ni cometeré indiscreción alguna para que ella se entere. No quiero ni pretendo volver a lastimar a una mujer.

Hace como año y medio, al estar haciendo unas operaciones en el banco, me encontré con Alberto, y no sabes el gusto que nos dio volvernos a ver. Nos fuimos a un bar y platicamos de nuestras vidas, platicamos de todo lo que nos paso durante el tiempo que dejamos de vernos, obviamente omitimos hablar de nuestras preferencias sexuales. Él me contó que seguía casado con la misma mujer de siempre, que tenía dos hijas preciosas, yo le platique de mi divorcio y del hijo que tuvimos antes de separarnos y que actualmente vivía con una mujer maravillosa, también le hable de los planes que tenía de volver a contraer matrimonio. Como sentimos que nuestra amistad seguía siendo muy fuerte, pese al tiempo que transcurrió sin vernos, hicimos planes para ese fin de semana y que nuestras respectivas parejas se conocieran.

Cuando las presentamos, de inmediato nació entre ellas una simpatía mutua y actualmente se llevan de maravilla, son buenas amigas, por lo que muy seguido las dos familias nos reunimos en alguna de las dos casas. Aunque Alberto y yo nos tenemos mucha confianza, paso mucho tiempo sin que mencionáramos nuestras aventuras sexuales de niños y adolescentes, sencillamente ninguno de los dos hablaba de ello. Nos platicábamos de cómo lo hacíamos con nuestras mujeres, de cuantas veces las engañamos con otras, en fin, de todo, menos de eso. Por lo que yo podía observar en algunos momentos y por lo que su esposa le comentaba a mi pareja, supe que tenían problemas; ella platicaba que a veces no entendía la actitud de Alberto, que de repente le notaba muy irritable y distraído y cuando estaba en esos arranques, por todo la regañaba, por todo discutían e incluso le llego a pegar, que le daba la impresión de que andaba con otra, pero después de un tiempo, él volvía a ser el mismo de siempre y aun cuando ella busco el menor indicio de que en la vida de Alberto existiera otra, no encontró nada.

En una ocasión, en que estábamos en la casa de ellos, él y yo nos pusimos a platicar solos en el jardín, nuestras parejas estaban en la cocina preparando algo de comer y yo le pregunte que le pasaba, que porque era así y me contesto que no le entendería, que de hecho no lo entendía nadie. En su voz yo pude notar algo de amargura, y por mi mente paso lo que yo tuve que vivir, cuales habían sido mis problemas y tenían algo de similitud. Pero de inmediato rechace esa idea, puesto que Alberto no se había separado y no porque yo fuera bisexual, el forzosamente tenía que serlo también. Finalmente no fue posible que me dijera nada, aunque yo le estuve insistiendo y diciendo que yo seguí siendo su mejor amigo y él para mí también; le puse una mano en el hombro y le asegure que como su amigo, en el momento que él lo deseara, estaría a su lado para ayudarlo o escucharlo. Él sonrió y me dio las gracias, diciendo que lo tomaría en cuenta.

Las dos familias nos seguimos frecuentando, y en una ocasión que estábamos en mí casa, nos pusimos a tomar vino, ellas dijeron que estaban cansadas de estar encerradas y que llevarían a las niñas al cine y después a la feria. Les dimos dinero y nos dejaron solos. Ya con algunas copas encima, empezamos a hablar de sexo e invariablemente yo tuve una erección, el se percato de ello y me dijo: "sigues siendo el mismo cabrón de siempre ¿verdad?" Yo me reí y le dije: "bueno, es natural ¿no?", creo que el alcohol que ya habíamos tomado, aunque no estábamos borrachos, nos relajó y empezamos a hablar de nuestra época de niños, él me dijo que no había perdido del todo el contacto con Flor, Alfredo y su primo, que de vez en cuando los veía, porque ellos seguían viviendo en el mismo lugar que nosotros cuando niños. Como era normal, fuimos haciendo remembranzas de aquellos tiempos. Alberto me dijo:

¿Te acuerdas como entre los tres nos cogíamos a la Flor?

Claro que sí, eso nunca se me olvidara. ¿Oye, por cierto, como le ha ido?, ¿se caso?

