UN PIQUE EN EL TRABAJO
Hola, me llamo Luis, soy de Castellón, tengo 25 años y os voy a contar la
historia que cambió mi vida.
Llevo cerca de 4 años trabajando en una Fábrica de muebles, entre de peón y ya
soy jefe de equipo. Me pusieron en la sección de montaje. Allí solo hay chicas,
guapas, feas, de todo tipo. También hay un par de abuelotes de 50 y pico que ya
se jubilarán pronto, que son los que me han enseñado todo lo que sé, y que son
un encanto de personas. Bueno, pues al año de entrar yo empezaron a fichar a más
chicos. Algunos jovencitos, otros más mayores que yo, pero como decían las
chicas, yo era el más guapo, no es por presumir, pero era el único “metrosexual”
de la fábrica. Fueron pasando los años y hace cosa de 8 o 9 meses que entró otro
chico. Este sí que es guapo.
Se llama Tomás, mide 1’80 delgadito pero marcado, pelo corto y castaño, ojos
oscuros y una sonrisa matadora. Cuando entró yo ya era jefe de sección, y le
pusieron a mi cargo. Las chicas le miraban con ojos de deseo, y le silbaban, y a
mí me daba igual, soy gay, aunque nadie allí lo sabe, por motivos de protocolo,
nada más. Bueno, el caso es que las chicas empezaron a hacer porras sobre quién
estaba más bueno de los dos, a quién se tirarían primero, cosas así, y a mí,
dentro de mi homosexualidad, me entró envidia, no porque Tomás se las ligara a
todas, sino por que ya no era el guapo de la fabrica.
Lo dejé pasar, como una nube pasajera, pero algo me reconcomía por dentro. Tomás
me miraba con cara de superioridad, como si me quisiera dejar por debajo de él,
y eso me hundía en la miseria. Llegó un punto que, cuando entré por la mañana a
la fábrica, observé en la pared un papel que ponía:
TOMAS 10 Puntos
LUIS 6 Puntos.
Me puse como un energúmeno. Reuní a todo el mundo en el pasillo central y
pregunté que de quién había sido la idea de hacer quinielas. Marta, la más chula
y presumida del grupo, salió y lo dijo:
Marta: -Asúmelo, Luis, Tomás, quieras o no, te ha quitado el puesto de guapo
Olga: -Además, ¿cuántas veces has aceptado una cita de nosotras?
Marta: -Solo una con Tamara, no pasaron de la cena.
Las risas se generalizaron y los mandé a todos a trabajar. Ángel, uno de los
abuelotes, se me acercó y me dijo:
- Luis, no te preocupes, tú eres bueno en tu trabajo, eres simpático, amable,
educado y respetuoso, lo que piensen los demás no debería importarte.
Me calmé por un instante, hasta que me entró Tomás por la derecha y me dijo, con
algo de sorna:
- Ángel tiene razón, no deberías preocuparte de lo que piensen los demás, sólo
de lo que pienso yo, y, aunque sea malsonante, eres un segundo plato.
Dijo esto y se fue. Ángel me sujetó del brazo y me dijo:
- No merece la pena que eches a perder tu trabajo por ese comentario, déjale, ya
se le bajarán los humos.
Aquel día estuve metido en la garita todo el tiempo. No quería ver a nadie. Sólo
me dediqué a coger el teléfono.
Y así fueron pasando los días, los meses. Me convertí en el segundo plato de la
fábrica, y lo asumí al final. Total, qué me podía suponer, no tener éxito con
las chicas de mi trabajo, ese era mi menor problema. La falta de autoridad es lo
que me reventaba.
Bueno todo eso cambió hace dos jueves, el día 9 de noviembre. El horario de
trabajo era de 2 del mediodía a 10 de la noche. 8 horas seguidas. Todos hacíamos
lo que teníamos que hacer, pero a las 9 menos 10 o cosa así, se fue la luz. La
Fábrica se quedó a oscuras, y yo aproveché para irme al servicio a fumarme un
cigarro. Está prohibido y no debería ser un jefe de equipo al que descubran
fumando en el servicio,.
Entre, me metí en un reservado, cerré la puerta con cerrojo y me encendí el
cigarro. A la tercera calada, alguien abrió la puerta, me asusté, y una voz muy
seca gritó:
-¿Quién está fumando en el baño?-
Me entró pánico, lo apagué, tiré de la cadena y salí como si no fuera conmigo,
para mi sorpresa, era Tomás. Me miró con guasa, lo miré serio. Cerró la puerta y
nos quedamos con la luz de emergencia. La situación era morbosa, si no tenemos
en cuenta que le “odiaba”.
