Un monstruo de gimnasio  (pero de verdad)

Cuando alguien dice ser una "criatura de la noche", Daniel enseguida adivina si ese alguien dice la verdad o no, ya que él lo es: es un vampiro. A sus 237 años, conserva el mismo aspecto que cuando le mordieron, con sólo 24: el cabello castaño y ondulado, un cuerpo musculoso y con escaso vello y un rostro semi divino adornado con dos esmeraldas grandes y redondas que son sus preciosos ojos verdes; unos ojos que se vuelven amarillos cuando el monstruo, el demonio que Daniel tiene dentro se despierta y su angelical rostro se transforma en una cara demoníaca, realmente amenazadora, con gigantescos colmillos, el ceño fruncido y el cabello crispado. Una de las pasiones de Daniel es ir, ya de noche, al gimnasio y, tras su sesión de pesas y máquinas (cuando eres un no-vivo, tus músculos se atrofian más rápido), colarse en el vestuario de las chicas, mostrarles su faz terrorífica cuando sabe que sólo queda una chica y, tapándole la boca para que no grite, morderla mientras la penetra hasta que cae desangrada por el cuello y la entrepierna. Entonces, aliado de las sombras, desaparece en busca de otra víctima.
 
Nunca se le ha resistido nadie. Todas las mujeres a las que ha mordido le han sabido a gloria maldita, y nunca se le ha pasado por la cabeza el morder a un hombre hasta ahora, ya que sus artes y encantos de seducción no les causan efecto. Sin embargo, nunca termina de saciar su ansia, y lo más desesperante de todo es que en ¡¡237 años!! No ha conseguido averiguar qué es lo que se la provoca.

Sergio acaba de llegar a la ciudad, deseoso de empezar una vida distinta, y parece tener suerte: ha conseguido un trabajo en un gimnasio y, además, el dueño le deja dormir en el sofá-cama de su despacho hasta que encuentre un sitio decente para vivir. A sus 21 años, ha dejado atrás a una novia que, bajo una apariencia de santa y buena, le engañó varias veces con 6 hombres distintos en menos de un año. Sin hermanos, sus continuas discusiones con un padre demasiado autoritario que, tras la muerte de la madre de Sergio, tuvo que criarlo solo sirvieron sólo para animarle a largarse para cumplir su sueño: ganar cualquier campeonato de karate que se le ponga por delante. Pero ahora debe conformarse con limpiar el gimnasio por las noches y ayudar a Jaime, el profesor de artes marciales, con sus clases. El jefe ya se ha ido a su casa; sólo quedan dentro del gimnasio una chica haciendo bici y un tío de 1'90 con el pelo castaño y los ojos verdes que está en la máquina de pectorales, así que decide soltar la fregona durante un rato y meterse en el dojo a desfogarse.

La rubia de la bici se va al vestuario; Daniel va detrás de ella, pero esta vez siente algo de curiosidad por ese moreno que ha entrado al dojo, así que decide cambiar de rumbo. Descalzo y sudado por la carrera de calentamiento, Sergio se mira en la pared de espejos frente a él. Sus grandes ojos azules permanecen inmóviles intentando traspasar el espejo, mientras que su corto cabello negro se deja mecer suavemente por el aire acondicionado. Tras dos minutos quieto, se quita la camiseta para moverse con más libertad y comienza con las katas de ataque y defensa, liberando y tensando su fibrado torso. Sus brazos, musculosos y en apariencia rígidos, se mueven con rapidez y fuerza, pero con un deje relajado que sólo se consigue con años de esfuerzo y práctica. Sus pectorales, abdominales, los músculos lumbares... todo él se mueve con la velocidad precisa, casi mecánico, dejando que el cuerpo sea controlado plenamente por la mente y viceversa.

