Una
Paja por mi Primo
Ese sábado
había ido a pasar el día con mi primo en casa de mis tíos. Por la tarde mi
primo me invitó a una fiesta donde unos amigos suyos y, como me quedaría con él
hasta bastante tarde, decidimos que dormiría en su casa, obviamente, con él en
su cuarto. Eso no me disgustaba para nada pues mi primo y yo tenemos la misma
edad (16) y él me resulta demásiado atractivo. Tanto su cuerpo como su cara me
gustan. Yo tampoco me quedo atrás y sé que tengo lo mío. Ambos hemos sido
deportistas, aunque en diferentes disciplinas y nos gusta mucho el fútbol, el
cual practicamos juntos cada vez que podemos.
Llegamos a
la casa, después de la fiesta, a la 1 am. Entramos tratando de no hacer ruido
para no despertar a mis tíos. Entramos al cuarto de mi primo y cerramos la
puerta, ya estábamos bastante cansados así que lo único que queríamos era
dormir.
No era la
primera vez que me quedaba a dormir donde mi primo, éramos muy cercanos y muy
buenos amigos y ya habíamos pasado muchas noches juntos. Ya conocía mi rutina
en su habitación, así que saqué una cobija del armario, la extendí en el suelo
junto a su cama y puse una almohada. Esa sería mi cama. Como no tenía ropa de
dormir, simplemente me quité mi ropa y me acosté a dormir en mis
pantaloncillos, un poco ajustados por cierto. Mi primo también se alistó y se
acostó a dormir rápido.
Pasó una
media hora y yo no podía conciliar el sueño. El motivo: mis pantaloncillos eran
ajustados y yo ya estaba acostumbrado a dormir con boxers amplios. Me fijé que
mi primo estaba durmiendo con unos boxers bastante cómodos y me pregunté si en
el armario tendría más boxers iguales.
Tratando de
no despertar a mi primo, encendí la luz de la mesa de noche y caminé hacia el
armario. Estaba de pie buscando entre su ropa unos boxers cómodos cuando el se
despertó.
Primo: Que
estás haciendo?
Yo: Estoy
buscando unos boxers amplios para dormir, con estos pantaloncillos no he podido
dormirme.
Primo: Busca
en el cajón de abajo, creo que hay unos como los que tengo puestos.
Yo: No, no
encuentro nada – respondí después de buscarlos.
Primo: Y por
que no te quitas tus pantaloncillos y duermes desnudo?
Yo: No, me
incomoda más – todo esto se conversaba con la mayor naturalidad entre él y yo –
eso lo puedes hacer tu que puedes cubrirte con la otra sábana...pero yo no me
sentiría cómodo (tampoco soporto cubrirme para dormir).
Mi primo
pensó unos instantes y después dijo algo que sonó como música en mis oídos.
Primo:
Entonces ten – dijo mientras se cubría bien con la sábana – toma mis boxers y
yo duermo desnudo, siempre duermo así cuando estoy solo, además tengo esta
sábana para curbrirme.
Mi primo se
quitó sus boxers cubriéndose con la sábana y me los lanzó hasta donde yo
estaba. Yo los recibí e inmediatamente me deshice de mis pantaloncillos para ponerme
sus boxers. Intencionalmente, hice el cambio de prendas con mucho disimulo,
pero totalmente de frente a mi primo quien me observaba como esperando a que yo
apagara la luz y por fin pudiéramos dormir.
Primo: Y
para cambiarte tenías que desnudarte frente a mi? ahora voy a tener
pesadillas... – dijo mi primo en un tono sarcástico y riendo.
Yo: jaja,
pues perdón señor, no sabía que le impresionaba tanto la desnudez de un hombre
– respondí yo en un tono igualmente sarcástico.
Primo: No me
impresiona jaja, todo lo contrario, verte desnudo da lástima.
Yo: Jaja,
más bien deja ya de mirarme y duérmete – respondí yo y le lancé mis
pantaloncillos a su cara.
Primo: Ahh
sucio!!!, como me tiras eso, que asco.
Mientras me
reía, ya con sus boxers puestos, volví a acostarme en mi improvisada cama.
