PACO JONES GRANDES

Me llamo Francisco Jones Grandes. Es un nombre que me define muy bien. Llevo toda la vida pensando que tengo un tesoro entre mis piernas y que es el mejor juguete que he podido tener en la vida, puesto que me da todo el placer que quiero y lo puedo usar varias veces al día, sin cansarme nunca de él. Siempre me han gustado los chicos. Soy gay y me encanta el sexo, pero eso no quita para que siga buscando el amor de mi vida. Me encantaría que apareciese frente a mí el Príncipe Azul el día menos pensado. De momento, no lo he encontrado. Espero, espero, espero... Mientras tanto, me conformo con poder abrazar y degustar a todos los dioses del Olimpo que me encuentro en mi camino...

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Mi nombre, además de definir mi persona perfectamente, me ayuda a conseguir nuevos chicos con los que "jugar", puesto que, en cuanto saben cómo me llamo, tienen la excusa perfecta para acercarse a mí y entablar conversación, utilizando la frase "¿Tienes los huevos grandes? Me gustaría verlos". Naturalmente, el físico ayuda mucho. Y yo estoy muy bien proporcionado. Soy muy alto, moreno, con unos preciosos ojos verdes. Y, por supuesto, con una polla enorme de casi 20 cms. Así que en seguida llamo la atención de los chicos.

Desde pequeño me ha encantado siempre tocarme la polla. Manosearla, jugar con ella... Cogía los muñecos de peluche y me frotaba contra ellos para sentir algo suave y caliente rozando mi polla. En los vestuarios de las piscinas me ponía morado a ver pollas, chicos musculosos desnudos, hombres en las duchas... Me ponía muy cachondo. Decía a mis amigos que tenían que desnudarse para comparar cómo eran nuestras pollas, tocárselas y juntarlas con la mía, etc... En fin, que siempre he estado obsesionado con las pollas. Y al fin, llegó mi estreno...

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Eran fiestas en mi pueblo y se hacían hogueras por la noche. Después de cenar, decidí ir por ahí viendo las hogueras que habían hecho las pandillas de amigos. Observé muchas y muy variadas. La gente se divertía mucho saltando sobre ellas. Me gustaban las hogueras hechas por cuadrillas de chicos jóvenes, porque veía grupos de tíos bien formados y me entraban ganas de estar ahí con ellos.

Llegué a una donde estaba Valentín, un chico varios años mayor que yo que acudía a mi colegio. Era un chico muy atractivo: pelo negro y rizado, alto, bien formado... Estaba con un grupo de amigos riéndose sin parar. Me escondí detrás de unos arbustos y, cosas de la edad, grité:

- Mamones!, ¿queréis camorra?

Ellos miraron hacia el lugar donde yo estaba pero no vieron a nadie. Yo repetí la frase y entonces Valentín vino hacia mí. Yo me asusté. ¿Y si me pegaba? Yo era pequeño y no podría defenderme. Me cogió por un brazo y les dijo a sus amigos:

- Tranquilos, yo me encargo de él.

Me arrastró sin miramientos hacia su casa, que estaba muy cerca. Gracias a Dios, sus padres no estaban. Me metió en su habitación, cerró la puerta y me gritó:

- ¿Qué cojones decías? ¿Quieres camorra conmigo?

Yo estaba muy asustado. Él lo vio y, suavizando el tono de voz, me dijo:

- Tú eres Paco Jones, ¿verdad?

Yo asentí con la cabeza. Preguntó:

- Vamos al mismo colegio, ¿no?

Asentí de nuevo. Me miró de arriba abajo y dijo:

- Me gusta mucho tu nombre.

Yo sonreí, comprendiendo que no me iba a pegar. Me acarició la cara y me dijo:

- ¿Sabes qué significa joder?

Yo negué, aunque conocía el significado de la palabra perfectamente.

- Joder es hacer el amor. ¿Te han hecho el amor alguna vez? -preguntó.

Volví a negar.

- ¿Sabes qué es una polla? -me miró con lujuria en sus ojos.

-Sí, una polla es una colilla -respondí yo, mucho más animado.

-No exactamente -dijo Valentín- Muéstrame tu colilla, guapo.

Me bajé los pantalones y los calzoncillos, sacando mi pollita, que en aquella época no estaba tan desarrollada como ahora.

- Mmmm, no está nada mal para la edad que tienes, tío. Pero todavía tiene que crecer más. Mira, ¿ves tus huevitos? -dijo, tocando mis huevos- Tienen que ponerse más gordos. ¿Ves esta zona de aquí? -dijo, acariciando la base de mi polla- Te saldrán muchos pelitos. ¿Y ves tu colilla? -dijo, acariciándome todo el tronco de la polla- Llegará un día en que te pique y se te ponga muy dura. Crecerá y se pondrá como la mía.

Entonces bajó sus pantalones y sus calzoncillos y me enseñó la polla más enorme que había visto en mi vida. Se me hizo la boca agua. Era larga, gorda, con un capullo rojo que asomaba en la punta, con los huevos cubiertos de un espeso vello negro.

