Mi primera polla (2º encuentro)


Después de mi primer encuentro con Luis (nombre ficticio), como les conté en mi anterior relato (Mi primera polla), es lógico que tuviera ganas de más. Después de encontrar lo que, quizás en sueños, siempre deseaba y sigo deseando, por qué negarlo, un amigo activo discreto con sitio y sobre todo con ganas. Lo principal es que era alguien con quien uno se sentía tranquilo y se podía confiar. A partir de ese momento, siempre nos llamábamos por teléfono, incluso nos llegábamos a correr calentándonos mutuamente, pero eso no era lo que queríamos. Así que una de las experiencias más excitantes que he vivido es la que a continuación voy a relatarles. Ya que ambos vivíamos cerca y que forzosamente al ir al trabajo me lo tropezaba, era inminente un segundo encuentro. Y llegó. Un día, y ya que mi trabajo era de mañana y tarde y su casa quedaba cerca del trabajo, me invitó a comer al día siguiente.

- Jose, te invito a comer mañana. Yo pongo la comida china -sabía que era mi preferida y la suya también- y tú pones el postre.

- Dime la hora -fue lo único que contesté, sonriendo, sabiendo a lo que se refería.

Aquella noche estaba muy caliente pensando en lo que podía ocurrir el día siguiente. Esta vez sí sabía a lo que iba y no iba a estar desprevenido. Además quería darle una sorpresa, así que a la mañana siguiente, después de ducharme y afeitarme, sólo me puse una camisa y los pantalones vaqueros. Nada de ropa interior, así le sería más facil. Durante toda la mañana, en el trabajo, estaba nervioso al tiempo que caliente, pero el tiempo pasó y se hizo la hora de salida.

Caminé las dos calles que me separaban de su casa y toqué, tímidamente, el portero electrónico.

- ¿Sí? -respondió una voz metalizada perfectamente identificada.

- Soy Jose -respondí en voz baja, como si intentara en el fondo esconderme de algo o de alguien.

Me abrió la puerta y llegué al ascensor. Vivía en el ático, por lo que tuve tiempo de relajarme, al tiempo que revisaba mi indumentaria en el espejo del mismo. El timbre del ascensor me devolvió a la realidad. Toque el timbre de su puerta.

- Ya voy -respondió detrás de la puerta al tiempo que la abría.

Lo que me encontré fue a mi amigo que parecía recién salido de la ducha envuelto en una bata. Me quedé inmóvil. No me lo esperaba así.

- Pasa, pasa, no te quedes ahí.

Di un paso y cerré trás de mí la puerta. Él se acercó y lo primero que recibí en mis labios fue un beso suave y tierno. Luego retrocedió un paso, se abrió la bata y ahí estaba su polla, dura y larga, como yo la recordaba. No tuvo que decirme nada. Me arrodillé y la metí en mi boca. Parecía una puta golosa, pero no era para menos. Pasaba la lengua por toda su cabeza, a lo largo y ancho de su polla, sus huevos... uf... hasta que él me detuvo.

- Espera, ven, ponte cómodo.

- Prefiero que seas tú el que me desnude -le dije.

Se acercó, me quitó la camiseta y comenzó a lamerme los pezones... yo ya estaba a cien... entonces fue cuando le dije:

- ¿Sabes que vine sin ropa interior por tí?. Así que ya sabes... no te costará mucho tenerme como quieres...

Este hecho le excitó de sobremanera, pues se puso detrás mío, pude notar su verga contra mi culo y desabrochó mi pantalón dejándolo caer hasta las rodillas... así me llevó hasta el sofá donde me dejó caer de rodillas dejando mi culo expuesto a su voluntad.

Yo me sentía caliente y pensaba que iba a follarme directamente pero no fue así. Noté su lengua húmeda y caliente paseando por mi ano. Así que me giré asustado.

- ¿Qué haces?

- Deja que te lo coma un poquito, relájate y verás...

Así que me dejé hacer... y desde luego que no me arrepiento. Su lengua intentaba penetrar mi ano aún cerrado por la excitación pero poco a poco y gracias a su experiencia pronto hizo que su lengua entrara en mi inexperto culo. Cuando me di cuenta, porque me toqué con mi mano derecha, mi culo estaba totalmente dilatado. No me lo pensé dos veces y le dije:

- Métemela ya... que para eso vine, cabrón...

Otra vez, ya era la segunda, estaba suplicándole que me follara. Él tampoco se lo pensó dos veces y así como estaba con el pantalón todavía por las rodillas me colocó la punta de su polla a la entrada de mi ano.

Sentirla de nuevo así hizo que me estremeciera pero no me dio tiempo a más. Cuando me di cuenta ya iba por la mitad.

- No pares, cabrón. Métela hasta el fondo... -le dije.

Desde luego no hacía falta que le dijera nada... empujó hasta el fondo consiguiendo que sus huevos hicieran tope contra mis nalgas. Me sentía lleno. No quise tocarme pues sabía que mi corrida era inminente.

- Qué puta eres, Jose...
- Sí, me has convertido en tu puta particular... mi culo es sólo tuyo, cabrón...

Mientras la sacaba y la metía, no se le ocurrió otra cosa que besarme y lamerme la nuca al tiempo que me susurraba cosas al oído...

Aceleró sus movimientos...

- Prepárate que te voy a llenar el culo de leche... hace dos semanas que no me descargo...

- Eso, córrete... lléname de tu leche... -le dije.

Aceleró aún más...

- Toma, puta... toma la leche que te hace falta... toma... toma...

En eso empiezo a sentir que algo caliente comienza a derramarse en mi interior. Por lo menos sentí cinco o seis disparos... No pude más y sin tocarme me corrí sobre su sofá. Él no paraba... me la sacó y aún la tenía dura. Noté un vacío y algo escurriendo por mis muslos...

- Si la tienes aún tiesa... clávamela de nuevo... cabrón...

Como mi agujero ya estaba bastante dilatado y lubricado, ésta vez la clavó directamente hasta el fondo. Estaba en la gloria y él seguía bombeando...

LLegó un momento en que mi sobreexcitación pudo sobre mí y le pedí que parara. La sacó y yo caí rendido sobre el sofá, pringandome de mi propia leche. Mi culo parecía una fuente.

- ¿Te ha gustado? -me preguntó mientras se sentaba en el otro sofá.

- Claro que sí, no sabes las ganas que tenía de repetir.

- Pues ya sabes...

Me incorporé, por fin me saqué los pantalones y me invitó al baño a asearme un poco. Cuando salí miré el reloj y ya eran las 15.50 y a las 16.00 tenía que estar en el trabajo.

- Oye Luis, que me tengo que ir ya...

- ¿No te quedas a comer?

- Que va, no puedo retrasarme...

La verdad es que en ese momento me hubiera comido hasta un tiburón pero era cierto que no podía retrasarme. Luis se preocupó... se sentía culpable de no haber comido.

- Oye, ¿y te vas a ir sin probar la comida que te prometí?

Le sonreí y le contesté...

- Yo no habré probado tu comida, pero aún... tú no has probado el postre que yo tenía para tí...

Ambos nos reímos, sabiendo que ésta no iba a ser la última vez... pero yo sí tenía seguro una cosa... la próxima vez, antes de visitarlo, comería antes....

Un saludo, al amigo Luis (que por supuesto no es su nombre real, ni Jose el mío) y a los amigos que me han escrito en relación a mi primer relato. Tambien me gustaría que gente de Tenerife que les gustaría algún tipo de relación esporadíca me escribieran contándome qué les gustaría hacer.

Como siempre, a vuestra disposición...

luis_tfe_30@hotmail.com

 



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