Ni en las mejores películas

Cuando supe su nombre comencé a reír. Nadie respetable podía llamarse Casildo en aquellas acomodadas colinas californianas. Al igual que mucha gente, yo trabajaba para el cine, o al menos eso intentaba. Coincidí con él en un casting. Era sin duda el mejor de todos, el más atractivo con ese cuerpo fuerte, alto, fibroso... y esa mirada que helaba las sangres más ardientes. Era un recién llegado a L.A. y no tenía a dónde ir y los pocos dólares que le quedaban se agotarían en breve.

Aquel viejo coche que yo tanto odiaba pero que era lo único que tenía junto a  mi pequeño apartamento a las afueras de la ciudad me lo dio todo. Lo llevé y comencé a hablar con él, pero él no tenía ningún lugar al que ir. Simplemente me pidió que le dejara en el centro de Los Ángeles, y descubrí su condición de recién llegado, y así le invité a que se quedara conmigo. Llevaba barba de un par de días, y su ropa necesitaba urgentemente un lavado. Le ofrecí mi baño para que se duchara, mientras yo metí toda su ropa en la lavadora.

A los diez minutos, salió del baño tapando tan sólo su cintura con mi toalla blanca. La poca ropa que tenía estaba en mi lavadora.

- No tengo ropa, espero no molestarte así - dijo en un inglés un poco virgen.
- No te preocupes, te puedo dejar mía.

Le di ropa interior, pantalones y camisetas para tres o cuatro días. Justo antes de dársela, se le cayó la toalla. Me agaché para dársela, y él acerco su... ya sabéis, hacia mí, en un evidente acto de deseo. DIOS MÍO, eso era un cuerpo! Comencé a lamer lentamente, con suavidad, con gusto. Él comenzó a sonreír:

- No te molestes por la ropa, no me hará falta para estar aquí.

Su polla no era demasiado grande, yo calculo que rondaría los catorce centímetros, y tenía ese sabor que tienen los latinos en su interior. Gemía muy suavemente, y me llevó al sofá. Se tumbó boca abajo y guió mi cabeza hasta su trasero, el cual comencé a lamer frenéticamente. Notaba cómo su agujerito comenzaba a abrirse más y más, y yo disfrutaba del sabor de aquel momento tan, digamos, picante.

Manoseaba sus nalgas, él gemía muy suavemente, y me pidió que lo hiciera suyo. Comencé a hacer el amor con él, pero de verdad. Yo me movía suavemente, despacito, no queriendo hacerle daño. Le gustaba mucho. Los gemidos poco a poco iban subiendo de volumen, pero no demasiado.

Cuando yo sentí que iba a correrme, él se apartó y me mantuvo sentado. Se alejó, volvió y comenzó a lamer mi glande, el cual nunca antes había estado tan rojo. Su boca era perfecta, con ese blanco de película y esos labios carnosos que hacen las delicias de los penes más exigentes. Me miraba a los ojos, y sentía leves escalofríos. Lamía mis huevos, con suavidad, comenzó a masturbarme mientras su lengua jugaba con mi agujerito. Su piel, oscura, me volvía loco.

Él continuaba masturbándome hasta que me corrí, y justo en ese momento se fundieron nuestras bocas al son de nuestras lenguas. Entonces, él hizo que flexionara las piernas, y mientras me besaba con fervor me penetró. No sentí dolor, al contrario, fue una sensación insuperable. Duramos así unos minutos más, hasta que él se corrió dentro de mí. Volvió a lamérmela y yo le acariciaba la cabeza. Así, nos acostamos y estuvimos horas y horas....

Casildo sigue conmigo, todo es especial y hemos conseguido algún que otro trabajillo en lo que nos gusta, pero de lo que en realidad vivimos es de lo que ganamos como camareros u otros trabajillos, pero estoy seguro de que una vida junto a él, es mucho más emocionante que la mejor carrera en el cine, así que estoy feliz de seguir con él así.

Obsession Loverboy