Erik,
se te va hacer tarde!.- Grito mi madre, sin abrir la puerta de mí recamara.
Han
pasado casi 11 meses desde que mis gustos sexuales cambiaron.
Diego
y yo mantuvimos un romance de casi cuatro meses, pero por situaciones difíciles
e incómodas de explicar en este momento, tuvimos que terminar.
Ya
sé, están intrigados por qué terminamos; si es que nos amábamos tanto. Pero
honestamente creo que entre los homosexuales o mejor dicho entre los bisexuales
no hay amor genuino; solo pasión, deseo y lujuria. Bueno eso lo creo yo. Diego
empezó a salir con una chavita de la escuela, y aunque quedé con el corazón
destrozado, no soy de esos que se sientan a contemplar su tragedia. Cuando me
enteré decidí terminar con él, aunque me armó un par de panchos. Pero soy de
convicciones firmes, y si alguien se va a acostar conmigo, es porque yo quiero
que sea así. Cuando me entregué a él, yo deseaba hacerlo, él me encantaba; y
bueno, fue el chavo que me permitió conocer esta nueva forma de amar. Después
que terminamos tuvimos un par de encuentros, pero ya no fue lo mismo.
Pero
dejémonos de pendejadas mamonas y cursis, y déjenme platicarles quién fue el
siguiente chico con el que tuve un affair.
Mi
mamá me prestaba su carro los jueves y los viernes para ir a la escuela; y hoy
era jueves, así que no viajaría en taxi. Me tomé mi tiempo para arreglarme y
partir a la escuela. Hoy era un día especial en la escuela. Pues a partir de
este día, y hasta el viernes de la siguiente semana, se vivirían las mini
olimpiadas. Venían chicos de varias ciudades del país, y de otros países.
Eran una fiesta o mejor dicho un total desmadre.
Lógicamente
nadie tomaba en serio las clases en estos días, todos queríamos estar
presentes en las competencias.
Pero
este día en particular era la recepción de los chicos foráneos, para ser
acomodados en las casas de los estudiantes. Esto no era opcional, a huevo tenías
que darle posada al menos a un chavo o chava. Esto en realidad no me llamaba
mucho la atención. Pues no me gustaba la idea de compartir mi recámara con un
extraño, y más si estaba feo el cabrón, o le apestaban las patas, o roncaba.
Pero en fin, esto era así y no había de otra.
Mi
look había cambiado, lucía un corte de pelo especial; o mejor dicho prácticamente
me rapé, bueno en realidad no quedé completamente pelón, pero sí con el pelo
muy corto. Dejé los jeans y los cambié por bermudas muy flojas, dejé los
bikinis de licra y los cambié por boxers de algodón. El arete me lo quitaba en
la clase, para que los maestros no jodieran. Unos lentes oscuros y mi cigarro.
Esa era mi nueva forma de vestirme, y demostrarle al mundo que era libre.
Corría
el segundo mes de mi primer semestre en prepa. Mi escuela, una de las más
chingonas de México.
Llegué
al colegio al diez para la siete y me dirigí al comedor, había decidido no
tomar la primera clase, quería echar desmadre en la cafeta.
El
día pasó sin más ni más, pero justo a las doce del día, me mandaron hablar
de la dirección.
La
coordinadora me recibió con una gran sonrisa. "Estimado Erik, queremos
agradecerle a tus padres y sobre todo a ti, la cordialidad y hospitalidad para
recibir a uno de los chicos foráneos". Brevemente me explicó mis
obligaciones, y lo que este chico no podía hacer en casa. Cosas como llamar a
larga distancia por cobrar, etc.
"El
joven que te tocó se llama Vanyo, tiene 17 años, y es del equipo de basquet
bol de Puerto Rico".
Va...
qué se llama?. - Exclame sorprendido.
"Vanyo".
Replicó con enfado. La coordinadora le habló a su asistente y le dijo: "háblele
al chico de Puerto Rico, que se quedará con Erik"
La
asistente se tardó poco más de cinco minutos en regresar, mientras la
coordinadora hablaba como perico.
De
repente, quedé petrificado, apendejado. Con la boca abierta.
