TARDE OTOÑAL EN LA PISCINA

 

 

            Era una tarde otoñal en la que yo estaba en casa sin saber qué hacer, así que después de pasar un rato aburridillo se me ocurrió irme a darme un chapuzón a las piscinas municipales. Bajé de casa, cogí el coche y me dirigí hacia las piscinas. A mi siempre me ha gustado nadar, pero además hay otra razón por la que me gusta la piscina: los vestuarios y las duchas corridas, obviamente sabrán por qué.

 

            Cuando llegué, pagué la entrada y me dirigí a los vestuarios masculinos. Según entré ya notaba el vaho de las duchas, lo cual ya casi me excitaba, y justo después llegué a la zona del vestuario colectivo. No podía creer lo que estaba viendo, acababan de llegar un grupo de unos seis o siete amigos que estaban empezando a cambiarse de ropa. Yo me senté en un banco estratégico para poder verles a todos disimuladamente mientras se cambiaban. Aparentaban tener unos diecinueve o veinte años. Tenían cuerpos musculosos, se notaba que practicaban la natación con frecuencia. Se iban quitando la ropa mientras hablaban entre ellos. Podía ver como se quitaban la camiseta y dejaban su pecho al descubierto, me encantaba ver aquello. Después vi  como el primero se desabrochaba los pantalones y se los bajaba. Llevaba unos calzoncillos ajustados que le marcaban un paquete perfecto. Poco a poco iban haciendo todos lo mismo hasta que se quedaron en calzoncillos y empezaron a guardar la ropa que se habían quitado en las bolsas de deporte y sacaron el bañador. Yo, intentando tardar lo más posible en cambiarme para no perderme nada de ese espectáculo, les miraba disimuladamente, pero con ansiedad, deseando arrancarles los calzoncillos con los dientes. Al poco tiempo vi que empezaban a bajarse los calzoncillos y dejaban ver sus maravillosas pollas que yo deseaba comerme. Intenté reducir al máximo el tiempo en el que yo estuve desnudo para que no se dieran cuenta de mi erección. Al fin se pusieron los bañadores y fueron hacia las piscinas, cosa que yo también hice. Según estaba yendo me di cuenta de otro chico joven que estaba en el vestuario. Como sólo me estaba fijando en los de antes, ni me había dado cuenta de que éste también estaba. En ese momento me asusté porque seguramente me habría visto como me fijaba en los cuerpos de los otros chicos, y seguramente se habría dado cuenta de que estaba empalmado. Cuando salía del vestuario noté que se me quedó mirando, por lo tanto, lo que había supuesto era cierto. Estaba avergonzado, seguramente él fuera de esas personas que desprecia a los gays, pero también pensé en que él podría también serlo, y que se habría fijado en mi. No le di más importancia al asunto y llegué a la piscina, me metí y comencé a nadar. Al principio no había ningún contratiempo, pero de repente, según iba nadando me di cuenta de que el chico que se me había quedado mirando estaba nadando justo en la calle de mi lado a la par que yo. Seguía nadando y mientras pensaba: si él no fuera gay no creo que se acercara a mí, normalmente la gente hace eso, aunque la verdad, no sé por qué, porque los gays no mordemos. Total, que cuando me cansé de nadar, salí del agua y fui hacia las duchas. Hay dos tipos de duchas, individuales y colectivas. Yo, por supuesto, fui a las colectivas a ver si había alguien más a quien poder echarle el ojo, pero justo en ese momento no había nadie. Comencé a ducharme, me quité el bañador mirando hacia la pared, y según me di la vuelta vi que llegaba el chico de antes. No podía creerlo. Se puso en la ducha de al lado mío, se quedó en pelotas y comenzó a ducharse. Yo no me atrevía a decir nada, soy muy tímido, pero él me comentó: “estaba buena el agua de la piscina ¿eh?”, y yo dije: “sí”. Según le contestaba me fijé en su cuerpo y me encantó. Tenía un cuerpo bien formado, estaba moreno y no se le notaba la marca del bañador, y tenía una polla inmensa y preciosa. Seguíamos duchándonos y de repente noté que me tocó el culo. Casi me estalla el corazón. Yo no hice nada y él seguía. Ya le miré y le sonreí. Él me tocó con las dos manos y ya le toqué yo también. Comenzamos a empalmarnos de repente y en un momento teníamos las pollas durísimas. Sin mediar palabra nos abrazamos y nos tocamos todo lo que podíamos.  Él tenía mi polla en sus manos y comenzó a pajearme, a lo que yo respondí haciéndole a él lo mismo. Pensé: “y si alguien llegara y nos viera”, se lo dije y él me dijo que nos diéramos prisa, así no habría problema. En ese momento me lancé hacia sus huevos y se los chupé por todos los sitios. Me encantaba saborearlos. Empecé a mamarle la polla con voracidad hasta que noté en mi boca toda su leche caliente. Eso me puso a mil y pocos segundos después  me corrí yo también con ayuda de que él me la estaba meneando. Cuando terminamos le dije: “tengo el choche ahí fuera, si quieres podemos ir a algún sitio apartado de la ciudad a lo que surja...” Me contestó que él vivía sólo, así que podíamos ir a su casa. Era fantástico. Nos vestimos lo mas deprisa que pudimos y nos dirigimos hacia su casa. Una vez que llegamos la verdad es que ya estábamos bastante calientes con lo que habíamos ido hablando en el coche, así que no perdimos el tiempo. Según entramos en su casa comenzamos a besarnos y así fuimos hasta su habitación, donde nos tiramos en la cama y nos quitamos la ropa el uno al otro. Al poco tiempo estábamos desnudos ahí, encima de su cama y nos estábamos besando y acariciándonos todo nuestro cuerpo. Sentí que su mano se llegaba hacia mi culo. Uno de sus dedos me acariciaba el ano y al poco tiempo se lo chupó para lubricarlo y poder metérmelo sin dificultad. Así lo hizo, primero un dedo, después dos, en incluso cuando ya estaba bien dilatado, los tres. Le dije: “bueno creo que ya es hora de que metas otra cosa ¿no?”. Él me cogió las piernas, las apoyó en sus hombros y comenzó a penetrarme. Primero entró sólo su capullo, después apretó un poco más y entró toda su polla hasta que sentí sus huevos y sus pelos en mis nalgas. Yo me moría de gusto. Empezó a dar para adelante y para atrás haciéndome sentir el mayor placer de mi vida. No quería que se acabase nunca, así que le dije: “para, no te corras tan pronto”. Sacó la polla de mi culo y le di la mía para que la mamara un poco y la lubricará y después empecé yo a penetrarle. Mientras tanto oía sus gemidos de placer, lo cual me excitó tanto que de repente me corrí dentro de él y me lancé hacia su polla para comérmela, pero me dijo que me esperase, que ahora le tocaba a él y me la volvió a meter por el culo y me estuvo dando bien deprisa sin parar hasta que noté toda su leche caliente dentro de mi culo. Nos quedamos un rato tumbados en su cama y ya me di cuenta de que  era la hora de irme, pero nos dimos los teléfonos y quedamos para otro día. A partir de entonces quedamos con bastante frecuencia en su casa para entretenernos un ratillo, no está mal.

 

 

            Esta historia es pura ficción, pero si te gustan este tipo de fantasías, y quieres contactar conmigo: jlsg@terra.es