Si, fíjate que ya lleva dos divorcios por lo mismo, a sus maridos les a puesto los cuernos y ellos se dieron cuenta. Sigue estando muy buena y como te imaginaras le sigue encantando la verga, en eso no ha cambiado mucho.

A que mi Flor, tan cabrona. Por cierto ¿y del Alfredo y su primo que me cuentas?

Pues mira, el primo de Alfredo ya se caso, pero sigue siendo el mismo estúpido, idiota apático e intolerable de siempre, en realidad, con su matrimonio, lo único que hizo fue cambiar de mamá, porque la señora es la que toma todas las decisiones en su casa, lo trata como si fuera su hijo, le habla a puros gritos y siempre lo esta mangoneando, ¡pero bueno!, Eso es su problema, él así vive feliz. De Alfredo te puedo decir que, decididamente se volvió gay.

¡Ha cabrón! ¿El Alfredo?, Mira tu, y eso que era el carita del grupo, ¿te acuerdas como siempre se dedico a hacer deporte y su cuerpo siempre lo mantenía bien formado?

A claro, y sigue igual, dedicando todo su tiempo libre a hacer ejercicio, de hecho tu lo ves y le calculas menos edad de la que tiene, pero eso no le quita lo puto. Incluso dicen que ya tiene rato teniendo novio; se compro el departamento de al lado de donde tu vivías y seguido llega con sus parejas, dicen que de madrugada lo han visto abrazado y  besándose con otro hombre.

¡Ja, ja, ja! No te hagas, tu tuviste la culpa, acuérdate que de niños se la diste a probar y bueno, ya después se le hizo vicio.

¡ja, ja, ja! No te hagas péndejo, que el primero que le chingo su monedita, fuiste tu: o ¿ya se te olvido, como lo convencimos para aflojara? Y bueno, ya después, yo también le di para adentro, no lo niego.

¡Que épocas aquellas! ¿No Alberto?, A veces recuerdo todas las chingaderas que hicimos juntos, cuantos culos nos comimos, cuantas mamádas nos dieron. ¡¡¡Uuufff!!!, Dé solo pensarlo hasta la verga se me puso más parada. ¡Mira, para que veas que no miento! (Me estire sobre el sillón que estaba sentado y se la mostré, claro que con la ropa puesta)

¡Que bárbaro! Te digo que sigues siendo el mismo cabrón de siempre. Fíjate que sí, si me acuerdo de aquellas épocas ¿qué calientes éramos, verdad? Que manera de coger. En realidad también recuerdo que tú has sido el único que me a penetrado y tu pene es el único que a probado mi boca. Te digo esto porque desde que lo hicimos la última vez, jamás lo he vuelto a repetir con nadie; incluso, tampoco desde esa plática volví a repetir cogerme  a un hombre. ¡Cuantos años han pasado desde entonces! ¿no?

Durante todo mi relato, te he platicado que ese tipo de recuerdos, y principalmente ese tipo pláticas prohibidas elevan la temperatura de mi miembro, mi cuerpo empieza a sentir un cosquilleo muy rico, no sé porque, nunca lo he sabido pero de verdad me pongo cachondo. Me le quede mirando a los ojos y entendí que seguíamos siendo los viejos amigos de siempre, que después de que él hablo de eso, la confianza que siempre nos tuvimos seguía en píe. Yo le conteste:

Si, han pasado muchos años de eso y al igual que tú, guardo esos gratos recuerdo en lo más profundo de mi memoria, creo que de la misma forma que tu, con nadie, absolutamente con nadie, lo he platicado. Pero siguen ahí, vivos.

¡Vaya!, Al menos ya somos dos a los que no se les olvida, siempre estuve pensando que solamente a mí se le había grabado en la memoria aquellas etapas de nuestras vidas.

No, no creas que a alguien se le a olvidado; te puedo asegurar que de toda la banda que estuvo con nosotros fornicando, absolutamente a nadie se le a olvidado. Es difícil que ese tipo de experiencias, pero sobre todo, que fue la primera vez, que para muchos fue su despertar al sexo, se borre de su memoria.