Por
la puerta entró un chavo alto, 1.88 de altura (bueno eso me dijo él que medía),
moreno, no negro, pero sí muy moreno. Una cara sensacional. Estaba rapado y
tenia los ojos verdes. Imagínense a un tipo de estas características. Un
cuerpo fuerte, atlético, muy bien definido. Y aunque se
veía imponente, tenía cara de adolescente, rebelde y de un carácter de
la mierda, al fin adolescente. Pregúntenme
a mí. En ocasiones ni yo mismo me soporto.
Llegó
hablándole en ingles a la coordinadora. Y yo pensé "pinche, negro mamón,
sino es gringo".
Después
de una pequeña presentación, me puse de acuerdo con él para recogerlo en la
cafetería al final de clase.
He
de confesarles que ni por la mente me pasó tener algo que ver con él. Lo tomé
muy normal, el tipo me impresionó, pero no me llamó la atención para otra
cosa.
Llegamos
a casa, y ya saben, mi madre lo cuestionó con mil preguntas. Hasta que por fin
lo pude llevar a la recámara para que se instalara.
Pasó
el jueves, el viernes, el sábado sin novedad. Yo solo iba a los partidos, pues
no pertenecía a ninguna disciplina. Me da hueva el deporte. Además creo que no
tengo cuerpo para eso. Me encanta el fútbol, pero no lo practico. Pues qué
futuro puede tener un chico sin facultades deportivas, sólo con una carita de
niña precoz.
El
domingo era día libre, y era obligación de los chavos extranjeros convivir
todo este día con sus anfitriones. Mis padres desde un día antes nos mandaron
a la chingada. Así que yo tenía que planear algo. Decidí que cuando nos
despertáramos desayunáramos y nos fuéramos a Six Flags, un parque de
diversiones, aquí en la ciudad.
Vanyo
dormía en un sofá cama que hay en mi recamara enfrente de mi cama. Ese día me
desperté temprano, y lo estuve mirando. Cual fue mi sorpresa que mientras yo lo
observaba, puede darme cuenta de que algo no andaba bien debajo de sus shorts.
Un inmenso bulto sobresalía de su cuerpo en reposo.
Un
escalofrío recorrió mi cuerpo. Empecé a sudar frío.
"Deja
de pensar marranadas", me dije en silencio.
Vanyo,
unos quince minutos después se enderezó y me miró, como para corroborar que
yo estuviera dormido. Yo le hice creer que lo estaba. Se enderezó con cuidado,
tratando de cubrir su erección. Casi corrió al baño. Yo solo me sonreí.
Momentos después, ya relajado y orinado regresó y me habló.
"Oye
Erik, vamos a salir o nos quedaremos aquí todo el día?". Inmediatamente,
como evitando un mal pensamiento, le dije: "sí, vamos a salir".
Desayunamos,
nos preparamos y nos fuimos al centro de diversiones. Nos divertimos de lo
lindo. Y tuvimos tiempo para platicar. Hablamos de muchas cosas, pero él
enfatizó el tema de la sexualidad. Todo iba muy bien, cuando de repente me soltó
la pregunta del millón: "¿tú lo harías con un chico?" Lo miré
detenidamente unos segundos. Y él solo contestó: "Si el chico con quien
lo haría, fueras tu, yo diría inmediatamente que sí".
La
sangre se me heló y me puse pálido. Pero inmediatamente rectificó y exclamó;
"¡Es broma!"
Seguimos
nuestro recorrido, y cerca de las cinco de la tarde optamos por regresar a la
casa.
Mis
padres aun no regresaban. Fuimos a mí recamara. Yo me tiré en la cama, estaba
molido. Él se metió a bañar, me dijo que un buen baño relaja el cuerpo.
Después de unos veinte minutos salió, cubierto por una toalla ¡oh Dios qué
cuerpo! Se podría definir como perfecto. Cada músculo marcado, sin exageración.
Instintivamente
le pregunté si lo de hacer el amor conmigo era en realidad broma o era en
serio.
Él
volteó demasiado serio; "¿Tú qué crees?"
Qué
dije, ya la regué... Pensé rápidamente.