Primo:
Bueno, hasta mañana, que duermas bien.
Yo: Hasta
mañana primo, y gracias.
Me acosté a
dormir pensando en lo particular de la situación esa noche. Cuantas veces nos
habríamos visto desnudos mi primo y yo? Muchas. Pero esta era la primera vez
que comentábamos al respecto. Además, era la primera vez que yo sentía cierta
excitación por mi primo, aunque antes lo hubiera visto como un hermano, en ese
momento lo estaba viendo de una forma más erótica.
El pensar
que mi primo estaba durmiendo desnudo en esa cama, cubierto únicamente por su
cobija, me estaba poniendo a mil. Mi verga, por supuesto, estaba totalmente
dura. Saber que tenía puesta su ropa interior me excitaba aun más. Quería
hacerme una paja pero...¿Como? No podría entrar al baño pues lo despertaría
nuevamente y además notaria mi erección. No podía hacerme la paja donde estaba
pues ensuciaría sus boxers. Total, lo único que pude hacer fue consolar mi
cuerpo mentalmente con la promesa de hacerme una buena paja al otro día, al
levantarme.
Unas horas
después me desperté sin entender bien donde estaba. Tardé unos segundos en
recordar que estaba en la casa de mi primo. Instintivamente llevé una mano a mi
verga, algo que hago todas las mañanas. Sentí entonces los boxers de mi primo y
recordé todo lo de la noche anterior. Elevé mi mirada a la cama donde me
imaginé que lo encontraría dormido y desnudo y, si la cobija se hubiera corrido
en la noche, podría ver algo de su hermoso cuerpo.
Pero mi
primo no estaba en la cama. Me incorporé para alcanzar a ver la puerta del
baño: tampoco estaba allí. Volví a recostarme sobre mi "cama" y me di
cuenta que estaba solo, que era el mejor momento para mi paja. Seguramente mi
primo ya había salido a desayunar y se demoraría un poco. Me relajé y llevé
nuevamente mi mano a mi verga, que ya empezaba a reaccionar ante lo que le
esperaba. Empecé a acariciar mis guevas y la zona alrededor de mi pene. Me
gusta mucho darme algunas caricias antes de iniciar una buena paja.
Decidí
tomarlo con calma. Pensé que seria mucho más cómodo si me acostaba en la cama
de primo. Y así lo hice. Me acomodé en su cama y prendí el televisor con la
esperanza de encontrar algún programa de deportes o alguna película que me
ayudara a excitarme aun más.
Estaba en un
momento agradable. Mi cuerpo relajado, mi mano dentro de los boxers sobando mi
pene mientras con la ora buscaba canales con el control remoto.
En ese
momento escuché que abrían la puerta. Inmediatamente saqué la mano de los
boxers y recogí una pierna para disimular el bulto que formaba mi erección. Era
mi primo quien abría la puerta y estaba entrando, seguramente alcanzó a ver mis
apresurados movimientos pero no mencionó nada.
Primo:
Buenos días.
Yo: Hola
primo, donde estabas? - saludé un poco alterado por su sorpresiva entrada.
Primo:
Estaba tomando algo pequeño antes del desayuno, me levanté con un hambre
horrible.
Mi primo
tenía puesta una bata de baño. Tras nuestro breve saludo entró al baño dejando
la puerta abierta. Yo, desde la cama, seguí cada uno de sus movimientos. Se
paró frente al sanitario dándome su espalda. Posteriormente abrió su bata de
baño y la retiró de su cuerpo colgándola de la pared. Yo estaba feliz de poder
verlo, mi primo seguía desnudo, tal como había dormido. Por supuesto, me dio una
vista privilegiada de su tenso trasero, sus piernas delgadas y duras y de su
fuerte espalda, partida a la mitad, bien trabajada.
No le quité
los ojos de encima ni un segundo. Posteriormente escuché el chorro de su pene
descargando su vejiga en el sanitario. Cuando terminó, sin darse vuelta, mi
primo tomó una toalla pequeña y la amarró a su cintura cubriendo su culo y su
verga. Salió entonces del baño y se sentó, al frente mío sobre la cama. De tal
forma que quedamos frente a frente, yo acostado con mi cabeza sobre la almohada
y el sentado en el otro extremo, con su sexy toalla cubriéndole apenas lo justo
para dejar volar mi imaginación. Apagué entonces el televisor pues supuse que
él quería conversar un rato antes de la ducha.
