Extraños placeres

(Una nueva forma de amar II)

 

Erik, se te va hacer tarde!.- Grito mi madre, sin abrir la puerta de mí recamara.

Han pasado casi 11 meses desde que mis gustos sexuales cambiaron.

Diego y yo mantuvimos un romance de casi cuatro meses, pero por situaciones difíciles e incómodas de explicar en este momento, tuvimos que terminar.

Ya sé, están intrigados por qué terminamos; si es que nos amábamos tanto. Pero honestamente creo que entre los homosexuales o mejor dicho entre los bisexuales no hay amor genuino; solo pasión, deseo y lujuria. Bueno eso lo creo yo. Diego empezó a salir con una chavita de la escuela, y aunque quedé con el corazón destrozado, no soy de esos que se sientan a contemplar su tragedia. Cuando me enteré decidí terminar con él, aunque me armó un par de panchos. Pero soy de convicciones firmes, y si alguien se va a acostar conmigo, es porque yo quiero que sea así. Cuando me entregué a él, yo deseaba hacerlo, él me encantaba; y bueno, fue el chavo que me permitió conocer esta nueva forma de amar. Después que terminamos tuvimos un par de encuentros, pero ya no fue lo mismo.

Pero dejémonos de pendejadas mamonas y cursis, y déjenme platicarles quién fue el siguiente chico con el que tuve un affair.

Mi mamá me prestaba su carro los jueves y los viernes para ir a la escuela; y hoy era jueves, así que no viajaría en taxi. Me tomé mi tiempo para arreglarme y partir a la escuela. Hoy era un día especial en la escuela. Pues a partir de este día, y hasta el viernes de la siguiente semana, se vivirían las mini olimpiadas. Venían chicos de varias ciudades del país, y de otros países. Eran una fiesta o mejor dicho un total desmadre.

Lógicamente nadie tomaba en serio las clases en estos días, todos queríamos estar presentes en las competencias.

Pero este día en particular era la recepción de los chicos foráneos, para ser acomodados en las casas de los estudiantes. Esto no era opcional, a huevo tenías que darle posada al menos a un chavo o chava. Esto en realidad no me llamaba mucho la atención. Pues no me gustaba la idea de compartir mi recámara con un extraño, y más si estaba feo el cabrón, o le apestaban las patas, o roncaba. Pero en fin, esto era así y no había de otra.

Mi look había cambiado, lucía un corte de pelo especial; o mejor dicho prácticamente me rapé, bueno en realidad no quedé completamente pelón, pero sí con el pelo muy corto. Dejé los jeans y los cambié por bermudas muy flojas, dejé los bikinis de licra y los cambié por boxers de algodón. El arete me lo quitaba en la clase, para que los maestros no jodieran. Unos lentes oscuros y mi cigarro. Esa era mi nueva forma de vestirme, y demostrarle al mundo que era libre.

Corría el segundo mes de mi primer semestre en prepa. Mi escuela, una de las más chingonas de México.

Llegué al colegio al diez para la siete y me dirigí al comedor, había decidido no tomar la primera clase, quería echar desmadre en la cafeta.

El día pasó sin más ni más, pero justo a las doce del día, me mandaron hablar de la dirección.

La coordinadora me recibió con una gran sonrisa. "Estimado Erik, queremos agradecerle a tus padres y sobre todo a ti, la cordialidad y hospitalidad para recibir a uno de los chicos foráneos". Brevemente me explicó mis obligaciones, y lo que este chico no podía hacer en casa. Cosas como llamar a larga distancia por cobrar, etc.

"El joven que te tocó se llama Vanyo, tiene 17 años, y es del equipo de basquet bol de Puerto Rico".

Va... qué se llama?. - Exclame sorprendido.

"Vanyo". Replicó con enfado. La coordinadora le habló a su asistente y le dijo: "háblele al chico de Puerto Rico, que se quedará con Erik"

La asistente se tardó poco más de cinco minutos en regresar, mientras la coordinadora hablaba como perico.