"¿Quieres
coger conmigo?" Me preguntó con su acento puertorriqueño, comiéndose la
“r”, haciendo una mueca de enfado y desgano.
"Creo...
que sí". Titubeé al declararlo entre dientes.
"Eso
es todo?". ¡Exclamó con alegría!
Me
tomó de las manos y me puso de pie. En realidad soy demasiado pequeño para él.
Así que me cargó y me subió en la cama.
Nos
vimos frente a frente y dijo: "Nunca me equivoco, desde que te vi, supe que
lo haría contigo".
No
besamos. ¡Que beso! Mis piernas perdieron el control. Su boca lamió todo mi
cuello. Me costaba trabajo continuar de pie. Sus brazos fuertes me apretujaban
fuerte. Sus duras y ásperas manos recorrieron todo mi cuerpo. Me quitó la
camisa, la bermuda, el boxer, todo lo hizo rápidamente. Mi pene se veía una
mugre cuando su mano lo tomó para acariciarlo. Después de tocarlo, mirarlo,
sentirlo; lo metió en su boca. Lo mamo todo. Lamió mis huevos, metiéndolos en
su boca. Era muy tosco, pero me encantaba. Nos empezamos de nuevo a besar. Nos
fundimos en un abrazo.
Ya
los dos estábamos desnudos. Entonces me susurro al oído; "Erik mámamela".
Él
se puso boca arriba e inmediatamente busqué su pene, que descansaba bajo la
toalla.
"¿Qué
es eso?" Dije en silencio, mientras contemplaba inmenso miembro.
"Chúpamelo
con una chingada, que me quemo de lo caliente que estoy!". Exclamó
desesperado.
Esto
era realmente grande. Y quiero recalcar que esto no es mentira, no tengo por qué
mentir. Era grande, muy grande. Cuanto no lo sé. Solo sé que era tan grande
como plátano. Y no sólo eso, era grueso, muy grueso. Y no solo eso, era
negro, muy negro. Estaba flácido, pero tenia un peso y una textura apetecible.
Abrí mi boca, y pase mi lengua delicadamente por su cabeza. Él, al sentir
esto, gimió. En realidad no sabia por donde empezar. Su miembro era asombroso
para mí. En si, la arquitectura de su cuerpo era impresionante. Definitivamente
lo que más me atraía después de su pene, era sus vellos. Completamente
enraizados. Eran como pequeños mechones enraizados y gruesos, lo que le daba un
aire primitivo. Sus vellos me raspaban, pero esto me excitaba. Yo seguí
lentamente lamiendo su verga, hasta que fue tomando volumen. Yo creí que eran
mamadas eso de que existieran vergas grandes, pero esta definitivamente no era
pequeña. Yo me sentía como niña con paleta nueva. Aunque he de confesar que
lo mío no es mamar, pero intento dar lo mejor de mí. Quizá sea la falta de
experiencia.
Mientras
yo intentaba chupar esa cosa. Él me acariciaba el culo. Era chistoso, pues yo
me veía pequeño a su lado, el espejo de mi buró, era testigo de lo pequeño y
frágil que yo me veía. Él acerco mis nalgas a su cara, mientras yo medio
nervioso, medio asqueado le mamaba esa cosa inmensa. De repente la respiración
se me empezó a ir, cuando él metió su lengua en mi ano.
Con
voz entrecortada, exclamé: Vanyo, no.
Él
no se contuvo y siguió haciéndolo. Te
sabe rico el chiquito. Y me lo quiero comer todo. Aseguro con una voz maliciosa.
Pude
sentir como su lengua se enredaba con mis finos vellos. Su lengua giraba en círculos,
alrededor de mi culo, y después la metía con fuerza. Las orejas me ardían, el
calor se agolpaba en mi cabeza. Mi fuerzas cedían ante tal agobio. Deje de
intentar mamársela. No me podía controlar.
Creo
que estas listo, para lo que sigue. Dijo aseverando. Su voz, medio de hombre
medio de niño, me prendía más. Con gran habilidad, me movió y me ajusto
fuerte a su cuerpo. Otra vez estábamos frente a frente.
-
Nunca
vas olvidar este día. - Me dijo con tono cachondo.