Aunque preferiría seguir mirando a Sergio a escondidas, a Daniel le entra hambre, y es entonces cuando se acuerda de la rubia de la bici estática. Se dirige al vestuario femenino y, una vez dentro, se desnuda de camino a las duchas. Una vez más, repite su ritual, dejando un cuerpo arrugado y casi seco por dentro bajo el caliente agua de la ducha. Ya lleno, Daniel sale desnudo, mojado, con sus ropas en la mano y limpiándose la cara, ya humana, de sangre. La puerta de su derecha es la del vestuario masculino, donde tiene sus cosas, y ahí se dirige, aún chorreando sangre, confiando en que el moreno siga dando patadas al aire en el dojo. Cuando entra en el vestuario masculino, lo primero que ve es un culo, un trasero firme y prieto, propio de alguien con un cuerpo 10, un trasero perfecto. Un rampazo recorre su columna y, en su asombro, se atraganta con la poca sangre que queda en su boca y tose. El dueño desnudo del trasero, ya erguido, se da la vuelta para ver quién ha tosido. Resulta que el del culo perfecto es el de las patadas, que mira a Daniel con ojos extraños mientras, por precaución, tensa todo su cuerpo. No es para menos, Sergio tenía delante al tío de la máquina de pectorales, desnudo, empapado de agua y chorreando sangre de la boca hacia abajo. Apretando los puños, se acerca de cara a él, tanto que podía sentir en su rostro el aliento entrecortado y nervioso de Daniel.

- ¿Ocurre algo? ¿Qué te ha pasado?

Por primera vez en dos siglos, Daniel no se sentía cómodo, estaba tenso; notaba algo extraño, cosquillas en la barriga o quizá algo más abajo. Tartamudeando, dijo tímidamente:

- ¿Eh? Ah, n-n-no... Me... me he equivocado de vestuario y, cuando ha entrado la chica a ducharse, estaba yo dentro y... eh... me ha tirado el champú a la cara.

Para asombro de Daniel, la expresión de esos azules ojos que le taladran los suyos cambia, se relaja, nota cómo la tensión desaparece y oye a Sergio reír.

- ¡¡Jajajajajaja!! ¿El champú? ¡Jajaja! ¿En serio? ¡Jajaja! Joder, tío - ¡jaja! - perdona, pero es que me resulta chocante. Bueno, chocante y gracioso... Párate a pensarlo, ¿a ti no?
- Jejeje... Bueno, visto así, pues... - ríe Daniel, nervioso- no me ha dado tiempo ni a vestirme. Si me quedo un segundo más, ¡me mata!
- ¡Jajaja, sí! Bueno, yo voy a ducharme. Dúchate tú también y luego vamos al botiquín y te limpiaré la herida. No conviene que se te infecte.
- Eh... sí, de... de acuerdo.

Bajo el agua caliente, Sergio cierra los ojos y respira hondo, acariciándose el pelo y su torso musculoso sin vello. Daniel, acalorado, nervioso y avergonzado se pone de espaldas a él y regula el agua para que se enfríe un poco más. Sergio, percatado del corte que sufre el otro muchacho, decide romper el hielo y presentarse, extendiendo la mano:

- Por cierto, soy Sergio.
- Yo Daniel.

El apretón es firme y decidido, pero sus miradas no. A Sergio no le encaja la excusa de Daniel ya que, al irse la sangre con el agua, no hay herida, ni siquiera hinchazón. Daniel, atemorizado (casi había olvidado lo que era tener miedo; la última vez que lo sintió fue cuando aquella vampiresa le mordió, convirtiéndolo en lo que es ahora) por los ojos de Sergio, bajó la mirada, que fue a parar a la entrepierna del chico moreno, bastante imponente para estar relajada, y rodeada de vello. La suya empezó a palpitar, aumentando con cada latido, y Daniel, al darse cuenta, se dio la vuelta nuevamente. No escuchaba lo que Sergio le decía, pero el hecho de que estuviera allí con él le causaba mucho respeto... Una palmada en la espalda le saca del trance en el que estaba sumergido:

- A saber en qué estarás pensando para que se te ponga tan dura, ¡pillín!
- ¿Eh?
- Oye, que si te quieres hacer una paja, por mí no hay problema...
- ¿Una qué?
- Una paja, meneártela, cascártela... ¿no sabes lo que es?
- Eh... no... - para los vampiros el sexo no es algo tan importante como para los vivos. Daniel es la excepción, pero al violar a sus "cenas", no tiene problemas de saciedad.
- Ya, y yo me lo creo...
- En serio...
- Joder, tío, ¿en qué mundo vives? ¡Todo el mundo se la menea alguna vez! Anda que, cuando hay "sequía", no le he dado yo a la muñeca...
- Ah... yo... - su mirada bajó de nuevo, hacia el mismo sitio de antes: el aparato de Sergio. Éste se percató, y cuando Daniel se dio cuenta, aún se puso más rojo si cabía.
- Oh, vaya... Bueno, tranquilo, no pasa nada, yo... Pensé que sólo iba a ser el jefe, pero es igual. Creo que puedo ayudarte. Ven, vamos fuera, sequémonos.

Daniel, hasta ahora, no se había fijado en ningún hombre si no era para pegarle y así quedarse con la mujer que lo acompañaba. Pensó que lo que le calentaba era el miedo a que le pillara, mezclado con el calor del agua. Se intentaba convencer de eso, sin éxito. Sergio, por su parte, había salido a cerrar el gimnasio, confiando en que la rubia que yacía muerta en las duchas de las chicas se había ido. Volvió al vestuario donde estaba Daniel, se deshizo de la toalla que llevaba atada a la cintura quedándose de nuevo en cueros y le dijo a Daniel, también desnudo (¡se estaba poniendo los calcetines!) que no siguiera vistiéndose y que le acompañara.

En el despacho donde Sergio dormía y su dueño trabajaba, Daniel se tumbó en el sofá-cama a petición de Sergio, y éste sacó de su bolsa una cinta de video. Mientras sacaba la mesilla de la tele y metía la cinta en el reproductor, decía:

- ¿Sabes? Tuve mucha suerte al encontrar este trabajo. El jefe tiene una forma un tanto... peculiar de elegir a sus empleados. Mira... a ver, sí. Minuto 25...

Cuando Sergio apretó el "play", en la pantalla de televisión apareció una sauna, pero, eso sí, en blanco y negro. En esa sauna, dos culturistas se masajeaban la entrepierna mutuamente por encima de las ya inservibles toallas que pretendían cubrirlas. Sergio, excitadísimo, se recostó al lado de Daniel, cerca de su miembro de 21 centímetros.

- Esta es la primera prueba del jefe tras la entrevista para admitir a sus empleados. Graba varias imágenes calientes de hombres, mujeres y parejas de todo tipo y te los visiona. Cuando ve que se te dilatan las pupilas, es porque lo que ves te gusta; entonces se fija en lo que ves y, si no hay hombres en la pantalla, te rechaza. Sé que suena fuerte, pero peores cosas he visto. Yo los abrí, pero no por excitación, sino por asombro.

Los culturistas de la película, ya sin toallas, se tocaban salvajemente el uno al otro las pollas, agarrándolas con fuerza y moviéndolas con rapidez, mientras se besaban y abrazaban con la otra mano. Daniel, que no podía estar más caliente, movió su mano por instinto para agarrarse la polla, pero otra mano se le adelantó.

- Por cierto, esto es una paja - dijo Sergio, mientras deslizaba suavemente su mano por el tronco de ese tremendo pollón. Daniel, lleno de placer, no podía hacer más que dejarse llevar y gemir de gusto.

- Oh... ¡uau!... no está... nada mal...
- ¿Quieres probar tú?

Sergio se sentó a horcajadas sobre el estómago de gimnasio de Daniel, con la punta de su polla a escasos centímetros de la cara del otro. Consciente de los nervios de Daniel, Sergio le tomó la mano y la puso en la base de su propia polla, ayudándole a moverla muy despacio. Una vez metido en faena, Daniel se libró de la ayuda de Sergio, que pasó a cogerle por los hombros, y empezó a acelerar el ritmo de su mano, mientras que le sobaba el culo con la otra. Paulatinamente, Sergio se iba arqueando hacia atrás, preso del placer, mientras que Daniel cada vez movía más ambas manos y notaba cómo la gran polla que masturbaba se hinchaba y endurecía dentro de su mano, y las manos que le agarraban los hombros lo hacían cada vez más fuerte.