De repente, quedé petrificado, apendejado. Con la boca abierta.

Por la puerta entró un chavo alto, 1.88 de altura (bueno eso me dijo él que medía), moreno, no negro, pero sí muy moreno. Una cara sensacional. Estaba rapado y tenia los ojos verdes. Imagínense a un tipo de estas características. Un cuerpo fuerte, atlético, muy bien definido. Y aunque se veía imponente, tenía cara de adolescente, rebelde y de un carácter de la mierda, al fin adolescente. Pregúntenme a mí. En ocasiones ni yo mismo me soporto.

Llegó hablándole en ingles a la coordinadora. Y yo pensé "pinche, negro mamón, sino es gringo".

Después de una pequeña presentación, me puse de acuerdo con él para recogerlo en la cafetería al final de clase.

He de confesarles que ni por la mente me pasó tener algo que ver con él. Lo tomé muy normal, el tipo me impresionó, pero no me llamó la atención para otra cosa.

Llegamos a casa, y ya saben, mi madre lo cuestionó con mil preguntas. Hasta que por fin lo pude llevar a la recámara para que se instalara.

Pasó el jueves, el viernes, el sábado sin novedad. Yo solo iba a los partidos, pues no pertenecía a ninguna disciplina. Me da hueva el deporte. Además creo que no tengo cuerpo para eso. Me encanta el fútbol, pero no lo practico. Pues qué futuro puede tener un chico sin facultades deportivas, sólo con una carita de niña precoz.

El domingo era día libre, y era obligación de los chavos extranjeros convivir todo este día con sus anfitriones. Mis padres desde un día antes nos mandaron a la chingada. Así que yo tenía que planear algo. Decidí que cuando nos despertáramos desayunáramos y nos fuéramos a Six Flags, un parque de diversiones, aquí en la ciudad.

Vanyo dormía en un sofá cama que hay en mi recamara enfrente de mi cama. Ese día me desperté temprano, y lo estuve mirando. Cual fue mi sorpresa que mientras yo lo observaba, puede darme cuenta de que algo no andaba bien debajo de sus shorts. Un inmenso bulto sobresalía de su cuerpo en reposo.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Empecé a sudar frío.

"Deja de pensar marranadas", me dije en silencio.

Vanyo, unos quince minutos después se enderezó y me miró, como para corroborar que yo estuviera dormido. Yo le hice creer que lo estaba. Se enderezó con cuidado, tratando de cubrir su erección. Casi corrió al baño. Yo solo me sonreí. Momentos después, ya relajado y orinado regresó y me habló.

"Oye Erik, vamos a salir o nos quedaremos aquí todo el día?". Inmediatamente, como evitando un mal pensamiento, le dije: "sí, vamos a salir".

Desayunamos, nos preparamos y nos fuimos al centro de diversiones. Nos divertimos de lo lindo. Y tuvimos tiempo para platicar. Hablamos de muchas cosas, pero él enfatizó el tema de la sexualidad. Todo iba muy bien, cuando de repente me soltó la pregunta del millón: "¿tú lo harías con un chico?" Lo miré detenidamente unos segundos. Y él solo contestó: "Si el chico con quien lo haría, fueras tu, yo diría inmediatamente que sí".

La sangre se me heló y me puse pálido. Pero inmediatamente rectificó y exclamó; "¡Es broma!"

Seguimos nuestro recorrido, y cerca de las cinco de la tarde optamos por regresar a la casa.

Mis padres aun no regresaban. Fuimos a mí recamara. Yo me tiré en la cama, estaba molido. Él se metió a bañar, me dijo que un buen baño relaja el cuerpo. Después de unos veinte minutos salió, cubierto por una toalla ¡oh Dios qué cuerpo! Se podría definir como perfecto. Cada músculo marcado, sin exageración.

Instintivamente le pregunté si lo de hacer el amor conmigo era en realidad broma o era en serio.

Él volteó demasiado serio; "¿Tú qué crees?"

Qué dije, ya la regué... Pensé rápidamente.