-
Tú
tampoco, - le contesté. - Nunca has tenido un culo como el mío.
Tienes
razón, - dijo con sinceridad.
-
Quieres
que te de lubricante?. Le dije con la voz entrecortada.
-
No
es necesario, la saliva es la mejor lubricante que existe.
-
Erik,
eres virgen?
Con
voz de niñita, le dije: - Nunca lo he hecho con un hombre.
-
Entonces
tienes que cooperar, pues al principio duele un poco.
-
Vale,
que si duele. - Cerré mis ojos mientras que él me volteaba boca abajo y
acomodaba una almohada a la altura de mi pubis.
Ya
boca abajo, se acercó a mi cuello para lamerlo, mientras que su cuerpo sudado
apretaba y sofocaba mi cuerpo. Su palo, lo sentí doblado a la altura de mi
culo. ¡oh Dios, qué grande es eso! Él seguía lamiendo toda mi espalda, hasta
que sus manos separaron mi culo, y volví a sentir su lengua y su aliento jugar
en mi ano. Sentía como embarraba saliva en mi culo. Yo me arquee, para
disfrutar más. Después de unos minutos así. Vanyo se separo. Y pensé, ahora
sí, ahí viene el asunto. Y dicho y hecho, Vanyo acomodó mi cuerpo sobre la
almohada, para que mi culo quedara en posición. Después empezó a rozar con su
verga mi culo. Cuando hizo esto volteé al espejo a ver. ¡Guau! Qué grande es
eso.
Vanyo
por unos segundos jugó con su verga en mi culo, como para que se pusiera dura. Y
como no, pues para llenar esa madre se necesitaba mas de dos litros de sangre.
Después de unos segundos de larga espera, empezó el doloroso placer. Su pene
empezó a luchar por entrar. ¿Otra vez este terrible dolor? Pensé.
Que
pinche, culero, gacho, puto dolor. Pero qué rico se siente cuando la sientes
adentro. Después de unos 5 minutos ya había entrado algo. Y Vanyo ya se podía
mover. Esto era suficiente para mí. Pero Vanyo no se limitó con esto. Metió
todo lo que pudo. Y se movía de una manera espectacular, dando giros, como si
bailara. Les mentiría si les dijera que no me dolía. Me dolía de a madres,
pero como buen “macho” me aguanté. Ya con su pene adentro, Vanyo me
susurraba en el oído. Me dijo un chorro de cosas. Acercaba su lengua a mi boca,
y jugueteaba con la mía. Qué lindo momento.
-
Quieres
probar otra posición? - Me dijo con tono de preocupación. - Quiero que lo
disfrutes tanto como yo lo estoy disfrutando.
Sí,
- le conteste.
Él
no me preguntó cuál posición, solo sacó ese monstruo, y yo me volteé boca
arriba, me acomodé arriba de la almohada, él colocó otra. Levanté mis piernas,
invitándolo a que me siguiera penetrando. Él entendió mi invitación, y
levantó mi culo, para poder meter su falo. Ahora me dolió menos, esta posición
me permitía verlo a la cara, y poder ver y sentir sus reacciones. Mientras me
la metía sin compasión, y yo no dejaba de quejarme del dolor. Él me lamía
los dedos de los pies.
Cien
mete saca le contabilicé en un minuto, pues no me quedaba otra que ver el reloj
digital que quedaba frente a mí, por un costado. He de confesar que cuando me
acosté con Diego, nunca duramos mas de 20 minutos cogiendo, sólo la primera
vez, que duramos más o menos unos 40 minutos. Pero ahora, llevaba mas de
cuarenta minutos, y mi atlético amante
no se cansaba. El dolor para este tiempo casi había desaparecido, y esto provocó que me moviera
más frenéticamente buscando placer. De repente Vanyo me jaló, o mejor dicho me
cargó, sin dejar de moverse. Él quedó de rodillas, y yo quedé literalmente ensartado en él. Ensartado en su verga, y entre su cuerpo.
