Mi Vecino
Mi vecino es un chico normal, como cualquier otro, aunque con algunas
particularidades que le hacen especial para mí.
Todo empezó hace 2 años. Por aquel entonces, yo estaba
en la piscina cubierta, y claro, allí ya se sabe. Hay seis duchas,
enfrentadas 3 a 3, y sólo separadas por una pared que hace las veces
de cortina para que no pase el agua. Pero estando en uno de los lados,
ves al que tienes delante y al de al lado, a no ser que te coloques estratégicamente
en la ducha del centro, ya que desde ahí tienes una gran panorámica.
Los chicos que iban conmigo a la piscina eran viejos amigos. Nunca
los deseé, y nunca hice nada con ellos, pero alguna que otra vez
nos habíamos ido a las dos duchas del fondo y habíamos empezado
a pajearnos. Cada uno a lo suyo, por supuesto, ya que mis compañeros
de piscina eran todos heteros. Ahí fue donde descubrí mi
gusto por los hombres, aunque nunca hice nada con ninguno de los de allí.
Hace un año más o menos dejé la piscina por cuestiones
de estudio. Y empecé a salir con una chica (a todo esto, soy bi
;-), pero me llama mucho más un cuerpo bien formado de hombre que
una chica. Las miro casi con ojo de escultor ya. Tened en cuenta que por
aquel entonces me estaba definiendo, tenía 16 años). Y mi
vecino empezó a hablar con los profesores de educación física
del instituto para empezar a prepararse en las pruebas de acceso a INEF.
Y claro, me pidió consejo sobre la piscina. Yo le hablé de
lo completo que era la natación y todo eso, y a la semana se apuntó.
Por aquel entonces, mi vecino empezó a gustarme. Era todo lo que
había deseado siempre: altito, más o menos de mi altura,
sin vello (bueno, tiene vello, pero rubio :-)), con la cara de un chaval
(sin barba ni bigote), suave, tersa, con el pelo corto y desarreglado,
siempre vestido de deporte (esto porque es más fácil de tocar
que con vaqueros, que dejan sin tacto) y con un pecho... ese pecho me encanta.
Un torso bien formado, con sus músculos notándose un poco,
es decir, haciendo la forma del pecho, redondito y grande, apetitoso, pero
sin sobresalir ningún músculo. Era todo lo que quería,
y lo tenía tan cerca...
Un día, 1 mes después de que hubiera empezado a ir a
la piscina, le pregunté algo. Me lo inventé totalmente, pero
empezó a dar resultado. Le pregunté que si había coincidido
alguna vez con los de waterpolo, y me dijo que no. Entonces yo le dije
que si se ponía tenso muchas veces, a lo que me contestó
que sí, que el deporte es así. Eso me dio pie a decirle que
los de waterpolo normalmente utilizan la tensión acumulada para
entrenar, y que después la descargaban en la ducha masturbándose
unos a otros (manualmente), y que si quería probar. Se me quedó
mirando, me sonrió y se fue de mi casa sin decir nada. Llevaba unas
calzonas cortas que dejaban ver que no llevaba ropa interior, y que la
idea le llamaba la atención. Pero se fue.
Dejamos el tema aparcado un tiempo, y 3 meses antes de verano empezó
a salir con una amiga mía. Eso era un problema, pero no si contábamos
con que esto era otra cosa, simplemente sexo, y a mi modo de ver una relación
entre dos amigos, que puede ser duradera (por lo menos a mí me gustaría
mucho) y que no tiene que interferir con su relación de pareja.
Total, que después de llevar dos semanas con ella, le dije un
día al salir del instituto que se pasara por mi casa a una hora
a la que no había nadie. Cuando llegó, le subí a mi
cuarto y le dije que le tenía que pedir un favor. Estaba muy tranquilo,
pero él se puso tenso y me puse nervioso. Entrecortado, y como si
tuviera el corazón en la mano, le pregunté si me dejaba masturbarle.
Por supuesto, yo tenía un plan algo más largo, pero eso no
se lo podía decir a él, y había que romper el hielo.
Yo esperaba que se dejara, y tener la oportunidad de darle placer con mi
boca. Me dijo: "¿eso a qué viene?" y yo me levanté
y me acerqué a él, intentando llevar la mano a sus genitales,
pero dijo: "lo siento pero no" y se fue. Otra vez me dejó en la
estacada. Y pensé que a la tercera iría la vencida.
Hace cuatro meses, ya empezado el curso, teníamos un examen
de dibujo. A mí se me da bien, y sabía que vendría
a mi casa para preguntarme algo (para colmo, llevamos 5 años en
la misma clase. Desear pero no tocar), así que preparé el
terreno. Mi casa se quedó vacía, como unos meses antes (por
cierto, que ninguno de los dos salía ya con nadie), y adecenté
un poco mi cuarto. También cogí un bote de nocilla de marca
LIDL. La de 2 sabores es totalmente afrodisíaca, y untada en diversas
zonas incrementa bestialmente el placer.