"¿Quieres coger conmigo?" Me preguntó con su acento puertorriqueño, comiéndose la  “r”, haciendo una mueca de enfado y desgano.

"Creo... que sí". Titubeé al declararlo entre dientes.

"Eso es todo?". ¡Exclamó con alegría!

Me tomó de las manos y me puso de pie. En realidad soy demasiado pequeño para él. Así que me cargó y me subió en la cama.

Nos vimos frente a frente y dijo: "Nunca me equivoco, desde que te vi, supe que lo haría contigo".

No besamos. ¡Que beso! Mis piernas perdieron el control. Su boca lamió todo mi cuello. Me costaba trabajo continuar de pie. Sus brazos fuertes me apretujaban fuerte. Sus duras y ásperas manos recorrieron todo mi cuerpo. Me quitó la camisa, la bermuda, el boxer, todo lo hizo rápidamente. Mi pene se veía una mugre cuando su mano lo tomó para acariciarlo. Después de tocarlo, mirarlo, sentirlo; lo metió en su boca. Lo mamo todo. Lamió mis huevos, metiéndolos en su boca. Era muy tosco, pero me encantaba. Nos empezamos de nuevo a besar. Nos fundimos en un abrazo.

Ya los dos estábamos desnudos. Entonces me susurro al oído; "Erik mámamela".

Él se puso boca arriba e inmediatamente busqué su pene, que descansaba bajo la toalla.

"¿Qué es eso?" Dije en silencio, mientras contemplaba inmenso miembro.

"Chúpamelo con una chingada, que me quemo de lo caliente que estoy!". Exclamó desesperado.

Esto era realmente grande. Y quiero recalcar que esto no es mentira, no tengo por qué mentir. Era grande, muy grande. Cuanto no lo sé. Solo sé que era tan grande como plátano. Y no sólo eso, era grueso, muy grueso. Y no solo eso, era negro, muy negro. Estaba flácido, pero tenia un peso y una textura apetecible. Abrí mi boca, y pase mi lengua delicadamente por su cabeza. Él, al sentir esto, gimió. En realidad no sabia por donde empezar. Su miembro era asombroso para mí. En si, la arquitectura de su cuerpo era impresionante. Definitivamente lo que más me atraía después de su pene, era sus vellos. Completamente enraizados. Eran como pequeños mechones enraizados y gruesos, lo que le daba un aire primitivo. Sus vellos me raspaban, pero esto me excitaba. Yo seguí lentamente lamiendo su verga, hasta que fue tomando volumen. Yo creí que eran mamadas eso de que existieran vergas grandes, pero esta definitivamente no era pequeña. Yo me sentía como niña con paleta nueva. Aunque he de confesar que lo mío no es mamar, pero intento dar lo mejor de mí. Quizá sea la falta de experiencia.

Mientras yo intentaba chupar esa cosa. Él me acariciaba el culo. Era chistoso, pues yo me veía pequeño a su lado, el espejo de mi buró, era testigo de lo pequeño y frágil que yo me veía. Él acerco mis nalgas a su cara, mientras yo medio nervioso, medio asqueado le mamaba esa cosa inmensa. De repente la respiración se me empezó a ir, cuando él metió su lengua en mi ano.

Con voz entrecortada, exclamé: Vanyo, no.

Él no se contuvo y siguió haciéndolo.  Te sabe rico el chiquito. Y me lo quiero comer todo. Aseguro con una voz maliciosa.

Pude sentir como su lengua se enredaba con mis finos vellos. Su lengua giraba en círculos, alrededor de mi culo, y después la metía con fuerza. Las orejas me ardían, el calor se agolpaba en mi cabeza. Mi fuerzas cedían ante tal agobio. Deje de intentar mamársela. No me podía controlar. 

Creo que estas listo, para lo que sigue. Dijo aseverando. Su voz, medio de hombre medio de niño, me prendía más. Con gran habilidad, me movió y me ajusto fuerte a su cuerpo. Otra vez estábamos frente a frente.

