Mi primer amor
Ya he cruzado los 55 años y todavía recuerdo mi primera experiencia gay. ¿Me
dejáis que os la cuente?
Tenía 14 años y hasta entonces solamente me había hecho algunas pajas a
escondidas. Estaba pasando las vacaciones de verano en un pueblecito del campo;
la familia de mi madre tenía allí una pequeña granja. Ése verano coincidimos con
un primo mío de 17 años.
Mi primo Javier era fuerte como un roble; todas las chicas y también los chicos
le admiraban por su cuerpo fuerte, pero era muy reservado, y hablaba muy poco.
Yo le tenía mucho respeto y cierto miedo también.
Un día tuvimos que ir a recoger unas herramientas al pueblo de al lado, a unos 2
km. Apenas hablamos durante el camino, pero tal como habíamos hecho otras veces,
al pasar por debajo de unos árboles nos paramos a descansar. Javier me miró y me
dijo:
- Oye, Manuel, ¿a ti te sale leche?
Me quedé de piedra; no sabía ni qué contestar... ¡A qué vendría esa pregunta!...
le dije que sí, que hacía poco tiempo pero que sí que me salía... Le miré a la
cara, estaba nervioso; no pude dejar de mirar su pantalón y vi que abultaba más
de lo normal. Noté también que mi pantalón me empezaba a apretar. Le pregunté:
- ¿Por qué me haces esa pregunta?
Y me dijo:
- Es que nunca he visto otra polla que la mía y me gustaría ver otra; incluso
podríamos masturbarnos si te apetece.
Yo no sabía qué decir... nunca había pensado en algo así, y ni me había
planteado que me ocurriera algo parecido. Sin darme tiempo ni a pensar, Javier
se desabrochó el pantalón y se sacó la polla; la tenía morcillona pero era
enorme; yo me quedé mirándola y no podía separar la vista de ella; tenía un
capullo grande, rosado, y la polla estaba doblada hacia abajo, era gorda, con
venas, oscura de piel... Javier me miraba a mí y se iba tocando la polla, se la
acariciaba con la mano lentamente; en un momento determinado sacó su lengua y la
pasó por sus labios lentamente. Me dijo:
- Manuel, venga, yo ya me la he sacado; ahora te toca a ti, vamos.
Yo era incapaz ni de pensar; solamente hacía lo que me decía, y mis ojos no
podían separarse de la polla enorme de Javier, que iba aumentando de tamaño
continuamente. Javier se me acercó un poco más y me miró... me dijo:
- Vamos Manuel, por favor, sácala del pantalón.
Yo no podía dejar de mirar su polla cada vez más gorda y más grande... y
automáticamente puse mi mano en mi pantalón y empecé a bajar la cremallera; me
la saqué, estaba casi dura del todo; no era tan grande como la de Javier, pero
medía unos 16 cm, era gordita y el capullo estaba descubierto. En el momento de
sacarla, Javier dijo:
- Ostias!, qué polla, qué bonita, qué guapa... déjame que te la toque...
Y yo seguía sin pensar por mi cuenta. Javier se adelantó un poco más y me la
cogió... todavía recuerdo el calor de aquella mano, el contacto de aquellos
dedos con mi polla; se me puso durísima en el mismo instante, y sentí un placer
enorme...
Javier era muy nervioso y no dejaba de acariciarla, de tocarla, de manosearla...
me dijo:
- Gracias Manuel, qué ganas tenía de ver otra polla además de la mía, y de
poderla acariciar, de poder sentir el placer de tener otra polla en mis manos, y
de saber si daría placer a otra persona si yo se la acariciaba; Manuel, ¿te
gusta que te la toque? Dime si te gusta, si te da placer...
Yo le dije que estaba nervioso, que no esperaba que ocurriera lo que estaba
pasando, y que al principio no, pero ahora realmente me estaba gustando mucho,
pero que si apretaba mucho me hacía daño...
Se disculpó y no necesitó decirme cuánto deseaba que yo acariciara la suya; así
que la cogi con mi mano, que casi no la podía abarcar de lo gruesa que era y
empecé a acariciarla; la apreté un poco y empecé a subir y bajar la piel como si
se la masturbara; Javier tenía los ojos cerrados, y yo notaba el placer que
sentía porque su mano me estaba imitando... y me daba también a mí un placer
enorme.
Yo notaba que la polla de Javier estaba cada vez más dura y más grande; y la mía
también, nunca la había tenido tan enorme; yo nunca había tenido todas esas
sensaciones juntas, de nerviosismo, de placer, de deseo... y me sentía muy a
gusto.
Sin decirnos nada, simplemente nos mirábamos a los ojos e íbamos masturbando la
polla del otro... cada vez íbamos más rápido, cada vez gemíamos más, cada vez
nos acercábamos más el uno al otro.
Javier gemía muy fuerte, se notaba que estaba sintiendo un placer muy grande, y
yo creía que estaba en otro mundo; mi polla me daba un placer tremendo, y la
polla de Javier en mis manos me tenía totalmente absorto. Sentía que me llegaba
el momento del máximo placer, del orgasmo, pero no quería que llegara, porque
deseaba que nos llegara a los dos al mismo tiempo; además masturbaba a Javier
con toda mi pasión porque no sabía si aquella polla enorme necesitaba más masaje
que la mía. Nos retorcíamos de placer, de gusto; los pantalones estaban en el
suelo, y no tenía más ojos que para las dos pollas, ni más pensamiento que el
del placer que estaba sintiendo.
Sin darnos ni cuenta, de pronto mi polla empezó a echar chorros de leche, y la
de Javier me siguió en el acto... empezamos a soltar chorro tras chorro, y
seguíamos con las manos meneándolas, sin parar... hasta que fuimos descendiendo
el ritmo, y nos abrazamos; nos fundimos en un abrazo fortísimo, apretamos
nuestros cuerpos, los juntamos por primera vez, y sentimos que había ocurrido
algo que no olvidaríamos nunca.
Nos separamos y nos limpiamos como pudimos; no decíamos nada... nos pusimos los
pantalones y nos sentamos bajo los árboles.
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