Primo: Y
que? Como te fue con los boxers, dormiste bien?
Yo: Si bien,
pude dormir cómodo.
Primo:
Tienes que escoger una ropa para ponerte ahora, solo busca tranquilo en el
armario y te pones lo que quieras.
Yo: Gracias
primo, mas tarde la busco.
Mi primo se
quedó unos instantes en silencio y luego empezó a reírse.
Yo: Que
pasa? Por que te ríes?
Primo: No
creas que no me doy cuenta por qué no te levantas a buscar tu ropa jaja.
Yo: Como
asi? no te entiendo.
Primo:
Cuando entré a la habitación...jaja...vi lo que estabas haciendo jajaja
Yo: Como
así? A que te refieres? – respondí con una fingida sonrisa y sintiendo además
que mi cara se me ponía roja: mi primo se había dado cuenta que me estaba
masturbando en su cama y en sus boxers.
Primo: Tu ya
sabes, te estabas haciendo una paja cuando entré jaja. O crees que no se por
qué tienes una pierna recogida...y además vi cuando sacaste la mano de los
boxers jaja.
Yo: Jaja no,
pero no era eso jaja, solamente me estaba acomodando, ya sabes, uno siempre se
levanta algo duro por las mañanas – respondía yo sin saber que decir y con más
vergüenza.
Primo: Bueno
ya, pero no te pongas rojo que no pasa nada. Más bien por que no organizas tu
cobija y tu almohada antes que ducharte. Levantate tranquilo que ya se como la
tienes jaja.
Me levanté
entonces de la cama para obedecer a mi primo. Ya no me importaba sentir
vergüenza por sus comentarios y, aunque mi verga estaba todavía algo dura, no
me importó que el viera mi bulto un poco crecido cuando me parara. Total, ya me
había descubierto en mi excitación.
Efectivamente,
mientras organizaba las cosas, no pude evitar que mi verga empujara la tela de
los boxers e hiciera notar su buen tamaño gracias a la erección que me quedaba.
De hecho, sentir que mi primo me observaba el bulto, asi fuera para burlarse,
me había excitado un poco.
Primo: Jaja,
todavía la tienes dura, se nota que estabas en una paja muy buena jaja, que
pena haberte interrumpido.
Tratando de
defenderme de sus burlas respondí.
Yo: No está
dura hombre, ese es el tamaño normal - dije en broma - ya me di cuenta que tu
problema es de envidia porque me la viste anoche mientras me cambiaba y te
diste cuenta que no puedes competir conmigo jaja.
Primo: No,
para nada, ahí si estas equivocado, yo tengo con que defenderme – y diciendo
esto, mi primo que ya estaba sentado sobre el borde de la cama, abrió sus
piernas y las cruzó imitando la escena de una famosa película. Su toalla, como
si fuera una corta falda, se abrió dejándome ver todo lo que mi primo tenía
debajo. Que era, de por si, bastante interesante.
Yo: Jaja –
yo fingía mi risa pues en realidad hubiera querido lanzarme a lamer su verga
apenas me la mostró.
Yo: Creo que
tenemos lo mismo primo, eso del tamaño como que es de familia.
Dicho esto,
volví a recostarme en la cama, me parecía que mi primo estaba comportándose un
poco extraño. Todo ese juego podría ser simplemente eso, un juego, algo típico
de él y sus bromas, o podría significar otra cosa. Total volví a acostarme en
la cama en la misma posición en la que estaba y le pregunté:
Yo: Bueno, y
no te ibas a duchar? Por que no vas primero?
Primo:
Porque si te dejo solo eres capaz de terminar tu paja y correrte en mis boxers
y en mi cama depravado jaja.
Yo: Y me vas
a decir que nunca te la has hecho en la cama de tus papas o en la de tu
hermana? Tu crees además que eres el único que se ha venido en esta cama? Y
cuando traes amigos? Ellos vienen con sus novias no...?