- Nunca vas olvidar este día. - Me dijo con tono cachondo.

- Tú tampoco, - le contesté. - Nunca has tenido un culo como el mío.

Tienes razón, - dijo con sinceridad.

- Quieres que te de lubricante?. Le dije con la voz entrecortada.

- No es necesario, la saliva es la mejor lubricante que existe.

- Erik, eres virgen?

Con voz de niñita, le dije: - Nunca lo he hecho con un hombre.

- Entonces tienes que cooperar, pues al principio duele un poco.

- Vale, que si duele. - Cerré mis ojos mientras que él me volteaba boca abajo y acomodaba una almohada a la altura de mi pubis.

Ya boca abajo, se acercó a mi cuello para lamerlo, mientras que su cuerpo sudado apretaba y sofocaba mi cuerpo. Su palo, lo sentí doblado a la altura de mi culo. ¡oh Dios, qué grande es eso! Él seguía lamiendo toda mi espalda, hasta que sus manos separaron mi culo, y volví a sentir su lengua y su aliento jugar en mi ano. Sentía como embarraba saliva en mi culo. Yo me arquee, para disfrutar más. Después de unos minutos así. Vanyo se separo. Y pensé, ahora sí, ahí viene el asunto. Y dicho y hecho, Vanyo acomodó mi cuerpo sobre la almohada, para que mi culo quedara en posición. Después empezó a rozar con su verga mi culo. Cuando hizo esto volteé al espejo a ver. ¡Guau! Qué grande es eso.

Vanyo por unos segundos jugó con su verga en mi culo, como para que se pusiera dura. Y como no, pues para llenar esa madre se necesitaba mas de dos litros de sangre. Después de unos segundos de larga espera, empezó el doloroso placer. Su pene empezó a luchar por entrar. ¿Otra vez este terrible dolor? Pensé.

Que pinche, culero, gacho, puto dolor. Pero qué rico se siente cuando la sientes adentro. Después de unos 5 minutos ya había entrado algo. Y Vanyo ya se podía mover. Esto era suficiente para mí. Pero Vanyo no se limitó con esto. Metió todo lo que pudo. Y se movía de una manera espectacular, dando giros, como si bailara. Les mentiría si les dijera que no me dolía. Me dolía de a madres, pero como buen “macho” me aguanté. Ya con su pene adentro, Vanyo me susurraba en el oído. Me dijo un chorro de cosas. Acercaba su lengua a mi boca, y jugueteaba con la mía. Qué lindo momento.

- Quieres probar otra posición? - Me dijo con tono de preocupación. - Quiero que lo disfrutes tanto como yo lo estoy disfrutando.

Sí, - le conteste.

Él no me preguntó cuál posición, solo sacó ese monstruo, y yo me volteé boca arriba, me acomodé arriba de la almohada, él colocó otra. Levanté mis piernas, invitándolo a que me siguiera penetrando. Él entendió mi invitación, y levantó mi culo, para poder meter su falo. Ahora me dolió menos, esta posición me permitía verlo a la cara, y poder ver y sentir sus reacciones. Mientras me la metía sin compasión, y yo no dejaba de quejarme del dolor. Él me lamía los dedos de los pies.

Cien mete saca le contabilicé en un minuto, pues no me quedaba otra que ver el reloj digital que quedaba frente a mí, por un costado. He de confesar que cuando me acosté con Diego, nunca duramos mas de 20 minutos cogiendo, sólo la primera vez, que duramos más o menos unos 40 minutos. Pero ahora, llevaba mas de cuarenta minutos, y mi atlético amante no se cansaba. El dolor para este tiempo casi había desaparecido, y esto provocó que me moviera más frenéticamente buscando placer. De repente Vanyo me jaló, o mejor dicho me cargó, sin dejar de moverse. Él quedó de rodillas, y yo quedé literalmente ensartado en él. Ensartado en su verga, y entre su cuerpo. Qué posición tan chingona. Pero esta posición se la recomiendo a aquellos que tienen amantes mamados, pues se necesita de mucha resistencia para no perder el control. También es una posición un poco dolorosa cuando estás cogiendo con un chavo con un pene grande, pues la penetración se hace más completa, pues literalmente te sientas en él, con las piernas abiertas. Vanyo no dejaba de moverse rápidamente, yo no dejaba de gemir, abrazado a su cuerpo. Yo me apreté fuerte a él. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero fue un buen rato. El ritmo se empezó a acabar. Vanyo estaba llegando a su fin, y yo no tenia fin, pues me seguía moviendo con violencia, sintiendo el inmenso placer que todo mi cuerpo sentía, sobre todo mis entrañas.

