Tenía ganas de mear y busqué los servicios del centro comercial al que había ido a comprarme unas zapatillas de deporte. Al final de un largo pasillo los encontré, y entré. Sólo había dos personas dentro, un operario que estaba cambiando un tubo fluorescente y un chico de unos 15 años que estaba meando en uno de los urinarios. Por no molestar al currante, y por ver si veía algo me puse justo en el de al lado del chico. Miré de reojo pero se había puesto tan apretado al meadero que no se veía nada.
Pensé que no le interesaría el rollo. Y era una pena porque era un tío muy majo. Por la pinta acababa de fumarse alguna clase. Llevaba una cazadora de surfer de nieve, una mochila, unos vaqueros y unas botas de esas gordotas tipo montaña que ahora le da por ponerse a la gente. Guapo de cara, sin bigote ni barba, llevaba el pelo moldeadito con espuma. Para comérselo.
El operario acabó de hacer su trabajo y se marchó, cuando de repente casi me da un infarto. El crío se retira un poco (yo pensé que para irse) y se queda dejándome ver su pollita erecta que se estaba masturbando. Joder. Casi me da. Se me puso dura en un segundo y empecé a pajearme yo también a su ritmo. Nos miramos, y él me señaló los cagaderos. "¿No estaremos mejor allí dentro?", me dijo. Por un segundo pensé los peligros que tenía encerrarme allí, con un tío tan joven, pero no pude aguantar la tentación.
Entramos dentro, y no funcionaba la luz. Estuvimos en la oscuridad que rompía la luz que se colaba por debajo y encima de la puerta. Rápidamente nos abrazamos y nos besamos con pasión. El se quitó la mochila y la cazadora, yo me quité la mía, y nos bajamos los vaqueros y los silos. Qué pollita. Unos 14 cm durísima, suave, con una mata de vello finísimo y unos huevillos sin ningún vello de ninguna clase. Joder, Joder, Joder... Y su culo. Qué culito, de bebé. Ni un pelo por ningún lado. Y lo sé bien porque se lo sobé todo, glúteos, raja, ano... No le devoré su agujero por que no teníamos sitio.
Nos apretamos en un beso intenso y sensual, cruzando nuestras lenguas como fieras mientras él me sobaba el culo y se entretenía acariciándome el estómago y el pecho que ya empieza a estar peludete. Le busqué unos pezones enanos y duros, que me encantó pellizcar. No pude más y me agaché para mamársela. Le olí el paquete, y estaba genial, con ese olor a polla de 15-16 años que sólo los que hayan tenido la oportunidad de estar con uno de estos años pueden recordar. Qué pequeñina pero qué sabrosa, tíos. Creo que le mediría unos 13 o 14 cm, y era la mitad de gruesa que la mía. Empece a buscarle el ano con el dedo a la vez, pero él me retiró la mano cuando notó mis intenciones taladradoras; no insistí. Se la mamé bien a gusto mientras de vez en cuando paraba para buscarle las pelotas. Lisas y lasas sin un solo pelo, me las metía las dos en la boca para jugar con ellas y mi lengua. Él me retiró la cabeza para besarme y agacharse a buscar mi polla, que ya estaba a punto de explotar, con presemen en la ranura del capullo. Joder cómo se la comía, parece que tenía hambre atrasada de comerse un buen rabo.
Yo casi no podía aguantar más, le acaricié la cabeza marcándole el ritmo, y cuando ya casi estaba para correrme le retiré la cabeza, lo incorporé, nos besamos y empezamos a pajearnos a mano para buscar el orgasmo a la vez. Casi le tenía que tapar la boca con mis labios por que gemía como un perrillo... Eyaculamos a la vez, y yo le enganché de inmediato para darle el beso más intenso que me salió desde lo más hondo, mientras le notaba relajarse en mis brazos. Brrrrrrrrrrrrrrrr. No hubiera querido soltarle nunca. Nos limpiamos con cuidado, y esperamos a asegurarnos de que no había nadie fuera para poder salir. Lo hice primero, y enseguida le avisé que podía salir sin problemas. Nos lavamos las manos y antes de salir al pasillo, nos dimos un besito más. No se si lo volveré a ver, pero el recuerdo de este encuentro me alimentará muchísimas pajas. Como la que me estoy cascando en este mismo momento de escribir el relato........
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