Qué posición tan chingona. Pero esta posición se la recomiendo a aquellos
que tienen amantes mamados, pues se necesita de mucha resistencia para no perder
el control. También es una posición un poco dolorosa cuando estás cogiendo con
un chavo con un pene grande, pues la penetración se hace más completa, pues
literalmente te sientas en él, con las piernas abiertas. Vanyo no dejaba de
moverse rápidamente, yo no dejaba de gemir, abrazado a su cuerpo. Yo me apreté
fuerte a él. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero fue un buen rato. El ritmo
se empezó a acabar. Vanyo estaba llegando a su fin, y yo no tenia fin, pues me
seguía moviendo con violencia, sintiendo el inmenso placer que todo mi cuerpo
sentía, sobre todo mis entrañas.
-
Déjame
recargarme, - me suplicó Vanyo, con el cuerpo lleno de sudor.
Ya
que él se acomodó, yo me acomodé de nuevo, Vanyo ahora si ya no podía moverse.
- Estoy chingado - exclamó tomando aire. Yo acomodé su pene en mi culo, quedé
montado en ese precioso caballo azabache. Me empecé a mover, acariciando mi
verga, que se puso tiesa luego. No duré más de tres minutos, cuando exploté.
Casi grito. Mientras Vanyo tocaba todo mi cuerpo y quedaba embarrado de mi
semen, el cual lamí, de su cuerpo. Mi cuerpo fue perdiendo fuerza, y el dolor
regresó a mi culo. Así que como pude saqué su verga, sintiendo un gran alivio.
Entonces
Vanyo, me susurró de nuevo. - Erik, mámamela. - Me acomodé rápido, y tomé su verga
con mis pequeñas manos, y metí su cabeza en mi boca. Sabía a mier..., pero no
pude refutar, si sabia así, era porque así lo tenia yo, y él me lo mamó, sin
reparar. Él, mientras yo le mamaba el glande, que era lo único que se me
acomodaba en mi boca, se empezó a masturbar. No pasó mucho cuando un chorro
golpeó mi boca, mi nariz, mis ojos, y literalmente me bañó.
¿De
dónde sacó tanto este loco? Pensé, mientras podía ver, como si fuera en cámara
lenta, sus trallazos de leche saliendo de su verga.
Quedó
como muerto. Yo quedé arriba de él, suspirando lentamente, mientras que sus
manos recorrían mi espalda y mis nalgas acariciándolas.
Me
quedé dormido en esa posición un buen tiempo, él también. Ni siquiera nos
movimos.
Me
desperté abruptamente cuando mi mamá tocó la puerta de mi recamara.
-
Erik estás aquí?
-
Sí
mamá, pero no grites pues Vanyo está dormido.
-
Perdón.
Bueno que pases buenas noches.
-
Igualmente,
Ma...
Cuando
volví mi rostro a Vanyo, él ya estaba despierto, y con sonrisa me dijo; "Qué
pedote se nos hubiera armado si nos encuentra así".
-
Cállate, cabrón, me matan.
Me
recosté a su lado, quedando recargado a su cuerpo.
-
Nunca
lo había hecho así. - Dijo con tono serio.
-
Vanyo
eres gay? - Le pregunte inquisidor.
-
Bueno,
no exactamente. Mas bien creo que soy bi.
-
No
te entiendo. - Le repliqué con atención.
-
Normalmente
ando con chicas, pero he conocido un par de chicos, que tampoco son gay, sino
chavos que les gusta experimentar cosas nuevas y sentir esos extraños placeres,
de disfrutar el sexo de dos maneras. Como tú. - Terminó la explicación.
-
¿Quieres
bañarte, estamos muy sudados? - Me dijo en tono amable
-
Y
apestosos, - dije riéndome.
Él
se levantó primero y se dirigió al baño, mientras que yo lo seguí con la
mirada.
No
te entiendo Erik, lo haces de la manera mas tosca y burda con un chavo
afroamericano, y ni siquiera sientes amor por él. - Pensé mientras lo miraba
como se metía al baño.
Vanyo
se paró en la puerta y me dijo: - Vienes ya o cierro la puerta. - Rápido corrí con
él, y lo abracé y nos besamos. Mientras él cerro la puerta del baño.