- Déjame recargarme, - me suplicó Vanyo, con el cuerpo lleno de sudor.

Ya que él se acomodó, yo me acomodé de nuevo, Vanyo ahora si ya no podía moverse. - Estoy chingado - exclamó tomando aire. Yo acomodé su pene en mi culo, quedé montado en ese precioso caballo azabache. Me empecé a mover, acariciando mi verga, que se puso tiesa luego. No duré más de tres minutos, cuando exploté. Casi grito. Mientras Vanyo tocaba todo mi cuerpo y quedaba embarrado de mi semen, el cual lamí, de su cuerpo. Mi cuerpo fue perdiendo fuerza, y el dolor regresó a mi culo. Así que como pude saqué su verga, sintiendo un gran alivio.

Entonces Vanyo, me susurró de nuevo. - Erik, mámamela. - Me acomodé rápido, y tomé su verga con mis pequeñas manos, y metí su cabeza en mi boca. Sabía a mier..., pero no pude refutar, si sabia así, era porque así lo tenia yo, y él me lo mamó, sin reparar. Él, mientras yo le mamaba el glande, que era lo único que se me acomodaba en mi boca, se empezó a masturbar. No pasó mucho cuando un chorro golpeó mi boca, mi nariz, mis ojos, y literalmente me bañó.

¿De dónde sacó tanto este loco? Pensé, mientras podía ver, como si fuera en cámara lenta, sus trallazos de leche saliendo de su verga.

Quedó como muerto. Yo quedé arriba de él, suspirando lentamente, mientras que sus manos recorrían mi espalda y mis nalgas acariciándolas.

Me quedé dormido en esa posición un buen tiempo, él también. Ni siquiera nos movimos.

Me desperté abruptamente cuando mi mamá tocó la puerta de mi recamara.

- Erik estás aquí?

- Sí mamá, pero no grites pues Vanyo está dormido.

- Perdón. Bueno que pases buenas noches.

- Igualmente, Ma...

Cuando volví mi rostro a Vanyo, él ya estaba despierto, y con sonrisa me dijo; "Qué pedote se nos hubiera armado si nos encuentra así".

- Cállate, cabrón, me matan.

Me recosté a su lado, quedando recargado a su cuerpo.

- Nunca lo había hecho así. - Dijo con tono serio.

- Vanyo eres gay? - Le pregunte inquisidor.

- Bueno, no exactamente. Mas bien creo que soy bi.

- No te entiendo. - Le repliqué con atención.

- Normalmente ando con chicas, pero he conocido un par de chicos, que tampoco son gay, sino chavos que les gusta experimentar cosas nuevas y sentir esos extraños placeres, de disfrutar el sexo de dos maneras. Como tú. - Terminó la explicación.

- ¿Quieres bañarte, estamos muy sudados? - Me dijo en tono amable

- Y apestosos, - dije riéndome.

Él se levantó primero y se dirigió al baño, mientras que yo lo seguí con la mirada.

No te entiendo Erik, lo haces de la manera mas tosca y burda con un chavo afroamericano, y ni siquiera sientes amor por él. - Pensé mientras lo miraba como se metía al baño.

Vanyo se paró en la puerta y me dijo: - Vienes ya o cierro la puerta. - Rápido corrí con él, y lo abracé y nos besamos. Mientras él cerro la puerta del baño.

Ese baño fue toda una experiencia, él me talló todo mi cuerpo con jabón. Yo también lo hice.