- ¿Sigo o prefieres que pare?
- No... Daniel... no pares ahora... no pares por favooooor... sigue..... mássss... 
- ¿Quieres má---?

Daniel no pudo terminar la frase. Y si hubiera podido, habría servido de poco. Los gritos de placer de Sergio llenaron la habitación, mientras eyaculaba potente y abundantemente. El primer chorro de semen fue a parar directo a la garganta de Daniel mientras hablaba, el segundo y el tercero chocaron contra su cara y los demás cayeron sobre su pecho, a excepción de un goterón que colgaba del rosado glande de Sergio, ahora más calmado.

Daniel se atragantó con la leche de Sergio y, tras toser un par de veces, por fin se la tragó. Su sabor le cautivó, no se parecía en nada al de la sangre. Su instinto animal le hizo querer más, así que con sus manos empujó las nalgas de Sergio hacia sí mismo para poder meterse ese goterón de lefa del glande de su polla en la boca, para sorpresa de Sergio.

- Vaya, así que no sabes lo que es una paja pero sí que la sabes chupar. Chico, eres una caja de sorpresas.

Daniel aspiró la polla de Sergio, de nuevo dura, buscando más de ese líquido delicioso que había probado, ya sin éxito.

- ¡Quiero más!
- ¿Más qué? ¿leche? Déjame a mí.

Sergio lamió el torso de Daniel, guardándose la lefa que él mismo había depositado, e hizo lo mismo con su cara y su cuello. Luego se acercó a la boca de Daniel y le besó, entregándole su lengua, su leche, su ser. Daniel, recordando lo que era besar, hizo lo mismo y, además, se tragó todo el semen que Sergio le cedía, que era mucho. Las manos de Daniel hurgaban entre las nalgas de Sergio buscando su ano, aunque no sabía muy bien por qué, y no tardó mucho en encontrarlo. Casi sin darse cuenta, ya le había introducido un dedo de cada mano. Sergio dio un respingo:

- Vaya, veo que ahora tienes las cosas claras. Primero acércame el mando a distancia, quiero enseñarte cómo se consigue un trabajo aquí - apretó un par de botones y la imagen del video cambió. 

Ahora se veía un torso desde arriba, muy musculoso y velludo y con una gran polla que se acercaba a un culito abierto que a Daniel le resultaba conocido. Era Sergio que, apoyado en el escritorio que tenían enfrente, dejaba que le introdujeran ese pollón.

- ¿Sabes? El que me folla, el tío que graba, es David, el jefe. Eso fue el primer día que vine aquí, pero hace apenas una hora hemos hecho algo parecido (es una especie de alquiler por vivir aquí). Por eso te ha costado tan poco meterme los dedos, porque ya estaba entrado en calor. Y ahora... ¿te apetece entrar a probar?
- ¡Desde luego que sí!

Sergio besó nuevamente a Daniel y retrocedió hasta tener su polla en la raja del culo. Con una mano, la enfiló hacia el agujero y, sin pensarlo, se sentó encima, aunque le costó un poco. Daniel se sentía genial allí dentro; sus preocupaciones desaparecieron. Sergio empezó a moverse lentamente arriba y abajo, dejando que la polla de Daniel se deslizara dentro y fuera de él, acelerando poco a poco. Por la cabeza de Daniel empezaron a circular pensamientos, dudas, curiosidades. Demasiados para alguien que está haciendo el amor. Vaya, eso era nuevo: antes follaba, no hacía el amor. De pronto empezó a sentirse culpable. Sergio, mientras tanto, se movía con cada vez más ganas y más pasión. Entre jadeos, Daniel empezó a decir:

- Sergio.... uh.... vaya... que... no soy... No soy una... persona normal....
- Ya se ve.... que... eres especial....
- No... no me entiendes...
- Shhh... guárdalo para luego.... Ahora sólo disfruta de mi culo, cabrónnn....

- Ven... quiero hacerlo como en la tele...