Primo:
Puedes decir lo que quieras primo pero no te voy a dar el gusto jaja, no te voy
a dejar solo. Si te la quieres hacer te esperas hasta estar en tu casa.
Yo: No
necesito que me dejes solo para hacerme una buena paja primo.
Primo:
Entonces que? Te la vas a hacer en frente mío?
No respondí
nada, simplemente, y con un sentido solo de broma, lleve mi mano bajo sus
boxers y empecé a sobar mi verga mientras lo amenazaba.
Yo: Me la
estoy haciendo jaja, tu decides, o me dejas solo para quitarme los boxers o te
quedas allí viendo como me la hago hasta venirme en ellos, y además te juro que
mojo tu cama también.
Primo: No te
creo capaz, tu en realidad no te estás haciendo la paja, yo de aquí no me
muevo.
Me quedé
pensando un segundo mientras lo desafiaba. En realidad no me estaba haciendo la
paja pues no me era fácil conseguir una erección si primo me estaba viendo.
Pensé entonces dos cosas: primero, mi verga estaba plenamente cubierta por sus
boxers lo que me daba cierta privacidad, segundo, mi primo, mi bello primo
estaba sentado al frente mío dispuesto a ser un espectador de mi paja. Nunca me
la había hecho delante de nadie, pero en este momento se estaba presentando la
oportunidad de vivir algo así.
Cuando
analicé las cosas desde ese punto de vista, inmediatamente mi verga reaccionó y
mi cuerpo empezó a sentir la necesidad de mostrar ese acto intimo a otra
persona, en este caso, mi primo.
Yo: Vamos a
ver si no soy capaz – respondí calmadamente.
Para
proporcionarme un poco de comodidad y tranquilidad, me relajé y llevé mi brazo
izquierdo sobre mi cara cubriendo mis ojos. Casi siempre me masturbaba en esa
pose y, además, me daría una sensación de privacidad aunque supiera que mi
primo me estaría observando. Con mi mano derecha dentro de los boxers y
abrazando mi verga, empecé las caricias típicas en el cuerpo de mi pene. Valga
agregar que soy circuncidado y por ello mis pajas no incluyen mi glande a menos
que pueda lubricarlo bien.
Primo: En
serio te la estás haciendo? Esteban!, es en serio o estas molestando? - pregutó
mi primo tras unos instantes de iniciar mi faena.
Yo: Tienes
que hacer silencio para poderme concentrar - respondí yo con total serenidad.
Efectivamente,
mi primo se quedó en silencio. No lo veía pues yo mantenía mis ojos cubiertos,
pero sabía que seguía allí viéndome pues no había sentido que se levantara de
la cama. Ser conciente que en ese momento era observado por él, me estaba
excitando más de lo que pensé. A pesar del silencio, la imagen mental de su
cara observándome me estaba excitando.
Seguí mi
paja unos instantes más sin pensar en mi espectador. Pero no fue fácil, primero
porque los boxers me estaban incomodando y quería quitármelos. Pero no lo haría
delante de el. Y segundo porque quería descubrir mis ojos para enterarme sobre
que estaba haciendo él en ese momento.
Levantando
un poco el brazo para que él no lo notara, abrí levemente mis ojos para
observar a mi primo. Lo que vi, me causo aun más impresión y excitación. Él ya
no me estaba observando. Su cabeza estaba inclinada hacia atrás y asumo que
tendría los ojos cerrados. Su brazo derecho, entraba en su toalla y se perdía a
la altura de la verga, donde claramente distinguí los movimientos repetitivos
de una paja.
No quise
decirle nada, era obvio que se había dejado llevar por la excitación del
momento y que, si lo dejaba tranquilo, podría alcanzar un orgasmo allí mismo,
conmigo. Pero si le decía algo, lo haría volver a su realidad y avergonzarse de
su comportamiento.
