OBJETO DEL DESEO

 

 

Hola, soy un chico de 18 años y quiero compartir mi historia con ustedes.

 

El 15 de mayo aquí en México se celebra el día del maestro, un día muy común, y nublado ese día salí de trabajar y se suspendieron la clases por ser día del maestro, decidí ir al parque en lugar de encerrarme en mi casa, ya que iba con el fin de ir a los videojuegos o qué sé yo, encontrar a algún amigo para platicar, cual fue mi sorpresa que de repente encontré a Pedro, la pareja de uno de mis amigos, a mi me gustó desde que Lalo mi amigo me lo presentó, al igual él pues en ocasiones repetidas y encuentros casuales en la calle él me miraba con una lujuria y yo sólo me concentraba en ver desnudo su moreno y bien formado cuerpo, era muy deseado por varios chavos de ambiente, algo como un objeto de deseo, así pasó durante varios meses hasta que ese día lo encontré sólo, me dijo que Lalo había salido fuera del país, que estaba muy sólo, aburrido, no hallaba qué hacer. Me dijo que si lo acompañaba a su casa, a lo cual con su mirada me decía todo, acepté pues era lo que siempre esperaba.

 

En el camino me decía lo mucho que le gustaba mi cuerpo delgado, lampiño, que igual desde que me conoció soñaba con tenerme en su cama, el recorrido fue corto, llegamos a su casa y al cerrar la puerta me dio el más apasionado beso que jamás he recibido, comenzó a desnudar mi cuerpo con unas ansias locas que casi me rompía la playera, me besaba el abdomen, las caderas, la entrepierna y mis nalguitas, era una sensación muy excitante y lo único que quería era sentirlo a él, se metió a bañar pues había transpirado demasiado en su trabajo, lo esperé en su recamara, cuando salió me pidió que lo secara, me lancé sobre él y con las más tiernas caricias y frotando delicadamente su piel logré que su miembro encogido por el frío alcanzara su máximo punto, era imponente ante mis ojos, me besaba, me acariciaba y sus manos me quemaban, me dio a probar su delicioso trozo que disfruté al máximo, lo saboreaba, era un rico caramelo interminable, evitó eyacular en mi boca.

 

Me puso en 4 sobre la cama, se incorporó y fue introduciendo su buen trozo dentro de mí, despacio, me provocaba pequeños quejidos, de repente con fuerza empujó y me arrebató de mi garganta un  grito que fue adquiriendo ritmo y el dolor que sentí al principio me trajo una ola de placer,  varias veces cambiamos de posición lo que hacía que abriera más mis piernas y recibiera más parte de su carne, acostados en la cama, sentado sobre él, parados, y con mis piernas en sus hombros, no dejaba de pensar en lo mucho que me hacía gozar, me gustaba cómo me lo hacía, al final sus quejidos y las muecas que en su cara reflejaba anunciaron el momento que él tanto esperaba, una descarga de su  caliente leche, me abrazó con una gran fuerza, casi me trituraba, descansamos y yo me metí al baño para limpiarme y darme una ducha, salí y me recibieron sus brazos que me acurrucaron en la cama y en su pecho pasó media hora y entre charlas, risas y  ratos de charla, comenzaron de nuevo sus caricias.

 

Me  puso lubricante y de nuevo sentí su miembro en mi ano, a lo cual me resistí pues me ardía pero él me abrazaba con fuerza, no pude resistirme pues nadie me había penetrado por segunda vez en un plazo de 20 o 30 minutos, fue otra deliciosa sensación, me encantó y se lo dije, el cual respondió con una mirada de locura y continuando con su vaivén dentro de mí. Por segunda vez se vino y al fin yo también  pude hacerlo, después me limpié pues se me había hecho tarde para llegar a mi casa, nos despedimos con un beso,  con la condición de repetirlo pues me afirmó que le había gustado tanto como a mí.

 

Esperó a que me subiera a un taxi, el cual también me dio a probar su delicioso miembro...

 

Pero esa es otra historia que luego contaré, pues no fue la única vez que me encontré al taxista...