UN NADADOR PROVOCATIVO (III):
DESCUBRIENDO PLACERES ILIMITADOS.
Hola a todos, mis queridos amigos. Hace tiempo que no os escribía pese a que en
numerosas ocasiones habéis insistido en que os siguiera contando mis encuentros
con mi amigo/amante el nadador. Si no lo hago más a menudo es porque a él no
le gusta demasiado que cuente lo nuestro pero debido a mi insistencia accede a
ello (es que a mí me excita mucho hacer público que disfruto del sexo con un
chaval que está tan buenorro). Bien, voy a contaros más de las experiencias
que he vivido con él.
Volvamos al mes de junio. Al acabar las clases y los últimos exámenes, él se
dedicó a aprovechar los días que le quedaron libres antes de irse al lugar de
veraneo del que dispone su familia en el litoral mediterráneo para tener el máximo
de encuentros con su novia. Sobretodo por insistencia de ella. Esas semanas transcurrieron
del siguiente modo para él: se levantaba a las siete de la mañana, iba a casa
de su chica con la excusa de ir juntos al entreno, esperaban a que los padres de
ella marcharan a sus respectivos trabajos y quedarse solos en su piso con su
hermano (tan sólo un año menor que ellos y que veía muy bien que los amantes
follasen cuanto pudiesen), luego iban a entrenar natación pasando él unas tres
horas entre estiramientos, gimnasia y natación. Antes de ir a comer a su casa
se pasaba por mi piso, pues a veces trabajo desde el mismo y yo procuraba estar
en él a esa hora. Yo, tan caliente como me pone, me lo follaba a lo bestia
durante el escaso cuarto de hora del que disponíamos... pero un día sentí
pena por él. Lo veía venir agotadísimo por el sexo matutino y por las
exigentes sesiones deportivas. Se limitaba a ponerse en bolas (ya venía sin los
calzoncillos puestos), como pocos minutos antes había estado en los vestuarios,
sonreía al ver mi estado de extrema excitación, se tumbaba boca arriba cogiéndose
las piernas a la altura de las rodillas y miraba mientras yo me lubricaba el
condón. Después se la metía hasta el fondo y lo montaba unos quince minutos a
un ritmo salvaje. Me sentía un violador. Ya no veía su polla crecer fruto del
placer recibido. Ante mis preguntas de por qué ya no se pajeaba o por qué ya
no me la quería meter a mí me dijo que era por puro agotamiento. Le dije si
quería que parara y me respondió que el hecho de que le penetrara le relajaba.
De repente y ante su asombro se la saqué, le hice estirar las piernas y le
dije:
- Si no estuvieras tan bueno te respetaría más, pero es que no puedo resistir
la tentación.
Se quedó serio, como asombrado, y después rompió a reír diciendo:
- ¿Quién te ha pedido respeto, tonto? Sírvete como más te guste.
Entonces le cogí el rabo con una mano, bueno, con los dedos de una mano, pues
la tenía bastante empequeñecida para lo que es habitual en él (nadie diría
en ese momento que su picha podía llegar a ser tan larga como podía llegar a
serlo habitualmente). Manifestó ante mi acción:
- Has elegido mal. Ya no me podré correr hasta la noche y prefiero
guardarme para las mañanas porque mi novia me hace follarla y me pajea hasta
vaciarme.
Yo insistí. Mientras se la comía, le metía la punta de dos dedos en el culo,
o bien le acariciaba sus muslos sin vello y fibrados. Sólo conseguí que se le
pusiera un poco morcillona... pero cuando miró el reloj y vio la hora, saltó
disparado de la cama. Pidió perdón pero se tenía que ir a casa. Yo, que aún
no me había corrido, le contemplaba mientras se vestía y me iba haciendo una
paja indescriptiblemente placentera. Estando ya totalmente vestido me preguntó
si me faltaba mucho. Le respondí entre jadeos que casi nada. Entonces se acercó,
me la cogió con la mano derecha y me masturbó hasta que notando cercana mi
eyaculación la orientó hacia mi cara y siguió dándole. Cuando me corrí, los
trallazos llegaron hasta mi cuello. Abrió los ojos sorprendido porque mis
corridas nunca eran tan explosivas como aquella. Ya más relajado le comenté:
- Si mañana viernes no vinieras, lo entendería. Te iría bien descansar porque
te están saliendo unas ojeras...