Ese
baño fue toda una experiencia, él me talló todo mi cuerpo con jabón. Yo también
lo hice.
-
Sabes,
tienes el culo más lindo que le he visto a un chavo. Paradito, duro, bien
formado. Además tus pelillos en el chiquito le dan un aire atractivo muy
especial y excitante. Que te provoca lamerlos y acariciarlos con la lengua. - Esto
me lo dijo mientras su mano lavaba mi culo, repleto de jabón.
Ya
que terminó de jugar con mi culo, yo me dirigí a su verga, que estaba flácida.
-
Sabes,
nunca había visto una verga tan grande y negra.
-
Los
negros tenemos las vergas más grandes, - dijo cínico.
Me
incliné para quedar cerca de ella, la acaricié lentamente, lavándola con jabón.
- Está muy bonita, pero se ve más bonita enmarcada por esos pelos que tienes.
-
Están
chingones mis chinos. Quiero pintármelos güeros. Se va a ver chingona mi
verga.
Pese
a lo grande que era su verga, sus huevos se veían muy normales, los agarré con
cuidado, les eché agua y lentamente los metí en mi boca. Así estuve unos
segundos, cuando me di cuenta que el palo, estaba parado y Vanyo me miraba con
lujuria. Me puso de pie, se agachó a mi oído, quiero cogerte aquí. No vayas a
gritar, porque entonces si nos lleva la puta chingada.
Me
puse de pie, pero él literalmente me cargó, yo con mis piernas le rodeé la
cintura. Él me recargó en la pared. Mientras con dificultad movía su pene. Su
boca y mi boca, se abrieron y traspasaron saliva, mientras el agua golpeaba
nuestro cuerpo. Su pene rozaba mi culo, pero aunque Vanyo intentaba meterlo, lo
reseco del jabón impedía la penetración. Ya excitados los dos, y con la voz
entrecortada. Le dije a Vanyo "echa enjuague para el pelo". "Pero te va a
irritar". "Me vale madre, que me raspe, como es crema va a facilitar que me la
metas". Con
toda la dificultad que fue untarme el culo con enjuague para el pelo, ahí estábamos Vanyo y yo como dos enfermos mentales y del sexo, tratando de coger de
la manera mas complicada que existe para dos hombres.
Mientras
yo lamía la lengua de Vanyo con frenesí, sentí como el palo de Vanyo se abría
paso, de manera triunfal en mi culo, lubricado con enjuague para el pelo.
Por
primera vez le di gracias a la vida, por haberme enviado a Vanyo, para que me
cogiera de esta manera. No duramos mucho así, pero fue tiempo suficiente para
sentir rico. Vanyo me bajo, e increíblemente me pidió algo que no esperaba
hacer. Lámeme el culo, por favor. El se volteo y por primera vez vi su culo.
Era muy grande. Su ano, en vez de rosita era negro, con rizados y abundantes
vellos. Cerré mis ojos, y metí mi lengua entre tanto pelo. Mientras me
masturbaba, y el también se masturbaba.
Un
pequeño gemido me permitió enterarme que el ya había terminado. Yo seguí
lamiendo su coño, mientras me la jalaba, hasta que me vine.
Esa
noche dormimos juntos y desnudos.
Los
días siguientes fueron como al principio. Casi ni hablábamos. Mucho menos
sexo. El lunes Vanyo jugo de la chingada, lo que provoco que el entrenador le
pusiera una cagada gacha.
Yo
creí que esto había sido todo, sexo de una noche. No saben como me contuve
para no buscar a Vanyo y coger con el.
Llego
el viernes, era el día que partiría, ya se había llevado su maleta de mi
casa. Pues aunque ese día jugaba un partido, el que definía el tercer lugar,
ya no regresaría a casa. Eso me tenia triste y melancólico.
Vanyo
dio un gran partido, encesto 32 canastas y provoco que su equipo ganara el
tercer lugar de este mini torneo.
Apunto
estaba de irme, cuando le oí gritar. Erik, amigo, no te vayas aun. Acompáñame.
Me paso el brazo por la espalda y me abrazo tiernamente. En eso pase frente a
Diego, que con cara de pendejo y celoso me miraba el cabron. Tiempo después le
platicaría todo lo que hicimos Vanyo y yo.