Mi vecino llamó al timbre, y yo bajé, le abrí
y subimos a mi cuarto. Le expliqué lo que me preguntó, pero
lo noté un poco tenso. Le pregunté que qué le pasaba
y me dijo que estaba agobiado estudiando. Entonces yo le dije que se relajara
un rato, que aunque estudiara menos tiempo le cundiría más.
Y me preguntó que qué hacía. Sabía que no podía
soltárselo de sopetón, así que le dije que si quería
que le hacía un masaje. Me dijo que no, como si le sonara raro,
y que en su casa le estarían esperando. Yo le dije que fuera a su
casa a por los demás apuntes y que dijera en su casa que estaría
estudiando conmigo. Y también le dije que se pusiera un chandal,
que con los vaqueros no estaría cómodo. Y que si quería
estar más cómodo aún no se pusiera ropa interior o
se pusiera sólo unas calzonas. Se fue, y volvió a los 3 minutos.
Vino en chandal, y con ropa interior, ya que le había notado antes
de irse que su entrepierna estaba a punto de explotar.
Subimos de nuevo a mi cuarto, y allí le dije que se quitara
los zapatos. A esto que yo me había puesto una camiseta y unos vaqueros
rotos cortos sin nada más. Cuando se quitó los zapatos, le
cogí de la cintura y le quité la camiseta. Estaba hirviendo,
totalmente caliente. Le dije que estaba muy tenso, y que no podía
estar así. Así que le dije que se diera la vuelta, y le toqué
toda la espalda con mis manos. Volví a decirle que me costaría
mucho relajarle los músculos, y le di la vuelta. Y empecé
a tocarlo por delante. Todo su torso y sus brazos. Fue sencillamente genial.
Después, le dije que se acostara en la cama boca abajo. Y me hizo
caso. Yo me puse encima de su culo, muy bien puestecito, y empecé
con el masaje. Pero seguía notándolo tenso, y me sirvió
de excusa. Le dije: "claro, es que tienes que estar totalmente cómodo.
Te lo dije antes" y me eché para atrás, al tiempo que le
tiraba de los pantalones del chandal y lo dejaba en calzoncillos. Llevaba
unos slips blancos que marcaban perfectamente su bonito culo. Era demasiado
para mí. Estaba a punto de explotar. A esto que volví a mi
sitio, justo encima de su culo, y casi se me notaba todo. Estaba tan tenso
que hasta se respiraba.
Le dije que se diera la vuelta, y empecé a tocarle el pecho,
mientras que ponía verga con verga, aunque con ropa. Él se
lo tomaba como un masaje, algo profesional (estaba entrenando para las
pruebas y estaba mucho mejor físicamente), pero a mí se me
notaba demasiado que no iba por ahí. No se dio cuenta, y le dije
que se relajara y que cerrara los ojos. Empecé a masajearle el pecho
(más bien a recrearme en él) y fui bajando poco a poco, con
el masaje, hasta que llegué a sus slips... y dejé rozar mi
mano por encima. Él ni se inmutó, como si hubiera sido un
roce fortuito, pero yo metí la mano dentro del slip. Se fue a incorporar,
pero le dije que se relajara, que le iba a hacer descargar tensiones. Fue
a levantarse de nuevo, y le empujé hacia la cama, diciéndole
que le iba a gustar más de lo que creía. Me hizo caso, y
empecé a darle gusto con mi mano. Arriba y abajo. Metiendo la mano
en su prepucio. Una bonita verga sin circuncidar. Empecé a pensar
las posibilidades para mi lengua. Y después de tocarle el pecho
con la otra mano empecé con la boca. Mi vecino empezó a gritar
de gusto. Se retorcía de placer. Yo jugaba con mi lengua y su prepucio,
y el seguía disfrutándolo. A esto que pensé muchas
otras cosas, pero quería terminar comiéndosela, porque le
gustaba muchísimo. Se corrió en mi boca, y lo recogí
todo. Pensé en compartirlo con él, pero estaba demasiado
bueno. El mejor semen que he probado en mi vida. El semen de un adolescente
virgen. Después, me tiré encima de él y empecé
a comerle la boca. Estuvimos así 5 minutos más.
Para después de que descansara tenía otros planes, pero
se levantó, se vistió y recogió sus cosas. Me dio
las gracias, y cuando se iba a ir, le dije que podríamos repetirlo
cuantas veces le apeteciera, que a mí me gustaría mucho.
Pero no volvió para repetir. De vez en cuando viene a mi casa, pero
no hablamos del tema, y tampoco en clase, donde lo veo todos los días.
SPY7
spy7@lettera.net