Cogió la bolsa de deporte y desde casi la puerta de salida del piso respondió:
- Vendré. Mañana tengo más tiempo, pero tendré que seguir haciendo de pasivo
sumiso. Adiós semental.
Ese comentario me hizo estar pensando mientras me seguía tocando la polla. Quizás
en el fondo le gustaba que yo me lo follase mirando de satisfacer mis instintos
primarios y sin tener en cuenta si él estaba con ganas o no. ¿Podría un
bisexual con novia como él ser un activo normal con su chica y una amante
pasivo conmigo? Él me la había metido a mí en varias ocasiones pero cuando yo
le notaba más excitado era cuando ocurría al revés. El viernes ocurrió lo
mismo que cada día. Pero, el lunes siguiente vino una hora antes de lo habitual
y sin bolsa de deporte. Habían acabado los entrenamientos hasta casi dos meses
después. Esa noche había dormido mucho más. Esa mañana no lo había hecho
con su novia pues la familia de ésta ya preparaba las maletas para sus
vacaciones familiares. Además, podía volver a casa cuarenta minutos más
tarde. O sea, que venía mucho más "preparado" para mí.
Le quise quitar la ropa yo. Cuando lo dejé en calzoncillos vi que ya marcaba un
buen paquete (lo habitual en él). Le hice tumbar en la cama boca abajo y le
masajeé la espalda. Luego me puse de pie, me despeloté, saqué un bote de
aceite para masaje, le hice levantar, le saqué la prenda interior (su rabo pegó
un salto en el aire y quedó colgando casi dura del todo, coloqué una toalla en
la cama y le volví a tumbar, esta vez mirando hacia arriba.
- Humm! un masaje es justo lo que necesito ahora.- dijo él con un hilo de voz.
Le empecé a masajear con abundante aceite. Como no tiene vello corporal,
aplicarle el aceite fue muy fácil. Le puse en toda la parte delantera menos en
la cara y en la polla, que tampoco permití que se tocara. Ver aquel cuerpazo
escultural brillante y húmedo era de locura. Tenía la polla al máximo pero
sin estar dura. Por ello reposaba en su vientre y se iba ensuciando de aceite
corporal. Él parecía estar comodísimo ya que se retorcía y estiraba su
cuerpazo de placer. Llegó la hora de darle la vuelta. Le volví a hacer masajes
en todo el cuerpo. Él no me veía babear. Instintivamente separó las piernas
al notar que no le hacía nada en el ano. Elevó un poco las caderas y las
mantuvo así mientras yo le abría el culo usando abundante aceite, primero con
uno, luego con dos... hasta que al final estaba usando los cinco dedos. Le metía
la mano hasta los nudillos de los dedos como nunca antes se lo había hecho.
Pensé en meterle el puño pero a lo mejor le lastimaba y sólo lo haría si él
lo pedía. Parecía increíble que un culo tan pequeño pudiera tener un ojete
tan elástico (aunque fui yo quien lo hizo así con gran maestría y paciencia).
Entonces suspiró jadeando:
- Métemela hasta el fondo y fóllame.
Le saqué la mano y vi su precioso culito brillante con un ano abierto que sólo
se cerró en parte. Me retiré y me puse un condón. No necesitaba lubricar pues
de su agujero iba cayendo aceite. Mientras me lo ajustaba bien, vi que se había
cerrado en parte, pero cuando lo penetré pude observar que apenas notábamos el
roce. Él se dejó caer sobre la cama y mientras yo lo montaba, él hacía
movimientos "follatorios" y apretaba el culo al máximo para cerrarlo
y tratar de aumentar el goce. Entonces me sorprendió una vez más al decirme:
- Necesito algo más grueso.
En ese momento recordé que guardaba un consolador que me regalaron hacía unos
años y que nunca me había atrevido a usar. Pensé en que no sería justo metérselo
a él si yo no había sido capaz de usarlo conmigo mismo. Pero... finalmente fui
a buscarlo.