Sudaste
mucho, le dije nervioso.
En
este juego siempre terminas mojado.
Ya
que quedamos solos, me dijo: Muchas gracias por todo. Me la pase muy bien
contigo, créeme que nunca te voy a olvidar, menos lo de la noche del domingo,
fue extraordinaria para mi. Espero que no sea la ultima vez que nos veamos.
En
mi mente buscaba donde podía despedirme como deseaba hacerlo, quería besarlo,
aunque tenia esperanzas de que lo volvería a ver, era casi imposible. Mientras
lo miraba con atención, me acorde de un lugar, que estaba seguro era el idóneo
para la despedida.
Con
tono firme y seguro le dije: Sígueme.
Cruzamos
toda la escuela. Adonde vamos, es tarde y debo de darme una ducha, antes de irme
al aeropuerto. Exclamo preocupado
No
nos tardaremos mucho. Llegamos a un pequeño cuarto, donde guardaban papel periódico,
que mi escuela recogía semanalmente para venderlo y de esta manera ayudar a los
niños de la calle. Gracias a Dios la puerta estaba abierta. Así rápido y con
precaución nos metimos.
Vanyo;
me estire como pude para abrazarlo que bueno que te conocí, lo que hice contigo
jamas lo olvidare.
Realmente
estaba mojado, pero esto no me importaba. Me agache y le baje sus bermudas de
juego, y quedo su verga ahí. No lo pense y la mame con delicadeza. Vanyo se
movió ligeramente excitado por el hecho. Su sabor, era a sal y sudor. Su cabeza
sabia a aluminio, un sabor muy extraño. Ya que su pene tomo tamaño, me puse de
pie y lo bese.
Cógeme
por favor, por ultima vez. Vanyo sonrío complaciente.
Me
abrí la bermuda y me la baje junto
con el boxer color azul.
Vanyo
exclamo extasiado. Que lindo culo tienes, como fui pendejo y no me lo comí
todos los días.
Rápido
se agacho y lo lamió un par de minutos. Yo me había quitado la camisa y las
bermudas las tenia a las rodillas.
Por
fin termino de lamer. Se puso de pie, yo abrí mis piernas y me incline, recargándome
de frente en una mesa. Vanyo acomodo mi culo bien, y lentamente me penetro. Hay,
que dolor, pero... que rico en realidad se siente. Vanyo la metió toda,
completamente toda. El movimiento fue frenético, a la vez yo me masturbaba.
Fueron no más de cinco minutos de mete saca. Al final pude sentir por primera
vez, como Vanyo expulsaba su semen con fuerza dentro de mí. Es una sensación
extraña pero muy satisfactoria. En este momento yo también me vine con fuerza.
Todavía Vanyo se movió un poco más. Mientras terminaba de expulsar su leche.
Me
voltee, y lo bese nuevamente y le dije: Gracias Vanyo.
Gracias
a ti Erik. Exclamo con cierto aire nostálgico
Lentamente
le quite su playera de juego, la cual estaba mojada. Me la puse, me acomode mis
bermudas y me salí de aquel cuarto, sin voltear. Camine cruzando todo el patio,
dirigiéndome al estacionamiento. No volví a mirar atrás, sabia que Vanyo me
miraba, y no quería verlo, para no extrañarlo. Saque un cigarro, lo encendí,
y lo fume mientras llegue al carro. Ahí me recargue unos minutos, mientras lo
terminaba. Bueno creo que fue todo, susurre entre labios.
Me
gustaría que me dijeras cual relato de los dos que he escrito te han gustado más.
Si este o el de Una nueva forma de amar.
Además
si me animas prometo contarte lo que me sucedió con un chavo que es empleado de
mi papá. Él tiene 24 años y es el chico mas lindo y tierno que conozco. El
problema, es casado. Y precisamente tuvimos sexo, el día que su hija nació.
Esa es la ultima anécdota que tengo que contar, pero solo lo haré, si me
animan. Recuerden que todo lo que les he compartido es totalmente real, y he
procurado ser un buen narrador de los hechos, tratando de no exagerarle mucho.