La Historia de un muchacho

---------------------------------
Extracto del libro abajo indicado
---------------------------------


Un pequeño comentario de contraportada:

"En la América de los años cincuenta, un muchacho se enfrenta a los vaivenes afectivos de la infancia y a los ritos de paso de la adolescencia. Pronto su historia se verá marcada por el descubrimiento incómodo de la diferencia ; su homosexualidad. Al principio es sólo una intuición confusa que pronto escogerá sus formas hasta convertirse en inequivoca obsesión. Escindido entre su identidad sexual y su miedo a ser distinto, el protagonista recorre el titubeante camino por la pubertad: la relación dificil con sus padres divorciados, el laborioso aprendizaje de las relaciones sociales, el intento de noviazgo, la búsqueda anhelante de amigos, confidentes y modelos, y los pertubadores inicios de la sexualidad. Esta es su historia contada, contada por si mismo con lirismo pero tambien con crudeza e ironía, con ternura pero sin autocomplacencia…". 

Y ahora un interesanate extracto del libro…



"(…) - Es hora de irse a la cama, jovencito - dijo finalmente mi padre.
Abajo, me desnudé al lado de las luces de colores del bar y, con camiseta y calzoncillos, me fui rápidamente a l oscuro dormitorio y me metí en la cama. Las noches de allí son frías incluso en julio; tenía dos mantas gruesas que durante el día se habían aireado fuera y olían a hoja de pino. Escuchaba a los de arriba; las conducciones metálicas de la ventilación transmitían mejor el sonido que el calor. Su conversación, que me había parecido tan viva y franca cuando yo estaba presente, ahora sonaba convencional y vacilante. Muchas risas forzadas Silencios que se iban alargando. Al final se dieron las buenas noches y subieron a la cama. Cinco minutos más de ruidos de tuberías, el agua de los váteres y pasos apagados. Después, un largo murmullo de conversaciones en la cama por parte de cada pareja. Finalmente el silencio. -¿Aún estás despierto? - me llamó Kevin desde su cama.

- Sí - respondí. En la oscuridad no podía verlo pero sabía que estaba en el otro extremo de la habitación; quedaba claro que Peter estaba dormido en la que quedaba entre nosotros dos.

-¿Cuántos años tienes? - me preguntó Kevin.
- Quince. ¿ Y tú?
- Doce. ¿Te lo has hecho con alguna chica?
- Claro que sí - le dije. Sabia que siempre podía hablarle de la prostituta negra que había ido a ver un día -. ¿Y tu? - No todavía no. _ Silencio _. Según me han dicho, primero las tienes que calentar.
Correcto.
- ¿Y como se hace?

Yo había leído un manual sobre el matrimonio.

- Pues mira, apagas las luces y un largo rato de besos.
- ¿Vestidos?
- ¡Claro! Después le quitas la blusa y juegas con sus pechos. Pero con mucha suavidad. No hay que ser brusco… no les gusta. - ¿Y ella juega con tu picha?
- En general, no. Quizá lo haga alguna mayor, con experiencia.
- ¿Has estado con una mayor?
- Una vez.
- ¿Y no les cuelga todo?
- Mi amiga era preciosa - contesté, ofendido en nombre de la dama imaginaria.
- ¿Es cierto que allí entro esta muy húmedo y resbaladizo?. Un tío me dijo que era como hígado en una botella de leche. - Sólo si el juego romántico ha durado antes lo suficiente.
- Una hora.

El silencio era reflexivo, como si se tratara de una pestaña que se topara con la almohada.