- Voy a traer una cosa, pero sólo la usaremos si tú quieres, ¿vale?.- pregunté.
- Muy bien.- respondió.
Cuando lo traía (un pene de goma semirrígido de veinte de largo pero con un
grosor inabarcable y muy pesado por ser macizo) vi que abría los ojos de
sorpresa ante ese tamaño. Le comenté que estaba por estrenar. Sí, lo quiso
probar. Lo lubriqué con aceite de masaje y le pedí que se relajara. Metí el
capullazo de aquella cosa sin problemas y luego fui introduciendo el resto poco
a poco durante unos minutos. Mi amante me comentó con la respiración
entrecortada:
- Cuando te diga ahora, mételo fuerte todo lo que puedas.
Entonces, respiró hondamente unas cuantas veces y dijo "ahora!". Yo
metí fuerte el pollón descomunal de goma mientras notaba que él hacía fuerza
para expulsarlo y con ello conseguía abrir el culo al máximo. Cuando acabó
esta operación, vi aquel aparato metido hasta la base (mucho más ancha para
hacer de tope). Lo tenía atrapado con un esfínter que lo rodeaba estirado al máximo.
Cualquier polla, por ancha que fuera, era pequeña comparado con eso. Le notaba
incómodo. Quedó inmóvil un buen rato. Se puso de rodillas en silencio con el
culo en pompa, se dejó caer de un lado y se acabó de girar para quedar boca
arriba con las piernas en alto. Aquella cosa estaba tan clavada que no se salía
ni un poco. Él lo miraba (lo poco que se veía y lo poco que podía él verlo
en esa postura). Me pidió que lo moviera un poco y nada más tratar de hacer lo
que me pedía se corrió sin ni tan siquiera tocarse. Le conocía bien y sabía
que su primera corrida siempre era la menos abundante de las cuatro que podía
llegar a tener. Ël mismo se esparció su leche por las aceitadas tetillas y por
el pecho imberbe. Luego seguí tratando de follarlo con el megadildo y pareció
que ya se podía mover en su culo. Poco a poco le follé con él mientras él se
pajeaba con los ojos cerrados. Se corrió dos veces más en dos minutos. Esta
vez le llegaron los chorros de leche hasta la cara. Yo le saqué el dildo del
todo y vi un culo super abierto y del que salían líquidos varios (aceite,
jugos internos...). Fui a la nevera y traje zumo. Se bebió medio cartón.
Luego me dediqué a jugar con él. Lo que parecía imposible se convirtió en más
o menos fácil. Le metía y sacaba el consolador totalmente hasta que se lo dejé
fuera al ver que se correría otra vez. La cuarta corrida, abundante pero no
explosiva, la recogió con la mano y se la untó en el ojete. Se sorprendió al
notarlo tan abierto y trataba de meterse el puño en el interior del culo. Lo
logró al instante. Yo me pajeaba viendo a aquel muchacho con una mano hasta la
muñeca en su culo y con la otra buscando la mía. Me cogió la mano y la acercó
a la que usaba como consolador. La sacó y pidió que le follara con el puño.
Entré en él la mano y parte del antebrazo. Me pajeaba con la otra. Me corrí,
recogí mi semen y con él le masturbé la polla. Tardó mucho pero logré una
quinta corrida suya, escasa pero acompañada de ostentosos movimientos de cuerpo
entero (arqueando la espalda). Retiré mi extremidad de él y se relajó tanto
que pareció desplomarse. Estábamos sudados, llenos de aceite y semen...
Decidimos ir a la ducha (tengo una de hidromasaje). Él estaba tan agotado y se
notaba tan abierto y flojo de piernas que tuvo que sentarse dentro. Lo lavé
hasta que relucía. El culo se le quedó abierto y la polla le colgaba flácida
y algo desarrollada (parecía una goma saltarina). Yo le enjabonaba con deleite,
sobándole entero, y él parecía no poder recuperarse de la experiencia. Le
dije si estaba bien. Me contestó que había disfrutado mucho pero que estaba
como sin fuerzas en las piernas y mareado. Y lo entiendo. Y vosotros, también
lo entenderéis, ¿no?
Un beso de juan.santos @ guay.com
Escribir si queréis. Con foto os dedicaré una...