Llevo nadando desde los 14 años,
y es un deporte muy sacrificado. A veces
estás hasta las bolas de
tanto entrenar, de tantas horas haciendo largos
en una piscina, pero... tiene una
recompensa especial, que se escapa a los
que no son como yo: estás
rodeado de chicos super guapos a todas horas, les
ves marcar paquete con los bañadores
de competición y te duchas rodeado de
ellos. Yo ya había tenido
algún roce (sólo alguna paja) con varios chicos
del club, y es que por lo que he
comprobado, hay mucho mariconeo en la
natación y el waterpolo:
que yo sepa en mi club hay más de 8 chicos gays o
bi, comprobados por que yo he estado
con ellos o con alguno que ha estado
con ellos. En las duchas lo pasaba
siempre fatal, ver a una peña de tios de
14 a 20 años desnudos, muchos
de ellos con la polla morcillona, me ponía a
mil. Siempre tenía que acabar
pronto para ir sin cambiarme al wc a
masturbarme. Un día que
me tocaba quedarme a recoger las toallas con Luis
(un amiguete del equipo) entré
el último a ducharme. Todos estaban acabando,
y se iban marchando a vestirse,
menos Luis, que estaba allí enjabonandose.
Las duchas son corridas (con perdón!)
y ves perfectamente a todos sin ningún
tapujo. Empezamos a hablar del
entreno mientras yo me enjabonaba, y él
hacía lo mismo. Luis es
algo más bajo que yo, sobre 1,82 y está más fuerte
que yo. Siempre me ha caído
muy bien por que es un tío muy majo, y la verdad
es que tiene un cuerpo muy apetecible.
Su nabo, que yo ya había visto
morcillón algunas veces
es especialmente sexy; es velludo, pero se recorta
y depila por eso del nadar. Yo
me fijaba que él me lanzaba miradas de reojo
a mi polla, y se fué moviendo
de grifo de ducha poco a poco hasta ponerse
bajo el que estaba a mi lado. Yo
estaba temblando como un loco y disimulaba
con el jabón. Seguíamos
hablando de cosas del equipo y tal, pero los dos
estábamos enjabonandonos
la polla en clara masturbación jabonosa, pero nadie
se atrevía a hacer el primer
movimiento. Mientras hablábamos, nos ibamos
acercando hasta que casi se rozaron
nuestras caderas. El se atrevió a rozar
mi culo mientras me decía
que vaya polla tenía. Le contesté sonriendo que no
estaba nada mal, pero que la suya
estaba mejor y era más grande. Fue romper
el hielo y empezar a acariciarnos
los culos y las pollas, tiesas a reventar
ya. Mi capullo estaba morado y
todas las venas se marcaban descaradas,
mientras que el suyo estaba tan
erecto que estaba casi pegado a su estómago.
Le dije "vámonos al wc,
necesito besarte y comerte", y nos secamos un poco,
nos pusimos las toallas por encima
y fuimos corriendo al water sin dejar de
pellizcarnos el culo y sobetearnos
por el camino. Nos encerramos en uno y
allí nos besamos, mordiéndonos
sin cortarnos los labios y lenguas, juntando
nuestros cuerpos, clavándonos
las pollas. Nos masturbamos, nos las mamamos,
él se corrió en mi
boca tras una mamada muy corta, y aceptó mi beso lleno de
su semen mientras me decía
al oído que quería follarme.
No me pude resistir. Con su propio
semen como lubricante, me folló como
ningún otro de los tíos
de clase o del equipo lo habían hecho nunca. Con
cariño pero con fuerza,
me hizo ver fuegos artificiales mientras se
contorsionaba en mi culo. Mantenía
una dureza increíble para haberse
corrido hacía cinco minutos.
Mientras me follaba, me masturbaba y me besaba
la nuca, el cuello y las orejas,
en un polvo como jamás había podido
disfrutar hasta entonces. Nos corrimos
casi a la vez, el dentro de mí, y
nos quedaos abrazados tres o cuatro
minutos sin decir nada. Nos estábamos
quedando fríos, o sea que
salimos otra vez corriendo hasta las duchas, nos
dimos una super caliente y nos
marchamos muy contentos para casa.
Por el camino fuimos hablando del
tema, y cruzando experiencias, contamos
hasta ocho chicos entre 15 y 19
años con los que habíamos estado juntos,
pajeándonos y comiéndonos
la polla en la piscina. Pero los dos coincidimos:
el polvazo de esa tarde había
sido especial. Desde entonces, nos pajeamos
casi en cada día de entreno,
y en el fin de semana, follamos en la casa que
se queda sin padres. No soy nada
afeminado, pero mientras estemos juntos,
puedo pasarme sin penetrar... ¡Que
me folle!
Anónimo.