- Los tíos de donde yo vivo… los de mi barrio…
- ¿Que? - le pregunté
- Nos damos por culo entre nosotros. ?Tu lo has hecho?.
- Claro que sí.
- ¿Que?
- He dicho que claro que si.
- Supongo que a estas alturas eso ya no te va.
- Pues o, pero como por aquí no hay chicas… _ tenía la impresión de lo que debe experimentar un científico cuando sabe que esta a punto de iniciar el experimento de su carrera: exteriormente tranquilo, interiormente exultante, preparado de entrada para la decepción.
- Lo podríamos probar. - Silencio -. Ahora… si quieres.
En cuanto estas palabras salieron de mi boca, tuve la impresión que no vendría a mi cama; había notado algo raro de mí, pensaba que era un mariquita, tenía que haber dicho " Así es" en vez de "Correcto". - ¿Tienes un poco de eso?
- ¿Como?
- Si de eso, de vaselina…
- No, pero no hace falta. Con la saliva…- Estaba a punto de decir "bastara", pero los hombres dicen "funcionara… ya funcionara". El pene se me había puesto duro pero lo tenía inclinado hacia abajo dentro de los calzoncillos; lo liberé, colocando la punta debajo de la tira elástica.
- No, deberías tener vaselina.

Yo podía estar documentado sobre las practicas sexuales, pero según parecía Kevin era el experto en esto de darse por culo.

- Venga probemos con saliva.
- No sé. Bueno, venga.

Sacaba como una vocecita y parecía que tenía la boca seca.
Vi como venia hacia mi. El también llevaba calzoncillos de punto, que parecía que brillaran. No llevaba nada en el cuerpo pero se notaba que durante toda la liga había llevado una camiseta que le había dejado la parte del torso y la de encima de los brazos blancas; aquella camiseta fantasma me excitaba porque me recordaba que era el capitán de su equipo.
Nos quitamos los calzoncillos. Abrí mis brazos a Kevin y cerré los ojos.

- Estas más frío que el pecho de una pura - dijo.

Estaba tumbado de lado, encarado hacia él, que se había deslizado hacia mi. Su aliento olía a leche. Tenía las manos y los pies fríos. Mantuve mi antebrazo estrujado dentro de mi cuerpo, pero con el superior le acariciaba nerviosamente la espalda. Su espalda, su pecho y sus piernas eran sedosos y sin un pelo, a pesar de que le veía un mechón de pelusa bajo el brazo, que yo mismo había levantado para que él también acariciara mi espalda tal como hacia yo. Una finisima capa de grasa de bebé formaba su almohadilla bajo aquella piel. Bajo la grasa podía notar los musculos duros y redondeados. Bajó la mano por debajo de la sabana para tocar mi pene, y yo toqué el suyo.

- ¿Alguna vez los has juntado en una mano? - preguntó.
- No - le dije. Enseñamé.
- Primero tiras saliva en tu mano, que quede completamente mojada, ¿ves?. Luego… acércate, sube un poco…Se juntan así. Se esta bien, eh? - Sí - dije -. Se esta bien.

Cómo sabía que no me permitiría besarle, coloqué mi cabeza detrás de la suya y, sin decir nada, apreté mis labios contra su cuello. Tenía un cuello suave, largo y delgado, demasiado delgado en comparación con su cabeza; en este sentido, también, parecía un niño. Al calentarse los dos cuerpos, noté un ligero soplo de su olor, que no era agrio como el de los adultos sino ligeramente ácido, el aroma de cebolla tierna bajo la lluvia.

- ¿Quien empieza? - preguntó.
- ¿A dar por culo?
- Me parece que tendríamos que poner algo. Si no, no funcionará.
- Yo empiezo - dije. Aunque había puesto mucha saliva, tanto en él como en mí, me seguía diciendo que le hacia daño. Sólo había penetrado un par de centímetros cuando me dijo:
- ¡Sácala! ¡Deprisa!

Estaba recostado, dándome la espalda, pero yo podía mirar por encima y veía su mueca de dolor.

- ¡Jolín! - dijo -. Es como si me atravesara un cuchillo. - El dolor se le calmó y con el valor de un scout exclamó - : Venga. Vuelvelo a probar. Pero con cuidado, y tienes que prometerme que saldrás cuando yo te lo diga.

En esta ocasión entré milímetro a milímetro, haciendo una pausa entre cada etapa. Podía sentir cómo se le relajaban los musculos.

- ¿Esta dentro? - preguntó.
- Sí.
- ¿Toda?
- Casi. Ahora, ya está toda.
- ¿De verdad? - Estiró la mano hacia mi ingle para comprobarlo -. Sí, es verdad - dijo -. ¿Estás bien?
- ¡Estupendo!
- Venga pues - me ordenó -, entras y sales, pero despacio, ¿vale?
- Sí.