El Sergio de la tele ahora estaba boca arriba sobre el escritorio, meneándosela, mientras David, que había dejado la cámara sobre el trípode, le penetraba nuevamente abriéndole las piernas con las manos. Sergio, el de verdad, se abrzó al cuello de Daniel, que, aún dentro del culo de su amigo, lo levantó con poco esfuerzo y le besó mientras lo posaba sobre el escritorio con cuidado. Le agarró de los tobillos y empezó a arremeter con fuerza hacia el culo de Sergio, dándole unas embestidas bestiales. Éste le miraba con los ojos entreabiertos, mientras le decía jadeante cosas guarras a la vez que se meneaba su dura polla de nuevo. Daniel puso las piernas de Sergio sobre sus hombros, le agarró de las caderas y aceleró aún más el ritmo de sus embestidas. Al cabo de un par de minutos, se abrió paso entre la polla de Sergio y su mano con la suya propia, para masturbarle con fuerza, mientras le gritaba:

- ¡Aprieta el culo, mamón, apriétalo!
- ¡Ah, sí, Dani, si sigues así me vas a partir en dos!

Daniel no podía disfrutar más, pero tampoco estar más tenso; se estaba dejando guiar por sus pasiones hasta entonces sin descubrir. Sergio, mientras tanto, en pleno orgasmo, gritaba de puro placer a la vez que de su polla salían varios chorros más de leche, como si de un géiser se tratara. Fue tan potente su corrida que aún le llegó a Daniel a la boca. Eso fue lo que le disparó...

Desde su pubis hasta su cabeza, notó cómo subía una corriente bestial de tanto placer, y tan puro que, sin querer, se transformó en el vampiro que era, dejando que su lado demoníaco rugiera de gusto por él; tanto placer que Sergio no se dio cuenta del cambio hasta que los rugidos, gritos y gemidos de uno y de otro se apagaron, aunque Dani no cesó de moverse dentro de Sergio. Cuando éste abrió los ojos, gritó de nuevo, pero esta vez era de miedo. Daniel, que se había corrido dentro de él tanto que la leche se salía de su culo, se sentía incapaz de hacerle nada malo, ni siquiera se podía mover; no era del todo consciente de lo que estaba ocurriendo, no se había percatado de que había cambiado.

Los pies de Sergio se movieron con rapidez, precisión y fuerza: un golpe a cada la do de la cabeza y una buena patada a pies juntos en el pecho de Daniel, para alejarlo. Éste cayó en el sofá, pese a que al ser un vampiro, la fuerza de un hombre es poca a su lado, pero su perplejidad no lo dejaba actuar.

- ¡Joder, tío! ¿Quién coño eres?

Daniel se levantó, ahora más calmado y consciente, y de nuevo como humano. De su flácida polla aún colgaban un par de gotas de leche, y seguía teniendo la de Sergio por toda la cara. Intuyendo las intenciones de Sergio de escapar, se acercó a la puerta para bloquearle la salida y cerró el pestillo.

- Mira, Sergio; ante todo quiero que sepas que nunca he pretendido hacerte ningún daño, ¿vale? Esto no es fácil de explicar porque no lo es de entender; aquí el primer confuso soy yo, esto es nuevo para mí, pero tienes que saberlo: soy un vampiro.
- Sí, y yo el Hombre Lobo.
- ¡En serio, Sergio! Una vampiresa me mordió hace casi 250 años y desde entonces vivo entre sombras. Hasta ahora los hombres sólo eran un estorbo para mí, alguien a quien matar como mero entretenimiento; siempre he comido mujeres porque creía que era lo que me gustaba. ¡Ni siquiera sentía curiosidad! Pero contigo, aquí, ahora... todo es tan distinto... Y lo raro es que me siento más libre aún...
- ¿Más libre?
- Sí, el vivir del lado del mal te da mucha libertad, te libra de preocupaciones y responsabilidades, pero yo me sentía algo oprimido. Pensaba que era hambre, y me iba "de caza"... A comer mujeres, vamos...
- ¿Y todas eran luego vampiresas?
- No todas. Los vampiros mordemos por dos motivos normalmente: comer y propagarnos. Yo puedo morder a alguien y sólo chuparle la sangre. Ésa muere. Pero si algo de mi sangre entra en su organismo, entonces será un vampiro.
- ¿Y cómo lo haces si eres tú el que muerde?
- Pues normalmente me araño la lengua con el colmillo aposta antes de morder. Pero tranquilo, ya te he dicho que a ti no te voy a hacer nada... O sea, nada malo... Dios, estoy chorreando, ¡jajaja!
- ¿Estás seguro de que puedo fiarme de ti? ¿Me lo prometes?
- Claro, te lo prometo, te lo juro... lo que quieras.
- Bueno, no sé hasta qué punto respetáis los vampiros las promesas, pero me fío de tus ojos. Ven, vamos a los vestuarios a ducharnos...

