Nico

Nico es compañero de la Universidad, entró un año más tarde que yo y enseguida me fije en él. Tiene ese aspecto virginal de un quinceañero. Muy blanco de tez, con el pelo a media melena y sin el más mínimo rastro de barba en su cara. Poco a poco fuimos coincidiendo en los pasillos y nos fuimos haciendo amigos. Cada vez me fascinaba más, no podía dejar de imaginármelo desnudo, junto a mí, en una cama...

Al tiempo, me enteré que Nico se había apuntado a un equipo de baloncesto, a mí que no se me daba mal el deporte, decidí apuntarme, el motivo, las duchas. Llegué al primer entrenamiento un lunes por la tarde, a última hora. Cuando se acabó yo me puse a hablar con Nico para entretenerle un poco, pues mi esperanza era entrar con él lo más tarde a la ducha para que todos los demás se hubiesen ido. Cuando entramos, ya habían salido la mayoría. Me puse al lado suyo. Me senté para quitarme las zapatillas mientras él se quitaba la camiseta. Su piel es blanca como la leche, tenía en el pecho unos pocos pelitos repartidos por todo él. Sus pezones, oscuros y pequeños. Delgado, muy delgado. Trataba de no mirarle para que no se diera cuenta (y para no empalmarme). Hice lo propio, me quité la camiseta, después los pantalones. Estaba frente a él, en calzoncillos. Me miró de arriba a abajo y no dijo nada. Entonces se quitó los pantalones y nos quedamos igual. Nos miramos. Y nos bajamos a la vez los calzoncillos. Le debía medir unos 9 centímetros en reposo. Tenía poco pelo alrededor de su polla, pero eso sí, muy negro. Su glande le cubría muy poco de su capullo rosa que se dejaba ver con bastante claridad. Nos dirigimos a las duchas. Él delante, yo mirando cómo su culito redondeado se movía según caminaba. Trataba de pensar en cualquier cosa para no empalmarme, pero apenas podía. Se puso en la ducha de mi derecha. El agua empezó a caer. Bajo el agua era mucho mejor. Me recordaba a mis tiempos de colegio en los que después de clase de gimnasia, cuando uno tiene quince años y está pendiente de los pelos que le han salido a sus compañeros para compararlos con los propios y para masturbarse después con su imagen. Así me encontraba. Me recordaba a todas aquellas pajas que me hacía en compañía de mis compañeros de clase. Todos con quince y dieciséis años, a veces nos la cascábamos los unos a los otros. Y ahí estaba, al lado de Nico, recordando esto y empalmándome. Me puse detrás de él. Todo sucedió muy rápido. Él aún estaba bajo el chorro de agua. Me aseguré de que estábamos solos. Me abracé a él de manera que mi polla quedó sobre su culo. No dijo nada. Se giró y me besó mientras con su mano buscaba mi polla. Yo hice lo propio y comencé a sobarle su polla que ya se había empalmado. Se la empecé a cascar mientras seguíamos besándonos. Me agaché y le pase una y otra vez mi legua por sus huevos y el tronco de su polla, me puso las manos en la cabeza para indicarme cuál era el camino a seguir. Yo lo conocía bien. Me metí su polla en la boca y empecé a chupársela. Estaba muy rica. No podía dejar de chupársela. Con mi mano le busqué su culo y le fui metiendo un dedo poco a poco. Él gemía. Le gustaba, cada vez apretaba con más fuerza mi cabeza contra su polla. Me la saqué de la boca. Le volví a besar y fue cuando él se agachó para hacer lo propio. Se notaba que lo había hecho más veces, me pasaba la lengua una y otra vez por el capullo, apretando y metiéndose mi polla hasta su garganta. Me estaba haciendo disfrutar más de lo que nunca había imaginado con él. Le aparté y me agaché a su lado. Le pregunté si estaba preparado para lo siguiente, que estábamos en medio de unas duchas de un pabellón y que si alguien nos veía nos expulsarían de la universidad. Contestó que eso era lo que más le excitaba, se dio la vuelta y a cuatro patas me pidió que se la metiera poco a poco para disfrutarlo más. Su culo estaba dispuesto y mi polla deseándolo. Le puse mi capullo en su agujero y poco a poco se la fui metiendo. Cada vez que entraba un poco, Nico daba un gemido. Seguía a cuatro patas mientras le empujaba, cada vez más excitado, cada vez más deprisa. Le agarré su polla y se la fui cascando. Cada vez más rápido, cada vez jadeando más. Me corría, gemí al ritmo que mi leche llenaba el culo de Nico que también se corría. Notaba su contracciones como él notaba las mías. No podíamos dejar de gemir. Seguía metiéndosela una y otra vez a pesar de haberme corrido porque él me pedía más. No podía tampoco dejar de cascársela. Le di la vuelta buscando su polla. Estaba flácida, llena de su leche que limpié con mi lengua mientras él hacía lo mismo con la mía. 

Después de eso nos terminamos de duchar, nos vestimos y nos marchamos despidiéndonos con un beso, quedando a la tarde siguiente para repetir. Nadie nos vio, o al menos eso creemos. Pero lo que es seguro es que Nico y yo nos descubrimos el uno al otro, y lo que nos gusta es follar en lugares públicos, cosa que hemos repetido una y otra vez y cuyas historias pronto contaré.


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