Tomás: - Aquí huele a tabaco.
Yo: - Pues yo no he fumado.
Tomas: - Venga ya, no hay nadie más y no ha entrado nadie hace rato.
Yo: - ¿Me pones en duda?
Tomas: - Demuéstrame que no has sido tú, abre al boca.
Abrí al boca, y me olió el aliento.
Tomás: - Evidentemente, has fumado, voy a avisar a Almudena (Encargada general)
A la que se giró, para irse, paró y me dijo en un susurro:
Tomas: - Aunque, si haces algo por mí, aquí no ha pasado nada.
Yo: - Qué quieres.
Tomas:- (Se giró y se me acerco) Bésame, quiero que me beses, deseo que me
beses.
Yo: - Estás de broma, que quieres que…………
No pude acabar, me besó, me acercó sus labios a los míos y me fundió en un beso
que nunca olvidaré. Me acariciaba de tal manera que no pude resistirlo, me
empujó al reservado y cerró tras de sí. Cerró el cerrojo y me dijo:
- Quiero que por una vez, mandes sobre mí, que seas mi jefe, y que me quieras, o
me desees tanto como yo a ti.
Acto seguido se empezó a desnudar, no podía creer lo que veía. Se quitó la
camiseta, y pude ver ese cuerpo desnudo, un monumento de carne, músculos y muy
poco pelo. Lo acaricie como si mi vida fuera en ello, le desabroche el pantalón,
que cayo por su propio peso al suelo, dejándole solo con un calzoncillo azul
clarito, que intuía un gran pene. Tenía un tatoo de Henna en el pectoral
izquierdo, con unas letras chinas. Se bajo los calzoncillos hasta los tobillos y
en el momento que se pudo de pie, volvió la luz. Observe el cuerpo de ese chico
que tanto odiaba hace media hora, y estaba ahí, desnudo, semierecto y con ojos
de carnero degollado. Me miraba como si me estuviera diciendo, ”te quiero”. Ante
la vuelta de la luz, se empezó a vestir, y le pregunte:
YO: -¿Qué significan esas letras?
Tomas: -Mañana alas 10 cuando salgamos, te lo diré, tu sígueme en tu coche.
Salio y se fue.
Al día siguiente, las miradas que me tiraba eran mas numerosas, pero no de
superioridad, mas bien de te amo, te quiero, estaba loco por aquel chico y no
veia la hora de salir y seguirle.
Sonó la campana y salí como una exhalación de la fabrica. Me estaba esperando en
el coche, y solo me hizo un gesto de ven con el cuello. Y se puso en marcha.
Le seguí, de cerca, con las luces de su coche encendidas solo podía ver eso, su
coche y un camino rural que no acababa nunca. A los 20 kilómetros, se detuvo,
estábamos apartados de la civilización. Apagó sus luces y me hizo un gesto con
la mano para que fuera a su coche.
Cerré el mío y me metí en el suyo. Estaba sin camiseta, con el pantalón bajado y
sin calzoncillos. Le volví a besar, mientras me desnudaba, sus manos me quitaron
toda la ropa antes de que me diera cuenta. Cuando estabos desnudos, me susurró:
-Ahora sobran las palabras, jefe, ya se cual es mi trabajo, y espero hacerlo
bien.
Agacho su cabeza y empezó a besarme la polla. No la tengo muy grande, pero el la
besaba como si fuera la mejor, me hico disfrutar como nadie lo había hecho
nunca.
Yo: - Voy a correrme
Tomas: - Hazlo, llevo esperando esto desde que me pusieron a tu cargo
Me corri. Del todo, llevaba mucho sin masturbarme y mas sin tener sexo, pero no
puso reparos y trago todo lo que pude darle.
Cuando acabe, me dijo:
-Creo que no lo he hecho bien, tal vez podrías enseñarme a hacerlo mejor.
(Señalo su polla, dura como una piedra y grande como un camión)
Me agache y le hice la mejor mamada que le he hecho a nadie, le comí la polla,
los huevos, el culo, todo lo que tenia a mi alcance.
Se corrió y también me lo trague.. Nos vestimos y nos fuimos cada uno a su casa.
Al Lunes siguiente se presento con un anillo de plata, y se me declaro, para
asombro de todas las chicas de la fabrica. Y ahora somos novios formales.
Simplemente, le quiero mas que a mi vida.
Ya os contare.
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