Dani se acercó a los temerosos labios de Sergio, y con cuidado, le besó despacio, dulcemente, para tranquilizarlo. Sergio le cogió de la mano, aún con algo de miedo, y se fueron a los vestuarios. Mientras el agua de las duchas se calentaba, Sergio, delante del espejo, llamó a Dani.

- Ven aquí. ¿Tampoco te reflejas en los espejos o es otro mito, como lo del ajo?
- Compruébalo por ti mismo - dijo, detrás de él; Sergio ni se percató porque estaba mirando el reflejo.
- Vaya, qué fuerte...

Una vez en el agua poco tardaron en volver a enredarse en un nudo de carne, saliva, besos y caricias. Estaban en plena faena cuando...

- ¡SERGIO! ¿Qué coño te crees que estás haciendo?

Jaime, el profesor de artes marciales, que se había dejado las llaves de su casa, había vuelto a buscarlas, y al oír el ruido del agua se acercó a ver qué pasaba. Medía 1'85, evidentemente tenía un buen cuerpo bien cultivado, los ojos negros como el tizón y el pelo rapado para, en parte, ocultar las entradas que sus 32 años empezaban a mostrar. El otro motivo por el que se rapa el pelo es porque se juntaba con una banda de Skin Heads. No hace falta decir que él no era gay, entró al gimnasio por ser sobrino del jefe, y no tenía ni idea de todo el "chanchullo" a la hora de conseguir trabajo allí, por supuesto. Pero eso Dani no lo sabía, y, confiando en que entró al gimnasio igual que Sergio, se acercó a él sonriendo y le agarró el paquete.

- ¡Suéltame, maricón de mierda! ¡Escoria, te voy a partir la cara!

Las intenciones de Jaime eran atizar a Dani en la cara, pero los vampiros son mejores luchadores, y de un cabezazo, Jaime cayó al suelo, inconsciente.

- ¿Pero éste no trabaja aquí?
- ¡Sí, pero por familia, no por sexo, como los demás! El cabrón éste no para de alardear que se acuesta con un montón de tías, y dice que no le gusta ducharse aquí por si le mete mano algún maricón. No tardará mucho en despertarse... ¿Qué hacemos?
- Quitarle las ganas de decir esas cosas...

Cuando Jaime se despertó, estaba mojado, helado, desnudo y atado. ¿Dónde estaba? En la máquina de las pesas, con los pies amarrados a los soportes superiores. Veía borroso, le molestaba la luz y le dolía la cabeza. Intentó zafarse de sus ataduras, pero lo único que conseguía era cansarse y hacerse daño.

- ¡Dani, el cerdo éste se ha despertado!
- Bien, buenos días, capullo. Prepárate para lo que te espera, que no es poco...

Unas manos grandes y cálidas empezaron a acariciar el pecho de Jaime. Estaba claro que no eran manos de mujer. Gritó, pataleó, maldijo... todo en vano. Hartos de oírle, Sergio y Dani le metieron en la boca una muñequera, a modo de mordaza.

- Así que no quieres que te meta mano ningún maricón, ¿no? Pues haz cuentas, somos dos, y no quieras saber lo que te vamos a hacer ahora. ¿Ves esto? Es mi polla. Piensa en que no es mano todo lo que te toca...
- Por cierto, tampoco somos tan malos follando, ¿quieres que te lo demuestre? ¿No? Da igual, lo voy a hacer de todas formas...