Tienes razón, se me hace muy lógica tu deducción; pues resulta que en una ocasión que fui a donde vivía antes y cuando ya un poco tarde me retiraba, antes de subir al carro, me encontré al Alfredo y estaba un poco borracho, nos saludamos y como ya sabes, cuando tienes alcohol en el cuerpo te da mucho por hablar. Estuvimos platicando tontería y media, cuando de repente el bajo su vista a mi miembro y me dijo: "todavía me acuerdo de cómo es tu verga" y trato de agarrármela. Creo que fácilmente me levante como 10 centímetros del salto que peque, riendo le retire su mano y le dije que le pasaba, él su puso muy serio y me contesto: "no te hagas péndejo, todavía me acuerdo cuando me la metías tu y el otro cabrón y les gustaba mucho mi ano, o que ¿a ti ya se te olvido?" Yo continúe riendo y le dije que esas fueron cosas de niños, que mejor después nos veíamos porque ya era muy noche y yo me tenía que ir. Aunque nos hemos vuelto a ver y nos saludamos, no se ha vuelto a tocar el tema.

Ya ves, te lo dije. También recuerdo que en esas mismas épocas, tu y yo decíamos que nos queríamos mucho como amigos y que nunca nos íbamos a separar.

No lo tomes a mal, pero la verdad yo sigo sintiendo lo mismo, en verdad te quiero mucho, y para mí sigues siendo mi mejor amigo. Creo que por eso la vida, nuevamente hizo que nos encontráramos.

Ya estas borracho Alberto, y cuando alguien esta borracho, siempre quiere mucho a los demás; en realidad es una etapa que tienen los borrachos y es que les da por querer a todo el mundo.

No, no te burles, es verdad, no estoy borracho y si quieres te lo repito mañana. ¿A poco tu ya no sientes ese cariño por mí, como decías cuando estábamos chicos?

La verdad si, si te sigo queriendo, pero no mal interpretes y creas que estoy enamorado de ti, es ese cariño de amigos que nació entre nosotros siendo muy niños; mi confianza en ti, ha vuelto a renacer como en aquellas épocas y por eso te voy a contar algo que nunca antes lo he platicado con nadie.

¡No me digas que tú si sigues cogiendo con hombres!

¿Me permites?, ¿Me dejas hablar?

¡Claro que sí!, No te encabrones, disculpa y continua

Le conté de mis necesidades, de como me reprimí; todo ese infierno en el que viví durante tantos y tantos años, de mí inestabilidad emocional y el motivo real que me orillo al divorcio; también le conté de mis problemas con la que fue mi esposa, los problemas que con ella tuve y de cómo le hacía la vida imposible. Hable de cómo deje perder el amor desinteresado que ella me ofreció, de cómo ella hizo todo lo que estuvo a su mano para salvar nuestro matrimonio y sin embargo, ante todo eso, yo solamente me complicaba la vida; todo porque en su momento no supe definir mí orientación sexual.

También le conté de cómo hice para aceptar lo que era una realidad, de cómo fue que me deshice de mis complejos y comprendí que no podía seguir luchando contra mi naturaleza. Que ahora me sentía diferente, sin ese gran peso a mis espaldas que tanto tiempo cargue y que además se robo tantas cosas buenas de mí vida, de cómo ahora sí era capaz de hacer feliz a otra persona, siendo feliz yo también, entregando lo mejor que tenemos dentro. Le dije que en mí no era común coger con hombres, solamente cada que mí cuerpo lo exigía y que solamente era con uno, Marco Antonio, que por supuesto también le relate detalladamente como fue que lo conocí. A esas alturas, él me miraba muy serio, muy interesado.

Cuando termine de hablar, él me dijo que porque le contaba yo esas cosas. Le explique, que por ser mi mejor amigo y el cariño que por él sentía, me dio la confianza suficiente para desahogar lo que por tanto tiempo guarde para mi solo. También le dije que después de enterarme de los problemas que con su esposa tenía, de observarlo durante todo el tiempo que tenía nuestro reencuentro, me daba cuenta de sus estados de ánimos y el dejo de amargura que siempre esta en su voz y su mirada; por lo que yo consideraba que él también tendría el mismo problema por el que yo pase.

Suspiro hondo y me dijo que al demostrarle esa confianza y cariño, por vez primera el se desahogaría con alguien, y ese alguien era yo. Acepto que yo tenía razón y después de contarme todas sus cosas ocultas (que por supuesto eran similares a las mías) le dije que era urgente buscará un desfogue a sus inquietudes, para que no le fuera a pasar lo mismo que a mí, porque el precio era muy alto y ese precio sería su familia, que es lo más valioso. Me propuso que tuviéramos sexo entre él y yo, porque en realidad eso era lo que él necesitaba, hacerlo con un hombre; Me propuso que hiciéremos lo mismo que cuando jóvenes, que yo lo penetrara y dejara que me la mamara, recordando aquellas viejas épocas.