Sin que él
se diera cuenta, detuve mi paja y bajé mi brazo izquierdo. Todo el tiempo lo
estuve observando. Posteriormente, tomé los boxers por el borde y los deslicé
por mis piernas hasta quitármelos totalmente. Mi primo notó los movimientos,
incorporó su cabeza y abrió sus ojos para saberr que era lo que yo estaba
haciendo. Yo dejé de mirarlo para no intimidarlo. Mi verga quedó expuesta en
todo su tamaño y excitación delante de la mirada asombrada de mi primo. Yo, indiferente,
volví a la posición en la que estaba: mi brazo izquierdo cubriendo nuevamente
mis ojos y mi mano derecha reanudando mi paja como si nada hubiera pasado.
Obviamente, dejé un pequeño espacio para poder abrir mis ojos y ver a mi primo
masturbándose frente a mi.
Empecé a
masturbarme con la intención de venirme rápido pues, ahora que sabía que mi
primo estaba compartiendo una paja conmigo, la excitación había aumentado a su
máximo.
Estaba
concentrado en mi actividad cuando vi que mi primo se levantó de la cama. Se
puso de pie y caminó hacia la mesa de noche que quedaba justo al lado mío.
Mientras caminaba, sostenía con su mano su hermosa verga blanca. Yo lo vi
acercarse mientras sus guevas se movían al ritmo de sus pasos. Cuando estuvo
parado junto a mi, puedo jurar que sentí el calor de excitado cuerpo y el olor
a hombre por su desnudez y su excitación. Su cuerpo totalmente desnudo se me
hacía ahora demasiado erótico. Mi primo también era circuncidado. Al parecer no
le importó en lo más mínimo que yo pudiera verlo denudo, estaba totalmente
concentrado en lo que hacía: del cajón de la mesa de noche sacó un tarro
pequeño y después se dirigió a mi diciéndome:
Primo:
Puedes correrte un poco para el otro lado? Necesito acomodarme bien.
Yo levanté
el brazo de mi cara pretendiendo no saber que pasaba, y me corrí hacia un lado,
tal como él me lo pidió. Me incorporé un poco y quedé en el extremo derecho de
la cama, ya no acostado sino con mi espalda recostada a la baranda, casi
sentado. Mi primo se sentó justo al lado mío, en el extremo izquierdo,
concentrado en lo que hacia. Yo quería saber que tenía en ese tarro.
Abrió el
tarro y lo inclinó sobre su mano derecha. Ahora lo entendía todo: mi primo
tenía una especie de crema humectante para ayudarse en sus pajas, yo tenía lo
mismo en mi casa. Vaciando crema en su mano, la pasó por su glande para
lubricarlo de manera suficiente. Lo hizo con mucha paciencia. Sabía que yo lo
estaba observando y no le importaba. Yo, ya no podía contener tanta excitación.
Estábamos desnudos, sentados uno al lado del otro, con nuestras vergas duras y
expuestas, y dispuestos a masturbarnos con total confianza. Sin duda alguna,
este era uno de los momentos que estrechaban la relación entre dos
adolescentes. Esta era una de esas etapas que se viven entre amigos y primos y
que convierte a los amigos adolescentes, en verdaderos hombres amigos, que se
conocen perfectamente.
Sin embargo,
mi intención era otra, no quería quedarme viendo como su pene llegaba a un
orgasmo sin que yo participara en el proceso. Su hermosa verga, bastante
lubricada ahora, me producía demasiadas sensaciones y tentaciones.
Mi primo
lubricó su verga con mucha paciencia. Mientras en una mano sostenía el tarro
con la crema, con su otra mano impregnaba su verga desde la base hasta el
glande. Sus piernas se tensionaban levemente cada vez que su mano rozaba su
glande. Se notaba que estaba sintiendo bastante placer al hacerlo. Si bien no
se estaba masturbando, la lubricada en sí era una experiencia más de
autosatisfacción. Cuando terminó, antes de tapar nuevamente el tarro, me lo
enseño y me dijo:
Primo:
Quieres usar crema?