La cabeza de Sergio se fue agachando, hasta ponerse a la altura de la entrepierna de Jaime, que seguía intentando librarse en vano de eso. Cogió su polla y se la empezó a chupar, sin pensárselo siquiera. Jaime seguía forcejeando, pero lo cierto es que sus gritos de furia se estaban apagando, no podía evitar que aquello le gustara. Sergio chupaba con ganas y con maestría, recorriendo cada centímetro de su tronco y su cabeza. De vez en cuando, se acercaba a chuparle las pelotas, de una en una, parando un par de veces para escupir los pelillos que se quedaban en su boca (N. del A: gajes del oficio, jeje). La polla de Jaime estaba ahora completamente tiesa, palpitante, brillante por la saliva de Sergio y sus propios líquidos preseminales.

- ¿A que te gusta, cabrón? Pues aún no hemos terminado...

Sergio se colocó a horcajadas, encima de Jaime, y enfiló la polla de éste hacia su agujero. Era grande, pero no tanto como la de Dani, así que entró con poca dificultad.

- ¿Sabes? Tengo unas ganas locas de que te corras, quiero verte la cara, mamonazo. ¿tienes idea de lo cansado que es esto? Ni te lo imaginas, pero me encanta...

El cuerpo de Sergio subía y bajaba, ensartado en la pija de Jaime, que estaba empezando a desistir de sus intentos de escapar y a acomodarse con aquella situación. Mientras seguía con su vaivén, Sergio no cesaba de insultar a Jaime, que no conseguía librarse de aquella embarazosa situación.

- ¿Te gusta, eh, cabrón? ¿Te gusta? Jajaja, a ver si te estás haciendo un maricón de mierda tú también...

Sin parar de moverse, Sergio fue acercando su cara a la de Jaime, mirándole fijamente a los ojos con morbo, placer, lujuria y algo de desafío. Agarró la cabeza de Jaime por las orejas y empezó a besarle el cuello y a lamerle la cara y la calva, lo que no le sentó tan bien como debía. Un rápido puñetazo calmó sus ánimos.

- ¡¡¡ESTATE QUIETO, GILIPOLLAS!!! ¡Como no hagas lo que te digamos la llevas clara!

Jaime empezó a temblar de pronto, sus ojos se cerraron y su respiración se aceleró. Estaba a punto de correrse. Sergio se levantó, sacándose la polla del culo, y empezó a pajearle hasta que se corrió sobre sus manos, pues quería recoger toda la leche que Jaime echara.

- ¿Sabes? Esto nos va a ser muy útil; no sabes cuánto. ¡Dani, es tu turno!
- No, Sergio, aún es el tuyo, pero déjame hacer algo primero. Jaime, te vamos a sacar la mordaza, pero por cada palabra que digas te ganarás un golpe, ¿está claro?

En cuanto le dejaron la boca libre, empezó a gritar.

- ¡¡¡Cabrones, qué me habéis hecho!!! ¡¡Hijos de puta!!
- 8 palabras, 8 golpes. Pero mejor los dejaremos para luego, no me quiero follar un cuadro de Picasso.
- ¡¡¡Te vas a follar a tu padre, basura humana!!!

Dani se transformó, esta vez aposta, se acercó a Jaime, que lo miró con miedo, le tapó la boca con la mano y le dijo:

- Sigue hablando, sigue, y te tendremos que sacar de aquí con los pies por delante. Por cierto, dudo ser aún humano y mi padre lleva 3 siglos muerto, así que te tendré que follar a ti, como consuelo. ¿Más calmado? Bien. Verás, ¿sabes lo que es un vampiro? Pues tienes uno delante, y te puedo matar con una sola mano o incluso, tal y como estás, sin ella, con la boca. Ahora tú decides entre ser un niño bueno y ser un niño malo. ¿Qué decides? Vamos, estas palabras no cuentan...

- Se... seré bueno...
- Está bien. Ahora te vas a tranquilizar, vas a respirar hondo y luego le vas a comer la polla a Sergio. Y no quiero oír ninguna palabra tuya ni ninguna queja suya, así que no se te ocurra morderle, o te la muerdo yo a ti. Sergio, haz lo que sabes.