En ese momento yo no lo acepte, le dije que no; Que no era lo correcto, en primera porque nos encontrábamos en mí casa y le debía un respeto a mi pareja, en segundo lugar ya habíamos bebido demasiado y tanto alcohol en la sangre trastorna el cerebro y no es buen consejero para decidir esas cosas; Por último, debía darse un tiempo para pensarlo mejor, porque posiblemente para él, no sería la solución a sus conflictos. Nos abrazamos y acariciamos el cuerpo, yo le agarré las nalgas y él me agarró el pene. Acordamos que el viernes de la siguiente semana nos hablaríamos por teléfono para salir juntos de viaje y al hospedarnos en el mismo hotel, hablaríamos al respecto, y si llegábamos a un acuerdo, entonces lo haríamos. Y tenía que ser de esa forma, porque de otro modo, no sería posible; En primera porque no teníamos ningún lugar donde hacerlo y en segunda aún cuando existen hoteles de paso en nuestra ciudad, no quería correr el riesgo de que alguien nos viera y nos pudiera reconocer.

La semana se paso volando y llego el viernes, él me hablo por teléfono como teníamos planeado y acordamos que en nuestras casas diríamos que yo saldría de viaje por cuestiones de trabajo y él me acompañaría para ayudarme, ya que su carrera era afín a la mía. Así lo hicimos y juntos salimos de viaje a una ciudad cercana a la nuestra, no más de 120 kilómetros. En tanto, mi mujer se fue a la casa de Alberto para no quedarse sola y aburrirse en nuestra casa. En el trayecto y el tiempo que hicimos en mi carro, rumbo a nuestro destino, fuimos platicando de que había pensado Alberto, y me dijo que estaba decidido, que a partir de nuestra plática la semana pasada y conforme transcurrió la semana, se dio cuenta que eso era lo que él deseaba; Primeramente porque yo era él único hombre que lo había penetrado, en segundo término, nos teníamos la suficiente confianza y entre los dos había un cariño de amigos, suficiente para entendernos perfectamente y aunque él sabía que yo nunca aceptaría mamárselo como tampoco que él me penetrara, en cuanto él tuviera la necesidad, podíamos viajar al hotel de Tuxtla para visitar a Marco Antonio. Seguíamos siendo los mismos amigos de siempre, con gustos afines y compañeros en todas nuestra pillerías.

Cuando llegamos al hotel y nos hospedamos, ya estando encerrados en la habitación, en tanto seguíamos platicando, nos tomamos dos copas de vino, con eso sentimos que nos relajábamos y nuestra sangre empezaba a arder. Dejamos las copas y nos abrazamos, sintiendo como una sensación muy rica, nos recorría todo el cuerpo. Cuando los dos estuvimos desnudos, pude admirar la anatomía de ambos y comprobar que, pese a los años que habían transcurrido, nuestro físico sigue estando muy bien, los dos nos hemos conservado y aunque aparentamos menos edad de la que tenemos, el cuerpo de Alberto se nota más maduro, más definido, bastante velludo y bronceado. Hicimos sexo dos días y al regresar, sentíamos que nuestra vida estaba completa.

Los dos hemos visitado a Marco Antonio en el hotel de Tuxtla, Alberto lo a penetrado y ha descargado su semen en su boca, en ocasiones yo solamente observo como lo hacen y una vez que Marco Antonio se retira, me monto sobre Alberto. Al igual que a mí, dice Alberto que su vida cambió, y ahora siente mayor madurez, más tranquilidad, sin esa losa tan pesada que cargaba día con día.

Los dos nos hemos fijado los mismos parámetros, Marco Antonio seguirá siendo el desfogue de ambos, para la necesidad de cada cual, Alberto y yo seguiremos teniendo sexo de la misma forma. Nunca lo haremos cuando nuestras parejas estén con nosotros, como tampoco en nuestra misma ciudad. No tendremos sexo solo por diversión, únicamente cuando nuestro estrés y cuerpo así lo pida. Cuando Marco Antonio se pierda de vista, ya veremos la forma de conseguir otro, eso sí, no será al primero que conozcamos, iniciaremos tratándolo y si existe alguna posibilidad, entre los dos haremos labor de convencimiento, tal y como en aquellas épocas.