Asentí con
mi cabeza sin responder. La excitación se había llevado mi voz. Sentía como mi
corazón galopaba fuertemente al ser conciente de la erótica situación con mi
primo. Recibí el tarro y seguí la misma rutina, un poco de crema en mi mano
derecha y, ubicando el tarro sobre la cama, en el lado opuesto al de mi primo,
empecé a sobar mi verga para lubricarla. Lo hacia lentamente mientras mi primo,
con un ritmo lento también, se daba una paja que ahora incluía su glande y todo
su pene. De vez en cuando soltaba su verga y llevaba su mano por entre sus
piernas, acariciando sus guevas y sus ingles.
Yo lo
miraba, con disimulo todavía, seguía observando sus movimientos y su verga
mientras yo lubricaba la mía e imaginaba en mil fantasías eróticas con él. En
ese momento, él rompió el silencio para decir:
Primo:
Necesito más crema, pásame el tarro por favor.
Sentí temor
por la idea que vino a mi mente, pero decidí arriesgarme. Tomé el tarro pero,
en lugar de pasárselo, vacié sobre mi mano suficiente crema. Posteriormente,
sin mirar a mi primo y simulando la mayor naturalidad del mundo, me incliné
hacia adelante. Llevé mi mano con la crema hacia su verga. Lo hice de una
manera sutil pero firme. Mi primo observaba mis movimientos pero no
reaccionaba. Finalmente, abriendo mi mano, rodeé su glande inicialmente. Me
detuve un momento esperando que hubiera alguna reacción pero, ante la
inmovilidad de mi primo, decidí continuar mi tarea. Bajé mi mano desde su
glande hasta la base del pene, lubricando toda la hermosa verga de mi primo y
sintiendo su textura, su color, sus palpitaciones. Hubiera podido incluso
asegurar que la sentí crecer un poco más en mi mano, eso intensificó mis
propias sensaciones. Unas veces más deslicé mi mano por su verga hasta dejarla
completamente lubricada. Después de haber terminado mi tarea, y ante el
silencio de mi primo, volví a recostarme en la branda, lleno me miedo y
excitación por lo que había hecho y empecé a masturbarme firmemente, a fin de
llegar a mi tan necesitado orgasmo de una buena vez.
Mi primo
hizo lo mismo, era como si nada hubiera pasado. Simplemente tomó su verga y
empezó a masturbarse igual que yo, llevando su mano desde la base hasta la
punta del glande y ejerciendo presión nuevamente al bajar. Yo observaba ya sin
tanto disimulo lo que él estaba haciendo. Él, por su parte, tenía su cabeza
reclinada en la baranda y sus ojos cerrados, su boca estaba abierta y suspiraba
por el placer que estaba sintiendo.
Yo seguía
masturbándome aunque me sentía un poco frustrado por no haber obtenido reacción
alguna por parte de mi primo. Decidido nuevamente a intentar algo. Solté mi
verga y exhalé un suspiro de relajación, rompiendo el silencio del momento para
llamar su atención. Y funcionó. Mi primo detuvo su paja y levantó su cabeza por
un momento para ver que pasaba conmigo. Yo volteé a mirarlo y nuestros ojos se
cruzaron por un momento.
No pude
sostenerle su mirada por mucho tiempo, simplemente, volví a inclinarme hacia
adelante y, extendiendo mi mano, y ante la mirada atenta de mi primo, tome su
verga por el espacio libre que me dejaba su propia mano. Solo pude tomarla con
mi dedo pulgar por un lado y con los dedos índice y corazón por el otro. La
había tomado cerca de la base pues su mano cubría la parte superior y su
glande. Empecé entonces a mover mis dedos repetidamente para masturbar a mi
primo.
Después de
unos instantes, mi primo hizo lo que yo estaba esperando: liberó su verga. En
ese momento yo la abarque totalmente con mi mano y la apreté con fuerza
mientras la empecé a masturbar más fuerte que rápido, llegando hasta su glande
y volviendo a bajar. Ya no era una lubricación, ahora estaba masturbando a mi
primo mientras el respiraba aun más fuerte.
Lo estuve
masturbando en esa posición por unos momentos. Yo me había olvidado totalmente
de darle placer a mi propia verga, eso podía esperar. Por ahora, quería ver a
mi primo derramando su semen en mi mano. Tras unos instantes, mi primo apoyó
sus manos en la cama y se acomodó, todo esto sin dejar de recibir su paja.