Sergio, aún con el semen de Jaime en sus manos, se colocó detrás de él, y empezó a lubricar su ano con él. La cara de Jaime se retorcía de dolor, lloraba, se mordía con tal de no decir nada.

- ¿Tan mal lo pasas? Pues esto no es nada, espera a que te ensarte con su bicho, es un monstruo de la naturaleza, y nunca mejor dicho. ¡Jajaja!
- Sí, pero chúpamela un poco primero, necesito motivación, porque la mierda como esta no me excita nada...

Una vez la polla de Dani estaba bien tiesa, ensalivada y sin ganas de agacharse, éste se puso detrás de Jaime, y colocó la cabeza de su polla en la entrada del agujero del culo del que estaba atado.

- Sergio, siéntate en su cara, no quiero que se le oiga cuando grite. Porque gritarás, ¿sabes? A mí aún no me lo han hecho, pero según Sergio al principio duele, y más si te la dejan ir sin más y con poca dilatación, como tú ahora, así que prepárate...

Con la boca tapada por la raja del culo de Sergio, Jaime no pudo contener su dolor y sí, gritó, pero no se oyó. Dani se la había metido entera, de un golpe, sin pensarlo, y se quedó parado dentro. Cuando Jaime dejó de gritar, le dijo:

- Vale, ahora quiero que le comas bien el culo a Sergio, como seguro se lo comes a las tías a las que jodes por el culo, así que sin excusas. Sergio, si notas que para, me avisas, que se va a enterar.

Y así, mientras que Dani se follaba a Jaime, éste, atado, le comía el culo a Sergio, cuya polla estaba ahora en pie de guerra. Y así estuvieron un rato. Sergio, cansado de la posición, decidió que ya era hora de que Jaime probara a qué sabía una polla, y así se lo dijo. Le agarró la cabeza, le metió la picha en la boca y empezó a follarle por ahí, acompasando sus movimientos con los de Dani. Duraron así unos 10 minutos, hasta que se oyó que Sergio decía:

- ¡Prepara el paladar, capullo, porque ahí va!

La boca de Jaime, si ya estaba llena de polla, ahora encima lo estaba de semen. Sergio, suspirando, se dejó caer sobre su cabeza, hasta que se dio cuenta de que lo estaba ahogando, y se apartó. Ese momento fue aprovechado por Dani, que estaba a punto de correrse, para salirse de su culo y trepar por él hasta su cara. Se sentó sobre su pecho y le dijo:

- Abre bien los ojos y la boca, que voy a abrir la manguera.

La cara de Jaime, desfigurada por el dolor, fue el destino de los chorros de lefa que caían de la polla de Dani. Hubo un par que le entraron en la boca, y le obligaron a tragárselos.

Una vez habían terminado y se habían limpiado, tanto Sergio como Dani se acercaron a ver cómo estaba Jaime. Sudando, llorando, sucio y dolorido.

- ¿Por cierto, cuántos golpes hay que darle, Sergio? ¿Te acuerdas?
- Pues no lo sé, pero creo que con un par de puñetazos vampirescos tiene suficiente...

Con un ojo morado y un moratón en el hombro, entre los dos ducharon y vistieron a Jaime, y le dieron sus llaves. Le advirtieron que no dijera nada, y que si le oían insultar otra vez a los gays, le esperaría algo peor que lo de ese día. Sergio y Dani se fueron a vivir juntos; Sergio convenció a su pareja de que se alimentara de animales y Dani consiguió ir gratis al gimnasio todas las noches, gracias a la gran "generosidad" (jejeje) del jefe (y su cámara de video).

Por cierto, la mujer de la ducha fue hallada completamente desangrada en una cuneta, sin huellas reconocidas y con todas sus pertenencias. En algo se tuvo que entretener esa noche Dani antes de ir a casa, ¿no?

Y recordad, si alguien se queda mirando vuestro culo en un vestuario, fijaos si se refleja en el espejo... 

Saludos.



Home Alone

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