- Sabes, tienes el culo más lindo que le he visto a un chavo. Paradito, duro, bien formado. Además tus pelillos en el chiquito le dan un aire atractivo muy especial y excitante. Que te provoca lamerlos y acariciarlos con la lengua. - Esto me lo dijo mientras su mano lavaba mi culo, repleto de jabón.

Ya que terminó de jugar con mi culo, yo me dirigí a su verga, que estaba flácida.

- Sabes, nunca había visto una verga tan grande y negra.

- Los negros tenemos las vergas más grandes, - dijo cínico.

Me incliné para quedar cerca de ella, la acaricié lentamente, lavándola con jabón. - Está muy bonita, pero se ve más bonita enmarcada por esos pelos que tienes.

- Están chingones mis chinos. Quiero pintármelos güeros. Se va a ver chingona mi verga.

Pese a lo grande que era su verga, sus huevos se veían muy normales, los agarré con cuidado, les eché agua y lentamente los metí en mi boca. Así estuve unos segundos, cuando me di cuenta que el palo, estaba parado y Vanyo me miraba con lujuria. Me puso de pie, se agachó a mi oído, quiero cogerte aquí. No vayas a gritar, porque entonces si nos lleva la puta chingada.

Me puse de pie, pero él literalmente me cargó, yo con mis piernas le rodeé la cintura. Él me recargó en la pared. Mientras con dificultad movía su pene. Su boca y mi boca, se abrieron y traspasaron saliva, mientras el agua golpeaba nuestro cuerpo. Su pene rozaba mi culo, pero aunque Vanyo intentaba meterlo, lo reseco del jabón impedía la penetración. Ya excitados los dos, y con la voz entrecortada. Le dije a Vanyo "echa enjuague para el pelo". "Pero te va a irritar". "Me vale madre, que me raspe, como es crema va a facilitar que me la metas". Con toda la dificultad que fue untarme el culo con enjuague para el pelo, ahí estábamos Vanyo y yo como dos enfermos mentales y del sexo, tratando de coger de la manera mas complicada que existe para dos hombres.

Mientras yo lamía la lengua de Vanyo con frenesí, sentí como el palo de Vanyo se abría paso, de manera triunfal en mi culo, lubricado con enjuague para el pelo.

Por primera vez le di gracias a la vida, por haberme enviado a Vanyo, para que me cogiera de esta manera. No duramos mucho así, pero fue tiempo suficiente para sentir rico. Vanyo me bajo, e increíblemente me pidió algo que no esperaba hacer. Lámeme el culo, por favor. El se volteo y por primera vez vi su culo. Era muy grande. Su ano, en vez de rosita era negro, con rizados y abundantes vellos. Cerré mis ojos, y metí mi lengua entre tanto pelo. Mientras me masturbaba, y el también se masturbaba.

Un pequeño gemido me permitió enterarme que el ya había terminado. Yo seguí lamiendo su coño, mientras me la jalaba, hasta que me vine.

Esa noche dormimos juntos y desnudos.

Los días siguientes fueron como al principio. Casi ni hablábamos. Mucho menos sexo. El lunes Vanyo jugo de la chingada, lo que provoco que el entrenador le pusiera una cagada gacha.

Yo creí que esto había sido todo, sexo de una noche. No saben como me contuve para no buscar a Vanyo y coger con el.

Llego el viernes, era el día que partiría, ya se había llevado su maleta de mi casa. Pues aunque ese día jugaba un partido, el que definía el tercer lugar, ya no regresaría a casa. Eso me tenia triste y melancólico.

Vanyo dio un gran partido, encesto 32 canastas y provoco que su equipo ganara el tercer lugar de este mini torneo.

Apunto estaba de irme, cuando le oí gritar. Erik, amigo, no te vayas aun. Acompáñame. Me paso el brazo por la espalda y me abrazo tiernamente. En eso pase frente a Diego, que con cara de pendejo y celoso me miraba el cabron. Tiempo después le platicaría todo lo que hicimos Vanyo y yo.