Primo:
Espera un momento
Yo: Que pasa
Primo:
Siéntate más cerca de mi.
Solté su
verga y me corrí más cerca de él, hasta que no quedó espacio entre los dos y
nuestros cuerpos se rozaban desde nuestras caderas y nuestros muslos hasta
nuestros pies. Mi primo se inclinó levemente y, acercándose más, puso su pierna
derecha sobre mi pierna izquierda.
Primo: Ya
sigue – me dijo en voz baja.
Llevé
nuevamente mi mano a su verga, que ya me quedaba mucho más cerca y empecé a
masturbarlo. Retomé el ritmo que llevaba, su verga me parecía más grande cada
vez. Concentrado en su verga y acostumbrado ya a la sensación de su pierna
sobre la mía, no me di cuenta cuando mi primo movió su mano derecha. Solamente
me percaté de eso cuando, con esa misma mano, acarició mi pelvis. Rozaba los
bellos que rodean la base de mi pene como tratando de recompensarme, con esas
leves caricias, por la paja que yo le estaba haciendo. Posteriormente, mi primo
fue un poco más atrevido y empezó a llevar mi mano por mis ingles y a sobar mi
escroto. Era como si quisiera hacerme sentir placer pero evitando tocar mi
pene.
Pensé
entonces que yo debería darle tiempo, tal vez él solo estaba explorando o,
efectivamente, si le gustaba la idea de masturbar a otro hombre, pero era
tímido. Seguí masturbándolo sin prestar atención a su mano, hasta que sentí
como empezó a sobar mi pene. Primero eran caricias por la cara inferior de mi
pene, hasta llegar a la parte inferior del glande. Estas caricias las hacía con
las yemas de sus dedos. Después, mi primo pareció decidirse y tomó finalmente
el cuerpo de mi pene, evitando el glande aun.
Empezó
entonces una paja mutua demasiado erótica. Después de muchos acercamientos y a
raíz de una secuencia de eventos coincidenciales para él, y añorados para mi,
mi primo y yo estábamos sentados en su cama, uno al lado del otro, con su
pierna sobre la mía, dándonos placer mutuamente. Él, concentrado en satisfacer
mi verga y yo, con la misma tarea en la suya.
Poco a poco
fue tomando más confianza. Cuando yo pasaba la yema de mis dedos por el
orificio de su glande, todo su cuerpo se estremecía y su mano apretaba más
firmemente mi verga. Así seguimos por un buen tiempo hasta que empecé a sentir
como su mano llegaba más arriba en mi verga y cubría mi glande. Mi primo la
pasaba ahora, al igual que yo, desde arriba hacia abajo. Desde la punta del
glande hasta la base del pene. Eran movimientos duros, pero con la ayuda de la
crema, la sensación era solamente placentera y no dolorosa.
Cada vez
aumentaba el ritmo de aquellas pajas. A medida que yo sentía que el debía ir
más rápido en mi verga, yo iba más rápido en la suya. Entonces él entendía y
aceleraba su mano.
Así
continuaron unos instantes bastante calientes, bastante eróticos. Donde ninguno
de los dos hablaba, ambos suspirábamos y exhalábamos. Los únicos sonidos que
escuchábamos eran los de nuestras vergas siendo masturbadas y los de nuestra
respiración fuerte y agitada, que a veces se cortaba cuando cerrábamos la boca
para tragar saliva o para humedecer nuestros labios. El contacto de nuestros
cuerpos nos hacía sentir el calor del otro y esto, al menos para mí, era una
fuente adicional de excitación.
El placer
era enorme. Por instantes cerrábamos los ojos, obligados por la excitación. Yo
sentía placer tanto físico como emocional pues no solamente recibía la paja de
la mano de mi primo sino que, además, la idea de hacerlo llegar a él un
orgasmo, en mi propia mano, me parecía demasiado erótica.
Pronto sentí
que mi cuerpo estaba a punto de rendirse ante los movimientos de la mano de mi
primo. Inmediatamente aceleré para que él también se viniera al mismo tiempo
conmigo. Ahora estábamos en la ultima etapa de una buena paja, cuando las manos
se mueven frenéticamente buscando desesperadamente el orgasmo y el cuerpo se
tensiona totalmente.