A esta edad, te puedo decir que ahora si tengo bien definidos mis gustos, no serán hombres obvios o amanerados o que se vistan de mujer, y no es que tenga algo en contra de ellos, porque después de lo que yo he vivido, respeto los gustos y preferencias de cada persona, es sencillamente que si ese es el caso, mejor lo hago con una mujer. Deberán ser hombres que se comporten como hombres, varoniles y guapos. En mi vida nunca he mamado una verga, como tampoco nunca me han penetrado ¿qué por qué? Muy simple, porque no me gusta y no lo deseo; soy de la firme convicción que en eso estriba el placer, nunca sentirse obligado a hacer lo que no te gusta y no hacer lo que no deseas hacer.

Dentro de mis gustos, tampoco entra el besar a otro hombre en la boca, creo que se me hace muy poco varonil y nunca lo he hecho y creo que nunca lo voy a hacer. ¿Por qué me gustan tanto los jovencitos? ¡Eso sí, no sabría decírtelo! Posiblemente se enlace a mi eterna manía de mantener mi apariencia de joven, porque lo que no te he platicado es que ya tengo canas y me las pinto, me hago tratamientos faciales y paso mucho tiempo en el gimnasio dándole forma a mi cuerpo.    No es que este peleado con la vejez, sencillamente creo que en el siglo en el que nos toco vivir el hombre debe hacer algo por su apariencia y si no es así ¿entonces para que carájos los científicos se quemaron tanto tiempo las pestañas?

En cuanto al sentimiento que tengo de Alberto, tengo la plena seguridad que no estoy enamorado de él, si bien es cierto que lo quiero mucho, también es cierto que es un cariño de amigos, de alguien muy valioso en mi vida, algo así como un amor de hermanos. Es lo que yo te decía al principio, los de nuestra condición, pertenecemos a un tercer sexo, y todo en nosotros es diferente. El amor que sientes por tus padres, es diferente al que sientes por tus hermanos, y el que sientes por ellos es diferente al que sientes por tus hijos, como también es diferente el amor que sientes por tu esposa.

La capacidad del bisexual, estriba en poder sentir gusto y deseo por los dos sexos; algunas personas si aceptan crear lazos sentimentales en cuanto a una relación con una persona de su mismo sexo. Yo no, no lo hago, y es un propósito en mi vida, nunca hacerlo; ya bastantes conflictos e vivido como para crearme más. Albero opina lo mismo que yo. Otro propósito en mi vida es, siempre exceder el máximo de precauciones para que mi actual pareja nunca se entere, no quiero volver a destruir una vida, no quiero volver a dañar un corazón e imponerle a esa mujer maravillosa, una condena de sufrimientos, porque su único delito fue querer a una persona como yo.

Posiblemente me digas que eso será hacerla vivir en un engaño. A lo mejor es cierto, pero es un engaño piadoso, y créeme que si por mí fuera, si existiera alguna operación o medicamento que me quite la bisexualidad ya lo hubiera intentado, pero eso no es posible, no existe, así me hizo Dios y así me acepto.

Sé bien que no soy el único en el mundo, y que la sociedad juzga y condena este tipo de desviaciones, pero te repito, no es algo que yo pueda cambiar, solo él, ese señor maravilloso que nos cuida desde arriba; y tengo la plena seguridad y firme convicción que, pese a todo, siempre ha estado velando por mí, siempre lo he sentido junto a mí. Sus designios son incomprensibles para el ser humano, sino, ¿entonces porque me ha devuelto la calma?, ¿Porque me ha dado la madurez de poder aceptarlo?, ¿Por qué le devolvió la tranquilidad a mí alma?, ¿Porque Alberto y yo nos volvimos a encontrar?, Simplemente porque él es grande.

Bueno,  me despido de ti, te agradezco enormemente que te hayas tomado el tiempo para leer estas líneas en las que me permitiste contarte mis aventuras y desaventuras sexuales.

Julio 8, del 2000
 

ANÓNIMO.