Sudaste mucho, le dije nervioso.

En este juego siempre terminas mojado.

Ya que quedamos solos, me dijo: Muchas gracias por todo. Me la pase muy bien contigo, créeme que nunca te voy a olvidar, menos lo de la noche del domingo, fue extraordinaria para mi. Espero que no sea la ultima vez que nos veamos.

En mi mente buscaba donde podía despedirme como deseaba hacerlo, quería besarlo, aunque tenia esperanzas de que lo volvería a ver, era casi imposible. Mientras lo miraba con atención, me acorde de un lugar, que estaba seguro era el idóneo para la despedida.

Con tono firme y seguro le dije: Sígueme.

Cruzamos toda la escuela. Adonde vamos, es tarde y debo de darme una ducha, antes de irme al aeropuerto. Exclamo preocupado

No nos tardaremos mucho. Llegamos a un pequeño cuarto, donde guardaban papel periódico, que mi escuela recogía semanalmente para venderlo y de esta manera ayudar a los niños de la calle. Gracias a Dios la puerta estaba abierta. Así rápido y con precaución nos metimos.

Vanyo; me estire como pude para abrazarlo que bueno que te conocí, lo que hice contigo jamas lo olvidare.

Realmente estaba mojado, pero esto no me importaba. Me agache y le baje sus bermudas de juego, y quedo su verga ahí. No lo pense y la mame con delicadeza. Vanyo se movió ligeramente excitado por el hecho. Su sabor, era a sal y sudor. Su cabeza sabia a aluminio, un sabor muy extraño. Ya que su pene tomo tamaño, me puse de pie y lo bese.

Cógeme por favor, por ultima vez. Vanyo sonrío complaciente.

Me abrí la bermuda  y me la baje junto con el boxer color azul.

Vanyo exclamo extasiado. Que lindo culo tienes, como fui pendejo y no me lo comí todos los días.

Rápido se agacho y lo lamió un par de minutos. Yo me había quitado la camisa y las bermudas las tenia a las rodillas.

Por fin termino de lamer. Se puso de pie, yo abrí mis piernas y me incline, recargándome de frente en una mesa. Vanyo acomodo mi culo bien, y lentamente me penetro. Hay, que dolor, pero... que rico en realidad se siente. Vanyo la metió toda, completamente toda. El movimiento fue frenético, a la vez yo me masturbaba. Fueron no más de cinco minutos de mete saca. Al final pude sentir por primera vez, como Vanyo expulsaba su semen con fuerza dentro de mí. Es una sensación extraña pero muy satisfactoria. En este momento yo también me vine con fuerza. Todavía Vanyo se movió un poco más. Mientras terminaba de expulsar su leche.

Me voltee, y lo bese nuevamente y le dije: Gracias Vanyo.

Gracias a ti Erik. Exclamo con cierto aire nostálgico

Lentamente le quite su playera de juego, la cual estaba mojada. Me la puse, me acomode mis bermudas y me salí de aquel cuarto, sin voltear. Camine cruzando todo el patio, dirigiéndome al estacionamiento. No volví a mirar atrás, sabia que Vanyo me miraba, y no quería verlo, para no extrañarlo. Saque un cigarro, lo encendí, y lo fume mientras llegue al carro. Ahí me recargue unos minutos, mientras lo terminaba. Bueno creo que fue todo, susurre entre labios.

 

Me gustaría que me dijeras cual relato de los dos que he escrito te han gustado más. Si este o el de Una nueva forma de amar.

Además si me animas prometo contarte lo que me sucedió con un chavo que es empleado de mi papá. Él tiene 24 años y es el chico mas lindo y tierno que conozco. El problema, es casado. Y precisamente tuvimos sexo, el día que su hija nació. Esa es la ultima anécdota que tengo que contar, pero solo lo haré, si me animan. Recuerden que todo lo que les he compartido es totalmente real, y he procurado ser un buen narrador de los hechos, tratando de no exagerarle mucho.

daryl@correoweb.com