- ¿Ves? Esto sí es una polla. Tócala, Paco, y veremos si le gusta.

Acerqué mi mano a su pollón y lo toqué despacito. Enseguida empezó a endurecerse.

- Mira, parece que le gusta mucho, ¿verdad? Se está despertando y te da las gracias.

Yo sonreí, muy excitado.

- Ahora te contaré qué es una paja. ¿O ya sabes qué es?

Negué con la cabeza y dije:

- Enséñame qué es, por favor.

Sonrío y me dijo:

- Una paja es una masturbación. Es algo que te haces en la polla cuando ésta se pone así de dura. Y es algo que da mucho gusto, Paquito, de verdad. Es lo mejor del mundo. Mira, coloca tu manita alrededor de mi polla. ¿Notas lo caliente que está? ¿Ves qué dura se ha puesto? Ahora, sube y baja tu manita, así, muy bien.

Valentín empezó a gemir, del gusto que le estaba dando. Yo estaba a tope también. Mi polla empezó a crecer.

- Sí, cabroncito mío, sigue así. Ahh, sí, qué gusto, cariño.

Yo subía y bajaba, pajeándole sin parar. Veía que ponía los ojos en blanco y que le estaba gustando muchísimo mi paja.

- Ahora te contaré un secreto. Podemos hacer una cosa que hará que nos convirtamos en muy buenos amigos. ¿Te gustaría?

Yo asentí loco de alegría. En ese momento le habría prometido la Luna.

- Tienes que meterte mi polla en la boquita. Verás qué buena está.

Yo me sorprendí, puesto que esa polla era tan grande que seguramente no cabría en mi boca. Aun así, obedecí.

- Mmmmmm, qué locura, tío. Esto es genial.

Realmente, su polla estaba muy buena. Tenía un sabor delicioso. Me animé y empecé a pajearle con la boca. ¡Dios mío, era fabuloso!

- Cariño, no pares, no pares, me voy a correr ya.... AAAAHHHHHH!!!!!!!

Y, repentinamente, se corrió en mi boca, soltando grandes trallazos de semen en mi boca, cara y cuello. Yo me sorprendí, puesto que nunca me había corrido antes y no sabía que "eso" salía de las pollas.

- Cariño, déjame que te bese para limpiarte -me dijo.

Acercó su cara a la mía y me empezó a lamer los labios, la lengua. ¡Joder! Aquello sí que era el Cielo. Nuestras lenguas jugaron durante mucho rato. Cuando terminó con toda la leche que había derramado sobre mí, se fijó en mi polla.

- Pero cariño, tú también estás muy cachondito, ¿eh?

Me la agarró y me pajeó dulcemente. Yo no sabía si gritar o llorar, del gusto que me estaba dando. Empezó un movimiento más rápido, más rápido, más rápido... Y estallé. Tres grandes chorros de semen golpearon su torso.

- ¡¡¡JODER!!! -grité yo.

Él me miró sorprendido y yo le dije:

- Es la primera vez que me sale esto de la polla.

Sonrió y me explicó que era normal, que pasaba siempre que estabas muy excitado.

- Me gusta -le dije.
- A mí también, cariño.

Me abrazó y me tumbó en su cama.

- Ahora te voy a hacer algo para probar si te gusta, ¿ok?
- Vale, hazme lo que tú quieras, Valentín, mi vida.

Sonriendo me abrió las piernas y empezó a acariciarme el culito. Di un respingo pero él me dijo:

- Tranquilo, cariño. No te voy a hacer daño.

Empezó a masajearme el agujerito, metiendo la puntita del dedo por él. Me estaba gustando, la verdad. Y, de repente, mi polla empezó a crecer otra vez.

- Paquito, cariño, mira qué bueno te sabe.

Y siguió, me metió el dedo entero, y aquello no era bastante para mí. Me metió hasta tres dedos, y yo me movía desesperadamente en la cama pidiendo más.

- Ahora te voy a hacer mío. Voy a hacerte el amor.

Sonreí, mientras me metía su polla, completamente dura, dentro de mi culito virgen. Al principio, la verdad sea dicha, me dolió. Pero, con ternura, fue adentrándose más y más, hasta que no pude más y otros tres chorros de semen salpicaron mi tripa. Segundos más tarde, Valentín sacó su polla y se corrió, juntando su leche con la mía. Nos abrazamos y estuvimos varios minutos besándonos.

- Gracias -susurré.
- De nada, cariño.

Al cabo del rato, volvimos hacia su hoguera. Me dio una palmadita en el culo y me despidió diciendo:

- Vete a casa, cielo.

Me fui muy contento mientras oía cómo decía a sus amigos:

- Ya le he dado su merecido.

Los otros chicos empezaron a reír.

Las semanas siguientes las pasamos tocándonos, besándonos, chupándonos... en los baños del colegio, durante los recreos. Con el paso del tiempo, dejamos de vernos. Supongo que nos cansamos el uno del otro y decidimos explorar nuevos terrenos.

Pero esas son otras historias... que podrás leer en su momento.

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