Al sentir un
mayor ritmo en su verga, el también aceleró su mano y mi cuerpo empezó a
contraerse más. Tras unos instantes de suspiros y de leves gemidos de los dos,
yo lancé un suspiro más fuerte mientras los gestos de placer en mi cara
reflejaban lo que estaba sucediendo. Mi verga disparó primero un poco de semen
que fue a caer sobre mi cuerpo, para después liberar cada vez más cargas del
líquido. Sin parar de masturbar a mi primo, abri los ojos para ver como me
venía. Cada contracción me hacía sentir un orgasmo enorme y disparaba una nueva
carga de semen. Yo tenía mi boca abierta y suspiraba con intensidad, trataba de
ahogar los gemidos de aquel orgasmo que me producía mi primo. Poco a poco su
mano y mi pelvis se empezaron a llenar de mi semen.
Mi orgasmo
no había terminado y mi primo seguía masturbándome cuando sentí que apretó su
mano en mi verga con más fuerza que antes. En ese momento emitió un gemido que
trató de ahogar e, inclinándose hacía adelante por la intensidad de las
sensaciones, mi primo empezó llegó a su orgasmo. Su verga empezó a lanzar
chorros de semen sin parar.
Mi primo
derramaba una buena cantidad de semen sobre su cuerpo, sobre mi brazo y mi
mano. A juzgar por el volumen de su venida, su excitación fue mayor. Fue
demasiado erótico ver su verga disparar su esencial liquido por muchos
segundos, casi sin parar. Con cada contracción de su cuerpo, yo sentía una
palpitación en su verga y, a continuación, una carga de semen que estallaba en
mi mano y me impregnaba.
Ambos
orgasmos fueron prolongados pues nuestras vergas tomaron un buen tiempo en
descargar todo su semen.
Tras unos
instantes, ambos detuvimos nuestras manos sin soltar nuestras vergas y, nos
relajamos un poco, recostados a la baranda como estábamos.
Ahora más
que antes, sentía el peso de su pierna sobre la mía y el calor que ambas se
irradiaban. Me llegaba también el olor de su semen y el olor de mi semen. Ese
era el testimonio de dos hombres que se habían otorgado placer mutuamente.
Mientras me
recuperaba, volteé a mirar el cuerpo sudoroso de mi primo. Él mantenía los ojos
cerrados, como si aun estuviera reponiéndose de los intensos momentos.
Tras unos
instantes, mi primo soltó mi verga y, con su mano, corrió mi mano para que yo
soltara la suya.
Posteriormente
se levantó de la cama y tomó la toalla con la que antes rodeaba su cintura.
Limpió su brazo, quitándose todo el semen que yo derramé en él. Limpió también
su verga. Después levantó la toalla y me dijo:
Primo: quieres
limpiarte?
Yo estiré la
mano y la recibí mientras observaba a mi primo de pie al lado de la cama, él
tenía una mirada de confusión pero de satisfacción. Su verga perdía su tamaño
rápidamente, sin embargo colgaba grande de su duro cuerpo. La mía aun
continuaba con una notable erección.
Mi primo no
hacía ningún comentario. Solamente estuvo allí parado observándome, observando
la escena, como tratando de digerir lo que habíamos hecho.
Sin decir
absolutamente nada, se encaminó hacia el baño. Vi su espalda un poco sudada y
su hermoso trasero alejarse hasta entrar al baño. Al parecer mi primo se sentía
contrariado. No podía culparlo, no es fácil asimilar que se ha tenido una
experiencia sexual con alguien del mismo género. Para mi, por otro lado, fue una
experiencia demasiado erótica, demasiado intensa. Mi primo se había convertido
en un buen amigo, y los buenos amigos comparten ese tipo de experiencias en su
adolescencia. No una, sino varias veces más.
Fin
Les
agradezco por haber leído mi relato y me gustaría escuchar sus comentarios, los
pueden enviar a esteban986b@yahoo.com
Gracias:
Esteban