Intenté unos cuantos empujones más y le pregunté si le hacia daño. Negó con la cabeza.
Flexión las rodillas en dirección al pecho y envolví todo su cuerpo. Mientras que cuando estabamos de cara me sentía tímido e incapaz de apretar su cuerpo contra el mío, ahora me pegué completamente a él, y no protestó: quedaba claro que éste era ahora mi turno y que podía hacer lo que quisiera. Pasé un brazo por debajo de su cuerpo y le abracé el pecho; tenía unas costillas sorprendentemente pequeñas, que se podían contar; ahora que se había relajado por completo podía penetrarlo cada vez más profundamente. Qué sensación tan agradable que un muchacho tan fuerte y musculoso, con una conversación tan llana y aquellos ojos sin profundidad ni humor, se dejara tomar de esta manera… ¡Oh, se le notaba tan a gusto!. Sin embargo, la sensación que él me transmitía no parecía provenir de su cuerpo, o si en realidad era así, se trataba de un don secreto, indecoroso e intenso, que ni siquiera se atrevía a reconocer; aquí estaba, empujando hacia mi sus musculos y el movedizo placer de su espalda, con aquellos caballos finos en su cuello empapados de su sudor, justo por encima de los hoyuelos que el escultor había marcado con sus pulgares de arcilla. Descansaba su mano bronceada sobre las blancas caderas. Las puntas de sus pestañas latían en el punto donde acababan las redondeadas mejillas.

- ¿Estás bien? - preguntó -. ¿Quieres que apriete más? - preguntó con el tono de un vendedor de zapatos.
- No, ya está bien.
- Es que puedo apretar más.

Y realmente lo podía hacer. Su entusiasmo por complacer me recordaba que no debía haberme preocupado, que a sus ojos él era sólo un crío y yo un chaval que se lo había echo con chicas, con una mujer mayor y todo lo demás. Casi toda mi vida yo había soñado que me secuestraba un lord inglés y se me llevaba para siempre, alguien que me salvaría y a quien yo dominaría. E cambio ahora me parecía que ni Kevin ni yo necesitábamos a alguien mayor: podríamos huir juntos y yo sería su protector. En aquel momento ya dormíamos en un campo bajo una capa de brisas, nos alimentábamos mutuamente de nuestros cuerpos, húmedos por el rocío.

- Estoy a punto de acabar - dije -. ¿Quieres que salga?
- Tira adelante - respondió ., Hasta el final.
- Muy bien. Aquí lo tienes. ¡Jo1 - No pude dejar de darle un beso en la mejilla.
- Esta barba rasca - dijo ñel -. ¿Te afeitas cada día?
- Cada dos días. ¿Y tu?
- Todavía no Pero la pelusa cada día es mas oscura. Un tío me dijo que cuanto antes empiezas a afeitarte antes tienes barba. Tú, ¿qué opinas?
- Me parece que sí. Escucha…- dije -. Salgo. Ahora te toca a ti.

Me puse de espaldas y oí que escupía sobre su mano. No me complacía especialmente que me dieran por el culo pero me sentía tranquilo y feliz porque nos amábamos. Se dice que los amores juveniles o los pasajeros no son reales, pero yo considero que él único amor es el primero. Más tarde notamos que su sombra efímera flota por encima de nuestras vidas, unos breves ecos del tema original en una obra que sin para alcanza todo su desarrollo, la elaboración macanica de un canon enrevesado con demasiadas partes. Era consciente de que lo conductos de ventilación que teníamos encima eran traicioneros y transmitían los sonidos hacia arriba. Quizás mi padre lo estaba escuchando. O quizá, como Kevin, sólo se daba cuenta del placer que salía a borbotones de su cuerpo y penetraba en el mío.

------------------------------
 

TITULO DEL LIBRO: La Historia Particular de un Muchacho.
AUTOR : Edmund White.
Ediciones Destino S.A.
ISBN : 84-233-2472-9