Una Noche de Reencuentro
Estaba acostado mirando la tele, muy aburrido, no tenía
nada para ver en ningún canal. La noche estaba caliente, era uno de esos
veranos insoportables en que ni siquiera puedes abrir la ventana porque los
mosquitos te atacan. Justo suena el teléfono, a las dos de la mañana. Era
Sergio, mi amigo de Clorinda, una ciudad de mi país. Lo había conocido en un
encuentro de actores en otro lugar y aquella noche después de muchos vinos y
cuando quedamos solo tres chicos reunidos porque estaban todos durmiendo, él
comentó que es homosexual. Charlamos un poco de todo y a los dos días nos
despedimos, habíamos hecho muchos amigos en ese encuentro, pero no había
pasado nada mas entre nosotros. Y ahora me llama por teléfono para decirme que
estaba en mi pueblo. Le dije de vernos, que se venga a mi casa. Me levanté
para hacer un licuado, algo fresco para recibirlo y me quedé pensando mucho en
aquel encuentro, en su confesión, en esa noche calurosa, también recordaba que
era un morocho muy apuesto, lo recordaba en el mar bañándose con su
pantaloncito corto bien apretado, tenia una cola muy apetecible. Ahí me di
cuenta que estaba al palo, con muchas ganas de coger. Nunca había tenido una
experiencia con alguno de mi sexo pero me atraía la idea. Fui a la cocina y me
puse a preparar algo para tomar, con muchas bebidas alcohólicas para borrar
toda inhibición y que todo salga naturalmente.
Mientras hacia esto recordé que sí había tenido experiencias con chicos, la
primera estaba en el mar con un grupo grande de compañeros de la escuela y uno
de ellos hizo un castillo de arena, luego otro se puso a hacer la figura de
una mujer en arena. Le hizo unos grandes pechos, y una vagina también gigante.
Todos nos reíamos, y uno de mis compañeros se desnudó y se acostó sobre la
mujer de arena e hizo como que se la estaba cogiendo. Entonces mi sorpresa fue
cuando otro también se quito el short y se acostó encima de mi compañero, como
cogiéndolo a él. En ese momento todos nos reíamos a grandes carcajadas y
enseguida noto que el chico que estaba debajo, o sea sobre la mujer de arena,
tenia el pene erecto. Todos nos asombramos. Uno le dijo: parece que te gusta!
Y él dijo: pruébenme. Así fue que quien estaba encima de él empezó a tocarle
las nalgas y éste se dejo. Otro se quitó el pantalón corto y le puso el pene
en la boca, sin dudarlo se lo puso a chupar. Ahí nomás todos nos quitamos la
ropa y nos tiramos unos encimas de otros en medio de una orgía de pollas
paradas con ganas de explotar, pero sin penetración entre nosotros, con
excepto de nuestro compañerito declarado gay. En medio de tocadas y revuelques
debo admitir que todos chupamos pollas, todos tocamos y metimos manos en todas
las colas y resto de cuerpos y que todos la pasamos muy bien. Acabamos
nuestras calenturas sobre nuestro compañero que para entonces gritaba de
placer y que luego llevamos al mar para que el agua le quite toda la leche
nuestra que tenia encima y de paso se borrara la! s pruebas de que todos
gozamos de estar entre hombres.
Tenía todos estos recuerdos encima, mi calentura era impresionante para
entonces, cuando tocan el timbre de la puerta. Abro y era mi amigo Sergio con
una botella de vino. Estaba sonriente de verme pero su sonrisa no duró mucho
porque no disimulé para nada mi erección, tenia puesto solo un short de tela
muy liviana y mi polla se notaba mucho, no quería además disimularla, estaba
muy caliente y no quería ya dar vueltas. Así se dio cuenta Sergio que me
abrazó como para saludarme pero no me soltó, al contrario, más se apretó
contra mi para sentir mi polla. Yo tampoco lo solté. Ni siquiera un
“hola” entre nosotros y mis manos le recorrían su colita dura y parada, él me
hacia lo mismo pero con mi polla.
Caminamos abrazados hasta la casa, como si fuéramos amantes de años,
besándonos con mucha pasión, saboreándonos nuestras lenguas, las orejas, toda
la cara. Yo estaba sin nada arriba y Sergio me chupaba las axilas y mis tetillas
duras. Por el calor que hacía y además mi calentura yo transpiraba a chorros.
lo cual nos excitaba mas, le quité la ropa a Sergio, todo, y nos tiramos al
piso envueltos en sudor, olores, piernas, bolas, sexo, músculos, lenguas, todo
era una sola cosa unida. En el piso me abrió las piernas y metió toda su cara
en mi culo, para chupármelo bien. Sentía su lengua dentro de mi agujero,
también metía uno, dos, tres dedos y yo abría la cola para que haga lo que
quiera. Estaba tan caliente que le dije que pare porque estaba por acabar. Él
me dice que no importa, que acabe nomás y mete toda mi pija en su boca y me
masturba con sus labios de una manera tan bien hecha que acabo como nunca
había acabado, me salía la leche a borbotones. El no se la traga, por el
contrario rápido llega a mi boca para besarme y compartir conmigo toda la
leche caliente. Con mi boca llena de leche Sergio me pone su pija bien gruesa
para que la saboree. Le chupo también sus bolas, su olor era delicioso
producto de la transpiración y de las ganas que tenia de coger. Tenía su
cabeza roja como para estallar. Me doy vuelta sin pensarlo dos veces y me
pongo en cuatro patas y sin lubricar ni nada Sergio me metió su gorda polla
entera. Me parecía que no era suficiente, quería más, yo quería mas. Le pedí
que me meta los dedos, a pesar de que Sergio tiene una polla bien gorda, mi
ano estaba tan dilatado que necesitaba más. Él se ayudó con los dedos, no sé
cuantos habrá metido pero sí sé que yo gritaba como nunca de placer. Me acabo
adentro, no sé cuanto pero al otro día yo seguía chorreando leche. Sacó la
polla de mi culo y volvió a arremeter con su boca en mi ano, le encantaba
chupármelo.
Enseguida oímos una bocina. Era el taxi que lo había traído y que él le había
dicho que volviera en tres horas para que lo lleve a la terminal de buses pues
debía volver al pueblo. No podíamos creer que hayan pasado tres horas. Esto no
puede terminar así, coincidimos. Entonces llamamos al taxista pero esa, esa es
otra historia.
Damián